Aun después de cristianos, ¿sigue existiendo perversidad en nuestros corazones?

Por, Matt Slick

Sí. Aun después de ser cristianos sigue existiendo perversidad en nuestros corazones. Hablando bíblicamente, el impío se encuentra totalmente afectado por el pecado en cada área de su ser: corazón, alma, mente, emociones, cuerpo, etc. En este sentido la persona es perversa; aunque no todos los impíos son tan malos como debe ser en la manifestación de esta maldad. Esta es la razón por lo que la Biblia dice que:

  • El corazón del hombre es engañoso:
    • “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, Incurable, ¿quién lo conocerá?” (Jeremías 17:9).
  • Del corazón del hombre salen todos los malos pensamientos:
    • “Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos: fornicaciones, hurtos, homicidios, 22 adulterios, avaricias, maldades, engaño, sensualidad, envidia, maledicencia, soberbia, insensatez. 23 Todas estas maldades salen de adentro y contaminan al hombre” (Marcos 7:21-23).
  • Los hombres aman más lo que hacen en las tinieblas:
    • “Y esta es la acusación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, pues sus obras eran malas” (Juan 3:19).
  • Nadie busca a Dios:
    • “como está escrito: No hay justo, ni aun uno, 11 No hay quien entienda, No hay quien busque a Dios, 12 Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, ni siquiera uno” (Romanos 3:10-12).
  • El hombre es débil:
    • “Porque cuando aún éramos débiles, a su tiempo el Mesías murió por los impíos” (Romanos 5:6).
  • El hombre está muerto en sus delitos y pecados e hijos de ira:
    • 1 En cuanto a vosotros, estabais muertos en vuestros delitos y pecados. 3 Entre ellos también vivimos todos nosotros en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás” (Efesios 2:1, 3).
  • El hombre natural no acepta las cosas espirituales:
    • “Pero un hombre natural no acepta las cosas del Espíritu de Dios, porque para él son necedad, y no puede entenderlas porque se han de discernir espiritualmente” (1ª Corintios 2:14).
  • El hombre sí es esclavo del pecado:
    • “¿Acaso no sabéis que a quien os presentáis como siervos para obedecerle, siervos sois de aquel a quien obedecéis, ya sea del pecado para muerte, o de la obediencia para justicia? 17 Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; 18 y habiendo sido libertados del pecado, fuisteis hechos siervos de la justicia. 19 Por vuestra humana debilidad, os hablo humanamente: que así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros como esclavos a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros como siervos a la justicia. 20 Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres en cuanto a la justicia” (Romanos 6:16-20).

Sin embargo, cuando somos regenerados, somos hechos nuevas criaturas (“De modo que si alguno es nueva criatura en el Mesías, las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas” 2ª Corintios 5:17). Sin embargo, todavía sigue existiendo perversidad en nuestros corazones. No seremos librados de esto hasta que recibamos nuestros nuevos cuerpos en la futura resurrección (1ª Corintios 15:35-45). Por ahora, seguimos viviendo con nuestra naturaleza caída, luchando contra ella ya que afecta todo lo que somos. Es en la batalla entre nuestro viejo y pecaminoso yo, y nuestro yo redimido, donde por Cristo, nuestras victorias vencerán al pecado. Como cristianos estamos todavía tocados por el pecado en todas las áreas de nuestra vida, y por lo tanto, somos todavía perversos. La diferencia es que también luchamos contra nuestra impiedad porque hemos sido cambiados por Dios. Hemos sido hechos nuevas criaturas, y por la obra de Dios en nosotros, podemos reconocer nuestros pecados y buscar volvernos de estos, mientras que los impíos no lo pueden hacer.

Pienso que aquí, las palabras del apóstol Pablo serán apropiadas:

  • Romanos 7:19-25: “pues no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, éste hago. 20 Y si lo que no quiero, eso hago, ya no obro yo mismo, sino el pecado que mora en mí. 21 Así pues, queriendo yo hacer lo bueno, hallo esta ley: El mal está en mí. 22 Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios, 23 pero veo otra ley en mis miembros, que combate contra la ley de mi mente, y me encadena a la ley del pecado que está en mis miembros. 24 ¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte? 25 (¡Gracias sean dadas a Dios por Jesús el Mesías, Señor nuestro!) Así pues, yo mismo sirvo con la mente a la ley de Dios, pero con la carne a la ley del pecado”.

NOTA: Las citas bíblicas escritas son tomadas de la Biblia Textual (BTX3) – 3ª Edición (2010). Las citas de enlace, son de La Biblia de las Américas (LBLA).

 

Este artículo también está disponible en: Inglés

 

 

 

 
 
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