Búsqueda de la Cosmovisión que concuerde con la Ciencia

Antecedentes

Como la teoría de la Evolución resultó ser totalmente refutada por la ciencia moderna, debido a que sus 4 premisas fundamentales resultaron ser falsas, en la siguiente reflexión concluimos que la cosmovisión naturalista que tenemos del universo, del planeta y de la vida, es por lo tanto, totalmente equivocada.

El ser humano necesita mantener en su mente un grado de congruencia frente a su interpretación del mundo. Por lo tanto, al derrumbar la ciencia moderna el modelo naturalista, nos toca volver nuestros ojos, precisamente a la cosmovisión que ha sido atacada, vilipendiada y menospreciada por la teoría de la Evolución: La de un Creador invisible de todas las cosas.

Recapitulaciones

El modelo naturalista que nos han venido enseñando desde 1880 en las escuelas y universidades llega a varias conclusiones o axiomas importantes, que se han desarrollado poco a poco en nuestra cultura occidental y que es pertinente recapitular en este momento.

  1. La materia es todopoderosa, porque es eterna (sin principio ni final).
  2. La materia con suficiente tiempo de por medio es capaz de producir vida. Por lo tanto, la materia es el componente primordial o la primera causa que dio origen a todo el universo.
  3. La materia todopoderosa reemplaza a Dios como creador. Por lo tanto, Dios no existe.
  4. Si Dios no existe, la vida humana es solo materia que no tiene un componente moral intrínseco. Por lo tanto, todo en nuestra vida carece de valores morales. La vida es la lucha por la supervivencia de los más adaptados al medio ambiente cambiante. Matar, mentir y robar son apenas mecanismos naturales para garantizar nuestra supervivencia. Los animales carnívoros practican diariamente estas tres conductas y gracias a estos hábitos han logrado sobrevivir como especie durante varios millones de años.
  5. Los seres humanos somos apenas la especie animal más evolucionada de la historia. Nuestra capacidad para elaborar ideas abstractas como las matemáticas, o la partitura de una sinfonía, o la construcción de computadoras y cohetes, son atributos únicos que por accidente nos regaló la materia en evolución. La especie humana no tiene “imagen ni semejanza” a un Creador invisible y todopoderoso, porque la materia es este Creador omnipotente.
    Sin embargo, para mantener el orden social en cada nación, es conveniente establecer códigos de conducta que castiguen comportamientos peligrosos para el orden social que necesitamos. Por lo tanto, las leyes son acuerdos sociales que pueden cambiar de nación a nación.
  6. No existe lo malo ni lo bueno. Nuestra conducta debe ser evaluada a la luz de nuestro contrato social. A veces, nuestra conducta es inapropiada o incorrecta; así como otras veces es apropiada y correcta.
  7. Los valores morales son relativos, porque la moral absoluta no existe. Matar en defensa propia es apropiado. Mentir para aliviar la conciencia de un enfermo terminal, o de un niño soñador, es válido. Matar a un presidente “enemigo” de mi nación es un acto legítimo de guerra.
  8. Cada persona es dueña de su cuerpo. No le tenemos que rendir cuentas a un Dios por nuestros actos. Por lo tanto, drogarme, fumar o convertirme en adicto al alcohol, son opciones sociales que cada individuo puede tomar o descartar. El sistema social está obligado a ayudar al adicto, porque es una víctima de un sistema que le ofrece estas opciones. La ley castiga al narcotraficante, pero ayuda al drogadicto. Así mismo, la ley protege al fabricante de cigarrillos y de alcohol, pero el sistema de salud tiene que pagar los tratamientos costosos de las enfermedades de fumadores y alcohólicos.
  9. La vida es un mero accidente evolutivo. Como cada mujer es dueña de su cuerpo, tiene la capacidad para elegir entre abortar o permitir que nazca su bebé. La sociedad otorga derechos a los ciudadanos y un feto dentro del vientre no es todavía un ciudadano. Por lo tanto, es legítimo el aborto a discreción de cada mujer.
  10. Como la vida no posee elementos morales intrínsecos, la separación natural de los dos sexos es apenas un accidente evolutivo. Las estadísticas demuestran que aproximadamente un 10% de la población presenta tendencias homosexuales. Una sociedad democrática, incluyente y respetuosa de los derechos de las minorías debe garantizarle a los homosexuales iguales derechos que a la mayoría. Por lo tanto, deben tener la posibilidad de casarse y adoptar hijos.
  11. Finalmente, esta vida corporal es lo único que nos ha regalado la naturaleza. Al morir regresamos al polvo del que está hecho el cosmos. Lo que hagamos durante esta corta vida en el planeta no acarrea consecuencias posteriores, a pesar de que la ciencia nos demuestra que toda acción genera una reacción, porque la ley de la causa y el efecto es evidente en todo el universo.

Me parece que en estas once recapitulaciones queda bien condensada nuestra cosmovisión materialista de la vida. La conciencia de la inmensa mayoría de la gente occidental está gobernada por este tipo de axiomas filosóficos, que nuestros sistemas jurídicos han convertido en leyes que se aplican gradualmente en casi todos nuestros países.

Crisis colectiva

Pero si los fundamentos que sustentan estos axiomas filosóficos resultaron ser falsos, nuestra cultura occidental está viviendo bajo una gran farsa. Varios pensadores hablan de nuestra locura colectiva como civilización. Innumerables guerras en los últimos 200 años, el deterioro ambiental, el incontenible consumismo, el desmesurado armamentismo de casi todas las naciones para combatir a múltiples enemigos y una creciente fragilidad del sistema financiero internacional, son buenas evidencias de nuestra locura colectiva.

Una de las respuestas a este excesivo materialismo, ha sido el resurgimiento de viejas maneras de pensar y actuar después de la segunda guerra mundial, expresada en primer término en el hipismo1, que después derivó en la Nueva Era. Nos recuerdan a los epicúreos2 y a los neoplatónicos3.

Otras respuestas han sido la práctica del ocultismo, mediante el cual la gente busca contacto con seres inmateriales y las almas de los que ya abandonaron esta vida; así como la búsqueda de contacto con otros seres venidos de otros sistemas planetarios.

Pero la cosmovisión materialista satisface cada día a menos personas en nuestra cultura, reconociendo así en lo más íntimo que la cosmovisión materialista es fatalista. Reconozcámoslo: El hombre siempre ha buscado una esperanza, la cual le puede dar significado a su existencia.

Hacen falta nuevos filósofos

Si queremos mantener nuestra congruencia mental, debemos entonces buscar y encontrar una cosmovisión que esté en plena armonía con los descubrimientos científicos del siglo XX, que derrumbaron con evidencias la teoría de la Evolución.

El problema es que nuestra cultura materialista dejó sin oficio a los filósofos, que hasta comienzos del siglo XX guiaron la manera de pensar de mucha gente. Los filósofos fueron reemplazados por los deportistas, artistas y políticos. Los escritores son una rareza en este mundo virtual e instantáneo en el que poca gente lee y reflexiona sobre los asuntos trascendentes de la humanidad.

¿Cuál es la Cosmovisión que encaja con la Ciencia?

Einstein demostró que la materia (el universo) es finito, porque tuvo un comienzo y tiene un tamaño determinado. Si la materia es finita, no puede ser omnipotente. Si el universo tuvo un comienzo en el tiempo, ¿cuál es la causa que trajera al universo a la existencia? Todo lo que podemos ver, como por ejemplo, una enfermedad en nuestro cuerpo, sabemos que tiene una causa, la cual, no podemos ver. El desarrollo de la ciencia consiste en la búsqueda de las causas que no podemos ver, a partir del efecto que si podemos evaluar y medir.

Einstein también nos llevó a descubrir que el tiempo es una variable cósmica, pues a mayor velocidad, el tiempo avanza mucho más lentamente y desaparece cuando un objeto viaja a la velocidad de la luz. Esto quiere decir que la luz avanza por el cosmos sin envejecer, porque viaja en ausencia del tiempo. Imagínense: el tiempo deja de existir a la velocidad de la luz. La eternidad es la ausencia del tiempo. Es a nosotros, los humanos, a los que nos han establecido un pasado, un presente y un futuro.

La biología molecular demostró que la vida es información codificada que gobierna a la materia, mediante procesos secuenciales altamente organizados, donde el azar no tiene cabida. La información es un componente inmaterial y abstracto. La información codificada de los seres vivos son instrucciones que le dicen a la materia qué hacer, cómo hacerlo y cuándo. Esta realidad la apreciamos en el desdoblamiento de cada célula, así como en la agrupación ordenada de algunos aminoácidos para formar cierto tipo de proteínas. La existencia de información codificada dentro de la vida nos obliga a contestar la pregunta: ¿hay una inteligencia detrás de la información? Cuando uno ve un libro, automáticamente asume que hay un escritor detrás el libro. La ley de la causa y el efecto siempre nos lleva a estas preguntas.

En los últimos 15 años, las ciencias han venido aportando crecientes evidencias de que nuestro planeta es muy joven, con apenas unos cuantos miles de años de haber sido traído a la existencia. Adicionalmente, los métodos de datación de fósiles y rocas han demostrado ser imprecisos en rangos de millones de años. El carbono 14 solo puede medir fósiles que tengan menos de 5.700 años, porque esta es la vida media de este isótopo.

La conclusión es sencilla y contundente: tenemos que buscar otra cosmovisión diferente a la que creíamos era cierta, porque la ciencia ha demostrado que la Evolución y el humanismo ateo son una ilusión filosófica refutada por evidencias empíricas incontrovertibles. ¿Hay una cosmovisión que encaje con la ciencia moderna?¿Existe una cosmovisión que sea razonable?

Este es el propósito de este documento: mostrar que sí existe. Si hay una cosmovisión coherente, racional y cuyos fundamentos son avalados por la misma ciencia que derrumbó a la Evolución.

Una reflexión sobre la Ciencia y su capacidad para mostrarnos la Verdad

Llevamos cinco siglos de desarrollo científico y hoy sabemos que la ciencia no es capaz de explicar satisfactoriamente qué es la luz, qué es la materia, cuál es la correlación entre el espacio y el tiempo. La ciencia es entonces tanto incapaz de entender el universo a cabalidad como el de explicar las causas de muchos fenómenos como el campo electromagnético de la Tierra y la causa principal de la mayoría de nuestras enfermedades.

La conclusión sencilla y evidente es que la mente humana es incapaz de entender al 100% el mundo que la rodea. Nuestra inteligencia es insuficiente para descubrir las verdades del universo y de la vida. La verdad nos es esquiva y nos tenemos que conformar con tesis parciales, que son sólo pequeños pedazos de la verdad que alcanzamos a descifrar. Pero lo profundo de la verdad queda por fuera de nuestra capacidad de comprensión.

Lo anterior nos conduce a aceptar que la verdad profunda del universo está por fuera del ser humano, lo que nos lleva a reconocer que somos seres dependientes de esa misteriosa verdad que trajo el universo a su existencia. Existe una verdad tan profunda que nuestra razón no alcanza a discernirla.

El ser humano no es autónomo ni dueño de su destino a escala cósmica. Nuestro nivel de control sobre nuestro planeta es casi nulo. Nuestra capacidad para controlar enfermedades tan comunes y crónicas como la gripe es muy limitada.

La filosofía siempre ha lidiado con las posibles respuestas sobre esa verdad externa a nosotros y que a la larga nos gobierna. La filosofía siempre ha tratado de dar una explicación sobre esta primera causa externa y superior que originó todo el cosmos.

Pero si estamos de acuerdo en que la mente humana es incapaz a través de la ciencia de descubrir las causas de muchas realidades cósmicas como la luz y la materia, tenemos que concluir que la filosofía tampoco nos puede llevar a este conocimiento supremo de la causa originaria ni a los “por qué” y “para qué” de la vida.

Así las cosas, tenemos que concluir que está fuera de nuestro alcance el conocimiento supremo del universo. Esta realidad generó y ha generado frustración entre los pensadores de todos los tiempos que han llenado este vacío con diferentes teorías sobre el origen del cosmos, el origen de la vida, el propósito de la existencia humana y nuestro destino final.

Sócrates, Platón, Aristóteles, Pitágoras, Anaxágoras, Buda, Jesús de Nazaret, Pablo, Agustín, Lutero, Calvino, Bacon, Newton, Descartes, Spinoza, Leibnitz, Locke, Hume, Kant, Hegel y Darwin, han moldeado nuestra manera de pensar y de ver el universo, en los últimos 2,500 años. Darwin fue el pensador más influyente en estos últimos 150 años, porque gracias a él muchos de sus discípulos construyeron la cosmovisión que llamamos humanismo ateo, que reemplazó al humanismo deísta de Locke. 

En resumen, las evidencias científicas nos señalan que vivimos en un cosmos finito y muy joven, donde la vida es gobernada por información codificada muy sofisticada, que se conduce de manera ordenada y secuencial. La ciencia ni la filosofía nos pueden dar más respuestas. Nuestra razón se queda a la mitad del camino. ¿Qué hacer?

Las respuestas que el hombre necesita

Como seres inteligentes, capaces de construir ideas abstractas para convertirlas posteriormente en inventos útiles para la guerra y/o para nuestro bienestar, la ciencia nos deja a mitad del camino que nuestra mente necesita recorrer.

Corresponde a la metafísica facilitarnos las respuestas que nos faltan. Las preguntas que necesitamos contestar son:

  • ¿Quiénes somos, de dónde venimos y para dónde vamos?
  • ¿Por qué nuestro mundo no funciona en paz y armonía? ¿Cuáles son las causas que originan este desorden social y planetario?
  • ¿Qué podemos hacer para organizar mejor nuestros desequilibrios?

Hemos llegado entonces gracias a las ciencias y después de 150 años, a la conclusión de que es falso que la materia sea una especie de dios de la cual surgió la vida. La ciencia nos ha demostrado que la materia fue traída a la existencia por una causa que no podemos escudriñar mediante el método científico.

La deducción racional nos lleva a tener que aceptar que hay una causa que originó todo el cosmos, y que esta causa no la podemos conocer mediante la filosofía, porque nuestra mente limitada no puede comprender algo que es eterno, todopoderoso e infinito.

La única solución a este callejón al que nos conduce la razón, es que la causa que originó el universo y la vida decida revelarse a sus criaturas inteligentes. Si la causa que originó todo pudo crear seres inteligentes como nosotros, demuestra que es mucho más inteligente que sus criaturas. Por lo tanto, su capacidad para revelarse de manera inteligente existe.

Los seres inteligentes se comunican mediante el lenguaje, que es un conjunto de símbolos abstractos que forman palabras y nos sirven para construir frases mediante las cuales transmitimos nuestras ideas.

Espero que hasta acá estemos de acuerdo en esta conclusión, a la cual hemos llegado de manera racional y lógica.

La Cosmovisión revelada

Solo ha existido en la historia una cultura que ha reclamado desde hace 4.000 años que el Creador de los cielos y la Tierra se reveló al líder de una nueva nación de 2 millones de personas que salieron de Egipto hacia el territorio que este Creador le había prometido 600 años antes al fundador de esta nación: Abraham.

El biznieto de Abraham, José, fue primer ministro del faraón Amenemhat I desde 1.975 A.C. y asentó al clan de su padre en Gosén, para librarlos de una hambruna. Este clan permaneció 430 años allí, donde crecieron muy unidos gracias a su fuerte tradición oral, que mantuvo viva la historia. La arqueología moderna descubrió la tumba de José en Egipto a finales del siglo XX.

Posteriormente, surgiría un nuevo líder, llamado Moisés, nacido en 1.525 A.C., en Gosén, Egipto, y el cual, a los 80 años de edad partió hacia la tierra prometida durante el reinado de Amenofis II.  Durante los siguientes 40 años organizó la nación registrándolo en 5 libros inspirados y dictados por el Creador, que son conocidos como el Pentateuco.

En estos libros el Creador se revela a un hombre y a un pueblo, para que al conocerlo lo amaran y obedecieran, porque sus atributos y sus leyes son buenos. Las afirmaciones cósmicas de Génesis son congruentes con la ciencia moderna. Hubo un principio, en el que el tiempo, el espacio y la materia fueron traídos a la existencia. Lo dice Moisés y le comprobó científicamente Einstein.

En el principio, el Creador comenzó la especie humana con una sola pareja. Lo confirmó la genética que al examinar el ARN mitocondrial comprobó que todos los seres humanos venimos de una sola mujer.

Ni Buda, ni Confucio, ni Zoroastro reclamaron delante de sus seguidores ser Dios. En cambio, Jesús de Nazaret si reconoció ser Dios delante de sus discípulos y finalmente delante del Sanedrín, razón por la cual lo acusaron de blasfemia contra Dios, que fue la causal para ser crucificado en un proceso jurídico complicado y truculento porque el delito de blasfemia no existía en la ley romana.

El 33% de las profecías bíblicas fueron eventos futuros por cumplirse, en el momento que fueron escritos. Por ejemplo, Daniel describió a Alejandro el Grande con una precisión espectacular 300 años antes, en el año 538 A.C.

Casi todos los escritores de lo que hoy denominamos el Antiguo Testamento, escritos entre los años 1.450 y 450 A.C., profetizaron la primera venida del Mesías, anunciando que sería del linaje de la tribu de Judá, de la familia del rey David, que nacería en Belén y que sería sacrificado como una oveja llevada al matadero, para limpiar nuestras inmundicias.

Todas estas profecías se cumplieron con exactitud, constituyéndose en poderosa evidencia de la veracidad de estos textos.

Frente a tanta evidencia forense e histórica, resulta totalmente razonable deducir que estos textos fueron inspirados por el Creador del cosmos y de la vida, que en un acto de amor quiso comunicarse con las únicas criaturas inteligentes que fueron diseñadas a su imagen y semejanza.

Mi invitación es que comiencen a escudriñar esta cosmovisión sencilla y clara que nos entregó nuestro Hacedor, el cual es al mismo tiempo, nuestro Padre, Sustentador, Libertador y Regenerador.

Todos estos títulos y atributos los afirma el texto bíblico de manera reiterada en todos los 66 libros que conforman la revelación escrita de este Dios todopoderoso, santo y bondadoso.

  • 1. Hippies viene del inglés “hipster”, y simboliza un movimiento contracultural que nació en San Francisco en los 60. Este movimiento tomó de los epicúreos su búsqueda del placer a través de las drogas. Los epicúreos quieren evitar el dolor y el sufrimiento a toda costa, y para ello se aíslan del sistema en que les toca vivir. También tomó de los hindúes y budistas, por culpa de los Beatles, el concepto panteísta de que Dios forma parte de la naturaleza y por lo tanto cada persona y animal es un pedacito de esta divinidad universal a la que todos llegaremos después de nuestra última encarnación.
  • 2. El epicureísmo es un sistema filosófico que defiende la búsqueda de una vida buena y feliz mediante la administración inteligente de placeres y dolores, la ataraxia ("ausencia de turbación") y los vínculos de amistad entre sus correligionarios.(http://es.wikipedia.org/wiki/Epicureísmo)
  • 3. Los neoplatónicos es una escuela que reinterpretó a Platón en el siglo III de nuestra era, que afirmaban que Platón fue inspirado por Dios, igual que inspiró a Moisés. La tesis fundamental de Platón, que se acerca al concepto bíblico, es que el universo visible proviene o fue emanado del mundo de las ideas, que es un mundo inmaterial donde existen todos los arquetipos o modelos que son emanados al universo visible. Los gnósticos contribuyeron al pensamiento neoplatónico. Por lo tanto, los neoplatónicos hicieron mucho daño a la Iglesia al querer interpretar la Biblia a través del pensamiento de su maestro.

 

 

 

 
 
CARM ison