Cerrando el trato: Un elemento no bíblico del evangelismo moderno

Por, Tony Miano
Editado por, Matt Slick

Las personas algunas veces preguntan: “¿Cuántas personas a llevado a Cristo?”. Y mi respuesta es: “A todas ellas”. Cuando comparto el evangelio, llevo a todos –con quienes hablo– al pie de la cruz donde los dejo en manos del soberano creador y salvador. La salvación es del Señor. Nosotros somos simples embajadores.

Durante los primeros años de mi vida cristiana, de vez en cuando compartía el evangelio con las personas. Era más evangelístico que algunos, pero no iba tan lejos como debí haber ido. En raras ocasiones, una persona mostraba el deseo de recibir a Cristo como Señor y Salvador, por lo tanto, hacía lo que me habían enseñado a hacer: llevar a una persona a que repitiera una oración del pecador.

Decía algo como esto: “Si Ud. quiere verdaderamente recibir a Jesús como Señor y Salvador, esto es tan sencillo como pedirle a Él que venga a su vida. ¿Está seguro que quiere hacerlo? ¿Por qué entonces no oramos? Yo diré unas palabras, las cuales repetirá después de mí”.

De mi parte, asumía que la torpeza de la otra persona se debía solo a que estaba nerviosa o tal vez, un poco avergonzada. Tal vez la persona nunca había repetido algo después de que alguien le dijera lo que debía decir. Mientras que estas cosas pudieran ser ciertas, nunca me di cuenta que la persona tal vez no había llegado a tener una fe verdadera en Jesucristo.

No era nada raro que la otra persona derramara algunas lágrimas mientras repetía –guiado– las palabras dichas por mí en forma de oración. Aun los policías más fuertes que trabajaban en las calles, expresaban su emoción por medio de la oración repetitiva durante ese momento íntimo de fragilidad.

El momento terminaba con un apretón de manos o un abrazo, y algunas palabras de ánimo por parte mía. Y después me retiraba sin antes decir palabras como estas:

  • "El diablo tratará de convencerlo de que lo que acaba de pasarle no es real. Y esté listo, porque su fe nueva encontrada en Jesús será retada por la familia, amigos y compañeros de trabajo. Hasta podrá sentirse un poco tonto y empezará a cuestionarse. Pero no se preocupe. Eso es normal. ¿Tiene una Biblia? Deberá empezar a leerla todos los días. Y necesita congregarse en una iglesia. Sería bueno si empezara a ir a la iglesia conmigo".

Sin necesidad de decirlo, me alejaba de esa persona gozoso y alabando a Dios.

Esperando al nuevo convertido

Al siguiente domingo, estaba pendiente en la entrada de la iglesia esperando ansiosamente la llegada del nuevo convertido. Y raramente aparecía.

“Hola. Te extrañé ayer en la iglesia. ¿Qué sucedió?”
–“Hummm. Tú sabes. Esto no funcionó”.
“¡Oh! Está bien. A lo mejor nos vemos la semana entrante”.
–“Seguro. Tal vez nos vemos la semana entrante”.

No era raro –sobre todo en mis hermanos policías– no ver ningún fruto cristiano perceptible y tangible en la vida del nuevo convertido. De hecho, veía a menudo como sus vidas se volvían incontrolables en la medida en que se entregaban a un caminar más profundo en el pecado que en Cristo. Era desalentador.

Con frecuencia me preguntaba qué hacer al final de una conversión aparentemente buena con un incrédulo; sobre todo cuando la persona mostraba una expresión de desear arrepentirse y creer al evangelio. Me preguntaba constantemente: “¿Cómo cerrar el trato?”.

La pregunta misma es un subproducto trágico y no bíblico, de una de las tradiciones más apreciadas del evangelismo estadounidense: “La oración del pecador”. Y seamos honestos. La oración del pecador es simplemente eso: una tradición creada por cristianos sinceros que quieren que las personas perdidas se conviertan a una fe genuina en Jesucristo.

Una vez más; seamos honestos. No existe un solo versículo o pasaje de las Escrituras, si es expresado en una orden por parte de Cristo o de alguno de los escritores del Nuevo Testamento, o expresado como ejemplo en alguno de los muchos pasajes narrativos del Nuevo Testamento, que le de algún crédito a la creencia de que la “oración del pecador” es bíblica. Simplemente, no está en la Biblia.

La defensa más común de la “oración del pecador”

“¡Pero yo llegué a la fe en Cristo cuando repetí la “oración del pecador!”.

Ese tal vez fue el tiempo cuando Ud. llegó a la genuina fe en Jesucristo, pero no fue como resultado de repetir la “oración del pecador”.

“¡Pero he visto a muchas personas ser salvas al repetir la ‘oración del pecador’!”.

Su experiencia u observaciones personales no hacen que lo visto y escuchado sea bíblico. Nadie es salvo como resultado de una “oración del pecador”, ni el recuerdo de haberla repetido asegura la salvación de una persona.

“¡Ud. está equivocado! ¿Qué hay de Romanos 10:9-10?”

Echemos un vistazo a este pasaje: “que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. 10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”. Incluso, un rápido vistazo al texto, muestra que ninguna “oración del pecador” se encuentra aquí.

¿Quién es la audiencia de Pablo? ¿Creyentes o incrédulos? Él, les está escribiendo a creyentes, a la iglesia que se encontraba en Roma. Los destinatarios de su carta nunca hubieran tomado este texto como instrucciones de Pablo para que los incrédulos repitieran una oración para recibir a Jesucristo como Señor y Salvador. Ni tampoco sus lectores habían entendido que aquí Pablo, estaba enseñándoles –ni como sugerencia ni como mandato– a llevar al no salvo a una “oración del pecador”.

No he podido encontrar a ningún legítimo erudito de la Biblia que sugiera que las palabras de Pablo en Romanos 10:9-10 sean un ejemplo de una “oración del pecador”, o sea una sugerencia para que los creyentes llevaran a la fe a los incrédulos a través  de repetir una oración, o “de pedirle a Jesús que entrara en sus corazones”.

Una vez más, no existe ningún apoyo bíblico o justificación para la implementación de la “oración del pecador” en algún esfuerzo evangelístico.

El evangelio no es un argumento para vender

Me estremezco cada vez que escucho a alguien usar la frase, “cierre el trato” cuando escribe o habla acerca de evangelismo. No hay forma que se pueda relacionar la frase con su significado original y primario: la de cerrar el trato cuando se trata de vender algo.

El peor ejemplo que he visto o escuchado con este acercamiento de ventas para el evangelismo fue utilizado durante el funeral de un querido amigo.

Mi amigo y compañero era ayudante del sheriff, así que la iglesia estaba llena de amigos, familiares y personal uniformado. Había sido un bonito funeral que trajo honor y un recuerdo cariñosos al coraje, fe y amor de mi amigo. Su familia me había pedido que cantara una de sus canciones favoritas.

Al final del servicio, el pastor dio un breve mensaje el cual, terminó con esta invitación: “¿Por qué no trata a Jesús por 60 días? ¿Qué tiene para perder? Si le gustaría darle a Jesús una oportunidad, sólo levante la mano”.

Una media docena de personas levantaron la mano. El pastor se gozó que aquellos que habían levantado la mano habían venido a la fe en Cristo. Conocía algunas de esas personas. Años después del funeral y del espectáculo de las manos; aquellos que sabía habían levantado su mano parecían no estar tan cerca de Cristo de lo que estaban antes del funeral. A ellos se les ofreció un punto de ventas y unas pocas almas sin sospecha, compraron lo que el pastor estaba vendiendo; una relación con Jesús y con una póliza de garantía de retorno, del 100%.

El evangelio no puede ser vendido

El evangelio no puede ser vendido porque el evangelio no está en venta. Ningún argumento para vender el evangelio, y ofrecido por el hombre, le dará al comprador, solo una esperanza falsa y una falsa seguridad.

Si Ud. está leyendo esto y ha vendido este argumento, de que venir al frente del “altar” o inclinar su cabeza y cerrar sus ojos, o levantar su mano donde se encuentre “si le da pena venir al frente”, o repetir una oración o escribir en su Biblia “esta fecha”, o tratar a Jesús por 60 días o cualquier otra tradición de moda hecha por el hombre es la forma de recibir vida eterna, entonces, debe entender que ninguna de esas tradiciones del hombre suministrará alguna seguridad en la salvación. La salvación es del Señor.

Ahora bien, ¿existen verdaderos seguidores de Jesucristo que han hecho algunas de las cosas mencionadas anteriormente, excepto la de tratar a Jesús por 60 días? Sí. Conozco a muchos hermanos cristianos quienes como parte del testimonio de su salvación han hecho una de las cosas creadas por el hombre, y mencionadas anteriormente, o han respondido a la iniciativa del hombre. Pero ninguno de ellos es salvo porque ellos hicieron una o más cosas mencionadas anteriormente. Ellos fueron salvos por la sola gracia de Dios, a través  de la sola fe, en solo Jesucristo. La seguridad de la salvación de ellos se encuentra en Jesucristo; no por alguna repetición de oración o por algún acto de piedad o acto externo en respuesta al evangelio.

Dios y solo Dios salva, y Dios y solo Dios sella aquellos que Él adopta como Sus hijos en Su familia eterna. Aquellos que Él salva, Él guarda. Ninguna obra del hombre salva al hombre; y ninguna obra del hombre guarda a un hombre salvo.

Debería preguntarse a sí mismo: “Entonces, ¿qué?  Ud. ha colocado un dedo en el ojo de todas mis tradiciones evangelísticas. Por lo tanto, ¿qué debo hacer si alguien está listo para recibir a Jesús como Señor y Salvador?”.

Cerrando una conversación del evangelio

He pasado mucho más tiempo estableciendo el fundamento para mi respuesta a la pregunta; mucho más tiempo de lo que realmente tomará responder la pregunta.

Cuando me encuentro en una conversación en la cual, la persona con la que estoy hablando parece estar sensible hacia las cosas de Dios; cuando me encuentro al final de una conversación con una persona que parece estar afectada por la presentación de la ley y del evangelio; entonces, hago unas pocas preguntas de sondeo.

La primera pregunta que hago, es: “¿Existe alguna razón por la cual Ud. no se alejaría de su pecado, se volvería a Dios y recibiría a Jesucristo como Señor y Salvador ahora mismo?”.

Finalmente, aunque la pregunta es retórica en naturaleza, la persona con la que estoy hablando no lo sabe. Si en ese momento la persona no recibe a Jesucristo es simplemente porque el Padre no está todavía trayéndola al Hijo (Juan 6:44). Pero la persona con la que estoy hablando hará que considere la pregunta del porqué de la razón o las razones, por las que él o ella no quiere someterse a Cristo como Señor y Salvador.

Con mayor frecuencia que la de recibir un "no" por respuesta, la pregunta antes mencionada le da a la persona un momento de pausa. Mientras que él piensa el por qué no se arrepiente y cree al evangelio, le pregunto: “¿Hay algún pecado en su vida que ama tanto que estaría dispuesto a morir e ir al infierno, y así poder disfrutarlo en esta vida?”.

La respuesta típica, es “No”. Pero de vez en cuando encuentro a una persona que es muy sincera acerca del pecado en su vida.

Recuerdo haber hablado con una mujer joven en el campus de Cerritos College. Ella había escuchado pacientemente mientras le compartía la ley y el evangelio. Después le hice la pregunta anterior. Las lágrimas empezaron a correr por sus mejillas, y unos pocos momentos después, respondió: “Sí. Adulterio”.

Ella tenía una relación pecaminosa con un hombre joven, y lo sabía. La joven mujer se había quebrantado por causa de su pecado y entendió que necesitaba al Salvador, por lo que, en ese día, vino al arrepentimiento y fe en Jesucristo.

Cuando hago preguntas como estas, siempre observo cuidadosamente el comportamiento de las personas. ¿Están ellos mirando alrededor para ver si alguien los observa –como si estuvieran apenados de hacer una confesión de fe en frente de otras personas? ¿Se sienten incómodos –no por el pecado de ellos– sino por el malestar que surge de sentirse presionado de hacer algo cuando no están listos o dispuestos para hacer?

Lo que esto me indica es que el Espíritu Santo no está, en ese momento, moviéndose en el corazón y mente de esa persona. Y que lo último que quisiera hacer, es crear un falso convertido al obligar a la persona a hacer algo completamente carnal y no algo que es realizado por Dios y Su evangelio.

Finalizando una conversación del evangelio

Cuando siento que la conversación está llegando a su fin, con frecuencia diré lo siguiente a la persona con la que estoy hablando si en ese momento no llega al arrepentimiento y fe en Jesucristo.

  1. Una vez más, y brevemente resumiré la ley y el evangelio.
  2. Le recordaré de la seguridad de la muerte y el juicio.
  3. Le mostraré a la persona que me preocupo por ella y que estaré orando por él o ella.
  4. Lo animaré a que lea el evangelio de Juan, para ver si puede ver que lo que le estoy diciendo es cierto.
  5. Le daré a la persona mi tarjeta de presentación y lo animaré para que se ponga en contacto conmigo si tiene alguna pregunta.
  6. Le diré “hasta luego” con un amistoso apretón de manos, cuando esto sea apropiado.

Si la persona con la que estoy hablando parece quebrantada por sus pecados, contristado, y parecería desear la salvación a través de Jesucristo:

  1. Una vez más le pediré a la persona que se arrepienta y crea el evangelio.
  2. Lo animaré a que invoque el nombre de Cristo; que busque Su perdón y que le pida a Cristo que lo salve.
  3. Le preguntaré a la persona si puedo orar por ella. Pero nunca llevo a una persona a que repita conmigo alguna oración. Le oraré al Señor para que salve a la persona al llevarlo a un arrepentimiento genuino y a la fe en el Señor Jesucristo. Oraré por la persona si es la voluntad de Dios el salvarlo o salvarla, para que crezca en la gracia y conocimiento de Cristo. Le oraré al Señor para que lo ubique en una iglesia que sea centrada en Cristo y que lo glorifique, que crean en la Biblia y que la usen para enseñar. Y oraré al Señor para que lo use a él o la use a ella para llevar a otros a un genuino arrepentimiento y fe en Jesucristo.
  4. Le daré a la persona mi tarjeta de presentación y lo animaré para que estemos en contacto.
  5. Le daré a la persona una Biblia o el evangelio de Juan si la persona no tiene una Biblia.
  6. En cuanto sea posible, le sugeriré algunas buenas iglesias en el área. Además le indicaré que puede seguir mi blog, donde las personas pueden encontrar un buscador de iglesia e información adicional para los nuevos creyentes.
  7. Nunca declaro que una persona es salva, o bienvenida a la familia de Dios y a la iglesia de Cristo. Nunca quiero hacer o decir algo que le deje a la persona una sensación falsa de seguridad, si no es de hecho, completamente salvo. Después de todo, no conozco el corazón de una persona. No sé si la apariencia externa es indicativa de un genuino arrepentimiento y fe o solamente una tristeza mundanal.

Conclusión

Al cerrar de esta forma, las conversaciones del evangelio, me queda una sensación de total confianza en la soberanía de Dios por la salvación de la persona. No es manipulación, Tampoco dejo a la persona con una falsa sensación de confianza. Me ayuda a no tomar el crédito por la obra que el Señor lleve a cabo en la vida de la persona. Después de todo, soy simplemente uno de los embajadores del Rey. Sólo el Rey tiene el poder y la autoridad para perdonar pecados y salvar. Y yo, no tengo ese poder.

Recuerde que Dios no necesita a nadie para salvar a alguien. Sí, Él usa la predicación del evangelio para convertir las almas. Pero la salvación es del Señor. Él no nos necesita para preparar emocionalmente o estimular a las personas perdidas. Él no nos necesita para hacer del evangelio más agradable al paladar. Tampoco nos necesita para adicionar paquetes de premios al don de la vida eterna, como declarar que su mejor vida empezará ahora; la salud, la riqueza y la prosperidad; un propósito para disfrutar de las cosas; arreglar relaciones; etc. De hecho, creo este tipo de “ayudas en el evangelio” son una ofensa a Dios.

Proclame simplemente el evangelio al perdido. Lleve a toda persona con la que hable al pie de la cruz. Y crea, verdaderamente crea que Dios salva.

 

Este artículo también está disponible en: Inglés

 

 

 

 
 
CARM ison