¿Cómo deberán los cristianos cumplir con la Gran Comisión?

¿Cuál es el mejor método para llevar a cabo la Gran Comisión? Existe una tendencia de parte de los cristianos en no entender todos los componentes de esta Comisión (cf. Mt 28:18-20). Ningún cristiano puede afirmar obediencia a la Gran Comisión hasta que haya “hecho discípulos” por medio de la proclamación del Evangelio, “bautizando” a los convertidos y haberlos “adoctrinado” en todo el consejo de la Palabra de Dios. Esto no quiere decir que cada cristiano debe llevar a cabo todos los componentes de la Gran Comisión en su propio ministerio. Dios ha dado varios dones, ministerios y oficios entre Su pueblo. Sin embargo, es ciertamente la voluntad de Dios que cada cristiano apoye activamente y en oración a ese otro grupo de cristianos que están dedicados por entero a esa tarea. En la Comisión, no existe indicación bíblica de un “proceso racionalizado” que consista en simplemente predicar un Evangelio de “corto alcance” y permitir posteriormente a los convertidos decidir por sí mismos “la iglesia de su elección”. Claro está, que algunas veces las circunstancias lo dejan impotente para hacerlo; como por ejemplo, testificar en un avión cuando hay poco tiempo disponible. Pero esto, no representa excusa para ignorar toda la declaración en la Gran Comisión u olvidar el objetivo final dado por nuestro Señor.

Evangelizar

  • “hacer discípulos”
  • con un mensaje lleno de la verdad.

(1 Co 15:1-8)

 

Bautizar

  • Una ordenanza simbólica
  • Se enseñan las doctrinas básicas.

 

 

Enseñar todas las cosas

  • Cada convertido bautizado debe estar bajo la disciplina y doctrina
  • de toda la Biblia y,
  • por el Espíritu Santo en la iglesia local.

 

No solo existe una tendencia de parte de los cristianos de desobedecer todos los componentes de la Gran Comisión, sino que también incluye el ignorar la verdad de que Cristo y Sus apóstoles daban mayor énfasis en el adoctrinamiento de los convertidos en “todo el consejo de Dios”. Por ejemplo, uno lee en el Nuevo Testamento que las personas a quienes los apóstoles predicaban se convertían, bautizándolos posteriormente y organizándolos en las iglesias locales con el propósito de edificarlos en forma práctica y doctrinal en la observancia de las enseñanzas bíblicas. A pesar de que el evangelismo y el comunicar a la persona perdida la realidad de la salvación por gracia, solo a través de la fe en Cristo, son componentes importantes de total responsabilidad de la iglesia local, la misma iglesia debe recordar continuamente que el Nuevo Testamento pone finalmente su mayor énfasis en la alimentación (enseñanza) de aquellos que ya son cristianos. De hecho, se puede decir que el adoctrinamiento de convertidos en todo el consejo de la Palabra de Dios es el modelo básico del Nuevo Testamento para la evangelización del mundo. Aparte de este énfasis, el evangelismo cristiano pronto se volverá inefectivo y superficial. Es importante entender que los sentimientos profundos, tiernos de afecto en la vida cristiana no son más importantes que la doctrina. De hecho, el Nuevo Testamento nunca enfatiza en tales sentimientos como más grandes que la doctrina y la verdad. Para ser muy franco, el impacto más grande del amor bíblico es la obediencia a toda la Palabra de Dios.

En el Antiguo Testamento el amor está íntimamente relacionado al pacto y a la obediencia (Ex 20:6; Dt 7:6-8; 10:12; 11:13, 22; 19:9; 30:19-20; Jos 22:5; 1 S 18:1-3; etc.) En el Nuevo Testamento, el amor está más frecuentemente relacionado al discipulado y a la obediencia (Jn 21, 23-24; 15:9-10; 1 Jn 2:4-6; 5:1-3; 2 Jn 6a; etc.) El estándar del amor bíblico es la doctrina. Como una virtud cristiana, el amor es más importante que la fe y la esperanza (1ª Corintios 13:13: “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.”), pero no es más importante que la doctrina y la verdad. De hecho, el verdadero amor cristiano aumenta fuera de un ambiente de verdad cristiana. Claro está que por años, los liberales han negado la importancia de la doctrina y la verdad, y si los cristianos continúan aceptando esta falsa separación, la misma se constituirá en una de las más grandes victorias de Satanás contra la iglesia en tiempos modernos. Por lo tanto, es importante que la iglesia adoctrine a los convertidos en todo el consejo de la Palabra de Dios con el modelo del Nuevo Testamento para la evangelización del mundo. No solo la evangelización de los cristianos se volverá más inefectiva y superficial sin este énfasis, sino que una vida cristiana que está glorificando y complaciendo al Señor, también sufrirá. Entender y aplicar la Biblia no es una opción. Sin la práctica, la doctrina es muerta, y la práctica sin doctrina, es ciega. El problema con la iglesia profesante (iglesianismo) no es tanto en su práctica sino en su doctrina. Los cristianos no saben y a muchos ni les importa las doctrinas de la Escritura ya que se ven como intelectuales y muchos cristianos son, generalmente contrarios a lo intelectual. La doctrina es considerada como la filosofía de la “torre de marfil”, y la mayoría de cristianos ven esta “torre” con desprecio. Sin embargo, la “torre de marfil” es la torre de control de una civilización. Es un pecado fundamental y teórico del cristiano “práctico”, negar que cada práctica pertenezca a alguna doctrina.

La relación entre doctrina y práctica es la misma que existe entre causa y efecto. Si una persona cree en la doctrina correcta, en su práctica se inclinará a hacer lo correcto. La práctica/estilo de vida de muchos cristianos  contemporáneos es inmoral porque es la práctica de falsas doctrina. Es un serio error doctrinal de los miembros de la iglesia llamados “prácticos”, pensar que ellos pueden ignorar las “torres de marfil” de los filósofos y teólogos como irrelevantes a sus vidas. Cada acción que los miembros “prácticos” de la iglesia adoptan, es gobernada por el pensamiento de que ha ocurrido en alguna torre de marfil.

La primera tarea del cristiano, es entender la doctrina sana –teoría sana– y por lo tanto, implementar la doctrina práctica sana. Primero, el orden de la doctrina, después, la práctica. Esto es tanto bíblico como lógico. Por ejemplo, el Libro de Romanos inicialmente contiene 11 capítulos que presentan la doctrina y los últimos cinco discuten la práctica. En los cristianos, fallar en instruir en una sana doctrina es la razón para una mala conducta e impotencia cultural. La falta de poder en la vida de la iglesia se debe a la falta de una doctrina verdaderamente sana. El éxito y la supervivencia de la iglesia se basan en su incremento de aceptar la Biblia como la única autoridad de la Verdad y la suprema importancia de una doctrina sana y sus implicaciones lógicas como el resultado del énfasis sobre la primacía del intelecto y reconocimiento de la necesidad para el pensamiento sistemático y lógico. La iglesia solo será impulsada al futuro si es cuidadosamente gobernada y poderosamente llevada por la Palabra de Dios. Muy simple: La Palabra de Dios edifica la iglesia. Es importante enseñarle a la iglesia que el método escogido por Dios para traer nueva vida es, en el uso de Su Palabra. El método de Dios para edificar la iglesia, determina los medios de discipulado y evangelismo. El Espíritu Santo crea y sostiene la iglesia por la Palabra de Dios (2º Reyes 22-23; Nehemías 8-9; Is 55:10-11; Ez 37:1-14; Mt 4:4; Jn 1:1, 14; Hch 19:20; 20:32; Ro 1:16; 10:17; 1 Ts 2:13; He 4:12; Stg 1:18, 21; 1 P 1:23, 25). La iglesia crece cuantitativa y cualitativamente por la proclamación del Evangelio y la enseñanza sistemática de la Palabra de Dios. Si el método escogido por Dios para edificar y sustentar Su iglesia es reemplazado con pensamientos y voluntad humanos, se asegurará inevitablemente la inutilidad eterna de tal trabajo. Puede que esto no suceda así en su vida y ministerio.

 

Este artículo también está disponible en: Inglés

 

 

 

 
 
CARM ison