¿Cómo es Jesús omnipresente?

Por, Matt Slick

Correo electrónico: Cuando Jesús ascendió al cielo, está escrito que Él está ahora a la diestra de Dios nuestro Padre. Sabemos que Dios, quien es Espíritu, es omnipresente. ¿Es Jesús, que está en un cuerpo glorificado, también omnipresente? Si es así, ¿significa esto, que cuando seamos transformamos en nuestros cuerpos glorificados, nosotros también seremos omnipresentes? Si no, ¿cómo es exactamente Jesús con relación a cada uno de nosotros?

Respuesta: Esta es una buena pregunta. ¿Es Jesús, omnipresente, en cuerpo glorificado? La respuesta es, sí. Pero esto conlleva una breve explicación.

La doctrina de la encarnación de Cristo es que Jesús, quien era el Verbo Divino (Juan 1:1), se hizo carne y habitó entre nosotros (v. 14). Esto significa que la Palabra añadió, naturaleza humana, a Su persona.

Ahora, esto no significa que la Palabra tiene dos naturalezas. Lo que significa, es que la persona de Jesús tiene dos naturalezas. En otras palabras, Jesús el hombre, es, tanto la Palabra como humano. Es decir, Él es a la vez, divino y humano. Por eso Colosenses 2:9 dice “porque en Él vive corporalmente toda la plenitud de la Naturaleza Divina”. Oficialmente, esta doctrina se conoce como la unión hipostática.

Muy bien, entonces la Biblia enseña que Jesús es tanto Dios como Hombre al mismo tiempo. Recuerde que Él tiene dos naturalezas. Pero debemos entender que como hombre, por definición, Su lado humano físico está solo en un lugar a la vez. No hay ningún caso de un ser humano omnipresente. Jesús, como hombre (sí, Él es un hombre en este momento. Leer, 1ª Timoteo 2:5; Colosenses 2:9) está ubicado en un lugar en los cielos. Pero, como Él tiene una naturaleza divina y uno de los atributos de la divinidad es la omnipresencia, entonces, podemos decir, que Jesús es omnipresente. Permítame descomponerlo un poco más.

Hay otra doctrina, conocida como la Comunicación de Propiedades (El Communicatio Idiomatum). Esta es la enseñanza de que en la sola persona de Cristo hay dos naturalezas y que cada una de las dos, tiene atributos. Aún más, esta afirma, que esos atributos en cada naturaleza son atribuidos a la sola persona de Jesús. Por lo tanto, decimos que el hombre Jesús, que también es divino, puede “reclamar” los atributos de la divinidad. Del mismo modo, los atributos de la humanidad son “reclamados” (asignados o atribuidos) a Jesús también. Déjeme darle dos ejemplos que confirman esto.

En Juan 17:5, Jesús dice: “Y ahora, Padre, glorifícame Tú junto a Ti mismo, con la gloria que tenía contigo antes de existir el mundo”. ¿Cómo es posible que Jesús, el hombre, pudiera reclamar “la gloria” que tuvo con el Padre “antes de existir el mundo”? Jesús como hombre nació en la tierra. Sin embargo, vemos que Jesús estaba afirmando la gloria que Él tuvo con Dios el Padre desde tiempos antiguos. ¿Cómo? Porque reclamaba los atributos de la divinidad.

En Mateo 28:19-20, Jesús dice: “Yendo, pues, discipulad a todos los gentiles, bautizándolos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles a guardar todas las cosas que os mandé. Y he aquí Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del siglo”. Note el v. 20, donde Jesús afirma que Él estará con los discípulos siempre. ¿Cómo puede Jesús el hombre estar siempre con los discípulos? Obviamente, el mandamiento de Cristo no es sólo para los discípulos sino para todos aquellos que afirman ser cristianos y cumplir el mandamiento de discipular a todos los gentiles. Encontramos la respuesta cuando entendemos que los atributos divinos de la omnipresencia, que es una de las propiedades de ser divino, son reclamados por Jesús. Por lo tanto, aunque era un hombre, también podía decir que estaría con los discípulos dondequiera que fueran y cuando fueran.

Para resumir, la naturaleza humana de Jesús no es omnipresente. Pero, Su naturaleza divina sí lo es. Sin embargo, la persona de Cristo es la única, que comparte ambas naturalezas (Communicatio Idiomatum), y es la única persona que es omnipresente.

Ahora, regresando al resto de la pregunta. ¿También seremos glorificados como Jesús fue glorificado en Su resurrección y seremos omnipresentes? No. No compartimos la naturaleza divina de Dios. Por lo tanto, no seremos omnipresentes; sólo, glorificados.

 

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