¿Cómo mide su efectividad un predicador de las calles?

Por, Tony Miano
Editado por, Matt Slick

De vez en cuando, soy bendecido por hermanos y hermanas en Cristo quienes llegan a mí buscando consejo, expresando sus preocupaciones legítimas acerca del estado actual de la predicación en las calles de su área, en sus equipos y en sus propias vidas. Expresan humildemente, demostrando su preocupación acerca de los motivos de algunos de aquellos que llevan el título de “predicadores de las calles”, pidiendo, no solo mi opinión, sino también, persuadiéndome para escribir acerca de la conducta de otros. Ellos también quieren aprender y crecer como predicadores.

He recibido muchos correos que me piden escribir acerca de cómo perciben y miden algunos predicadores de las calles la efectividad de su predicación al aire libre. En sí, estos correos muestran urgencia.

Preguntas para los predicadores de las calles

  • ¿Mide Ud. la efectividad de su ministerio por el volumen de su capacidad de proclamar la ley y el evangelio?

La efectividad no se mide simplemente, por el volumen; sin embargo, somos llamados por Dios para levantar nuestras voces para proclamar el evangelio (Mateo 10:27; Lucas 12:3). Por lo tanto, podría también servir recordar: “Las palabras del sabio escuchadas en quietud, son mejores que el clamor del señor entre los necios” (Eclesiastés 9:17). Además, “La blanda respuesta quita la ira; Mas la palabra áspera hace subir el furor” (Proverbios 15:1). Finalmente, no queremos que nos perciban como simples “murmuradores, querellosos…” (Judas 1:16).

El predicador George Whitefield (1714-1770) podía escucharse desde más de un kilómetro de distancia. Sin duda que conocemos otros actuales “artilleros” que, de igual forma, pueden ser escuchados desde grandes distancias. Pero el volumen de la voz de una persona, no determina la efectividad del predicador de la calle. De hecho, un predicador, proclamando el evangelio en tonos más tranquillos, casi coloquiales, puede a veces, atraer a una multitud más grande, que el más grande grupo de “gaitas”. De forma natural, las personas se acercan más para escuchar lo que se está diciendo.

No se está haciendo aquí un caso contra el deber de proclamar a viva voz el evangelio. Si Ud. tiene un gran tono de voz, úselo para la gloria de Dios. Pero si está usando su tono de voz más alto, sólo por usarlo, y no está satisfecho con el volumen de su voz hasta que vea a las personas empezar a saltar o doblarse con dolor de oído, entonces, su motivación podría ser algo diferente a la proclamación verdadera, amorosa y clara del evangelio.

  • ¿Mide la efectividad de su ministerio debido a que quiere llamar o no, la atención de la seguridad o la policía?

Hoy día, algunos predicadores de las calles hablan acerca de sus “derechos” más de lo que hablan de Cristo. Los hombres pueden fácilmente quitar los derechos otorgados por los mismos hombres. Así que le pregunto al predicador de las calles: cuando el gobierno, eventualmente, le quita sus “derechos” para proclamar el evangelio, ¿continúa predicando? Claro que deberá continuar haciéndolo, si Ud. es verdaderamente un heraldo de Dios.

Esto no significa que debemos permitir a las entidades gubernamentales o no gubernamentales pisotear las libertades que disfrutamos en estos momentos. Pero al final, nuestros derechos tienen poco significado cuando los comparamos con la glorificación de Jesucristo y alcanzamos al perdido con Su evangelio.

¿Podemos retar la interpretación y aplicación de las leyes por los policías, los guardias de seguridad y los dueños de negocios? Sí, pero la forma como lo hacemos y por qué lo hacemos, es tan importante como la razón por la que estas leyes existen. Mi estimado predicador, no olvide, que cada palabra que hable y todo lo que haga es representación de su F, así como una representación del único que es objeto de su fe: el Señor Jesucristo.

El apóstol Pedro tenía mucho qué decir en su primera carta, la cual, creería, que es de mucha ayuda:

  • 1ª Pedro 2:13-25: “13 Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior, 14 ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien. 15 Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos; 16 como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios. 17 Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey. 18 Criados, estad sujetos con todo respeto a vuestros amos; no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar. F Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente. 20 Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios. 21 Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; 22 el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; 23 quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente; 24 quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados. 25 Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas”.

Hoy, puede encontrar muchos vídeos en los que, predicadores de las calles sostienen encuentros muy negativos con la policía. Por supuesto, la persecución de la iglesia crece en el mundo occidental, sin duda veremos más contacto negativo entre la policía y los predicadores de las calles. Sin embargo, parecería que la mayoría de estos predicadores buscan esos encuentros negativos; hasta tal punto, que crean una atmósfera alrededor de su predicación para casi retar, un encuentro con la policía. Todo lo que uno tiene que hacer, es mirar alrededor y ver, algunos de los títulos de esos vídeos publicados para entender lo que estoy escribiendo aquí. Algunos ejemplos:

  • “Policías atacan ilegalmente”.
  • “Policía enojado matonea a un predicador de la calle”.
  • “La policía aparece después que un predicador estaba en la calle”.
  • “Predicadores de las calles, molestados por la policía”.

Es cierto que en la calle, muchos oficiales o agentes de policía son, o ignorantes o indiferentes de las leyes que protegen la libertad de expresión en los Estados Unidos. Por ejemplo, la proclamación del evangelio al aire libre no constituye un tipo de holgazanería. De hecho, muchas de las leyes en los Estados Unidos, han sido consideradas inconstitucionales por los tribunales como resultado de la mala aplicación de tales leyes, por parte de la policía. Dicho esto, parece que cada vez más, predicadores en las calles, están buscando enfrentamientos con la policía, con la esperanza de reunir imágenes de vídeos emocionantes, para publicarlos en YouTube.

Si Ud. examina algunos de estos vídeos subidos a YouTube, raramente verá o escuchará al predicador, predicando el evangelio. Con más frecuencia, verá que la pelea es por derechos individuales, y no por el perdido o el fomento del mismo evangelio. De forma mal intencionada, más predicadores están poniendo las ruedas en movimiento, al colocarle un cebo a la policía para que lo muerda llevándola a una confrontación, para después, gritar “persecución”, cuando esta, realmente ha sido iniciada por los predicadores.

Existe una diferencia entre anticipar un encuentro con la policía y esperar un encuentro. Hoy día, con el incremento del esfuerzo de entidades gubernamentales para silenciar la proclamación pública del evangelio, los predicadores de las calles deben anticipar cualquier contacto con la policía y actuar en consecuencia. Sin embargo, el predicador de la calle nunca deberá salir, esperando un encuentro negativo con la policía.

Habiendo trabajado por muchos años en las calles como ayudante de sheriff, puedo asegurarle que más personas hablan en el asiento trasero del carro de policía que fuera de este. Por lo tanto, es realmente tonto, pretender salir a la calle con la intención de proclamar el evangelio, y a la vez, tener la esperanza de una confrontación. Esta, no es una medida de efectividad de su ministerio, sino una medida inefectiva del mismo. Examínese a sí mismo, si esto es para Ud.

  • ¿Mide la efectividad de su ministerio por la forma como la multitud se enoja por el sonido de su voz o por el contenido de su mensaje?

Me he sorprendido a mí mismo haciendo esto. Ha habido momentos cuando las primeras palabras que salían de mi boca dirigidas a mis compañeros evangelistas de la calle, después de un segmento de predicación al aire libre, eran como estas: “¿Vieron cómo esa persona se molestó?” O, “En la multitud habían personas inoportunas”. Muchas veces, esas declaraciones se hicieron casi que con un sentimiento de júbilo.

Acéptelo, si nosotros como predicadores de las calles, estamos predicando de forma que nadie se mueva de forma negativa por la proclamación de la verdad de la ley y el evangelio, entonces, es probable que haya algo que no es bíblico en nuestra presentación. El mensaje es, o demasiado ligero acerca de la ley, o no exalta a Jesucristo lo suficiente. Después de todo, los perdidos, odian a Dios (Romanos 1:29-30). Y lo odian a Ud. porque ellos, odian a Su Hijo y nuestro Salvador (Mateo 10:22; Marcos 13:13; Lucas 21:17; Juan 15:25). Ellos odian la verdad de Su Palabra (Proverbios 13:13; Amós 5:10).

Sin embargo, si Ud. mide la efectividad de su ministerio de las calles, por la forma como la multitud se enoja, entonces, está errando el punto. Con el tiempo, Ud. comenzará a provocar más a la multitud y predicará menos de Cristo. Correrá entonces el riesgo de seguir el mismo camino de muchos nómadas de nuestros días, que muy raramente llegan al evangelio. Pasan mucho de su tiempo sobre su caja de madera, sacando una retórica encendida con el propósito de enojar a la multitud, para después pasar el resto del tiempo argumentando con la multitud y justificando su retórica.

Cuando esto le sucede a los predicadores de las calles, el evangelio se convierte en una simple idea adicional al llamar a las personas, “pecadoras” y usar otros adjetivos. Su discurso se vuelve más sarcástico, y su tono, menos amoroso. Dejan de exhortar a las personas y empiezan a burlarse de ellas. Están respondiendo del mismo a las incitaciones airadas de la multitud. Dejan de ser predicadores de las calles y más bien, se vuelven a otro debate con el “disputador de este siglo” (1ª Corintios 4:6). Su discurso se hace menos misericordioso y deja de estar sazonado con la sal de la sabiduría, discernimiento y amor (Colosenses 4:6). De hecho, se convierten en metal que resuena, y címbalos que retiñen (1ª Corintios 13:1), derivando, más gozo de escucharse ellos mismos hablar del evangelio, de lo que están supuestos a predicar. Si así es Ud. entonces, examínese.

¿Qué es lo que realmente importa en la predicación en las calles?

  • Apreciado predicador al aire libre, ¿cómo deberá medir la efectividad de su ministerio?

El tamaño de la multitud a la cual le predica, es irrelevante. Si una persona escucha, o una multitud de miles escuchan, al final, Ud. le predica a una sola audiencia: el Señor Jesucristo. Es a Él a quien Ud. proclama. La predicación del evangelio no es sólo evangelística; es, para el predicador, un acto de adoración. No profane esa adoración tomando, cualquier aspecto del evangelio para Ud. Y no profane esa adoración actuando pecaminosamente mientras proclama el evangelio.

En parte, la efectividad de su ministerio deberá estar determinada por la forma consistente en que Ud. habla de la verdad, en amor (Efesios 4:15), y no de cuantos vatios saca su megáfono para llegar a un kilómetro de distancia.

El nivel de respeto que muestre hacia otros, deberá determinar en parte, la efectividad de su ministerio. Cuando a Jesús lo maldecían, no respondía con maldición (1ª Pedro 2:23). Ud. deberá evaluar la eficacia de su ministerio por la forma clara como está su propia consciencia, y con relación a la forma como Ud., anuncia el evangelio: “teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo” (1ª Pedro 3:16).

El respeto que debe mostrar hacia los otros, incluye el respeto a la policía (Romanos 13:1-5). Dios nos ordena que nos sometamos a las autoridades gubernamentales -en la medida en que esa sumisión- no nos obligue a desobedecer a Dios (Hechos 3:1-5:42); evitando así, no sólo la ira de Dios en nuestras vidas, sino por causa de nuestra propia conciencia (Romanos 13:5). La efectividad de nuestro ministerio deberá estar determinada por cuán bien Ud. interactúa con la policía, no por la forma fácil en la que puede entrar en conflicto con aquellos que protegen y sirven. Nunca lo olvide; la policía también necesita de Cristo. Ellos también necesitan escuchar de Ud. el evangelio.

La efectividad de su ministerio deberá estar determinada, no por el número de espectadores inoportunos que pueda atraer, sino por el número de rostros tranquilos, silenciosos y anónimos que alcance en la multitud y que se aferran a las palabras de Cristo saliendo de sus labios.

En lo particular, tenía la costumbre de buscar disconformes en la multitud. Pero ya, no lo hago. Busco esa persona en cien, que pueda estar escuchando, cuyo corazón el Señor haya podido preparar por el poder del Espíritu Santo, para escuchar y responder a la predicación del evangelio. Predicaré por encima de cualquier espectador inoportuno para alcanzar a esa persona tranquila y silenciosa. Clamaré por un oyente, antes que hacerlo con un inoportuno.

Los ángeles se regocijan con un pecador que se arrepiente (Lucas 15:7, 10). Ellos no se regocijan por las 20 personas con las Ud. está en hostilidad durante una sesión al aire libre. Vea a ese alguien en la multitud. Ore por esa sola persona. No permita que el enemigo lo engañe llevándolo a la discusión con muchos, y más bien, en forma efectiva, alcance a esa sola persona.

Predicador de las calles: ¿las personas a las que les anuncia el evangelio todavía escuchan el amor en su voz? ¿Pueden ver todavía el amor en sus ojos? ¿Es su hombro un lugar donde se puede llorar? ¿Es su mano sobre el hombro de alguien perdido una bienvenida confortante?

Sí. Ud. será odiado por el bien de Cristo. Pero si Ud. siente deleite y encuentra gozo en ser despreciado por otros, si saborea la confrontación con otros más que proveer consolación al perdido, entonces su ministerio es, totalmente ineficaz. Recuerde, su ministerio no es acerca de Ud. Es acerca de Cristo.

Predicador de las calles, ¿cómo mide la efectividad de su ministerio? Examínese a sí mismo.

 

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