¿Cómo proteger a su familia contra los falsos maestros?

Por, Luke Wayne
25 de agosto de 2016

Constantemente, la Biblia nos advierte a estar vigilantes y en guardia contra los falsos profetas, falsos maestros y doctrinas engañosas. Por un lado, este mundo está lleno con mentiras que distorsionan las Escrituras, menosprecian el evangelio, y promueve los pecados de indulgencia y por el otro lado, el legalismo auto-justificado. Es difícil ser un pueblo de verdad en un mundo de falsedad, y es correcto que un hombre de Dios esté preocupado no solo por sí mismo, sino también por su esposa e hijos. Sin embargo, la Biblia no nos deja deambulando en este mundo de mentira. Existen algunos pasos básicos que podemos tomar para guardar a nuestros hijos en su juventud y prepararlos para que se mantengan firmes en madurez mientras crecen y se preparan para dejar nuestros hogares.

Conozca la Palabra profundamente. Léala todos los días. Escudríñela profundamente. Escuche sermones y conferencias de cristianos maduros de buen testimonio y lea sus escritos para ayudarle a entender más (aunque nunca descuide la lectura y estudio de las mismas Escrituras). Esté celosamente dedicado a ser guiado en la verdad bíblica. Usted no puede guardar a su familia contra las falsas enseñanzas si usted mismo no puede protegerse de estas. Conozca la verdad, y sea capaz de refutar el error (2ª Timoteo 3:13-17; Salmo 119:104-105).

Enseñe a su familia diariamente desde la Palabra. Haga devocionales diarios no sólo inculcando la verdad en su familia por las mismas enseñanzas, sino para que también modelen la prioridad de la Palabra de una forma visible y tangible para que nuestros hijos la asimilen. Si sus hijos lo ven leyendo la Palabra y si se las lee regularmente, a ellos les será más fácil pasar tiempo después leyendo la Palabra por ellos mismos. La investigación no solo confirma esto, también es, simplemente sentido común. Y así como usted no puede protegerse a sí mismo o a su familia si no ha madurado en la Palabra, su familia nunca aprenderá a defenderse contra tales errores si no están inmersos en la palabra. Sumérjalos en la Palabra (Efesios 6:4; Proverbios 22:6; Deuteronomio 4:10; 6:20-25).

En la medida en que sus hijos crezcan para entender, adviértales de algunas de las grandes falsas enseñanzas que abundan afuera, y muéstreles como esas enseñanzas quedan cortas con relación al evangelio bíblico verdadero. Esto, no solo les ayudará a ellos para tratar con estas falsas doctrinas, también les ayudará a clarificar lo que ES el verdadero evangelio al compararlo con lo que éste NO es (2ª Pedro 2:1-3; Judas 1:3-4; Mateo 7:15-23).

Asegúrese que su familia esté activamente involucrada es una iglesia en su comunidad. Simplemente, no “vaya a la iglesia” por ir, pero sea una parte vital de esa iglesia y deje que la iglesia sea una parte central de la vida de su familia. A menudo, las falsas enseñanzas son atractivas porque las personas que creen en estas, PARECEN vivir dentro de una comunidad significativa, mientras que los cristianos con demasiada frecuencia parecen individualistas y centrados en sí mismos. Si les damos a nuestros hijos solo una versión ligeramente pura y una versión de un “Jesusito” en la vida típica estadounidense, materialista y egocéntrica, no debemos sorprendernos cuando al querer llenar este vacío, empiecen a buscar religiones falsas o incluso los cultos no cristianos tratando de encontrar lo que falta en nuestro diluido cristianismo estadounidense. Darles a ellos una comunidad y un ejemplo de una vida desinteresada que es verdaderamente contraria al mundo los harán menos propensos a ser tentados por una falsificación. Además, esto los rodeará con otros cristianos maduros que puedan ayudarlos con sus luchas y preguntas. La influencia de líderes cristianos maduros y la unidad de la iglesia local son medios bíblicos para protegernos a nosotros y a nuestras familias de los vientos cambiantes de la falsa doctrina (Efesios 4:11-16).

No entregue voluntariamente a sus hijos a los falsos maestros. Esto parece como obvio, pero de alguna manera y con frecuencia permitimos a los falsos maestros en la vida de nuestras familias sin pensar siquiera sobre esto. Por ejemplo, cuando se trata de escoger la educación de nuestros hijos, ignoramos este principio de sentido común y con frecuencia permitimos que nuestros hijos estén sujetos al plan de estudios que es completamente hostil al evangelio durante ocho horas al día, cinco días a la semana. No podemos soñar con contrarrestar ese nivel de influencia en nuestros hijos. Tome muy en serio en lo que sus hijos están siendo enseñados y quien les está enseñando, y asume la responsabilidad. Desde un punto de vista eterno, una “buena educación”, es la que se ocupa primero y principalmente de la fe y la piedad. Tenemos que proteger a nuestros hijos de enseñanzas falsas en TODAS las áreas de la vida; no sólo los domingos por la mañana, o cuando ciertos tipos de personas llaman a la puerta. Jesús mismo enseñó que un estudiante vendría a ser como su maestro (Lucas 6:40).

Esta no es una fórmula mágica que garantiza que cada hijo crecerá para ser un cristiano fiel. Finalmente, no podemos forzar a nuestros hijos para escoger a Cristo o para que se aferren a la verdad.  Es Dios quien salva, no nuestros esfuerzos. Esto aplica tanto a nuestra salvación como a la salvación de nuestros hijos. Ore constantemente por sus hijos. Clame a nuestro Dios soberano por ellos y créale a Él, que Él hará lo que no podemos y para compensar nuestras fallas en Su fuerza infinita. Sin embargo, tenemos una responsabilidad ante Dios de enseñar a nuestras familias la verdad y prepararlas para que reconozcan y eviten las mentiras y tentaciones del mundo y del maligno (2ª Pedro 3:16-18).

 

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