¿Cómo pueden ser salvas las personas que ni siquiera tienen la capacidad de entender lo que la Palabra de Dios significa?

Poco después de convertirme en cristiano y en mi primer año de universidad, me volví un admirador del grupo de rock “The Who.” Uno de sus álbumes, “Tommy”, es un álbum conceptual cuyo personaje del titulo, es “un chico sordo, mudo y ciego”. En ese álbum, la letra de la canción, “Christmas”, siempre me ha intrigado:

"Y Tommy no sabe que día es
Él no sabe quién es Jesús o qué es orar
¿Cómo puede él ser salvo de la muerte eterna?
"

Como creyente joven y sin conocer muy bien la Biblia, realmente no sabía cómo responder a esa pregunta. ¿Cómo alguien que no puede oír, hablar ni ver, llegará a conocer a Jesús, o siquiera saber acerca de Él? Como dice la letra de esa canción, ¿cómo una persona así puede ser salva? Simplemente no tenía idea de cómo responder esa pregunta difícil. Fue un tema que encontré desconcertante y aún, algo problemático.

Y este tema se complicó un verano cuando trabajaba en un campamento para personas mentalmente retardadas. Como Dios quiso, fui designado al cuidado de un par de adolescentes  medio hermanos, severamente retardados mentalmente y minusválidos físicamente, los cuales estaban confinados a sus respectivas sillas de ruedas. La madre de ellos pidió, que si era posible, su consejero de campamento les leyera la Biblia y orara con ellos todos los días. Y ese privilegio me correspondió a mí; el único cristiano en el campamento. Así como Dios lo quiso. Les leía la Biblia y oraba con ellos, pero no había respuesta por parte de ellos. Aun cuando tratábamos de meterlos en otras actividades del campamento, o de llevarlos en viajes de estudio alrededor del campamento, sus respuestas al mundo exterior eran siempre las mismas. Realmente pensé que ellos ni siquiera responderían a la clase de cosas espirituales que estaba haciendo con ellos. La misma cosa que la madre de ellos más quería desesperadamente para sus hijos.

Pocos años después de esta experiencia, las complejidades de este tema se agravaban aun más cuando enseñé una clase de Escuela Dominical, "Los Fundamentos de la Fe". En esta clase, junto con los elementos que estaban en el programa de estudios, tuve personas que me presentaban preguntas acerca de la fe con las que tenía dificultades. Una mujer me planteó la siguiente pregunta: “¿Qué sucede con los bebés que mueren en el vientre de la madre?

Ella había tenido varias perdidas y estaba muy preocupada acerca del destino eterno de sus hijos no nacidos. Ella no estaba segura, pero su marido estaba seguro que sus hijos estaban condenados a una eternidad en infierno, debido a que “ellos no habían escogido a Cristo”.

Esto presentaba un problema en el matrimonio de ellos, y definitivamente le dolía a ella en su corazón. Así que le di a esta pregunta toda la atención posible y la estudié como se merecía. Después de una cantidad increíble de investigación, llegué a la conclusión de que la Biblia, con relación a este tema, es más bien silenciosa.

Pero en el tema del carácter de Dios, la Biblia no es nada silenciosa. Le dije a ella que desde el conocimiento de quién es Dios, podemos estar seguros que Él es amoroso y justo. Le dije que sin importar el destino de estos hijos, podíamos estar completamente seguros que este destino estaría de acuerdo con Su santo carácter. Puede que no tengamos una respuesta, pero tenemos un Dios en quien podemos tener completa confianza.

Esta respuesta pareció darle a ella un sentimiento de paz, así como a mí también.

Pero muchos años después de esta clase, un amigo cercano me dijo que había tenido un pariente no salvo que había perdido su conciencia antes de morir. Los miembros de la familia se habían preguntado si había sido posible que Dios se le hubiera podido revelar a él en esta situación. Inclusive, uno mismo se preguntaba: “Mientras una persona esté en un estado de inconciencia, ¿puede hablar con Dios, pedirle perdón y ser salvo? ¿Puede Dios intervenir y traer a esa persona a salvación?

Esta situación me puso a pensar acerca de las personas en circunstancias similares. Personas en comas o en estados vegetativos continuos. O sea, personas que no pueden escuchar o responder a la llamada externa del Evangelio. ¿Podría Dios salvarlos, aun cuando pensáramos que parecería que no fueran capaces de escogerlo a Él?

Fue entonces cuando entendí que todas las personas antes mencionadas; el sordo, el mudo, el ciego, los severamente retardados mentales, los no nacidos o aquellos que mueren en la niñez, aquellos en estados inconscientes, etc., todos ellos tienen un denominador común: En que parecería que fueran incapaces de responder al Evangelio. Esta nueva circunstancia del problema me fascinó grandemente y me impulsó a examinar el tema una vez más, pero con una perspectiva fresca.

Por lo tanto, busqué una vez más, no sólo en la Biblia, sino también en lo que la Iglesia ha tenido qué decir acerca de esta clase de temas a través de los siglos. Descubrí que muchas cosas se han dicho acerca de esto, la mayoría dirigido a la forma de lo que le sucede a aquellos que mueren en la niñez o aquellos que son incapaces de responder al llamado externo del Evangelio. Pero para todas las diferentes situaciones que he mencionado, el tema principal es el mismo.

Con relación a los no nacidos y bebés que mueren en la niñez, existen algunas teorías generales con relación al destino eterno de ellos y una gran cantidad de similitudes en estas teorías. Y digo teorías, porque no hay nada concreto o definitivo en la Escritura para declarar claramente que lo que estas proponen es sin duda, lo que sucede con aquellos que mueren en la infancia, o los que están mentalmente incapacitados, por cualquier razón.

Todas estas teorías se reducen a que ni fueron salvos porque no alcanzaron una edad de responsabilidad o que Dios no condenará a aquellos que no tenían entendimiento mental para escogerlo a Él. Básicamente, que Dios no condenará a aquellos que no pudieron escogerlo a Él.

Algunas de estas teorías toman un camino emotivo y declaran que debe existir una “edad de responsabilidad” en la que un niño no tiene, por su propia voluntad, suficiente edad para tomar una decisión responsable para arrepentirse, creer y confesar a Jesucristo como Señor y Salvador. Hasta ese momento, al niño se le considera “inocente”. Muchos de los que sostienen esta clase de doctrina declararán que esto cubre también el estado espiritual de individuos incapacitados mentalmente.

Una de estas teorías también postula que nadie, debido a la edad o discapacidad mental, y quien no tiene la capacidad para aceptar a Cristo como Señor, “se les ha asignado a ellos, automáticamente, la Recomendación del Cielo”. Y debido a esto, ellos son automáticamente salvos.

No hay necesidad de decirlo, sin embargo, existen grandes problemas teológicos con estas teorías. Por un lado, aquellos que mueren en el útero o en la niñez parecerían ser salvos sólo por no haber alcanzado la “edad de la responsabilidad”,  más no por la sola fe. Con relación a Juan el Bautista, la Biblia dice: “…  y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre.” (Lc 1:15). Por lo tanto, es de hecho posible, que uno “nazca de arriba” antes de que nazca.

Sin embargo, no existe nada en la Escritura que diga que este es el caso estándar para los no nacidos; ser automáticamente salvos cuando están en el útero de la madre; de hecho, si todos los bebés fueren salvos, esto también significaría que muchos de ellos perderían también la salvación en un momento de sus vidas. Sin embargo, lo que este versículo sí muestra, es que aquellos que son niños pueden ser verdaderamente salvos por Dios, si Él así lo considera.

Otro problema con algunas de estas teorías es que evitan la pregunta de lo que sucede con aquellos que nunca han escuchado el nombre de Jesús. Fácilmente pueden ser colocados en la categoría de aquellos que son incapaces de responder al mensaje del Evangelio: Como nunca lo escucharon, serían salvos sólo por ignorancia.

Y con relación a los discapacitados mentalmente, aun aquellos que lo han sido desde el nacimiento, el problema descansa en el hecho de que todavía ellos son pecadores. Todos nacemos pecadores, mancillados con el pecado desde el mismo momento de nuestra concepción: “He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre.” (Sal 51:5). De hecho, este es el problema que todos enfrentamos; sí, aun aquellos que todavía están en el útero, o aquellos que nunca han escuchado el Evangelio, o aquellos mentalmente retardados desde el nacimiento. Todos somos pecadores en desesperada necesidad de un Salvador.

La principal objeción que existe para todas estas teorías es simple: En todos estos puntos de vista, la salvación no se encuentra en Cristo. En cada caso, ellos encuentran la salvación sin tener la fe salvadora en la obra expiatoria de Cristo.

Todo esto me llevó a pensar acerca de lo que no es teoría en la Escritura, la cual no se enfoca en las personas sino en Dios. Un versículo que es definitivo acerca de aquellos que son salvos, se encuentra en Juan 6:37: “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera.”

Todo lo que el Padre le da a Su Hijo, será salvo. Estos podrían ser el sordo, el mudo y el ciego, los severamente retardados mentales, los no nacidos, aquellos que mueren en la niñez, o aquellos en estados inconscientes. Además, con ser capaz de creer en el hecho de que Dios obrará de acuerdo con Su santo carácter, nosotros también podemos tener fe total en el hecho de que todos aquellos que el Padre dará al Hijo serán salvos.

Y esta es la llave para todo esto: No es acerca de nosotros, sino de Dios. De hecho, eso es lo que toda la Escritura nos muestra. Jesús es el “Autor y Consumador” de nuestra fe (He 12:2), el que nos dio el don de nuestra fe:

  • Efesios 2:8: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;”

Aquí hay dos versículos definitivos que muestran que todo es acerca de Dios, aun la razón detrás de nuestra salvación:

  • Juan 1:12-13: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.”
  • Romanos 9:16: “Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.”

Desde el principio hasta el fin, no es acerca de nosotros; todo es acerca de Dios.

 

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