¿Condena Romanos 1 la homosexualidad?

Por, Robin Schumacher

Hay muchas personas en la cultura de hoy que no reconocen la Biblia como un libro de autoridad moral, especialmente en el tema de la homosexualidad. No debería sorprendernos que los ateos y escépticos  sostengan esta posición. Por ejemplo, el fallecido Christopher Hitchens comentó una vez: “¿A mí que me importa lo que diga algún texto de la edad de bronce sobre la homosexualidad?”.1 Como ha observado el apologeta William Lane Craig: “Una de las mejores formas para defender la legitimidad del estilo de vida homosexual es volverse ateo”.2

Sin embargo, existe un número de practicantes y activistas homosexuales que no son ateos y argumentan que la Biblia legaliza la conducta general homosexual. El principal argumento es que la Biblia ha sido mal interpretada en lo que se refiere a la homosexualidad.

Pero seamos honestos: Si ellos están en lo correcto y la Palabra de Dios no condena realmente la conducta homosexual, toda la preocupación y el esfuerzo que está sucediendo en las iglesias y la sociedad, podrían desaparecer en un momento. Pero la pregunta de los $64.000 dólares es: ¿Están ellos en lo correcto?

Existen seis pasaje principales en las Escrituras que hacen referencia a la homosexualidad: Génesis 19:4-9; Levítico 18:22; 20:13; Romanos 1:24-27; 1ª Corintios 6:9-10 y 1ª Timoteo 1:9-10. De estos, y en lo personal, he visto más debates del pasaje de Romanos que cualquier otro, con el solo registro de Sodoma y Gomorra acercándose a la discusión caldeada.

¿Condena o no, específicamente el pasaje de Romanos 1:18-32 la homosexualidad? Vamos a echar un vistazo a los argumentos claves a favor de la homosexualidad que dicen que no, para después realizar una breve exegesis del pasaje para ver si las posiciones son correctas.

Argumento principal contra Romanos 1 condenando la homosexualidad

Casi todos los que apoyan una teología homosexual positiva, admiten que Pablo está condenando algún tipo de conducta homosexual en Romanos 1. Es claro que una lectura simple del pasaje muestra algún tipo de censura en ese sentido.

Siendo este el caso, los defensores del homosexualismo dicen que Pablo sólo está denunciando ciertos actos de actividad homosexual. Las tres afirmaciones más comunes y presentadas son:

Argumento #1: Pablo está condenando los actos sexuales que ocurren en combinación con la adoración de ídolos.

Aquellos que apoyan la homosexualidad, argumentan que los vv. 23 y 25 de Romanos 1, establecen el contexto del pasaje como uno de sólo idolatría. Ellos dicen que los versículos siguientes (23 y 25) que se relacionan con la homosexualidad deben ser entendidos como si hubieran ocurrido ritos sexuales lujuriosos que con frecuencia estaban acompañados con adoración de ídolos; por ejemplo, prostitución en el santuario.

Tomando esta posición, Troy Perry escribe: “Las prácticas homosexuales en Romanos 1:24-27 se creían que eran el resultado de la idolatría y que estaban relacionadas con algunas ofensas muy graves como se señala en Romanos 1. Tomando este contexto tan largo, debe ser obvio que tales actos eran significativamente diferentes a los de amar y a las relaciones responsables de lesbianas y gay que se ven hoy”.3

Argumento #2: Pablo está condenando actos homosexuales con niños

Un segundo argumento dice que Pablo está dirigiendo el tema de la pederastia (sexo homosexual entre hombres y niños). Por desgracia, tales actos no eran frecuentes en el siglo 1º, así, los proponentes homosexuales argumentan que esta es la conducta de la que Pablo estaba hablando.

Argumento #3: Pablo está condenando la homosexualidad “no natural”

Otra interpretación de los que apoyan la homosexualidad es que Pablo está condenando los actos heterosexuales de una forma “no natural” como los homosexuales. Por ejemplo, John Boswell dice: “Las personas que Pablo condena no son evidentemente, homosexuales: lo que él menosprecia son los actos homosexuales cometidos, aparentemente, por personas heterosexuales. De hecho, todo el punto de Romanos 1, estigmatiza a las personas que han rechazado su llamado, y salido del verdadero camino en el que una vez estuvieron”.4

Mientras que existen otros argumentos usados por quienes apoyan la homosexualidad para negar que Pablo esté condenando la práctica general de la conducta homosexual en Romanos 1, los anteriores tres argumentos parecen ser los de más amplia circulación.

Sin embargo, y una vez más la pregunta es: ¿Son estos correctos?

Un breve examen de Romanos 1

Pablo escribió la mayoría de su carta a los Romanos desde Corinto (cf. Romanos 16:1. Cencrea era una ciudad puerto en Corinto), una ciudad bastante conocida por sus prácticas sexuales pecaminosas. En el capítulo 1, después de hacer una serie de observaciones preliminares en los vv. 1-17, el apóstol vuelve su atención a las consecuencias que vienen de rechazar a Dios y Su verdad, desde el v. 18 hasta el capítulo 3.

En el v. 19, Pablo dice que cada persona de forma innata o natural, sabe que hay un Creador; luego, en el v. 20, hace una defensa cosmológica y teleológica sutil de la existencia de Dios diciendo que las huellas digitales divinas de Dios están en toda Su creación, de modo que nadie puede decir que no tenían conocimiento del Creador, porque todos, “son inexcusables”. Aquí, la declaración de Pablo tiene eco en el Salmo 19:1-2, el cual afirma: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y el firmamento muestra la obra de sus manos. 2 Día tras día vierte su mensaje, Y noche tras noche da a conocer la sabiduría”.

Por desgracia, dice Pablo, la humanidad ha rechazado la verdad de Dios, y en los vv. 21-23, el apóstol Pablo describe cómo la humanidad cambió (v. 23) la adoración natural dada al Dios verdadero por la adoración no natural y falsa a ídolos. La conexión entre las listas de ídolos que Pablo da en el v. 23 y las clases de creación descritas en Génesis 1:20-25 no es, en definitiva, por accidente. Ni tampoco es el enlace obvio entre el uso de Pablo de las palabras “imagen” o “semejanza”, y la bien conocida declaración en Génesis: “Entonces dijo ’Elohim: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza…” (Génesis 1:26).

Debido a este rechazo, Pablo dice que existen dos grandes juicios establecidos por Dios. Tres veces en Romanos 1 (vv. 24, 26, 28) Pablo dice que Dios “los abandonó” al pecado, y tres veces (vv. 23, 25, 26) dice que el resultado final es que las personas “cambiaron” lo bueno por lo pecaminoso, lo que sirvió para el castigo de ellos.

Rápidamente: algunas veces nosotros pensamos que cuando pecamos y nada sucede (ningún rayo nos golpea, etc.) Dios ni se preocupa o que ni siquiera lo vio. Sin embargo, Romanos 1 nos dice que el primer estado de la ira de Dios es realmente no disciplinar o corregir a la persona; más bien, Él abandona al individuo, entregándolo a su pecado. Su ira inicial y juicio resulta, como Pablo dice, en que reciben “en sí mismos la debida recompensa de su extravío” (v. 27).

En el v. 24 Pablo menciona inicialmente el primer juicio, un pecado sexual que es una consecuencia de la rebelión descrita anteriormente: “Por esto Dios los abandonó en las concupiscencias de sus corazones a la inmundicia, para que deshonraran sus propios cuerpos entre sí”. La lectura de este texto es sin equivocación: Dios abandonó a las personas a la lujuria sexual (la palabra “inmundicia” es, “akadsarsía”, que significa literalmente, “inmoralidad, un estado de corrupción moral”5), una clase que resultó en que sus cuerpos fueran “avergonzados”.

¿Qué clase de corrupción y vergüenza? Pablo, explícitamente nos dice: “Por eso Dios los abandonó a pasiones vergonzosas, pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, 27 y del mismo modo también los varones, dejando el uso natural de las mujeres, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos varones con varones, y recibiendo en sí mismos la debida recompensa de su extravío” (Romanos 1:26-27).

Aquí Pablo no está equivocándose. Claramente la referencia es a la práctica del lesbianismo y a la homosexualidad masculina.

El segundo juicio es uno que también resulta de las personas al no reconocer a Dios y Su verdad –una mente corrupta: “Y como no quisieron reconocer a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen, 29 estando atestados de toda injusticia, perversidad, avaricia, maldad; colmados de envidia, homicidio, contienda, engaño, malignidad. 30 Murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, insolentes, soberbios, jactanciosos, inventores de cosas malas, desobedientes a los progenitores, 31 necios, desleales, sin afecto natural, despiadados” (Romanos 1:28-31).

En resumen, Romanos 1:18-31 trata con el hecho de que Dios ha hecho, de forma innata darse a conocer a Sí mismo a la humanidad, pero Él ha sido rechazado y reemplazado por otros objetos de adoración. Debido a esto, Dios ha establecido dos juicios: Uno a la conducta homosexual y otro a la mente inmoral, los cuales quedan demostrados con Su “abandono” e ira hacia la rebelión de la humanidad.

Sólo un rápido vistazo a la situación actual del mundo corrobora que estos juicios continúan siendo heredados hoy.

Examinando los argumentos a favor del homosexualismo

Brevemente vamos a revisar los tres argumentos principales que dicen que Pablo, no está condenando “las relaciones homosexuales naturales y amorosas” en Romanos 1. Rápidamente podemos prescindir del segundo argumento, el de la pederastia, ya  que Pablo no menciona niños en absoluto, sino que específicamente dice que, “se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos varones con varones” (vs. 27).

El primer y tercer argumento puede ser tratado al mismo tiempo debido a que, de alguna manera se mezclan. Un ejercicio válido para participar, es interpretar la Escritura con una clave para el fondo histórico, en este caso el intérprete a favor de los homosexuales está creando vínculos entre el texto y la historia que no tienen evidencia de apoyo en el texto de Pablo. De hecho, la prostitución sagrada y homosexualidad ciertamente existieron en el siglo 1º, pero no existe evidencia textual explicita en Romanos 1 que indique que Pablo se está refiriendo a eso. Él simplemente cita la homosexualidad como denigrante, un juicio de Dios, y no agrega más.

Aún más, el argumento de enlazar homosexualidad y adoración de ídolos tampoco es sostenible debido al hecho de que este involucraría extender el argumento a los vv. 28-31. En otras palabras, si el contexto es sostenido, y la conducta homosexual es moral, fuera de la adoración de ídolos, entonces, todos los otros pecados enumerados que resultan de una mente reprobada (v. 28) deben considerarse también correctos y buenos, aparte de la idolatría. Es difícil ver como alguien podría apoyar tal posición.

El argumento del sexo homosexual llevado a cabo en combinación con la adoración de ídolos y la prostitución sagrada es, claramente un asunto de eisegesis (leer en el texto las presuposiciones y las intenciones ocultas de una persona), como es la idea de que Pablo está tratando la homosexualidad “no natural” contra una que sí es “natural”. ¿Por qué pensar que esta afirmación es verdadera?

Preguntemos primero, ¿por qué el apóstol Pablo cita específicamente la homosexualidad por encima de los otros pecados sexuales que fueron cometidos en ese tiempo? La razón por la cual se debe esto, es que él sigue su argumento de la naturaleza empezando en el v. 19. Pablo está diciendo que de la misma forma como las personas conocen a Dios por instinto, con la misma creación demostrando la existencia de Dios a través  de lo que Él ha hecho, esas personas, en forma natural e instintivamente, conocen la práctica sexual correcta debido a cómo el cuerpo humano está hecho.

En otras palabras, el argumento de Pablo es que, cuando las personas abandonan a Dios y Sus caminos para cualquier adoración no natural (la cual puede incluir cualquier deidad inventada, incluyendo distorsiones del Dios verdadero), Dios puede abandonarlos a ellos a las lujurias de sus corazones y a la práctica sexual no natural de la homosexualidad. Así como la creación es vista claramente, dejando al impío sin excusa (v. 20), es también “manifiesto” (del griego, “fanerós [v. 19]) de la forma como Dios hizo los cuerpos humanos cómo debe ser llevado a cabo el sexo en forma natural. El hombre es el complemento de la mujer, y viceversa, y es cierto, anatómica, fisiológica y sicológicamente.

Aquellos en defensa de una teología pro-homosexual tienen razón en que Pablo está haciendo un argumento de lo que es natural y no natural, pero están en un error en cuanto a la esencia del mismo argumento. Es aquel, donde el apóstol está argumentando que, así como Dios creó a la humanidad en una forma natural (es decir, “que es evidente para ellos” [v. 19]) para conocerlo y reconocerlo a Él como el Creador contra cualquiera falsa deidad. Él creó a la humanidad para que de forma innata, conocieran y reconocieran el sexo (heterosexual) natural como verdadero, más no la homosexualidad. Así como la idolatría es contraria a lo que Dios intentó cuando creó a la humanidad, así también la homosexualidad es contraria a la naturaleza en que esta, no representa lo que Dios intentó cuando hizo a los hombres y a las mujeres con cuerpos físicos que tienen una forma “natural” de interactuar entre sí y un deseo “natural” para el sexo opuesto.

Conclusiones

Al final, los tres principales argumentos utilizados por los defensores de los homosexuales dicen que Pablo solamente está desaprobando los tipos de conductas homosexuales específicos y no la conducta homosexual en general, al fallar cuando se analizaron contra el texto real de Romanos 1. Siendo este el caso, me parece que es importante decir algo a los que deseen apoyar un estilo de vida homosexual a través de textos como los del primer capítulo de Romanos: No se puede hacer.

Ningún conjunto de argumentos acrobáticos o interpretativos de cómo ciertas palabras en los idiomas originales no significan lo que significan en nuestras traducciones, hará siempre que el texto se ajuste a la forma de vida por la que usted desea la aprobación de la Escritura. Esto es verdadero de Romanos 1 y de todo pasaje en la Palabra de Dios que menciona la homosexualidad.

Sé que esto lo hará enojarse y que no estará de acuerdo conmigo en mi análisis del texto de Romanos 1, y probablemente con lo que he dicho hasta ahora. Pero espero que en lo que podamos estar de acuerdo sea que la verdad acerca de este tema importa, e importa mucho.

Si la conducta homosexual es un pecado a los ojos de Dios, y usted cree que esta no lo es, lo que usted crea no importará al final. Pablo lo hace claro en otra carta:

  • “¿O no sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, 10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios” (1ª Corintios 6:9-10).

Todo aquello que importará es la verdad de Dios y la verdad sobre las consecuencias de la conducta homosexual. Créame cunado le digo en forma desesperada que no quiero que experimente ese final. Más bien, quiero que la forma como Pablo termina sus pensamientos en la carta de 1ª Corintios sea cierta para usted: “Y esto erais algunos, pero os lavasteis, pero fuisteis apartados para Dios, pero fuisteis declarados justos en el nombre del Señor Jesús, el Mesías por el Espíritu de nuestro Dios” (1ª Corintios 6:11. Énfasis añadido).

Es mi esperanza y oración que considere lo que ha sido presentado, busque a Dios en oración, y pídale a Él que le revele a usted Su verdad.

 

Este artículo también está disponible en: Inglés

  • 1. http://www.vanityfair.com/politics/features/2007/09/hitchens200709
  • 2. William Lane Craig, Hard Questions, Real Answers (Wheaton, IL: Crossway Books, 2003), 132.
  • 3. Troy Perry, Don’t be Afraid Anymore, (New York: St. Martins Press, 1990), pg. 342.
  • 4. John Boswell, Christianity, Social Tolerance and Homosexuality (Chicago: University of Chicago Press, 1980), Pg. 335.
  • 5. Arndt, W., Danker, F. W., & Bauer, W, A Greek-English lexicon of the New Testament and other early Christian literature, 3rd edition (Chicago: University of Chicago Press, 2000), pg. 34.

 

 

 

 
 
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