Consecuencias de la rebelión

Para cada situación en la vida debe haber una respuesta apropiada. Imagina un médico que debido al cáncer que pueda tener un paciente, simplemente le manda a casa diciéndole que tome dos aspirinas para “estar bien.” O del policía que al llegar a una escena del crimen simplemente diga: Definitivamente no hay caso seguir preocupándose por esta ola de violencia.” O del bombero que al llegar a una casa en fuego simplemente piense: “No hay nada qué hacer. Vamos a sentarnos a ver cómo el fuego consume todo.

Habrás pues, notado que ninguna de esas respuestas es la apropiada para las situaciones. Ese paciente requiere o bien de una cirugía o de un tratamiento especializado en cáncer; el policía, sin importar la condición de la ola de violencia, debe seguir preocupado e interesado en luchar contra el crimen; y el bombero debe luchar contra el fuego no importa lo avanzado que esté.

Pero en todo esto hay una parábola: Hoy día se ha perdido el concepto de la seriedad ante el pecado. Siempre hay excusas: Defectos del carácter; error de juicio; momento de debilidad; robar porque hay necesidad; en fin. Puedes llamarlo como quieras pero la Palabra de Dios no cae en esos juegos de semánticas.

Toda transgresión de la ley de Dios es pecado:

  • “Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; porque el pecado es infracción de la ley.” (1ª Juan 3:4).

Y el pago del pecado es muerte:

  • “por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios,” (Romanos 3:23).
  • “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.” (Romanos 6:23).

¿Qué debemos hacer ante nuestro pecado? Confesión y entrega: no hay mejor manera de arreglar tu vida hoy. Después puede ser muy tarde.

 

 

 

 
 
CARM ison