¿Cuáles son las señales de ser un verdadero cristiano?

Por, Luke Wayne
25 de agosto de 2016

  • “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os reconocéis a vosotros mismos, que Jesús el Mesías está en vosotros? ¡A menos que estéis descalificados!” (2ª Corintios 13:5).

Si realmente creemos en Cristo para salvación y no en nosotros mismos, no deberíamos vivir en una duda permanente y ansiedad acerca de nuestra salvación. Estamos descansando en Él y no dependiendo de nuestros méritos. Sin embargo, no sólo es saludable sino muy bíblico examinar nuestras vidas en forma regular para estar seguros que no nos estamos engañando a nosotros mismos. La Biblia le ordena a los cristianos a probarnos a nosotros mismos. Sin embargo, esto levanta una pregunta importante: ¿Qué es lo que exactamente debemos buscar? ¿Cuáles son las señales de ser un verdadero cristiano? En una palabra, la respuesta se encuentra en el contenido de nuestra fe, el fruto de esa fe y la comunión de nuestra fe. ¿En qué creemos realmente? ¿Qué efecto ha tenido esa creencia en mí? ¿Esa fe me ha unido a otros miembros del cuerpo de Cristo? Estas son las pruebas bíblicas de un creyente.

El contenido de nuestra fe

¿En qué cree usted verdaderamente? ¿Se alinea su creencia con la verdad fundamental cristiana? La salvación no se basa en conocer las respuestas correctamente acerca de todo, pero hay ciertas cosas en las que debemos creer. Cuando somos llamados a la fe, no es sólo “alguna” fe en “cualquier cosa”. Esta es una fe específica, en cosas específicas. Cuando se nos ha dicho “arrepiéntanse y crean”, en nuestra mente se establece un objetivo específico de nuestra creencia. Debemos creer:

1. Monoteísmo: Usted debe creer en el único Dios verdadero (Hebreos 11:6) y no en alguien más además de Él (Isaías 45:21).
2. La deidad de Cristo y la Trinidad: Usted debe creer que Jesús es ese Dios (Juan 4:48) o morirá en sus pecados. Esto incluye la doctrina de la Trinidad, que la vida eterna es conocer tanto al Padre como al Hijo (Juan 17:3), y al Espíritu Santo, quien es el Espíritu de Cristo y del Padre que habita en nosotros y da vida a nuestros cuerpos mortales (Romanos 8:9-11).
3. La salvación por la sola gracia: Usted también debe creer que somos salvos por sólo Jesús y no por ninguno de nuestros esfuerzos (Efesios 2:8-9). Si pensamos que necesitamos hacer otras buenas obras, llevar a cabo ritos y rituales religiosos o cumplir ordenanzas además de lo que Cristo sólo ya ha hecho, entonces, no estamos realmente creyendo en lo que Jesús ha hecho. Si le agregamos cualquier cosa a Cristo, creemos que Cristo no es suficiente.
4. La muerte, sepultura y resurrección corporal de Jesucristo: “También os recuerdo hermanos el evangelio que os prediqué, el cual también recibisteis, en el cual también estáis firmes. 2 Por el cual también, si os aferráis a la palabra que os prediqué, sois salvos, si no creísteis en vano. 3 Porque primeramente os entregué lo que también recibí: Que el Mesías murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 4 que fue sepultado y que fue resucitado al tercer día, conforme a las Escrituras” (1ª Corintios 15:1-4).

El fruto de nuestra fe

No se puede enfatizar lo suficiente que estamos en pecado y no podemos salvarnos a nosotros mismos a través de cualquier esfuerzo de nuestra parte. Nuestras obras no le agregan nada a lo que Cristo ha hecho; simplemente somos llamados a arrepentirnos y a creer en Él. Si alguien cree verdaderamente en esto, sin embargo, será necesario cambiar la forma como vive. Usted no puede creer absolutamente en el evangelio y seguir viviendo de la manera como lo hacía antes. Reverenciar a Jesús como Señor y creer en Él completamente como Salvador, cambia todo. Aún más, si el Espíritu de Dios está en nosotros, eso hace una diferencia real y verdadera. Debido a esto, la vida de un verdadero creyente se caracterizará por la obediencia a Cristo y el perdón a otros. Una vez más, esto no es acerca de obras que nos salven, más bien obras que fluyen por creer verdaderamente el evangelio y ser habitado por el Santo Espíritu de Dios. Esto no es parte de nuestra salvación, más bien es evidencia de nuestra salvación. Es el fruto de la fe salvífica. La raíz es siempre y sólo la gracia de Dios en Jesucristo. Entendiendo esto, las Escrituras nos dicen:

  • “Éste es el mensaje que hemos oído de Él y os anunciamos: Dios es luz, y en Él no hay ninguna tiniebla. 6 Si decimos que tenemos comunión con Él y andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad. 7 Pero si andamos en la luz, como Él está en la luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesús su Hijo nos limpia de todo pecado” (1ª Juan 1:5-7).
  • “Y evidentes son las obras de la carne, las cuales son: fornicación, impureza, lascivia, 20 idolatría, hechicería, hostilidades, contienda, celos, enojos, rivalidades, disensiones, herejías, 21 envidias, borracheras, orgías, y cosas como éstas; sobre las cuales os amonesto de antemano, como antes dije, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. 22 Pero el fruto del espíritu es amor, gozo y paz; paciencia, benignidad y bondad; fidelidad, 23 mansedumbre y templanza; en contra de tales cosas, no hay ley. 24 Pues los que son del Mesías crucificaron la carne con las pasiones y deseos” (Gálatas 5:19-24).
  • “Si alguno supone ser religioso, no refrenando su lengua, sino engañando su corazón, la religión de éste es vana. 27 La religión pura y sin mácula delante del Dios y Padre es ésta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en su tribulación, y guardarse a sí mismo sin mancha del mundo” (Jacobo 1:26-27).
  • “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos” (Juan 14:15).

Y hay muchos más pasajes que nos dicen lo mismo. Si realmente tenemos comunión con Dios, si realmente caminamos en el espíritu con el Espíritu Santo, si realmente pertenecemos a Cristo, si realmente nuestra religión es pura e inmaculada, y si realmente amamos a Jesús, nuestras vidas mostrarán esto a través  de nuestra obediencia. Esto no significa que somos sin pecado (1ª Juan 1:8-10). La santificación es un proceso de vida, y esta es la razón por la que muchas Escrituras nos instruyen, exhortan, animan y llaman a una vida cristiana fiel. Pero si usted no es más obediente que cuando confesó a Cristo, esto, deberá traerlo con temor y temblor a los pies de la cruz reconociendo que su fe ha sido una mentira. Fe verdadera en Cristo deberá llevarlo a ser más y más obediente a Cristo, no pretenda auto justificarse para obtener algo, más bien porque Él es Señor (Maestro); y si cree que alguien es su maestro, obedézcalo. Como usted también lo ama y es agradecido a Él, ese amor a Cristo lo lleva a obedecerlo a Él.

La comunión de nuestra fe

La última nota que debe ser hecha es que, si realmente estamos en Cristo, amaremos a nuestros hermanos creyentes. Si usted no tiene afecto o devoción para el pueblo de Dios, esta es una clara señal de que usted no es de Su pueblo. El apóstol Juan nos dice:

  • “El que dice estar en la luz y aborrece a su hermano, está en las tinieblas. 10 El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo; 11 pero el que aborrece a su hermano, está en las tinieblas, y anda en las tinieblas, y no sabe a dónde va, por cuanto las tinieblas le cegaron sus ojos” (1ª Juan 2:9-11).

Y nuevamente:

  • “Si alguno dijera: Amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso, porque el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios, a quien no ha visto. 21 Y este mandamiento tenemos de parte de Él: el que ama a Dios, ame también a su hermano” (1ª Juan 4:20-21).

Jesús mismo describió esto en detalle en Mateo 25:34-36, al afirmar a quienes entrarán en el reino como aquellos que, lo vistieron, lo alimentaron, lo visitaron en prisión y cuando estaba enfermo, y similares. Él explica que, “en cuanto lo hicisteis a uno de éstos, mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis”. Del mismo modo, cuando Jesús pronunció su acusación a los perdidos, los condenó por negarse a hacer estas cosas por Él: “Entonces les responderá, diciendo: De cierto os digo: En cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco me lo hicisteis a mí. 46 E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna” (Mateo 25:45-46). Note que en este pasaje Jesús no está hablando de los más pequeños de todos los seres humanos, sino del menor de sus hermanos. Los hermanos de Jesús son quienes han creído en Él (Mateo 12:48-50). La forma de tratar a su hermano en la fe es una lumbrera directa al estado de su alma. A quien se le perdona mucho, ama mucho (Lucas 7:47-50).

Conclusión

Si usted cree en la doctrina cristiana fundamental, su vida está siendo transformada visiblemente en obediencia a Cristo, y amará y cuidará a sus hermanos creyentes con una fe activa, teniendo la plena certeza de que la obra perfecta de Cristo le salvará hasta el final. Aunque todavía usted no es perfecto, “… el que comenzó en vosotros la buena obra, la seguirá perfeccionando hasta el día de Jesús el Mesías” (Filipenses 1:6).

 

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