¿Deben los cristianos rezarle a Dios a través de imágenes de Jesús, ángeles y santos?

Por, Luke Wayne
25 de enero de 2017

En el catolicismo romano, es una práctica común dirigir rezos a las imágenes de Jesús o el crucifijo, así como también a imágenes de santos, ángeles y de María. Una defensa común de esta práctica es afirmar que tales rezos no son realmente ofrecidos a la imagen sino más bien a Dios, a través  de la imagen. Por lo tanto, se afirma que tal práctica no es idolátrica o no bíblica porque los rezos son finalmente ofrecidos solo a Dios. Rendirle culto a esas imágenes, inclinándose ante ellas en rezo o a la luz de velas e incienso quemado delante de estas, es realmente sólo una forma de ofrecer adoración a Dios a través  de la imagen. Aun si la imagen representa un ángel o un humano elevado a “santo”, la idea es que estos “santos” mensajeros llevarán el rezo a Dios a nuestro favor. Pero las Escrituras están llenas de advertencias como esta:

  • “No haréis para vosotros ídolos, ni imágenes de talla, ni os erigiréis estatua, ni pondréis en vuestra tierra piedras labradas para postraros ante ellas, porque Yo soy YHVH vuestro Dios” (Levítico 26:1).

Se nos ha dicho, que estos mandamientos no tienen nada que ver con la práctica católica romana de levantar imágenes e inclinarse ante ellas porque la Biblia sólo prohíbe esto si usted está adorando la imagen como un “dios” separado. Si usted se postra delante de una estatua y dirige sus rezos hacia esta como una forma de rezo final a Dios, se dice que será una cosa totalmente diferente que las Escrituras no condenan. Sin embargo, un examen más cercano, muestra que la Biblia no se limita a sí misma a condenar la adoración de ídolos que son, en última instancia, demonios. Esto trata directamente con la idea de hacer imágenes que representan a Dios mismo ofreciéndole adoración a Él vicariamente al venerar tales imágenes. Por ejemplo, antes de entrar a la tierra prometida, Dios advirtió a Israel a través  de Moisés:

  • “Así, guardad diligentemente vuestras almas, ya que ninguna figura visteis el día en que YHVH os habló en Horeb en medio del fuego, 16 no sea que os corrompáis y os fabriquéis escultura; imagen de algún ídolo con forma de hombre o de mujer, 17 o figura de alguna bestia que está en la tierra, o figura de algún ave que vuela por los cielos, 18 o figura de algún reptil que repta por el suelo, o figura de pez alguno que nade en las aguas debajo de la tierra. 19 No sea que, alzando tus ojos a los cielos y viendo el sol, y la luna y las estrellas, todo el cortejo de los cielos, te dejes seducir y te postres ante ellos, y les rindas culto, siendo que YHVH tu Dios los ha dado como porción suya a todos los pueblos debajo de todos los cielos” (Deuteronomio 4:15-19).

Y una vez más:

  • “Guardaos de olvidar el pacto que YHVH vuestro Dios pactó con vosotros, y de fabricaros escultura, imagen de cuanto YHVH tu Dios te ha prohibido” (Deuteronomio 4:23).

Algunos católicos objetan que este mandamiento fue temporal debido a que en esa época Israel, “…ninguna figura…” vio “… el día en que YHVH os habló en Horeb en medio del fuego…” Más bien después Dios apareció visiblemente a los profetas y finalmente apareció en la persona de Cristo Jesús. Ellos afirman que esta regla no aplica más debido a que Dios escogió revelarse a Sí mismo en imágenes visibles. Pero si este fuera el caso, Moisés se equivocó al haber escrito Deuteronomio 4:23 porque Dios ya se había revelado a Sí mismo ¡en forma visible! Dios se le había aparecido a Abraham como “… fogata humeante, y una antorcha de fuego…” (Génesis 15:17) y aun, en la forma de hombre (Génesis 18). Jacob también vio aparecer a Dios en la forma de hombre y sencillamente declaró: “… Vi a ’Elohim cara a cara, y aun así fue librada mi vida” (Génesis 32:30). El punto en Deuteronomio no es que Dios nunca se había aparecido en forma visible. Claramente, Dios lo había hecho muchas veces con anterioridad. Sin embargo, aquí Moisés explica que Dios escogió hablarles a ellos desde el monte sin ninguna forma, precisamente para ilustrar el punto de que ellos no debían adorar a Dios al representarlo con imágenes. Dios puede decidir tomar una forma cuando quiera, pero está por encima y más allá de cualquier forma creada, y no debemos adorarle inclinándonos y orando a las cosas que nosotros mismos formamos, incluso, al pretender hacerlo en Su nombre.

De igual forma, el profeta Isaías vio “… a Adonay sentado sobre un trono alto y sublime…” (Isaías 6:1). Esto no impidió a Isaías argumentar contra la idolatría, en parte, sobre la base de que no hay imagen o semejanza con la cual el verdadero Dios pueda ser comparado:

  • “¿Con quién compararéis a ’El? ¿Qué imagen le contrapondréis?” (Isaías 40:18).

El capítulo continúa haciendo un contraste de las imágenes elaboradas, que los idolatras adoraban como el Creador que formó todas las cosas y quien no puede ser comparado con algo creado. La idolatría no sólo es ridícula ya que involucra adorar otras cosas antes que a Dios; también es absurda porque no hay semejanza en la creación con la cual podamos comparar correctamente a Dios. Aun si la imagen que adoráramos fuera una imagen de Dios mismo, tanto Moisés como Isaías condenaron esta adoración. Aun después de la encarnación, cuando Dios se encarnó en Cristo Jesús, Pablo menciona un punto similar a los idólatras de Atenas (Hechos 17:22-31). Su argumento no es simplemente de que los dioses que adoran los griegos no son realmente dioses. Él va más lejos, mostrando lo absurdo de la idea que podamos representar al Dios que formó todas las cosas por medio de cualquier cosa que un humano pueda elaborar. De hecho, en la Biblia hay ejemplos donde las personas crearon imágenes del SEÑOR como objetos directos de veneración; y tales pasajes siempre denuncian esto de forma clara como un pecado. Todos sabemos cuando Moisés estaba en el monte recibiendo la ley. El pueblo de Israel se volvió hacia Aarón quien les hizo una imagen de un becerro de oro al cual ellos dirigieron su adoración. Note sin embargo lo que Aarón dijo claramente acerca de cuál dios representaría este becerro:

  • “Se quitó pues todo el pueblo los zarcillos de oro que tenían en sus orejas y los llevaron a Aarón. 4 Él los tomó de sus manos e hizo un becerro de fundición y acabó de modelarlo con un buril. Entonces ellos exclamaron: ¡Éstos son tus dioses, oh Israel, que te hicieron subir de la tierra de Egipto! 5 Viendo esto Aarón, edificó un altar delante de él; e hizo pregonar Aarón diciendo: ¡Mañana será fiesta solemne a YHVH!” (Éxodo 32:3-5).

El becerro estaba supuesto a representar al Dios de Israel que los había sacado de Egipto; y se declaró que la fiesta delante del becerro sería “fiesta solemne a YHVH”. Parecería que Israel no tenía la intención de crear un nuevo “dios” totalmente diferente al SEÑOR. La imagen del becerro estaba destinada a ser una imagen de Dios, y la veneración que ellos dirigieron al becerro estaba supuesta a reverenciar el nombre del SEÑOR. Su plan, lamentablemente equivocado, parecía haber estado dirigido a adorar al Dios verdadero, a través de la escultura de un becerro. Sin embargo, Dios no recibió tal veneración, y lo consideró un pecado grave. Del mismo modo, en el tiempo de los jueces se registra el siguiente episodio:

  • “Hubo también un hombre de la serranía de Efraín, cuyo nombre era Micayehu, 2 quien le dijo a su madre: Los mil cien ciclos de plata que te fueron sustraídos, acerca de los cuales proferiste maldición a mis oídos, he aquí, aquella plata está en mi poder. Yo la tomé. Y su madre le dijo: ¡Bendito seas de YHVH, hijo mío! 3 Y él devolvió los mil cien ciclos de plata a su madre, y su madre dijo: En verdad consagro por mi mano esta plata a YHVH, en favor de mi hijo, para que se haga una imagen esculpida, y otra de fundición. Ahora, pues, te la devuelvo. 4 Sin embargo, él devolvió a su madre la plata. Tomando su madre doscientos ciclos de plata, los entregó al fundidor, el cual hizo de ellos una imagen de escultura y otra de fundición, las cuales quedaron en casa de Micayehu. 5 De manera que este hombre, Micah, tuvo un santuario, e hizo un efod y terafines, y consagró a uno de sus hijos para que fuera su sacerdote. 6 En aquellos días no había rey en Israel, y cada uno hacía lo que parecía recto ante sus ojos” (Jueces 17:1-6).

Observe, una vez más, que el hombre dedicó la plata al SEÑOR e hizo la imagen con el propósito de adorarlo. Más adelante la historia, incluso nombra un sacerdote levita para el cual, serviría delante de esta imagen de plata, alegrándose de que el SEÑOR ciertamente se complacería con él y le bendijera por esto. Él pensó honestamente que esta era una forma apropiada de adorar a Dios. El texto usa esto como un ejemplo de la ignorancia pecaminosa del tiempo de los Jueces. La Biblia clara y repetidamente deja en claro que Dios no quiere que Su pueblo, ni lo adore inclinándose ante imágenes ni tampoco, que le rece a estas, incluso si sus rezos a las imágenes se entienden como rezos dirigidos solamente a Dios. Él no se complace con tal tipo de adoración o veneración. Mientras que es cierto que el tabernáculo y el templo ciertamente contenían imágenes y esculturas de diferentes tipos, el pueblo nunca fue instruido –ni se les permitió– rezarles o quemarles incienso a esas imágenes. Tales obras de arte y estatuas no fueron objetos vicarios de adoración o recipientes de los rezos de Israel. Estamos para orarle a Dios directamente, no a través  de imágenes de cosas creadas.

 

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