Decir que la homosexualidad es un pecado, ¿significa ser homofóbico?

Una de las batallas que los homosexuales y lesbianas han entablado en sus intentos para lograr que la homosexualidad sea aceptada en la cultura a nivel mundial es, la “guerra de las palabras.” Los términos, “homófobo”, “homofóbico”, “homofobia”, etc., son usados con frecuencia para describir a alguien que está en desacuerdo con la homosexualidad.  En general, si ellos pueden lograr que reaccionemos a sus palabras en sus términos, parte de esta batalla será ganada por ellos. Tal es el caso de los homosexuales cuando acusan a una persona como homofóbica por el hecho de desaprobar la homosexualidad. El intento es usar un término que tenga una connotación emocional y negativa para tomar ventaja de la misma, acusando a la contraparte de prejuicios y discriminación injustificada. Finalmente, es una forma hipócrita de tratar con el tema. En general, cuando tales tácticas son usadas, se debe a que los argumentos intelectuales para apoyar la homosexualidad no son fuertes.

En el mundo, existen muchas personas que desaprueban muchas de las conductas humanas, tales como el mentir, la codicia, el odio, la burla, el robo, la pedofilia, etc. Pero debido a que se desaprueban, ¿son las personas inmediatamente catalogadas como “mentirofobios”,  “codiciafobios”, “odiofobios”, “burlaofobios”, “pedófilosfobios”? ¿Verdad que no?

Bíblicamente hablando, la homosexualidad es un pecado (Lv 18:22; 20:13; 1 Co 6:9-10; Ro 1:26-28) de la forma como lo es el adulterio (Ex 20:14), el robar (Ex 20:15) y el mentir (Ex 20:16). Pero esto, no es razón para pensar que aquellos que están en contra de esos pecados, sean considerados emocionalmente inestables por su fobia cuando Dios mismo, los ha condenado como actos pecaminosos.

Por lo tanto, la desaprobación de algo no significa que la persona tenga un temor injustificado e insano de la homosexualidad basado en el prejuicio, ignorancia y fanatismo. Y usar el término “homófobo”, para describir a una persona que ve la homosexualidad como un pecado, no es un argumento basado en la lógica o la evidencia. Más bien, está basado en un débil emocionalismo y juzgamentalismo.

 

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