Expiación

Teológicamente hablando, la expiación (o preferiblemente remisión/redención) habla de Dios obrando en la historia de la humanidad para restablecer la relación original existente entre Dios y el hombre debido al pecado. Expiar significa compensar, reparar algo mal hecho. Bíblicamente significa remover el pecado. Las expiaciones ofrecidas por el sumo sacerdote en el Antiguo Testamento eran temporales y una sombra de la expiación auténtica y final hecha por Jesús; al expiar o redimir los pecados del mundo (1 Jn 2:2). Esta expiación o remisión se recibe por fe (Ro 5:1; Ef 2:8-9).

El hombre es una pecador (Ro 5:8) y no puede hacer expiación por sí mismo. Por lo tanto, fue el amor del Padre que envió a Jesús (1 Jn 4:10) a morir en nuestro lugar (1 P 3:18) por nuestros pecados (1 P 2:24). Debido a la expiación o remisión nuestra relación con Dios es restaurada (Ro 5:10). (Ver Reconciliación).

 

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