El Camino de Dios: No es fácil, pero su llegada es segura

El temor y la duda es lo que paraliza a todo ser humano de emprender cualquier proyecto.

Pensando en Abraham ―Dios en forma unilateral― le da al padre de nuestra fe, grandes promesas las cuales confirma y establece por la señal de la circuncisión.

Pero Abraham, como cualquiera de nosotros, al no ver esas promesas cumplidas en su tiempo, cree que no tendría un mañana, y es en ese preciso momento de temor, que viene a él Palabra del Señor:

  • “Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abram diciendo: Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande.” (Génesis 15:1).

Dios te ha dado grandes y excelentes promesas que todavía posiblemente no has visto, produciéndote temor: ¿Temes fracasar en algo impidiéndote siquiera empezar? ¿Tal vez el futuro? ¿Un nuevo cambio en tu vida: laboral, sentimental o físico?

Piensa por un momento acerca de esas promesas prometidas a ti conforme a Su voluntad y memoriza posteriormente la parte subrayada del versículo anterior, reemplazando el nombre de Abram por tu nombre y recordando también que:

“Jehová es mi roca y mi fortaleza, y mi libertador;
Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré;
Mi escudo, y el fuerte de mi salvación, mi alto refugio;
Salvador mío; de violencia me libraste.”
(2º Samuel 22:3-4).

 

 

 

 
 
CARM ison