El Corán, la crucifixión y los gnósticos

Por, Luke Wayne
11 de julio de 2016

Una de las doctrinas musulmanas más peculiares es su  negación de que Jesús fuera, realmente crucificado. De hecho, ellos enseñan que Jesús no murió en la cruz del Calvario. Sólo “pareció” a la multitud que Él había sido crucificado. Esta doctrina viene de un pequeño pasaje compuesto de solo dos versículos en el Corán, que dicen:

  • Y dijeron (alardeando): “Hemos matado al Mesías, Jesús hijo de María, el Apóstol de Allah”. Pero no lo mataron ni lo crucificaron, sino que les pareció a ellos, y aquellos que discrepan de esto están llenos de dudas, sin conocimiento (seguro), sino sólo conjeturas a seguir, porque ciertamente ellos no lo mataron – ¡No! Allah lo resucitó hacia Él mismo; y Allah es Exaltado en Poder, Sabiduría. (Surah 4:157-158).

La traducción Hilali Khan ofrece algo más de interpretación, representando cuantos musulmanes han entendido este pasaje históricamente:

  • Y debido al dicho de ellos (en alarde), "Hemos matado al Mesías 'Iesa (Jesús), hijo de Mayam (María), el Mensajero de Allah", –pero ellos no lo mataron, ni lo crucificaron a él, sino la semejanza de 'Iesa (Jesús) fue colocada sobre otro hombre (y ellos mataron ese hombre), y aquellos que difieren de esto, están llenos de dudas. Ellos no tienen conocimiento (seguro), ellos siguen solo conjeturas. Porque seguramente ellos no lo mataron a él (es decir a 'Iesa (Jesús), hijo de Maryam (María): 158. Pero Allah lo resucitó a él ('Iesa [Jesús]) (con su cuerpo y alma) hacia Él mismo (y él está en los cielos). Y Allah es Todopoderoso, Sabio. (Surah 4:157-158).

Por lo tanto, el Corán enseña claramente que Jesús no murió en la cruz, sino que hicieron que pareciera que hubiera muerto. Mientras que el Corán no dice claramente cómo sucedió esto, muchos musulmanes han entendido que otro hombre, parecido a Jesús, fue crucificado para morir en reemplazo de Jesús. Así como muchos otros pasajes en el Corán, esta idea no surge de la nada. Realmente viene de los mitos gnósticos.

El escritor cristiano Ireneo de finales del siglo 2º, escribió acerca de las enseñanzas de un líder gnóstico de su época llamado Basílides, quien afirmó:

  • “Él mismo no sufrió la muerte, sino que Simón, cierto hombre de Cirene, siendo obligado, llevó la cruz en su beneficio; de manera que este último siendo transfigurado por él, para que pudiera pensarse que era Jesús, fue crucificado, por ignorancia y error, mientras que Jesús mismo recibió la forma de Simón, y, estando presente, se rió de ellos. Pero que desde que él fue un poder incorpóreo, y la Nous (mente) del padre no nacido, se transfiguró a sí mismo como le plació, y así ascendió a él quien lo había enviado, burlándose de ellos, en la medida en que no podía ser asido, y era invisible para todos” (Ireneo, Contra las Herejías, Libro I, Capítulo 24, Sección 40).

Las similitudes son sorprendentes, y este no es el único ejemplo. La biblioteca Nag Hammadi es una colección de documentos gnósticos preservados en una vasija en Egipto del siglo 4º d. C.1 Estos documentos contienen una cantidad de referencias de esta enseñanza. Por ejemplo, en una Jesús dice:

  • “No sufrí para nada, incluso, no morí en firme realidad sino en lo que parece, para no ser colocado por ellos, como vergüenza” (El Segundo Tratado del Gran Set).2

Continúa diciendo:

  • “Otra, su padre, fue el que bebió la hiel y el vinagre; no fui yo. Otro fue el que levantó la cruz sobre su hombro, el que era Simón. A otro fue el que le colocaron la corona de espinas. Pero me estaba gozando en la altura sobre todas las riquezas de los arcontes y la descendencia de su error y su presunción, y me reía de su ignorancia” (El Segundo Tratado del Gran Set).3

Otro documento de Nag Hammadi relata:

  • “Lo vi a él (a Jesús) aparentemente siendo capturado por ellos. Y yo dije: ‘¿Qué veo, Oh Señor? Que es usted mismo a quien ellos toman, ¿y que usted me está agarrando a mí? ¿O quién es éste, alegre y riéndose en el árbol? ¿Y es otro cuyos pies y manos están golpeando?’ El Salvador me dijo: ‘Al que ves en el árbol, alegre y riéndose, ese es el Jesús viviente. Pero este en cuyas manos y pies están colocando los clavos, es su parte carnal, el cual es el sustituto siendo colocado para vergüenza, el que vino a ser en su similitud. Pero mírenlo a él y a mí’. Pero yo, cuando hube mirado, dije: ‘Señor, nadie está mirándote. Huyamos de este lugar’. Pero él me dijo: ‘Te he dicho, ‘Dejen solos a los ciegos. Mira tú, como ellos no saben lo que están diciendo. En vez de mi siervo, ellos han puesto en vergüenza el hijo de su gloria’. Y vi a alguien acercándose a nosotros parecido a él, aun el que se estaba riendo en el árbol. Y él estaba con un Espíritu Santo, y él es el Salvador. Y hubo una gran e inexplicable luz alrededor de ellos, y la multitud de ángeles indescriptibles e invisibles bendiciéndolos a ellos. Y cuando lo miré a él, el que alabanza fue revelado” (El Apocalipsis Cóptico de Pedro).4

En esta última versión, el “substituto” parece ser Jesús en su cuerpo físico, el cual Él ha dejado detrás antes de que fuera crucificado, mientras que Su ser, espiritual verdadero se rió invisiblemente afuera de todo este asunto. Esto nos lleva a la esencia de esta cuestión. Obviamente, los musulmanes tentados a decir que estos documentos son los que preservan la verdadera historia de Jesús no estarían haciendo ningún favor a sí mismos. Como podemos ver aun en una lectura cuidadosa de las anteriores citas, estos documentos argumentan que Jesús no fue crucificado porque él no era, realmente y después de todo, un ser físico. Jesús parecía ser solo humano y por eso, sólo pareció que fue crucificado. Ellos creen que Él era un ser puramente espiritual, sobre natural que no pudo sufrir como un simple hombre de carne lo hace. Por ejemplo, Basílides explica en el mismo pasaje citado anteriormente:

  • “Pero el padre sin nacimiento y sin nombre, dándose cuenta que ellos serían destruidos, envió su unigénito Nous (él es el llamado Cristo) para otorgar salvación a los que creen en él, desde el poder de aquellos que hicieron el mundo. Entonces, él apareció sobre la tierra como un hombre, a las naciones de esos poderes, y provocó milagros. Donde él mismo no sufrió muerte” (Ireneo, Contra las Herejías, Libro I, Capítulo 24, Sección 40).

De igual manera, uno de los documentos Nag Hammadi empieza con Jesús declarando:

  • “Visité una morada corporalmente. Eché fuera a quien estaba anteriormente, y entré. Y toda la multitud de los arcontes (Nota del Traductor: Magistrados en la antigua Grecia) fueron perturbados. Y toda la materia física de los arcontes además con los poderes nacidos de la tierra, empezaron a temblar, cuando vio la semejanza de la imagen, debido a que fue mezclada. Y yo fui el que estaba en esta, sin parecerse a quien estaba anteriormente. Porque él era un hombre mundano, pero yo, yo soy de arriba de los cielos. Por un lado, yo no los rechacé a ellos, y me volví el Cristo” (El Segundo Tratado del Gran Set).5

Aun peor, estos documentos gnósticos afirman que Adán, Abraham, David y los profetas y patriarcas eran el “hazme reír” y ciegamente engañados por un dios falso.6 Por ejemplo se declara:

  • “Moisés fue un hazmerreír, ‘un siervo fiel’, siendo nombrado ‘el amigo’; dieron testimonio de él en la iniquidad ya que en realidad nunca me conoció a Mi. Ni él ni aquellos que le precedieron a él, desde Adán hasta Moisés y Juan el Bautista, ninguno de ellos me conoció” (El Segundo Tratado del Gran Set).7

Continúa describiendo a Jesús hablando del Dios que estos profetas servían y quien creó el universo físico:

  • “El Arconte era el hazmerreír porque él dijo: 'Yo soy Dios, y no hay otro mayor que yo. Yo solo soy el Padre, el Señor, y no hay otro fuera de Mí. Yo soy un Dios celoso, que trae los pecados de los padres sobre los hijos por la tercera y cuarta generaciones’, 'como si se hubiera vuelto más fuerte que yo y Mis hermanos” (El Segundo Tratado del Gran Set).8

Tenga en cuenta aquí, que no sólo el Creador es calumniado por el gnóstico Jesús, sino que el gnóstico Jesús se refiere a sí mismo como uno de las múltiples deidades que son mayores que el Dios que creó el mundo.

Estos documentos gnósticos también fundamentan sus conocimientos de estas “verdades” en visiones y conocimiento místico secreto, afirmando que son más que revelación divina. Tanto los musulmanes como los cristianos deben rechazar estos documentos posteriores como los mitos no históricos que son. Estas historias, las cuales surgieron antes que la época de Mahoma, continuaron en textos gnósticos mucho después de su muerte. Por ejemplo, un documento gnóstico llamado los “Hechos de Juan” claramente se encontraba todavía en circulación aun cuando estaba condenado por un concilio de la iglesia en el año 787 d. C.9 De hecho, tenemos manuscritos de éste a partir de la Edad Media. En este documento, se informa que Juan habría dicho, mientras describía el momento de la crucifixión:

  • "Incluso yo, cuando lo vi a Él sufrir, no sufrió Su pasión, sino que huyó al monte de los Olivos, llorando por lo que había ocurrido. Y cuando él había sido colgado en la cruz el viernes, en la sexta hora del día, vinieron tinieblas sobre toda la tierra. Y mi Señor de pie en el centro de la cueva y la encendió, y dijo: ‘Juan, para la multitud abajo en Jerusalén estoy siendo crucificado, y atravesado con lanzas y juncos, y la hiel y el vinagre se me es dado a beber. Pero a ti te estoy hablando, y presta atención a lo que digo" (Hechos de Juan, Capítulo 97).10

Jesús pasa a utilizar el símbolo de una cruz de luz para enseñar a Juan una variedad de lecciones espirituales. A continuación pasa a decir:

  • “Entonces, esta es la cruz que ha unido todas las cosas por la Palabra, y marcado la transitoriedad y lo inferior, y luego, toda comprimida en uno. Pero esta no es la cruz de madera que verás cuando bajes aquí, ni tampoco soy yo quien está en la cruz” (Hechos de Juan Capítulo 99).11

El capítulo 101 de esta misma obra, continúa con frases como: “Por loa tanto, no he sufrido ninguna de las cosas que dirán de mí”; “Escuchaste que he sufrido, sin embargo, no he sufrido”; y, “(ellos dice) que fui atravesado, pero no fui herido; que fui colgado, pero no fui colgado; que sangre fluyó de mí; sin embargo esta no fluyó; y en una palabra, esas cosas que ellos dicen de mí, no las sufrí”.12

Claramente, hubo una noción extendida y mítica de que Jesús no había crucificado, sino que más bien de alguna manera se hizo aparecer así. En la mayoría de las versiones, esto se debió a alguien más siendo sustituido en el lugar de Jesús, aunque a veces no hubo tanta claridad en esto. De cualquier manera, él fue preservado en la gloria celestial. Esta historia arraigada profundamente en enseñanzas gnósticas de que Jesús es un ser puramente espiritual que no se volvió humano, sino que simplemente habitó en el reino humano por un tiempo, y que por lo tanto, no pudo realmente haber sufrido una muerte humana. Y el Corán ha incluido esta leyenda como un hecho.

Aquí hay en juego, dos doctrinas centrales del islam. Una, claro está, es la enseñanza de que Jesús no fue crucificado. Obviamente, esta fue una historia que inició en un mito gnóstico no histórico, y que por lo tanto, no es verdadera. La segunda consecuencia tiene que ver con el propio Corán. Si el autor del Corán confundió tal mito como un hecho histórico, entonces, el Corán claramente no puede ser la Palabra de Dios. Un Dios que todo lo sabe conocería los orígenes de esta historia. Un Dios omnisciente sabría que la historia no sólo es falsa sino que está arraigada en una teología totalmente contraria al islam.

Sin embargo, un simple hombre, escuchando historias orales acerca de Jesús en el siglo 6º en Arabia no sería capaz fácilmente de ver las diferencias entre estas historias y las verdaderas historias bíblicas de Jesús. El autor del Corán no fue un Dios omnisciente, sino un simple humano.

 

Este artículo también está disponible en: Inglés

  • 1. Bart Ehrman, Lost Scriptures (Oxford University Press, 2003) 19
  • 2. Ibíd. 84
  • 3. Ibíd. 84
  • 4. Ibíd. 80-81
  • 5. Ibíd. 84
  • 6. Ibíd. 86
  • 7. Ibíd. 86
  • 8. Ibíd. 86
  • 9. Bart Ehrman, Lost Christianities (Oxford University Press, 2003) 42
  • 10. Bart Ehrman, Lost Scriptures (Oxford University Press, 2003) 106
  • 11. Ibíd. 107
  • 12. Ibíd. 107

 

 

 

 
 
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