El cristianismo cómodo es un problema

Por, Matt Slick

Hay un grave problema en la iglesia cristiana. Estamos demasiado cómodos, y esta comodidad nos debilita.

Nos levantamos en la mañana al sonido de nuestro despertador en nuestras casas con aire acondicionado. Nos duchamos, ajustando la temperatura a nuestro deseo; salimos, nos dirigimos a nuestro closet y tomamos nuestra ropa. Limpia y fresca. Nos dirigimos a la cocina, ajustamos nuestra cafetera y llenamos nuestro hogar con un agradable aroma a café. Podemos tomar algo de la nevera, lo colocamos en el microondas, y obtenemos un refrigerio. Después, nos montamos a nuestro automóvil, iniciamos el GPS y nos dirigimos a la iglesia. En la puerta principal, vemos a personas bien vestidas, que con grandes sonrisas nos saludan, nos dan la mano, y nos dan un boletín bien elaborado. Sin prisa, nos dirigimos al interior, intercambiando saludos forzosos y nos sentamos en cómodas bancas bien elaboradas. Escuchamos como el grupo de alabanza inicia con melodías bien practicadas y un sermón pulido y bien elaborado, pero nada retador. Tal vez se nos ha dicho cómo Jesús nos ama y quiere lo mejor para nosotros. Después del servicio, vamos a la librería cristiana y compramos el libro de Joel Osteen, “Your Best Life Now” (Su mejor vida es ahora). Sin notar el título tan sugestivo: Su mejor vida ES AHORA. O tal vez recuerde acerca de “The Shack” (“La cabaña”)1, y cómo, estos libros le hicieron sentirse bien acerca de Ud. mismo y de Dios. Después, nos dirigimos a un restaurante para ser servidos antes de ir a casa y ver el juego de la temporada por la televisión.

Ahora bien, no es malo tener comodidades en el hogar, o tener automóviles cómodos. Es solo que nuestros músculos espirituales no necesitan estar entrenados en un mundo donde, día a día, la tecnología cubre la mayoría de nuestras necesidades. Dependemos tan poco de Dios cuando no tenemos alguna necesidad real. Pero solo cuando las puertas del Hades han prevalecido contra la iglesia (Mateo 16:18), enfrentando oposición y aun, persecución, entonces, nos volvemos a Dios, humillándonos y pidiéndole que nos libere y fortalezca, para seguir adelante en Su nombre. Pero esto, no sucede cuando todo está en su lugar y cómodamente. Esto, nos ayuda a volvernos perezosos, y el resultado es una atrofia espiritual que llevará a la apostasía.

¿Qué hacer?

Lo primero que debemos hacer, es tomar la Palabra de Dios seriamente, y vivir de acuerdo a lo que esta declara. Dios quiere que seamos santos ("porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo".1ª Pedro 1:16), y quiere que hagamos discípulos a todas las naciones (Mateo 28:18-20). Por lo tanto, si deseamos ser santos, debemos arrepentirnos de nuestros pecados, y en obediencia para hacer discípulos necesitamos estar dispuestos a ir donde el Señor esté trabajando. En nuestra lucha contra el pecado, tendremos que depender de Dios más y más, solo por fe, para ser más a la estatura de Cristo. Esto, no es siempre fácil, pero vale la pena la lucha.

Segundo, necesitamos pedirle a Dios que nos use, que nos envíe donde Él esté trabajando, para que por Él hagamos lo que nos ha preparado. Esta preparación involucra remover de nosotros lo nuestro, y este proceso con frecuencia, es muy difícil. Es durante este proceso de preparación que aprendemos a dejar de ser egocéntricos, aprendiendo a depender sólo de Dios, porque Él nos revelará nuestra pecaminosidad conformándonos más a Su Hijo.

Tercero, necesitamos estar dispuestos a ajustarnos y ser usados de formas que no estamos acostumbrados. Esto significa que tenemos que ser obedientes e incomodarnos para crecer, y en nuestro crecimiento influir y afectar a las personas a nuestro alrededor. Si no estamos afectando a las personas por el evangelio, deberemos reevaluar nuestra relación con Dios.

No despreciemos los dones que Dios, a través de Su Hijo y Su Espíritu manifestará para ser usados aquí en la tierra para cumplir la comisión.

 

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  • 1. En este libro, Paul Young presenta a Dios el Padre y al Espíritu Santo como mujeres, y a Jesús como un cómodo hacedor del bien, todo mezclado con un toque de universalismo.

 

 

 

 
 
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