El fracaso de la iglesia cristiana

Por, Matt Slick

  • Mateo 28:18-20: “Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.”

Se supone que el cristianismo sea el representante de Jesús en la tierra, el cual, enseñó amor, perdón, sacrificio, unidad y humildad. Aunque esto pueda ser, en cierta medida, cierto, los cristianos han demostrado una capacidad increíble para ignorar muchas virtudes bíblicas y permitir, tanto la desintegración denominacional como las peleas, hasta debilitar el cristianismo. Desafortunadamente debido a las “nuevas definiciones” de las doctrinas no fundamentales y a un constante deseo de sentirse cómodos en la iglesia y una creciente apatía hacia marcar una diferencia en el mundo, la iglesia cristiana ha sido inutilizada en el mundo. Pierde mucho tiempo en sutilezas doctrinales, reclamando independencia para así, esconderse dentro de iglesias diseñadas para mantener a sus miembros cómodos y seguros en las “nuevas verdades redelineadas.” Mientras que en el exterior el mundo se está yendo al infierno, mientras que al interior de nuestras iglesias y denominaciones estamos participando en “el juego de la religión”.

No digo que la pureza doctrinal no es importante. Efectivamente, lo es, pero sin un entendimiento adecuado acerca de quién es Dios, lo que ha hecho, y lo que debemos hacer con relación a Él, seguramente, todos estaríamos condenados. Nuestra salvación depende de quién es Jesús y lo que Él hizo. Necesitamos conocer la verdad; por lo tanto, como cristianos debemos separarnos de las doctrinas falsas que inutilizan la verdad salvífica del sacrificio de Cristo. Pero la única razón de lo que debemos separarnos es, precisamente de las herejías. Debemos alejarnos de los falsos maestros y de sus falsas doctrinas, pero no de entre nosotros. Tanto en lo fundamental como en lo no fundamental necesitamos permanecer unidos tanto como sea posible.

Reconozco que las denominaciones, en pequeño grado, son necesarias y no desaparecerán. Pero la comodidad y la “pureza doctrinal” le han robado a la iglesia de Cristo mucho de su poder. Mientras que los primeros cristianos tenían que confiar en Dios para sus necesidades diarias, hoy, las comodidades del hogar y las iglesias que son facilistas, nos han hecho estar satisfechos e inactivos al llamado de Dios de hacer discípulos en todas las naciones. Estamos cómodos en los Estados Unidos donde tenemos lo mejor de todo y sólo necesitamos colocar a crédito lo que demandan nuestros caprichos, y así, evitar la dependencia de Dios para nuestras necesidades. Y esto hace que nuestra fe en Dios para nuestras necesidades no sea tan apremiante. Nos hemos distraído y la iglesia está mostrando señales de apatía espiritual. Tenemos nuestros DVD, aire acondicionado central, tremendos equipos de sonido, plasmas, controles remotos para todo y comida rápida, predicadores bien educados, bancas abullonadas, coros bien entonados, cantantes “cristianos” con fama mundana, pianos y órganos. Somos bendecidos con comités, planes y dinero. De hecho, tenemos tantas iglesias que se nos garantiza que podemos encontrar una, que se adapte a nuestro capricho o preferencia. Y con demasiada frecuencia los mensajes son agradables y no hacen que nuestros corazones se duelan por el perdido o por nuestro Señor.

La pureza doctrinal es una plaga cuando de forma innecesaria divide lo que ha sido hecho santo por la sangre de Cristo. Después de todo, puede ser que los ídolos doctrinales hayan invadido nuestras iglesias; con demasiada frecuencia sacrificamos a las personas en el altar de la pureza doctrinal. Entonces, y educada y amorosamente, expulsamos a nuestros compañeros creyentes de nuestras iglesias bendiciéndolos en su salida porque estos, creen que el rapto será antes, en el medio o después de la tribulación; porque aquellos hablan en lenguas y estos, consideran que ya esos dones no son manifestados por el Espíritu Santo para la iglesia actual, etc. Heridos y confundidos, algunos vagan por el paisaje espiritual buscando un refugio seguro sólo para ser presas fáciles de falsos maestros o del llamado seductor del mundo. Sí, necesitamos la pureza doctrinal y seguramente que algún día pudiéramos morir por esta; pero la pureza doctrinal no es nuestro Dios. Las confesiones y los credos no son nuestro pan y vino. No deberíamos sacrificar la bendición de la unidad por las minucias de la pureza. Pero alguien diría: “Estas doctrinas son importantes y nuestra iglesia tiene la verdad”. Tal vez. Pero Jesús dijo que el mundo nos conocería que seriamos Sus discípulos por el amor que nos tuviéramos; no por la pureza de nuestra doctrina.

¿Y qué es lo que el mundo ve en todo esto? ¿Ve a una iglesia visible llena de sacrificio, amor, perdón y personas que consideran que los demás son más importantes que ellos mismos? No. El mundo ve tele evangelistas elegantes y maratónicas llenas de lujo, donde se presentan hombres y mujeres con sus cabellos bien arreglados y sonrisas que atraen la atención de incontables personas crédulas que podrán ser sanadas, que sus hijos podrán obtener la salvación por un puñado de dólares en un compromiso económico. Se ve la hipocresía de la rectitud moral proclamada orgullosamente en palabra pero contradicha en obras. El mundo ve a una iglesia fragmentada denominacionalmente que no puede ni siquiera ser capaz de limpiar su propia basura y menos, ponerse de acuerdo lo suficiente como para presentar un frente unido.

Y lo que es más, la iglesia tiene de todo pero ha dejado su proclamación pública contra el pecado. Ha empezado a creer la mentira de que la iglesia es débil e incapaz de detener el decaimiento social del momento. Lucha por mantenerse de pie cuando se enfrenta con la inmoralidad y se resiste a pararse firme contra el pecado.

¿Y cuáles son las consecuencias de esto?

Vemos los efectos en el crecimiento de los cultos no cristianos como el mormonismo y la Organización La Atalaya que tienen millones de seguidores yendo de puerta en puerta fielmente y en forma permanente esparciendo sus doctrinas que los condenarán. ¿Dónde están los cristianos que se oponen a ellos? ¿Dónde está la iglesia? ¿Está apoyando los esfuerzos para detener la propagación  de sus herejías? ¿Está la iglesia unida bajo una causa común? ¡No!

La iglesia le deja el trabajo a los cansados y a los pocos que tienen una carga y que invierten sus esfuerzos en una batalla constante por la verdad y que la mayoría de las veces es frustrante. La iglesia les da una palmadita en la espalda y dice: “Dios bendice. Vaya en paz”, pero con demasiada frecuencia deja que estos guerreros agotados se valgan por sí mismos.

Vemos las consecuencias en el sistema educacional con el incremento de la filosófica humanística. Agendas puramente mundanas están siendo enseñadas en lo moral, lo político y a los niveles sociales en colegios. La homosexualidad, el relativismo, explicación de valores y “limpieza ética” están borrando las mentes claras de la juventud en cuando a los valores cristianos. Los niños se sientan y escuchan, mientras vamos a la iglesia y hablamos acerca de los himnos, el órgano y el color de la nueva alfombra. Que Dios tenga misericordia de nosotros.

La sociedad no necesita preocuparse de las reflexiones de nuestro pueblo, porque su conciencia no se arrepiente al ver muchas de las fallas en las disputas del cristianismo, las cuales hablan por sí solas.  La sociedad no ha sido afectada por el evangelio. El laico no necesita ser cauteloso de la iglesia donde se sienta perezosamente, consintiendo a sus miembros sin alentarnos a tomar riesgos para el evangelio. El mundo secular es libre de burlarse de la verdad, trastornando nuestras libertades, y afirmando más y más aquellos que se han convertido a ese mundo. Esto, es seguro para el cristianismo… ¿pero está el cristianismo seguro de este mundo secular?

¿Qué debemos hacer?

Primero: Necesitamos confesar nuestros pecados a nuestro Señor y Salvador y arrepentirnos de estos. Necesitamos reconocer nuestra pecaminosidad de apatía, orgullo, murmullo y cualquier ídolo innecesario de “pureza doctrinal” que causan tantas divisiones.  Debemos abandonarlas, doblar rodillas, orar, confesar, perdonar y seguir adelante. Necesitamos reconocer que debemos estar unidos para ser fuertes y debemos amarnos entre nosotros, ¡grandemente! Y al hacerlo no debemos comprometer el evangelio de la verdad (Ro 5:1; 1 Co 15:1-4) y mantener nuestros ojos en Jesús.

Segundo: Debemos reconocer la Gran Comisión como algo más que una simple recomendación de Jesús. Esta no es una opción; es una orden. Jesús lo dijo: “…Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones…” (Mt 28:19). ¿Estamos siendo pescadores de hombres o solo guardines del acuario? ¿Estamos siendo obedientes o cómodos?

Tercero: Necesitamos trabajar juntos tanto como sea posible para llevar el evangelio de la verdad al perdido. Y esto, exigirá sacrificio, oración, humillación y riesgo. No podemos fácilmente deshacer la gran fragmentación del cuerpo de Cristo, pero podemos cruzar los limites denominacionales al enfocarnos en lo que nos une: Que Dios se encarnó en la persona de Jesús (La Trinidad), que la salvación es por fe a través  de la sola fe, en la expiación y perdón de pecados en la sangre derramada de Jesús. Necesitamos mirar lo fundamental y dejar que sea el evangelio de Dios el que cambie el corazón de las personas.

Cuarto: Necesitamos usar cualquiera de los dones que el Señor nos ha dado para expandir Su reino. Ya sea orando por el perdido y por los que trabajan en Cristo o ayudando financieramente; enseñando al cuerpo, haciendo trabajos administrativos. Use entonces cualquiera de los dones que el Señor le ha dado para la gloria de Dios. Déselo a Él y pídale que lo bendiga al permitirle usar sus dones. ¡Y no tenga temor de fallar!

Conclusión

Dios es un Dios de perdón, amor, justicia y poder. Él ha perdonado nuestros pecados y continuará haciéndolo por Su Gracias maravillosa:

  • 1ª Juan 1:9: "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad."

Él nos ama profundamente y quiere tener comunión con nosotros y disfrutar nuestra presencia a través  de Jesús:

  • 1ª Corintios 1:9: “Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.”

Su evangelio es poderoso, capaz de salvar al perdido de sus pecados:

  • Romanos 1:16: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego”

Y con Él, podemos cambiar este mundo. Ore por la obra de Dios es su vida y en la vida de otros. Haga un esfuerzo para apoyar y dar a conocer el evangelio. Interceda en oración al Padre a favor de la iglesia que predica tanto al salvo como al perdido. Humíllese delante de Dios y de los hombres. No permanezca en esa zona de comodidad. ¡Arriésguese! ¡Créale a Dios y vaya adelante!

 

Este artículo también está disponible en: Inglés

 

 

 

 
 
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