El libro de la vida de Adán y Eva

EL LIBRO DE LA VIDA DE ADÁN Y EVA (Primero)

I

Cuando Adán Y Eva fueron expulsados del paraíso, se metieron en una cueva, y pasaron siete días de luto, lamentando en gran dolor.

II

Pero después de siete días, comenzaron a tener hambre y empezaron a buscar alimento para comer, y se dieron cuenta lo difícil que era poder encontrarlo. Entonces Eva dice a Adán: «Mi señor, tengo hambre, Vaya, a ver si hay algo para que podamos comer y si por ventura el Señor Dios tiene lástima de nosotros y nos repone en aquel lugar en que estábamos antes.»

III

Y Adán salió y caminó más de siete días por la tierra, y no encontró alimento alguno como el que solía tener en el paraíso. Y Eva dice a Adán: «Tu languidez me va a matar, y puedes matarme, así Dios, el Señor te regresará al paraíso, que por mi culpa has sido expulsado de allí.» Y Adán contestó: «Contén Eva, tus palabras, no vaya a ser que Dios traiga alguna otra maldición sobre nosotros. ¿Cómo es posible que pueda levantar mi mano en contra de mi propia carne? ¡No! Vamos a salir y a buscar algo que podamos comer y sobrevivir.»

IV

Y ellos caminaron durante nueve días, buscando alimento, mas no encontraron nada que comer como solían tener en el paraíso, sólo encontraron animales para alimentarse. Y Adán dijo a Eva: «El Señor tiene muchos animales y frutos para comer y utilizó a los ángeles para darnos. Pero es justo y correcto que nos lamentemos ante los ojos de Dios que nos hizo. Vamos a arrepentirnos y hagamos penitencia, tal vez así el Señor sea amable con nosotros, nos tenga lástima y nos dé un poco de algo para nuestra vida.»

V

Y Eva dice a Adán: «¿Qué es la penitencia? Dime, ¿qué tipo de penitencia puedo hacer yo? No nos pongamos una gran carga sobre nosotros mismos que no podamos soportar, por lo que el Señor no escucha nuestras oraciones y se aleja de nosotros, porque no hemos podido cumplir lo que prometimos.» Al ver Eva el rostro de Adán, le pregunta, «Mi señor, ¿He traído problemas y angustia sobre ti, con mis palabras?»

VI

Y Adán dijo a Eva: «Tú cargas, pero no tanto como yo, sólo tanto como tu fuerza te lo permite. Sin embargo voy a pasar cuarenta días en ayuno, pero ve tú hasta el río Tigris, levanta una piedra y párate en el río, Y que ningún discurso proceda de tu boca, ya que son indignas para hacer frente al Señor, pues nuestros labios son impuros porque comimos el fruto del árbol prohibido. Quédate ahí por treinta y siete días, yo voy a pasar cuarenta días en el agua del Río Jordán, así tal vez el Señor Dios tendrá piedad de nosotros.»

VII

Y Eva caminó al río Tigris tal como le dijo Adán. Del mismo modo, Adán caminó hasta el río Jordán y se puso en una piedra hasta que el agua llegó a su cuello.

VIII

Adán dijo: «Te digo a ti, oh aguas del Jordán, que entres en duelo conmigo, y reúne a todas las criaturas, que están en ti, y deja que me rodeen y lloren en mi compañía. Mas no debes dejar que ellos mismos se lamenten, por mí, porque ellos no han pecado, pero yo si.»

Inmediatamente, todos los seres vivos vinieron y lo rodearon, y, a partir de esa hora, el agua del Jordán está todavía con los seres que ahí se quedaron.

IX

Dieciocho días pasaron, entonces, Satanás fue y se transformó a sí mismo con el brillo de los ángeles, y fue al río Tigris, donde estaba Eva, y la encontró llorando, entonces el diablo fingió que se condolía con ella, llorando también y le dijo: «Sal del río y no te lamentes más. Calma ahora tu dolor y tus gemidos. ¿Por qué están ansiosos tu y tu marido Adán? El Señor Dios escuchó su gemido y ha aceptado su penitencia, y todos los ángeles han suplicado en su nombre ante el Señor, y Él me ha enviado a ti para decirte que salgas del agua y para darte alimento tal como había en el paraíso, por el cual estabas pidiendo a gritos. Ahora sal del agua y yo te llevaré hasta el lugar donde está su alimento listo.»

X

Eva escuchó y creyendo salió del agua del río, y temblaba como la hierba. Y cuando ella hubo salido, se cayó sobre la tierra y el diablo la levantó y se la llevó a Adán. Pero cuando Adán miró a Eva y al diablo junto a ella, lloró y llorando en voz alta dijo: «¡Oh! Eva, Eva, ¿dónde está el trabajo de tu penitencia? ¿Cómo has sido una vez más engañada por nuestro adversario, por cuyo medio hemos sido separados de nuestra residencia en el paraíso y el gozo espiritual?»

XI

Y cuando oyó esto, Eva entendió que había sido el diablo quien la había persuadido a salir del río, y ella cayó sobre su rostro en la tierra con grande tristeza y tanto gimió que se torcía hasta el suelo. Y ella gritó y dijo: «Miserable, tú diablo. ¿Por qué nos atacas? ¿Qué quieres hacer con nosotros? ¿Qué te hemos hecho a ti? Nos persigues tanto, y ¿por qué nos atacas con tanta malicia? ¿Hemos quitado tu gloria y te dejamos sin honor? ¿Por qué tú eres nuestro enemigo, nos tienes envidia y deseas nuestra muerte?»

XII

Y con un fuerte suspiro, el diablo habló: «¡Adán! toda mi hostilidad, envidia y dolor es por tu culpa, ya que es por ti que he sido expulsado de mi gloria, la gloria que yo poseía en los cielos en medio de los ángeles y por ti se me echó fuera para vivir en la tierra.» Adán respondió: «¿Qué es lo que me dices?, ¿Por qué me culpas de que estoy contra ti? Veo que no has recibido ningún daño o perjuicio de nosotros, ¿por qué tú nos persigues?»

XIII

El diablo respondió: «Adán, ¡Tú no sabes lo que me dices! Fue por tu bien que he sido lanzado de ese lugar. Cuando tú fuiste formado, me arrojaron fuera de la presencia de Dios y quedé desterrado de la compañía de los ángeles. Dios te hizo, te puso el aliento de vida y tu cara a semejanza e imagen de Él.» Entonces Miguel también dio culto a los ojos de Dios, y Dios el Señor habló: «Aquí está Adán. Yo lo he hecho a nuestra imagen y semejanza.»

XIV

Y Miguel salió y pidió a todos los ángeles diciendo: «Hagamos culto a la imagen de Dios como el Señor Dios mandó.» Y el propio Miguel adoró en primer lugar; entonces él me llamó y me dijo: «Haz culto de la imagen de Dios, el Señor.» Y le respondí: «No tengo ninguna necesidad de darle culto a Adán». Y ya que Miguel me instaba a practicar el culto, le dije: «¿Por qué tú me estorbas a mí? No voy a dar un culto a alguien inferior y más joven que yo. Soy más grande y de mayor nivel en la creación, antes de que lo hicieran yo ya existía. Es su deber el adorarme a mí.»

XV

Cuando los ángeles, que estaban bajo mi mando, oyeron esto, también se negaron a adorarle. Y dijo Miguel: «Culto de la imagen de Dios, pero si tú te niegas a adorarle, el Señor Dios se llenará de ira contigo.» Y le dije: «Si se llena de ira conmigo, entonces voy a establecer mi asiento por encima de las estrellas del cielo y será el más alto.»

XVI

Y el Señor Dios se enojó conmigo y me desterró, a mí y a mis ángeles de la gloria que teníamos, y por tu culpa fuimos expulsados de nuestro lugar y nos arrojaron sobre la tierra. Y de inmediato que fue superado en parte el dolor, por la pérdida de tan grande gloria, se nos agrava cuando te vimos con tanta alegría y lujo. Y con engaño me acerqué a tu esposa la que causó el problema de que seas expulsado a través de ella y pierdas tu alegría y tu lujo, como yo he sido expulsado de mi gloria.

XVII

Cuando Adán escuchó todo esto del diablo, gritó y lloró y dijo: «Oh Señor mi Dios, mi vida está en tus manos. Destierra a este adversario y apártalo llevándolo lejos de mí, porque busca destruir mi alma, y me reclama su gloria que él mismo tiene perdido.» Y en ese momento, el diablo desapareció. Pero Adán siguió en su penitencia, de pie, durante cuarenta días en el agua del Jordán.

XVIII

Y Eva dijo a Adán: «Vives tú, mi Señor, que larga vida se te conceda, ya que no has cometido ni el primer ni el segundo error. Pero erré y soy desterrada por no haber cumplido con el mandamiento de Dios, y ahora me destierro de la luz de tu vida y me voy a ir hacia el ocaso, y no voy a ser, hasta que me muera.» Y ella comenzó a caminar hacia el oeste llorando amargamente en voz alta. Y ella hizo allí un lugar, estando ella de tres meses de su primer hijo.

XIX

Y cuando el momento del parto se acercó, empezó a ser afligida con gran dolor, y lloró en voz alta al Señor y dijo: «Piedad de mí, Señor, ayúdame.» Pero no fue escuchada y Dios, el Señor, no tuvo de ella misericordia. Entonces ella se dijo a sí misma: «¿Quién le dirá a mi señor Adán? Les imploro a ustedes, luminarias de los cielos, a la hora que regresen a la zona oriental, que lleven un mensaje a mi señor Adán.»

XX

Por esa misma hora, Adán dijo: «No sé nada de Eva. Quizás, una vez más la serpiente está luchando con ella.» Y se fue a buscarla y la encontró en su gran angustia. Y Eva le dijo: «Desde el momento en que te vi, mi señor, mi dolor se alivió y mi alma se tranquilizó. Y ahora acércate al Señor Dios en mi nombre, tal vez te escucha a ti y venga a mí y me libre de mis terribles dolores.» Y Adán se acercó al Señor por Eva.

XXI

Y he aquí, vinieron doce ángeles y dos virtudes, y se pusieron de pie a la derecha y a la izquierda de Eva, y Miguel estaba de pie sobre el lado derecho, y animando y ayudando dijo a Eva: «Bendita eres tú, Eva, y Adán en sí, sus intercesiones y oraciones son grandes, y el Señor me ha enviado para que reciban nuestra ayuda, te levanta ahora, y te prepara para soportar.» Y dio a luz un hijo y él fue brillante, y al mismo tiempo el chico se levantó y corrió, tomó una brizna de hierba en sus manos, y se la dio a su madre, y fue llamado Caín.

XXII

Adán y Eva llevaron al muchacho hacia el Este. Y el Señor Dios envió las semillas a través de Miguel Arcángel y se las dio a Adán y le mostró la manera de sembrarlas y de preparar el terreno, y le enseñó cómo podría separar la tierra en sectores de frutas y de otras plantas que podrían disfrutar sus generaciones. Por entonces a Eva le nacía un hijo, cuyo nombre era Abel, así Caín y Abel crecían juntos. Entonces Eva dice a Adán: «Mi señor, mientras yo dormía, vi en visión, la sangre de nuestro hijo Abel en la mano de Caín, que salía por su boca. Por lo que ahora tengo tanto dolor.» Y Adán dijo: «¡Ay si Caín mata a Abel! Sin embargo, vamos a separarlos uno de otro, y vamos a hacer para cada uno de ellos las viviendas por separado.»

XXIII

Y Caín fue hecho un agricultor y Abel un pastor, con el fin sabio de que puedan ser separados. Pero igualmente Caín mató a Abel, teniendo Adán la edad de ciento veinte y dos años. Adán conoció nuevamente a su esposa Eva y concibió y dio a luz otro hijo al que pusieron por nombre Set, teniendo Adán ciento treinta años.

XXIV

Y dijo Adán a Eva: «He aquí, he engendrado un hijo, en lugar de Abel, a quien Caín mató.» Y después que Adán engendró a Set, vivió ochocientos años y engendró treinta hijos y treinta hijas; en total tuvo sesenta y tres hijos. Y ellos se incrementaron más sobre de la faz de la tierra en sus diferentes naciones.

XXV

Y Adán dijo a Set: «Escucha, mi hijo Set, voy a contarte lo que he oído y visto después de que tu madre y yo fuimos expulsados del paraíso. Cuando estábamos en oración, vino a mí el arcángel Miguel, un mensajero de Dios, y vi un carro como el viento y sus ruedas eran de fuego y quedé como atrapado en el paraíso de la justicia, y vi al Señor y su cara era como de llamas de fuego que no puede ser soportado. Y muchos miles de ángeles estaban a la derecha y la izquierda de ese carro.»

XXVI

Cuando yo vi esto, estaba confundido, y el terror me incautaba y me humillé a mí mismo ante Dios con mi cara en tierra. Y Dios me dijo: «He aquí que tú estás muerto, ya que has transgredido el mandamiento de Dios, para disculparte, más bien, escucha la voz de tu esposa, a quien diste tu poder, tú que actuaste según tu voluntad. Sin embargo, tus disculpas voy a escuchar y pasar por mis palabras.»

XXVII

Y cuando escuché estas palabras de Dios, caí a tierra y adoré al Señor y le dije: «Mi Señor, Todopoderoso y misericordioso Dios, Santo y Justo, Uno eres; no me separes de tu nombre pues soy consciente de tu majestad , sino convierte mi alma, porque yo muero y mi respiración sale de mi boca. No me eches fuera de tu presencia, no eches a quien Tú diste forma de la arcilla de la tierra. No destierres de tu favor lo que tú mismo nutriste.» De repente una palabra me llegó y el Señor me dijo:« Desde los días que fuiste formado, has sido creado con amor y guiado al conocimiento, por lo tanto, no será desechada toda tu posteridad para siempre, habrá siempre quien me sirva.»

XXVIII

Y cuando terminé de escuchar estas palabras, me tiré a tierra y adoré al Señor y Dios y le dije: «Tú eres el supremo y eterno Dios, todas las criaturas te den el honor y la alabanza. Tú eres la verdadera luz, la brillante luz que está por encima de todo, Creador de la vida, Tú eres de infinito y poderoso Poder. A ti, todos los poderes espirituales te dan honor y alabanza. Tú hiciste a la raza de los hombres y la llenaste de la abundancia de tu misericordia.» Después que estuve adorando al Señor, Miguel, el arcángel de Dios, se apoderó de mi mano y me sacó fuera de la visión del paraíso de Dios, y tomó una vara en su mano, y tocó las aguas, que estaban alrededor del paraíso, y las congeló.

XXIX

Y el arcángel Miguel me llevó de vuelta al lugar de donde me había tomado. «Escucha, mi hijo Set, el resto de las cosas que serán, me fueron reveladas, después que comí del árbol del conocimiento, y lo que va a pasar a esta edad, lo conozco; todo lo que Dios pretende hacer a su creación de la raza de los hombres. El Señor se mostrará en una llama de fuego y a través de la boca del orador dará sus mandamientos, y los estatutos procederán de su boca como un arma de doble filo, la cual santificará la casa de la habitación de Su Majestad. Y Él les mostrará el maravilloso lugar de Su Majestad. Y luego van a construir una casa al Señor su Dios, en la tierra que Él preparará para ellos, pero transgredirán sus estatutos, y su santuario será quemado y sus tierras serán abandonadas y ellos mismos serán dispersados por la tierra, porque han encendido la ira de Dios. Y una vez más él los hará regresar de su dispersión, y de nuevo construirán la casa de Dios, y en el último tiempo la casa de Dios será exaltada en forma superior a cualquier edad. Y una vez más la iniquidad será superior a la justicia. Luego Dios morará con los hombres en la tierra y lo verán, y la justicia comenzará a brillar. Y la casa de Dios será honrada por las edades y por sus enemigos, y no serán capaces de herir a los hombres, creyentes en Dios y Dios avivará a su pueblo fiel, a quien guardará para la eternidad, y la impíos serán castigados con pena de Dios su rey, a todos los hombres que se negaron a amar su ley. El cielo, la tierra, las noches y los días, y todas las criaturas le obedecen, y no sobrepasan Su mandamiento, mas los hombres no cambiarán sus obras, sino que abandonarán la ley del Señor, Por eso el Señor mismo desechará a los impíos, y el brillo de su justicia brillará como el sol, a la vista de Dios, en ese momento, los hombres deberán purificarse de sus pecados con el agua de vida. Pero los que no están dispuestos a ser purificados por el agua serán condenados. Y será feliz el hombre, que salvó su alma, cuando los juicios vengan y la grandeza de Dios será observada por los hombres quien juzgará sus hechos con justa justicia.»

XXX

Adán tenía novecientos treinta años, y sentía que sus días estaban llegando a su fin, y dijo: «Que todos mis hijos se reúnan aquí conmigo, para que les bendiga antes de morir, y deseo hablar con ellos.» Y ellos se reunieron en tres partes, ante su vista, en la casa de oración, donde solían adorar al Señor Dios. Y le preguntaron diciendo: «Lo que se refiere a ti, Padre, que en tus hombros nos montaste, ¿por qué te encuentras tendido en tu cama?» Entonces respondió Adán y dijo: «Mis hijos, estoy enfermo y tengo dolor.» Y todos sus hijos le dijeron: «¿Qué significa esto padre, la enfermedad y el dolor?», pues hasta ahora no la habían conocido.

XXXI

Entonces dijo su hijo Set: «¡Oh! mi señor, tal vez has anhelado comer de la fruta del paraíso, que tenías costumbre comer, y, por eso, te has entristecido. Dímelo a mí y voy a ir a las puertas del paraíso y pondré en el polvo mi cabeza y me tenderé sobre la tierra ante las puertas del paraíso y rogaré a Dios con los lamentos en voz alta; así quizás él me escuchará y enviará a su ángel para que me de la fruta que has anhelado.» Adán respondió y dijo: «No, mi hijo, no es por eso que estoy débil, solo siento una gran debilidad y dolor en mi cuerpo.» Set respondió: «¿Qué es el dolor, mi señor padre? Soy ignorante, no nos ocultes estas cosas, dinos sobre él.» Y Adán respondió y dijo: «Oigan, mis hijos. Cuando Dios nos hizo, a mí y tu madre, y nos colocó en el paraíso, nos dio a comer del fruto de todos los árboles, pero nos prohibió el fruto que crece del árbol del conocimiento del bien y del mal, que está en medio del paraíso; diciendo 'que no comamos de él'. Y Dios me dio una parte del paraíso, la parte oriental y la del norte y otra parte a tu madre, la occidental y la del sur.

XXXIII

Además, el Señor Dios nos dio dos ángeles de guardia. La hora llegó cuando los ángeles habían ascendido a adorar a Dios; y sin perder el tiempo, nuestro adversario [el diablo] encontró una oportunidad, mientras que los ángeles estaban ausentes, el diablo llevó a su madre a comer del fruto prohibido del árbol. Y ella lo hizo y luego me lo dio a comer.

XXXIV

Y de inmediato, el Señor Dios se enojó con nosotros, y me dijo: 'Has dejado atrás mi mandamiento y no has guardado mi palabra, confirmo mis palabras ante ti, que voy a traer sobre tu cuerpo, setenta golpes; dolores que te tendrán atormentado, que comienza en tu cabeza y tus ojos y tus oídos y van hasta las uñas de tus pies, y en cada parte por separado.' Esto Dios lo tiene designado para castigo. Todas estas cosas las envió el Señor a mí y a toda nuestra raza.»

XXXV

Así habló Adán a sus hijos, y le sobrevinieron violentos dolores, y él exclamó a gran voz,: «¿Qué debo hacer? Estoy en peligro. Son crueles los dolores que me aquejan.» Y cuando Eva lo vio llorando, ella también comenzó a llorar, y dijo: «Oh Señor mi Dios, entrégame su dolor, ya que yo también he pecado.» Y Eva le dice a Adán: «Mi Señor, dame una parte de tus dolores, porque la culpa también es mía.»

XXXVI

Y Adán dijo a Eva: «Levántate y ve con mi hijo Set a donde está el paraíso, y pónganse polvo en su cabeza y tírense sobre la tierra y eleven su lamento ante los ojos de Dios, Así tal vez Él tengan piedad de ustedes y envíe Su ángel al árbol de la misericordia donde florece el aceite de la vida, y les dé una gota para que yo sea ungido con ella, y pueda tener descanso de estos dolores, que me consumen.» Entonces Set y su madre fueron hacia las puertas del paraíso, y mientras caminaban, de repente vino una bestia y atacó a Set, mordiéndole. Y tan pronto como Eva la vio, ella lloró y dijo: «¡Ay, qué mujer tan desdichada soy! Estoy maldita ya que no he cumplido con el mandamiento de Dios.» Y Eva dijo a la bestia en voz alta: «¡Maldita bestia! ¿Cómo es que tú no temes levantarte en contra de la imagen de Dios? Y te has atrevido a pelear con él?»

XXXVIII

Entonces la bestia respondiendo en el idioma de los hombres, dijo: «¿Acaso no es contra ti, Eva, que nuestra malicia se dirige? ¿No eres acaso el objeto de nuestra ira? Dime, Eva, ¿cómo se abrió tu boca para comer de la fruta? Pero ahora si voy a comenzar a reprocharte y tú no has podido soportarlo.»

XXXIX

Entonces Set dijo a la bestia: «El Señor Dios te reprenda, te mantenga en silencio, que te enmudezca y cierre tu boca, maldito enemigo de la verdad, eres confusión y destructor. Apártate de la imagen de Dios hasta el día en que el Señor Dios te someta a la prueba.» Y la bestia dijo a Set: «Me voy de la presencia de la imagen de Dios, como has dicho.» Inmediatamente salió de la presencia de Set, dejándolo herido.

XL

Set y su madre siguieron el camino hacia las regiones del paraíso para conseguir el aceite de la misericordia que sirve para ungir a los enfermos y llevársela a Adán. Y llegaron a las puertas del paraíso. Entonces tomaron el polvo de la tierra y lo pusieron sobre sus cabezas, así mismo con sus rostros en tierra, comenzaron a lamentarse, implorando al Señor Dios, que tuviera lástima de Adán por sus dolores y enviara a su ángel para darles el aceite del árbol de su misericordia.

XLI

Después de haber implorado y rogado por muchas horas, he aquí, el ángel Miguel se les aparece y les dice: «Me ha enviado el Señor a ustedes y me ha establecido sobre los cuerpos de los hombres. Te digo a ti, Set , tú, hombre de Dios, no llores, ni reces, ni tomes en cuenta el aceite del árbol de la misericordia para ungir a tu padre Adán para los dolores de su cuerpo.

XLII

Porque su poder no ha de marchitarse en tus manos, salvo en los últimos días. Pues pasados y cumplidos cinco mil quinientos años, vendrá sobre la tierra el más amado, el rey Cristo, el Hijo de Dios, para revivir el cuerpo de Adán y con él para revivir los cuerpos de los muertos. Cuando Él mismo, el Hijo de Dios, venga, va a ser bautizado en el río Jordán, y cuando él tenga que salir del agua del Jordán, entonces Él ungirá con el aceite de la misericordia a todos los que crean en Él. Y el aceite de la misericordia tendrá una duración de una generación a otra, para todos aquellos que estén listos el nacer de nuevo, del agua y el Espíritu Santo, a la vida eterna. Entonces el más amado Hijo de Dios, Cristo, descenderá a la tierra y se llevará a tu padre Adán al Paraíso, para el árbol de la misericordia.

XLIII

Pero tú, Set, ve a tu padre Adán, pues el tiempo de su vida se ha cumplido. En seis días, su alma saldrá fuera de su cuerpo y cuando haya salido, verás grandes maravillas en el cielo y en la tierra y en las luminarias de los cielos.» Con estas palabras, Miguel desapareció y partió lejos de Set. Eva y Set volvieron, teniendo con ellos la fragancia de las hierbas, es decir, nardo, azafrán, cálamo y canela.

XLIV

Y cuando Set y su madre llegaron a donde Adán, le contaron lo que aconteció con la serpiente como esta atacó a Set. Y Adán dijo a Eva: «¿Qué has hecho? Una gran plaga has traído sobre nosotros, la transgresión y el pecado de todas nuestras generaciones, y esto que has hecho, dile a tus hijos después de mi muerte, para aquellos puedan salir adelante y sepan defenderse, además sepan el trabajo y la maldición que les ha venido por causa de nosotros.»  Cuando Eva escuchó estas palabras, ella comenzó a llorar y gemir.

XLV

Y así como el arcángel Miguel había predicho, pasados seis días vino la muerte de Adán. Cuando Adán presiente que la hora de su muerte estaba al alcance de la mano, le dijo a todos sus hijos: «He aquí, ya tengo novecientos treinta años, y cuando me muera, me deben enterrar a las afueras de la vivienda.» Y aconteció que cuando él había terminado todo su discurso, entregó su espíritu.

XLVI

Luego el sol se oscureció, igualmente la luna y las estrellas, durante siete días, y Set en su duelo, abrazó el cuerpo de su padre, y Eva estaba en el suelo con las manos dobladas sobre su cabeza, y todos sus hijos lloraron amargamente. Y he aquí, allí apareció el ángel Miguel y se puso a la cabeza de Adán y dijo a Set: «Levántate, deja el cuerpo de tu padre y ven aquí y mira lo que es la perdición y cómo afecta al Señor Dios. Su criatura es él, y su pequeño.» Y todos los ángeles volaron con sus trompetas, y exclamó:

XLVII

«Bendito eres tú, oh Señor, que has tenido piedad de tu criatura.»

 

XLVIII

Entonces Set vio la mano de Dios que se extendía hacia la celebración de Adán y él lo entregó a Miguel, diciendo: «Debe estar a tu cargo hasta el día del Juicio, hasta los últimos años cuando voy a convertir su dolor en alegría. Entonces él se sentará en el trono que tiene preparado.» Y el Señor dijo una vez más a los ángeles Miguel y Uriel: «Lleven ropa de lino para ponérsela a Adán y otra más para su hijo Abel y vayan a enterrarlos.» Y todos los poderes de los ángeles marcharon ante Adán, y el sueño de los muertos fue consagrado. Y los ángeles Uriel y Michael enterraron a Adán y a Abel en las partes del Paraíso, ante los ojos de Set y su madre y de nadie más, y Uriel y Michael dijeron: «Así como han visto hoy, de la misma manera, entierren a sus muertos.»

XLIX

Seis días después que murió Adán, Eva tuvo la percepción de que ella moriría también, así que reunió a todos sus hijos e hijas, Set con treinta hermanos y treinta hermanas, y Eva les dice a todos, «Escuchen, mis hijos lo que tengo que decirles, les contaré lo que el arcángel Miguel nos dijo cuando su padre transgredió el mandato de Dios. Por la transgresión de los hombres, nuestro Señor traerá la ira de su sentencia, en primer lugar por el agua y la segunda vez por el fuego; de estas dos formas, el Señor juzgará a toda la raza humana.

L

Pero escúchenme mis hijos. Hagan entonces unas tablas de piedra y otras de arcilla, y escriban sobre ellas, toda mi vida y la de su padre, todo lo que han oído y visto de nosotros. Si por el agua el Señor juzga nuestra raza, las tablas de arcilla serán disueltas y las tablas de piedra seguirán siendo, pero si por el fuego, las tablas de piedra se dividirán y las tablas de arcilla serán horneadas.» Cuando Eva había dicho todo esto a sus hijos, ella extendió sus manos al cielo en oración, y las rodillas dobladas en tierra, y mientras ella adoraba al Señor y le dio las gracias, expiró. De allí en adelante, todos sus hijos enterraban con gran lamento.

LI

Después de un duelo de cuatro días, Miguel Arcángel apareció y dijo a Set: «Hombre de Dios, no debes llorar a tu muerto más de seis días, pues el séptimo día es el signo de la resurrección y el resto de la edad que ha de venir; el séptimo día el Señor descansó de todas sus obras.»

Luego entonces, Set hizo las tablas de arcilla y piedra escribiendo la vidas de sus padres, Adán y Eva.

 

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