El Pastor de Hermas

Resumen1

[El titulo de este libro se debe a que fue escrito por Hermas, hermano de Pío, obispo de Roma; y a que el ángel que es el personaje principal se presenta con apariencia de pastor. Ireneo la cita como Escritura. Orígenes la considera una obra extremamente útil e inspirada por la divinidad; Eusebio opina que, a pesar de no ser juzgada canónica, se leía en público en las iglesias, lo cual queda corroborado por Jerónimo; y Atanasio la cita diciendo que es una obra muy interesante, y apunta que, aunque no era estrictamente canónica, los Padres la mandaban leer para dirección y confirmación de la fe y la piedad. Jerónimo, a pesar de eso, y de que la aplaudió en su catálogo de escritores, en sus comentarios posteriores sobre ella, la califica de apócrifa y de necedad. Tertuliano la elogió mientras era católico, y la despreció al convertirse al montañismo. Aunque Gelasio lo considera uno de los libros apócrifos, lo encontramos junto alguno de los manuscritos más antiguos del Nuevo Testamento; y el arzobispo Wake, pensando que es la obra auténtica de un padre apostólico, la ofrece al lector inglés mediante la presente traducción, en la que reproduce los libros, no sólo con total exactitud, sino con mayor pureza con la que aparecieron. El arzobispo contó con el Dr. Grabe para cotejar la antigua versión latina con un antiguo manuscrito, en la biblioteca Lambeth; y el propio prelado erudito la mejoró aún más a partir de una multitud de fragmentos del original griego, nunca antes utilizados para este propósito.]

Primer Libro de HERMAS, llamado sus VISIONES

VISIÓN I

1 Contra los pensamientos soberbios y obscenos, y la negligencia de Hermas para castigar a sus hijos.

EL que me crió vendió una joven sierva en Roma; a quien, muchos años después, al verla, reconocí y comencé a quererla como a una hermana. Y he aquí que algún tiempo después la vi lavando en el río Tíber; y le tendí la mano y la saqué del río.

2 Y al verla, me dije a mi mismo, Qué feliz sería si la tuviera como esposa, tanto por su belleza como por sus modales. Esto pensé para mí, y nada más. Pero poco después, mientras caminaba cavilando sobre ello, comencé a elogiar a esa criatura de Dios, pensando para mí lo noble y bella que era.

3 Y cuando hube caminado un tiempo. me dormí. Y el espíritu me atrapó y me llevó por un lugar a la derecha, por el que ningún hombre podía pasar. Era un lugar entre rocas, muy abrupto, por donde el agua no podía circular.

4 Cuando hube pasado ese lugar, llegué a una planicie; y allí, cayendo sobre mis rodillas, comencé a rezarle al señor y a confesar mis pecados.

5 Y mientras rezaba, se abrió el cielo, y vi a la mujer que había deseado, saludándome desde el cielo, y diciendo, ¡Saludos, Hermas! Y yo, mirándola, contesté, Señora, ¿qué haces aquí? Ella me respondió. Me han traído hasta aquí arriba para acusarte de Tus pecados ante el Señor.

6 Señora, dije yo, ¿me inculparás? No, contestó: pero escucha lo que voy a decirte. Dios, que habita en el cielo, y ha hecho todas las cosas de la nada, y las ha multiplicado por su santa iglesia, está enfadado contigo porque has pecado contra mí,

7 Y yo le respondí, diciendo, Señora, si he pecado contra ti, dime dónde, o en qué lugar, o cuándo pronuncio una palabra indecorosa o deshonesta contra ti.

8 ¿Acaso no te he considerado siempre una señora? ¿No te he reverenciado siempre como a una hermana? ¿Por qué concibes esas maldades contra mí?

9 Entonces ella, sonriendo, dijo: el deseo de comportarte mal ha surgido en tu corazón. ¿No te parece algo malo para un hombre justo albergar un deseo impío en su corazón?

10 Es en verdad un pecado, y muy grave, para él; pues un hombre justo piensa cosas justas. Y mientras así lo haga, y camine rectamente, el Señor en el cielo velará por él en todos sus asuntos.

11 Pero los que forjan pensamientos injustos en su corazón, se buscan la muerte y la cautividad; y especialmente los que aman este mundo y se glorían de sus riquezas y no tienen en cuenta todo lo bueno que ha de venir; sus almas vagan de un lado a otro y no saben dónde quedarse.

12 Este es el caso de los hipócritas, que no confían en el Señor y desprecian y descuidan su propia vida.

13 Pero rézale al Señor y él te curara de tus pecados y de los pecados de toda tu casa, y de todos sus santos.

14 En cuanto hubo pronunciado estas palabras, los cielos se cerraron, y yo me quedé totalmente embargado por la tristeza y el miedo; y me dije, si esto se presenta contra mí como pecado, ¿cómo me puedo salvar?

15 ¿O cómo me atreveré a rogarle al Señor por mis grandes pecados? ¿Con qué palabras le imploraré que tenga piedad de mí?

16 Y mientras pensaba en estas cosas, y meditando sobre ellas, he aquí que fue colocada frente a mi una silla de la lana más blanca, y como brillante la nieve,

17 Y apareció una anciana con unas vestiduras deslumbrantes que llevaba un libro en la mano, y se sentó sola, y me saludó, diciendo, ¡Saludos, Hermas! Y yo, entre pena y llanto, respondí, ¡Saludos, Señora!

18 Y ella me preguntó, ¿Por qué estás triste, Hermas, tú que solías ser paciente, y modesto y estabas siempre contento? Y yo contesté, diciendo, Señora, he recibido los reproches de una mujer excelente, que me culpa de haber pecado contra ella.

19 Respondió, Que no se dé algo como eso en el siervo de Dios. Aunque puede que haya surgido el deseo por ella en tu corazón. Pues en verdad ese pensamiento hace a los siervos de Dios culpables de pecado.

20 Ni debería darse tan detestable pensamiento en el siervo de Dios; ni debería el que ha sido purificado por el Espíritu desear el mal; pero en especial Hermas, que se contiene de todos los deseos malvados, y es pura sencillez e inocencia.

21 No obstante, el Señor no está tan enfadado contigo por ti, como por tu casa, que ha cometido injusticias contra el Señor y contra sus padres.

22 Y por el cariño que les tienes a tus hijos, no has reprendido a tu casa, sino que les has permitido vivir en el mal; por esta razón el Señor está enfadado contigo; pero rectificará todos los males que se cometen en tu casa- Pues por sus pecados e iniquidades te ves totalmente consumido en asuntos seglares.

23 La misericordia de Dios se ha apiadado de ti y de tu casa. y le ha consolado en gran medida. Y en cuanto a ti, no vagues, sé justo y consuela a tu casa,

24 Igual que el trabajador que saca adelante su trabajo lo ofrece a quien quiere; así tú, enseñando todos los días lo que es justo, acabarás con un grave pecado. Por tanto, no dejes de reprender a tus hijos, pues el Señor sabe que se arrepentirán con iodo su corazón, y serán inscritos en el libro de la vida,

25 Y cuando me hubo dicho esto, añadió; ¿Quieres escucharme mientras leo? Y yo respondí, Sí, Señora.

26 Escucha, entonces, dijo; y abriendo el libro leyó gloriosa, magnífica y maravillosamente cosas que no podía retener en la memoria. Pues eran palabras terribles, que ningún hombre podía resistir.

27 No obstante, memoricé sus ultimas palabras; pues eran tan sólo unas pocas, de gran utilidad para nosotros.

28 He aquí que el poderoso Señor, por su poder invisible, y con su excelente sabiduría creó el mundo, y por su gloriosa voluntad embelleció su creación, y con la palabra de su fuerza fijó el cielo, y basó la tierra sobre las aguas; y mediante su poderosa virtud estableció su Santa Iglesia, que ha bendecido,

29 He aquí que destruirá los cielos, y las montañas, las colinas y los mares; y todo será llano para sus elegidos; y les dará la promesa que ha convenido, con gran honor y alegría; si observan los preceptos de Dios, que han recibido con gran fe,

30 Y cuando hubo terminado de leer, se levantó de la silla; y he aquí que cuatro jóvenes vinieron y se llevaron la silla hacia el este.

31 Y ella me pidió que me acercara, y me tocó el pecho, y me dijo, ¿Te ha gustado mi lectura? A lo cual respondí, Señora, esto último me ha gustado; pero lo que precedía era duro y severo.

32 Ella me contestó, esto último era para los justos, en cambio lo anterior, para los rebeldes y pecadores.

33 Y mientras hablaba conmigo, aparecieron dos hombres, que la cogieron a hombros y se marcharon hacia el este, donde estaba la silla.

34 Y ella se fue con alegría; y mientras se marchaba, me dijo. Hermas, levanta el ánimo.

VISIÓN II

De nuevo, por su negligencia para corregir a su habladora esposa: y de sus lujuriosos hijos.

MIENTRAS iba de camino a Cuma, más o menos en la misma época en que había ido el año anterior, empecé a recordar la visión que había tenido. Y de nuevo me llevó el espíritu, al mismo lugar donde había estado el año anterior.

2 Y al llegar al sitio, caí de rodillas, y comencé a rezarle al Señor, y a glorificar su nombre, porque me había considerado digno, y me había manifestado mis antiguos pecados,

3 Y cuando me levanté de la plegaria, he aquí que vi frente a mí a la anciana que había visto el ano anterior, caminando y leyendo un libro.

4 ¿Puedes transmitirles esto a los elegidos de Dios? Y respondí, diciendo, Señora, no puedo retener tantas cosas en la memoria, pero dame el libro, y las escribiré.

5 Tómalo, me dijo, pero cuida de devolvérmelo.

6 En cuando me lo dio, me retiré al campo, y transcribí todas las letras, pues no encontré silabas.

7 Y en cuanto hube terminado lo que había escrito en el libro, éste me fue arrebatado de las manos, pero no vi por quién.

8 Después de quince días, en los que ayuné, y supliqué al Señor con toda sinceridad, me fue revelado el conocimiento de los escritos. El texto decía lo siguiente:

9 Tu descendencia, oh, Hermas, ha pecado contra el Señor, y ha traicionado a sus padres, por su gran maldad, Han sido llamados traidores de sus padres, pero ellos han continuado con su traición.

10 Y ahora han añadido la lascivia a sus otros pecados, y la corrupción a su mal comportamiento: así han llenado la medida de sus iniquidades. Reprende a tus hijos con estas palabras; y a tu esposa, que será tu hermana; para que aprenda a controlar la lengua, con la que calumnia,

11 Y cuando oiga estas cosas, se controlará, y obtendrá misericordia.

12 Y también serán instruidos cuando los hayas reprendido con estas palabras, que el Señor ha ordenado que te fueran reveladas.

13 Entonces les serán perdonados los pecados que han cometido hasta ahora, y los pecados de todos los santos que han pecado hasta el día de hoy; si se arrepienten de todo corazón y eliminan todas las dudas de él,

14 Pues el Señor ha jurado por su gloria respecto a sus elegidos, habiendo escogido este preciso momento, que si alguno peca ahora, no será salvado.

15 Pues la penitencia de los justos tiene su fin: los días de penitencia terminan para todos los santos: pero para los pecadores, existe penitencia hasta el último día,

16 Debes decir, por tanto a los que mandan sobre la iglesia; que dirijan sus caminos en la Justicia, y recibirán así gloriosamente la promesa.

17 Continúa así, tú que obras en la justicia, y sigue haciéndola, para que en tu partida te acompañen los santos ángeles.

18 Bienaventurado tú, y todos los que padecerán el gran juicio que está próximo, y todo el que no niegue su vida,

19 Pues el Señor ha jurado por su Hijo, que a todo aquel que niegue a su Hijo, y a él, temiendo por su vida, también él le negará en el mundo que ha de venir.

20 Pero con los que no lo nieguen, él, con su gran misericordia, será benévolo.

21 Pero tú, oh, Hermas, no recuerdes los males que han cometido tus hijos, ni desatiendas a tu hermana, sino cuida de que enmienden sus pecados anteriores.

22 Pues serán instruidos con esta doctrina, si no tienes presentes todos los males que han cometido.

23 Porque el recuerdo de las maldades lleva a la muerte, pero el olvidarlas, a la vida eterna.

24 Y tú, oh. Hermas, has sufrido muchos problemas mundanos por las ofensas de tu casa, porque los has descuidado. como algo que no te perteneciera; y estás dedicado por completo a este asunto.

25 No obstante, por eso serás salvado, porque no te has apartado de Dios viviente, y tu sencillez y singular sobriedad te protegerán, si continúas en ellas.

26 Sin duda, salvarán a todos los que así actúen, y caminen en la inocencia y la sencillez.

27 Los que así sean, prevalecerán ante toda impiedad, y continuarán hasta la vida eterna.

28 Felices aquellos que actúan con Justicia, pues no se consumirán para siempre.

29 Pero dirás, He aquí que se aproxima un gran juicio. Si te parece bien, niégale de nuevo.

30 El Señor está cerca de los que se vuelven hacia él, como está escrito en el libro de Eldad y Medad, que profetizaron al pueblo de Israel en el desierto.

31 Es más, hermanos, me lo reveló, mientras dormía, un joven, que me dijo, ¿Qué piensas de esa anciana de la que has recibido el libro, quién es? A lo cual respondí, una adivina.

32 Te equivocas, dijo él. Y pregunté, ¿Quién es entonces, señor? Y contestó, Es la iglesia de Dios.

33 A lo cual repliqué, ¿Por qué parece entonces una anciana? Porque es, de hecho, una anciana, pues ella fue la primera de toda la creación, y el mundo fue creado para ella.

34 Después de lo cual tuve una visión en mi propia casa, y la anciana que había visto se acercó a mí y me preguntó si ya había entregado su libro a los ancianos de la iglesia. Y respondí que no se lo había dado todavía.

35 Ella me dijo. Has hecho bien, pues tengo que decirte algunas palabras más. Y cuando haya terminado de decirte todas las palabras, los elegidos las entenderán con toda claridad.

36 Y escribirás dos libros, y les enviarás uno a Clemente y otro a Grapte. Pues Clemente lo enviará a las ciudades extranjeras, porque le está permitido hacerlo, y Grapte reprenderá a viudas y huérfanos.

37 Y tú deberás leerlos en esta ciudad junto con los ancianos de la iglesia.

VISIÓN III

De la construcción de la iglesia triunfal, y de los diversos tipos de réprobos.

LA visión que tuve, hermanos, fue esta.

2 Llevaba un tiempo ayunando y rezándole al Señor, para que me manifestará la revelación, que había prometido mostrarme por medio de la anciana; esa misma noche, se me apareció ella y me dijo:

3 Puesto que tanto te preocupa, y tan deseoso estás de conocerlo todo, ven al campo, donde quieras, y aproximadamente a la hora sexta, apareceré ante ti, y te mostraré lo que debes ver.

4 Y le pregunté lo siguiente: Señora, ¿en qué parte del campo? A lo que respondió, donde quieras, únicamente escoge un lugar bueno y privado. Y antes de que comenzara a hablar para decirle el lugar, me dijo: Iré adonde quieras.

5 Estaba, por tanto, hermanos, en el campo, y observé las horas y llegué al lugar donde la había citado.

6 Y vi allí un banco; era un almohadón de lino, y sobre él había una capa de lino fino,

7 Cuando vi estas cosas así dispuestas, y que no había nadie en aquel lugar, comencé a asustarme, y se me puso el vello de punta, y una especie de terror me sobrecogió; pues estaba solo.

8 Pero serenándome y recordando la gloria de Dios, y armándome de valor, caí sobre mis rodillas y comencé a confesar mis pecados como ya había hecho antes.

9 Y mientras así lo hacía, la anciana se me acercó con los seis Jóvenes que había visto y se colocó detrás de mí mientras yo rezaba, y me oyó rezar y confesar mis pecados al Señor.

10 Y tocándome, me dijo: No reces sólo por tus pecados; reza también por la justicia, para que recibas una parte de ella en tu casa.

11 Y me hizo levantarme de aquel lugar, me tomó de la mano, me llevó al asiento, y dijo a los jóvenes; id, y edificad.

12 En cuanto se hubieron marchado y nos quedamos solos, me dijo: siéntate aquí. A lo que respondí: Señora, que los mayores se sienten primero. Y replicó, Siéntate, como te pido.

13 Y me senté en el lado derecho, lo cual no me permitió, y me hizo una señal con la mano para que me sentara a la izquierda.

14 Y mientras pensaba, lleno de pena, por qué no me permitía sentarme a la derecha, me preguntó. Hermas, ¿por qué estás tan triste?

15 El lugar de la derecha es de los que ya han alcanzado a Dios, y que han sufrido por su nombre. Pero a ti aún te queda mucho para poder sentarte con ellos.

16 Sin embargo, continúa como hasta ahora en sinceridad, y te sentarás con ellos: igual que los que lleven a cabo sus obras, y soporten lo que han soportado.

17 Y yo le dije: Señora, Quisiera saber qué es eso que han sufrido. Escucha, entonces, contestó ella: fieras, azotes, encarcelamientos y cruces por su nombre.

18 Por esta razón les pertenece la derecha de la santidad, a ellos y a todos los que sufran por el nombre de Dios; y la izquierda pertenece al resto.

19 No obstante, los dones y las promesas pertenecen a todos, a los de la derecha, y a los de la izquierda; pero los que se sientan a la derecha tienen algo de gloria sobre los otros.

20 Tú estás deseoso de sentarte a la derecha con ellos, y sin embargo, muchos son tus defectos. Pero tus defectos serán purgados, igual que los que no dudan quedarán limpios de los pecados que hayan cometido hasta este día.

21 Y cuando hubo dicho esto, se iba a marchar.

22 Por lo que, cayendo ante sus pies, comencé a rogarle, por el Señor, que me mostrara la visión que había prometido.

23 Y me tomó de nuevo de la mano y me levantó, y me hizo sentarme en el banco, a la izquierda; y alzando una vara brillante, me dijo, ¿Ves eso tan grande? Respondí, Señora, no veo nada.

24 A lo cual replicó, ¿No ves frente a ti una gran torre, construida sobre el agua, con brillantes piedras cuadradas?

25 La torre estaba siendo construida sobre una plaza por los seis jóvenes que iban con ella.

26 Pero miles y miles de otros hombres portaban piedras; algunos las extraían de las profundidades, otros las portaban del suelo, y se las daban a los seis jóvenes.

27 Y en cuanto las piedras extraídas de las profundidades, las colocaban todas en el edificio; pues estaban pulidas, y sus ángulos se correspondían exactamente unos con otros, y así una se unía a la otra de modo que no quedaba ningún hueco visible donde se juntaban, y así parecía que la torre había sido construida con una sola piedra.

28 Pero en cuando a las otras piedras que sacaban de la tierra, algunas de ellas las rechazaban, otras las encajaban en el edificio.

29 Y las que eran rechazadas, algunas las partían y las lanzaban lejos de la torre; pero muchas otras quedaban alrededor de la torre y no las utilizaban,

30 Ya que algunas de éstas eran ásperas, otras tenían grietas, otras eran blancas y redondeadas, y no eran adecuadas para construir la torre.

31 Pero vi las otras piedras que lanzaban lejos de la torre y caían en el camino, pero no continuaban en él, sino que rodaban del camino a un lugar desierto.

32 Otras las vi caer en el fuego y quemarse; y otras caían junto al agua, pero no podían rodar hasta ella, pese a lo mucho que deseaban caer en el agua.

33 Y cuando me hubo mostrado estas cosas, se iba a marchar: pero le dije. Señora, ¿qué provecho tiene que vea estas cosas, si no entiendo su significado?

34 A lo cual me respondió, diciendo; Eres muy audaz, por querer saber todo lo relacionado con la torre. Si, contesté, para explicárselo a los hermanos, y que se alegren, y al escuchar estas cosas alaben a Dios gloriosamente.

35 Entonces replicó. Es cierto que muchos las escucharán, y cuando lo hayan hecho, algunos se alegrarán, y otros llorarán. E incluso éstos, si se arrepienten, también se alegrarán.

36 Escucha, por tanto, lo que te diré respecto a la parábola de la torre, y después de eso, deja de importunarme con la revelación.

37 Pues estas revelaciones tienen un fin, cuando se cumplen. Pero tú no dejas de pedir revelaciones, y eres muy insistente.

38 Y en cuanto a la torre que has visto construir, soy yo, es decir, la iglesia, que ha aparecido ante ti ahora y hasta este momento. Por tanto, pregunta lo que desees respecto a la torre, y yo te lo revelaré, y así te alegrarás con los santos.

39 Y le dije. Señora, puesto que me consideraste digno de recibir de ti la revelación de todas estas cosas, muéstramelas.

40 A lo cual me respondió, Lo que te pueda ser revelado, lo será: simplemente que tu corazón permanezca con el Señor, y no dudes nunca, veas lo que veas.

41 Le pregunté. Señora, ¿por qué está construida la torre sobre el agua? Y me respondió, Ya te dije antes que eras muy audaz al preguntar diligentemente sobre el edificio, por lo cual, encontrarás la verdad.

42 Escucha por qué la torre está construida sobre el agua: porque tu vida es, y será, salvada por el agua. Pues está cimentada por la palabra del nombre honorable y todopoderoso, y sostenida por el poder y la virtud invisibles de Dios.

43 Y yo, contestándole, le dije. Todo eso es admirable; pero, señora. ¿quiénes son esos seis hombres que la construyen?

44 Son, me respondió, los ángeles de Dios, los primeros elegidos, a quien el Señor ha entregado todas sus criaturas, para que las formen y las construyan, y para señorear sobre ellas, Y ellos serán los que terminen la construcción de la torre.

45 ¿Y quiénes son todos los demás, que les llevan piedras?

46 Son también los santos ángeles del Señor; pero los otros son más excelentes que estos. Por tanto, cuando la torre esté totalmente terminada, lo celebrarán todos unidos, junto a la torre, y glorificarán a Dios, porque la estructura de la torre estará acabada.

47 Y repliqué, diciendo. Me gustaría saber la apariencia de las piedras, y cuál es su significado.

48 Y ella me respondió, diciendo, ¿Eres mejor que todos los demás para que esto te sea revelado? Pues hay otros delante de ti, y mejores que tú, a quien deberían manifestarles estas visiones.

49 No obstante, que el nombre de Dios será glorificado, te ha sido, y te será revelado, por aquellos que dudan, y piensan en sus corazones si estas cosas son así o no.

50 Explícales que todas estas cosas son verdad, y que no hay nada en ellas que no lo sea; sino que están firme y verdaderamente establecidas.

51 Escucha ahora lo que te diré respecto a las piedras que hay en el edificio,

52 Las piedras cuadradas y blancas que coinciden perfectamente en las juntas son los apóstoles, obispos, doctores y ministros, que, por la misericordia de Dios. han llegado, y gobernado, y enseñado y dirigido santa y modestamente a los elegidos de Dios, tanto los que se han dormido, como los que permanecen; y han concordado siempre con ellos, y han gozado de paz entre ellos, y se han escuchado los unos a los otros.

53 Por lo que sus juntas se unen con exactitud al construir la torre,

54 Las que son extraídas de las profundidades y utilizadas en el edificio, son aquéllas cuyas aristas coinciden con las otras piedras que ya están colocadas en el edificio, son aquéllas que ya se han dormido y que han sufrido por el nombre del Señor.

55 ¿Y qué son las otras piedras que se sacan de la tierra, señora? Quisiera saber qué son.

56 Me respondió, Las que yacen en el suelo y no están pulidas, representan a aquellos que Dios ha purificado, porque han caminado en la ley del Señor, y dirigido sus caminos según sus preceptos.

57 Las que son llevadas y colocadas en el edificio, son los jóvenes en la fe y los fieles. Éstos son instados por los ángeles a hacer el bien para que no se encuentre iniquidad en ellos.

58 ¿Y quiénes son las rechazadas que yacen junto a la torre?

59 Son aquellos que han pecado y quieren alcanzar el arrepentimiento; por lo cual no los alejan de la torre, ya que serán útiles para el edificio, si se arrepienten.

60 Por tanto, ésos que han de arrepentirse aun. si se arrepienten, se tomarán fuertes en la fe; a saber, si se arrepienten ahora, mientras la torre está en construcción. Pues si el edificio se acaba. entonces no habrá lugar para ellos, y serán rechazados; porque sólo tiene este privilegio el que sea colocado ahora en la torre.

61 ¿Y quieres saber quiénes son los que parten y alejan de la torre? Señora, contesté, lo deseo.

62 Son los hijos de la iniquidad, que creían únicamente en la hipocresía y no se apartaron del mal camino; por lo cual no serán salvados, porque no son de ninguna utilidad en el edificio a causa de sus pecados.

63 Por tanto, son partidas y lanzadas lejos, por la ira del Señor, y porque ellos han provocado la ira del Señor contra ellos.

64 Y en cuanto a todas las demás piedras que has visto situadas alrededor de la torre, pero no en el edificio, las ásperas, son los que han conocido la verdad, pero no han permanecido en ella, ni se han unido a los santos, por lo cual no son aprovechables.

65 Las que tienen grietas, representan a los que albergan la discordia en sus corazones contra los demás, y no viven en paz; los que son amables cuando están con sus hermanos, pero en cuanto se separan, la maldad continúa en sus corazones: ésas son las grietas que se ven en las piedras.

66 Las cuarteadas y rolas representan a los que han creído, pero aún están, en gran medida, llenos de maldad: por esta razón están cuarteadas, y no completas.

67 ¿Y qué son las piedras blancas y redondas, señora, que no son adecuadas para construir la torre?

68 Ella me respondió, diciendo: ¿Hasta cuándo seguirás con esa necedad y sin entender, preguntándolo todo sin pensar nada?

69 Son los que, de hecho, tienen fe, pero poseen, sin embargo, las riquezas de este mundo. Y cuando surge cualquier problema por causa de sus riquezas y comercio, niegan al Señor.

70 Yo le respondí, diciendo, ¿Cuándo serán provechosos entonces para el Señor? Cuando se deshagan de las riquezas, contestó ella, en las que se deleitan, entonces podrá aprovecharlos el Señor para su edificio.

71 Y en cuanto a la piedra redonda, a menos que sea cortada y se extraiga algo de ella, no se puede hacer cuadrada, así, los que son ricos en este mundo, a menos que sus riquezas sean reducidas, no se pueden hacer provechosos para el Señor.

72 Obsérvalo en tu propia experiencia; cuando eras rico, no eras provechoso; pero ahora si lo eres, y adecuado para la vida que has emprendido; pero antes eras una de esas piedras.

73 En cuando al resto de piedras que viste que apartaban de la torre, y rodaban en el camino, y caían del camino hacia lugares desiertos, son aquellos que han creído, pero debido a sus dudas, han abandonado el camino verdadero, pensando que podían encontrar uno mejor. Pero ahora son desgraciados y vagan por caminos desolados,

74 Y respecto a las piedras que cayeron al fuego y se quemaron, representan a los que se han apartado para siempre del Dios viviente; y nunca llegará el arrepentimiento a sus corazones, debido al apego que tienen a sus deseos carnales y a las injusticias que cometen.

75 ¿Y todas las que cayeron junto al agua y no pudieron rodar hasta ella?

76 Son los que han oído la palabra y deseaban ser bautizados en nombre del Señor; pero considerando la gran virtud que precisa la verdad, se han retirado y han continuado con sus malos deseos.

77 Así terminó la explicación de la torre.

78 Pero yo, insistiendo, le pregunté. ¿se permite el arrepentimiento a todas esas piedras que han sido apartadas y no eran adecuadas para edificar la torre, y encontrarán un lugar en ella?

79 Puede que se arrepientan, contestó ella, pero no pueden entrar a esta torre; sin embargo encontrarán un lugar en un nivel mucho más bajo, eso, después de cumplir su penitencia, y completar los días de sus pecados.

80 Y por esta razón serán extraídas, porque han recibido la palabra de la justicia: y entonces serán trasladados de su penitencia, y tienen verdaderamente presente en sus corazones todo lo que han hecho mal.

81 Pero si no lo tienen presente en sus corazones, no serán salvados, a causa de su dureza.

82 Y cuando hube terminado de preguntarle respecto a todas estas cosas, me dijo, ¿Quieres ver algo más? Y deseoso de verlo, se reflejó la alegría en mi semblante.

83 Entonces ella, mirando hacia atrás, donde yo estaba, y con una ligera sonrisa me preguntó, ¿Ves las siete mujeres alrededor de la torre? Las veo, Señora, contesté.

84 Esta torre, dijo ella, la sostienen ellas, de acuerdo con los preceptos del señor: escucha, por tanto, sus efectos.

85 La primera de ellas, que la sujeta fuerte con su mano, se llama Fe, por ella se salvarán los elegidos. La siguiente, que está dispuesta y tiene apariencia masculina, se llama Abstinencia: es hija de la Fe,

86 Todo aquél que la siga será feliz toda su vida, porque se abstendrá de toda mala acción, en la creencia que si se contiene de toda concupiscencia, se convertirá en heredero de la vida eterna. ¿Y qué son las otras cinco, Señora?, pregunté.

87 Son, replicó, hijas unas de las otras. La primera de ellas se llama Sencillez; la siguiente Inocencia; la tercera Modestia; luego Disciplina; y la última de todas es la Caridad. Y cuando hayas completado las obras de su madre, serás capaz de hacer todas las demás.

88 Señora, dije yo, me gustaría saber qué virtud tiene cada una en particular.

89 Atiende, entonces; son virtudes iguales, y están entrelazadas, y siguen una a la otra tal como nacieron.

90 De la Fe procede la Abstinencia; de la Abstinencia, la Sencillez; de la Sencillez, la Inocencia; de la Inocencia, la Modestia; de la Modestia, la Disciplina y la Caridad. Por tanto, las obras de éstas son santas, castas, y buenas.

91 Así, todo el que las sirva, y se ciña a sus obras, tendrá su morada en la torre con los santos de Dios,

92 Entonces le pregunté respecto al tiempo, si el fin se aproximaba;

93 Pero elevó la voz y exclamó, ¡Oh, necio! ¿No ves que la torre está aún en construcción? Por tanto, cuando la torre esté acabada, y construida, tendrá un término; y de hecho, llegará pronto.

94 Pero no me preguntes nada más. Lo que se ha dicho debe bastarte a ti y a todos los santos para renovar vuestros espíritus. Pues estas cosas no te las he revelado sólo a ti, sino que has de hacerlas manifiestas a todos.

95 Por tanto, oh. Hermas, dentro de tres días entenderás las palabras que ahora te diré, y deberás decirlas al oído a los santos; para que cuando las hayan escuchado y obedecido, queden limpios de sus iniquidades, y tú con ellos.

96 ¡Escuchadme, por tanto, oh, hijos míos! Os he criado en la sencillez y la inocencia, y la modestia por el amor de Dios, que os ha concedido con justicia que seáis santificados y perdonados de todos vuestros pecados y maldades; pero no dejáis vuestras malas obras.

97 Ahora atendedme, y vivid en paz unos con otros, y visitaos unos a otros, y recibios unos a otros, y no disfrutéis de las criaturas de Dios solos.

98 Dad de buen grado a aquellos que lo necesitan. Pues algunos debido a una alimentación demasiado generosa contraen una enfermedad en la carne y hieren sus cuerpos; mientras que la carne de otros que no tienen comida, se debilita, puesto que carecen del alimento suficiente, y los cuerpos se consumen.

99 Por tanto, esta intemperancia es dañina para vosotros que tenéis y no compartís con los que carecen. Preparaos para el juicio que está a punto de caer sobre vosotros.

100 Vosotros que sois los más eminentes, buscad a los hambrientos, mientras la torre aun está en construcción. Pues cuando la torre esté acabada, querréis hacer el bien y no encontraréis lugar en ella.

101 Tened cuidado, por tanto, vosotros que os glorificáis en vuestras riquezas, no sea que los que carecen giman y sus quejidos lleguen hasta Dios, y vosotros os quedéis a las puertas de la torre.

102 He aquí que os advierto a vosotros que estáis sobre la iglesia, y amáis los asientos más altos, para que no seáis como los que hacen el mal.

103 Ellos, de hecho, llevan su veneno en cajas, pero vosotros contenéis el veneno y la infección en vuestros corazones, y no los purgaréis, y mezclaréis vuestro sentido con un corazón puro, para lograr la misericordia del Gran Rey.

104 Hacedme caso, hijos míos, y vuestras diferencias no os privarán de vuestra vida. ¿Cómo vais a instruir a los elegidos de Dios, si vosotros mismos necesitáis corrección? Por tanto, reprendeos unos a otros y vivid en paz, y yo, ante vuestro padre, daré cuenta de vosotros al Señor.

105 Y cuando hubo terminado de hablar conmigo, los seis jóvenes que construían el edificio vinieron y la llevaron a la torre; y otros cuatro tomaron el asiento en el que había reposado, y también se marcharon de nuevo hacia la torre. No les vi las caras, pues estaban de espaldas a mí.

106 Y cuando se marchaba, le pedí que me revelara todo lo que concernía a las tres formas en las que se me había aparecido.

107 Pero ella me respondió diciendo, respecto a eso debes preguntar a otro y te será revelado.

108 Puesto que en la primera visión del año anterior, hermanos, se me apareció con el aspecto de una persona muy anciana, sentada en una silla.

109 En otra visión, tenía una cara juvenil, pero su cuerpo y su pelo eran viejos; me habló de pie, y estaba más alegre que la primera vez.

110 En la tercera visión era, en todos los aspectos, mucho más joven, y bonita a la vista; únicamente tenía el cabello de una persona de edad
avanzada; y parecía alegre, y se sentó en un banco.

111 Estaba, por tanto, muy triste respecto a estas cosas, porque no comprendía la visión.

112 Y vi a la misma anciana en una visión aquella noche y me dijo, Toda plegaria necesita humildad. Ayuna, por tanto, y el Señor te mostrará lo que quieres saber. Y ayuné un día.

113 Esa misma noche se me apareció un joven, que me dijo, ¿Por qué razón pides revelaciones tan a menudo en tus plegarias? Hazme caso, preguntando muchas cosas, no castigas el cuerpo. Que esas revelaciones sean suficientes.

114 ¿Ves alguna revelación más notable que las que ya has recibido?

115 Yo le respondí, diciendo, Señor, únicamente pregunto respecto a las tres apariencias de la anciana que se ha presentado ante mí, y la revelación estará completa.

116 Él me respondió. No es que no lo entiendas, sino que tus dudas hacen que sea así; en tanto que no tienes el corazón con el Señor,

117 Y repliqué, diciendo, Pero tú nos lo enseñarás mejor.

118 Escucha, entonces, dijo él, lo que te contaré respecto a las apariencias que preguntas.

119 Para empezar, en la primera visión se te apareció con la imagen de una anciana sentada en una silla, porque tu viejo espíritu estaba deteriorado y sin fuerza, debido a tus enfermedades y a las dudas de tu corazón.

120 Pues, igual que los ancianos no tienen esperanzas de renovarse, ni esperan nada excepto su partida; tú, debilitado por tus asuntos mundanos, te diste a la pereza, y no elevaste tu petición al Señor: y tu entendimiento estaba confundido, envejeciste en tu tristeza.

121 Pero, señor, quisiera saber por qué se sentaba en una silla.

122 A lo cual respondió, porque todo et mundo que está débil se sienta en una silla a causa de su enfermedad, para conservar sus pocas fuerzas. He aquí, por tanto, la representación de la primera visión.

123 En la segunda visión la viste de pie, con una cara joven, y más alegre que en la anterior; pero su cuerpo y su pelo eran de anciana. Escucha también esta parábola, dijo él,

124 Cuando alguien envejece, pierde las esperanzas a causa de su enfermedad y pobreza, y no espera nada si no el último día de su vida.

125 Pero de pronto, recibe una herencia, y oye de ella, y se levanta; y más alegre, tiene fuerzas renovadas. Y ya no se sienta, sino que se queda de pie, libre de su pena anterior; y no se sienta, sino que actúa con valentía.

126 Igual que tú, que, habiendo recibido la Revelación de Dios, porque Dios tuvo compasión de ti y renovó tu espíritu, dejaste a un lado tus enfermedades y la fuerza volvió a ti, y te hiciste más fuerte en la fe; y Dios. al ver esa fuerza, se alegró.

127 Por esta razón te mostró la edificación de la torre, v te mostrará más cosas, si tienes paz en tu corazón hacia los demás.

128 Y en la tercera visión la viste aun más joven, clara y alegre, con una apariencia serena.

129 Pues si el que está triste recibe buenas noticias, se olvida inmediatamente de su tristeza, y no ve nada excepto las buenas noticias que ha oído, y en cuanto al resto, encuentra consuelo, y su espíritu queda renovado gracias a la alegría que ha percibido; igual que tú has sido renovado en tu espíritu al ver estas cosas buenas.

130 Y en cuanto a que la vieras sentada en un banco, denota una posición fuerte; porque un banco tiene cuatro patas y reposa con seguridad. Igual que el mundo mismo se sostiene en los cuatro elementos.

131 Por tanto, los que se arrepienten completamente, serán jóvenes; y los que se apartan de sus pecados con todo su corazón, serán reconocidos.

132 Ahora ya has completado la revelación, no pidas que te sea revelado nada más.

133 Y si algo te ha de ser revelado, se te hará manifiesto.

VISIÓN IV

Del juicio y la tribulación qué está a punto de caer sobre los hombres.

TUVE una visión, hermanos, veinte días antes de la anterior; una representación de la tribulación que se aproxima. Estaba andando por el camino en el campo,

2 Del camino público al lugar donde iba había unos diez estadios; es un camino muy poco frecuentado:

3 Y mientras caminaba solo, le rogué al Señor que me confirmara las revelaciones que me había mostrado a través de su santa Iglesia:

4 Y que concediera el arrepentimiento a todos los siervos que habían sido ofendidos, para que su gran y honorable nombre fuera glorificado, y porque me consideraba digno de mostrarme sus maravillas, y así le honraría y le daría las gracias.

5 Y he aquí que algo como una voz me respondió; No dudes. Hermas, Por lo que comencé a pensar y me dije, ¿por qué he de dudar, considerando que el Señor me ha escogido y he visto cosas tan gloriosas?

6 Había avanzado un poco más, hermanos, cuando he aquí que vi polvo elevarse al cielo. Y me dije, ¿se acerca una manada de ganado que levanta tanto polvo?

7 Estaba aproximadamente a un estadio de mí. Y he aquí que vi cómo el polvo se elevaba cada vez más, y comencé a sospechar que había algo extraordinario en aquello.

8 Y el sol resplandeció un poco: y de pronto vi una gran bestia, como una ballena; y fieras langostas salían de su boca. La bestia tenia aproximadamente cien pies de altura y la cabeza como una gran vasija de barro.

9 Me puse a llorar, y a rogarle al Señor que me salvara de ella. Entonces recordé las palabras que había oído: No dudes, Hermas.

10 Por tanto, hermanos, con una fe divina, y recordando quién me había mostrado grandes cosas, me entregué en cuerpo a la bestia.

11 Y la bestia se acercó de manera que podría haber devorado de una vez una ciudad.

12 Me acerqué a ella. y la bestia extendió toda su mole en el suelo, y no estiró nada, excepto la lengua, ni se movió hasta que hube pasado junto a ella.

13 La bestia tenía en la cabeza cuatro colores; primero negro, luego un color rojizo como de sangre, luego dorado y luego blanco.

14 Cuando hube pasado junto a ella, y había avanzado unos treinta pies, he aquí que me salió al paso una virgen, adornada como si acabara de salir de su cámara nupcial, toda de blanco, con un velo que le cubría la cara, y el pelo brillante.

15 Supe, por mis visiones anteriores que se trataba de la iglesia, e inmediatamente me puse más contento. Me saludó diciendo, ¡Saludos, oh, hombre!
Le devolví el saludo, diciendo. ¡Señora saludos!

16 Ella me respondió diciendo, ¿No te ha salido nada al paso, oh, hombre? Señora, me ha salido al paso una bestia que parecía capaz de devorar un pueblo entero; pero por el poder de Dios, y gracias a su notable misericordia. he escapado de ella, respondí,

17 Has escapado ileso de ella. Me dijo, porque entregaste toda tu preocupación a Dios, y le abriste tu corazón, creyendo que nadie más te podría salvar si no este gran y honorable hombre,

18 Por esta razón el Señor envió a su ángel, que está sobre la bestia, cuyo nombre es Hegrin. y retuvo su boca para que no te devorara. Te has librado de una gran desgracia gracias a tu fe, y porque no dudaste a pesar de la terrible bestia.

19 Ve. por tanto, y cuenta a los elegidos de Dios, las grandezas que ha hecho por ti. Y les dirás que esta bestia es la representación del juicio que ha de venir.

20 Si, por tanto, os habéis preparado, podréis escapar de él, si vuestro corazón es puro y sin mácula; y si servís a Dios el resto de vuestros días sin queja alguna.

21 Entregadle todas vuestras preocupaciones al Señor y él las dirigirá. Creed en Dios, vosotros que dudáis, porque él puede hacerlo todo; puede retirar su ira de vosotros y proporcionaros ayuda y seguridad.

22 Pobres de los que dudan, de los que oirán estas palabras y las despreciarán: porque sería mejor para ellos que no hubieran nacido.

23 Entonces le pregunté respecto a los cuatro colores que la bestia llevaba en la cabeza, Pero ella replicó, diciendo; De nuevo, eres curioso y preguntas sobre estas cosas, Y yo contesté. Señora, muéstrame qué son.

24 Escucha, dijo ella; El negro que viste simboliza el mundo en el que vives- El color como de fuego y sangre significa que esta era será destruida con fuego y sangre.

25 La parte dorada eres tú, que has escapado de ella. Pues igual que el oro se purifica con el mego y se hace aprovechable, del mismo modo eres purificado tú que vives entre los hombres de este mundo.

26 Así, los que resistan hasta el final y queden purificados, serán purgados. Y como el fuego, que por esta purificación, se limpia y pierde la escoria, también tú dejarás a un lado todo el dolor y los disturbios, y serás purificado para la construcción de la torre.

27 Y el color blanco simboliza el tiempo del mundo que ha de venir, en el que los elegidos de Dios vivirán: porque los elegidos de Dios serán puros e inmaculados hasta la vida eterna.

28 Por tanto, no dejes de decir estas cosas al oído de los santos. Aquí tienes la representación de la gran tribulación que está a punto de llegar, que, si tú quieres, no te supondrá nada. Recuerda, así, las cosas que te he dicho,

29 Cuando hubo dicho esto. se marchó; pero no vi adonde fue. De repente oí un ruido y me di la vuelta, con miedo, porque creí que la bestia venia hacia mí.

Segundo Libro de HERMAS, llamado sus MANDAMIENTOS

INTRODUCCIÓN

HABÍA rezado en casa y estaba sentado en la cama cuando se acercó a mí un hombre de aspecto venerable, con apariencia de pastor, vestido con un manto blanco, el zurrón a la espalda y el bastón en la mano, y me saludó.

2 Le devolví el saludo e inmediatamente se sentó a mi lado y me dijo. He sido enviado por el venerable mensajero para que viva contigo el resto de tus días.

3 Pero pensé que había venido a ponerme a prueba y le pregunté, ¿Quién eres? Pues yo sé a quién me debo. Y me contestó, ¿No me conoces? Respondí que no. Yo soy, dijo él, el pastor a cuyo cuidado has sido encomendado.

4 Y mientras hablaba, su forma cambió; y cuando vi que era aquél a quien me debía, sentí vergüenza, y un súbito miedo se apoderó de mí, y me vi totalmente sumido en la tristeza, por haberle hablado tan neciamente.

5 Pero él me dijo. No sientas vergüenza, recibe la fuerza en tu mente a través de los mandamientos que te voy a entregar. Pues, dijo, he sido enviado para mostrarte de nuevo todas esas cosas que ya has visto, especialmente aquéllas que te serán de más utilidad.

6 Antes que nada, escribe mis Mandamientos y Parábolas, el resto lo escribirás también a medida que te lo vaya mostrando. Así, te insto a escribir en primer lugar mis Mandamientos y Parábolas, que leyendo a menudo recordarás más fácilmente.

7 Con lo cual escribí sus Mandamientos y Parábolas, tal como me ordenó.

8 Los cuales, cuando los hayáis oído, debéis observar y caminar según os indiquen y ejercitaros en ellos con una mente pura, y recibiréis del Señor todo aquello que os ha prometido.

9 Pero si, habiéndolos escuchado, no os arrepentís, y seguís incrementando vuestros pecados, os castigará.

10 Todo esto me ordenó escribir el Pastor, el ángel del arrepentimiento.

MANDAMIENTO I

De creer en un solo Dios.

ANTES que nada, cree que existe un Dios que creó de la nada y dio forma a todas las cosas en un ser.

2 Comprende todas las cosas y es inmenso, y no puede ser comprendido por nadie,

3 No se puede definir con palabras, ni concebir con la mente.

4 Por tanto, cree en él y témelo; y temiéndolo, abstente de todo mal.

5 Recuerda esto y aleja de ti todo deseo carnal e iniquidad, y cúbrete de justicia, así vivirás para Dios, si obedeces este mandamiento.

MANDAMIENTO II

Que debernos evitar la difamación y dar limosna con sencillez.

ME dijo. Sé inocente y no simules; así serás como un niño que no conoce la malicia que destruye la vida del hombre.

2 Cuida especialmente de no injuriar a nadie, ni de escuchar voluntariamente cómo alguien injuria a otro.

3 Pues si no observas esto, tú que escuchas, serás partícipe del pecado del que injuria, por creer la calumnia, y también pecarás, por dar crédito al que injuria a tu hermano.

4 La difamación es perniciosa; un espíritu inconstante y malvado, que nunca está en paz, sino siempre en discordia. Guárdate, por tanto, de ella, y mantén siempre la paz con tu hermano.

5 Rodéate de una santa constancia, en la que no existe el pecado, sino que está llena de alegría; y haz el bien con tus obras.

6 Da sin distinción a todo el que lo necesite, sin tener en cuenta a quién das.

7 Y da a todos, porque Dios nos hace dar de sus propios dones. Por tanto, los que reciben darán cuenta a Dios tanto de dónde lo recibieron como con qué fin.

8 Y los que reciben sin verdadera necesidad rendirán cuentas por ello, pero el que da será inocente.

9 Pues habrá cumplido su deber como lo recibió de Dios; pues no escogió a quién dar y a quién no, y llevó a cabo este servicio con sencillez y para gloria de Dios.

10 Cumple, así, este mandamiento, como yo te lo he entregado; que tu arrepentimiento sea sincero y que el bien entre en tu casa; y guarda el corazón puro,

MANDAMIENTO III

De evitar la mentira y el arrepentimiento de Hermas por su falsedad.

ADEMÁS, me dijo, ama la verdad, y que todas las palabras que salgan de tu boca sean verdaderas.

2 Y así el espíritu que el Señor te ha dado para que viva en tu carne será considerado sincero por todos los hombres; y el Señor, que te ha entregado ese espíritu, será glorificado: porque Dios es sincero en todas sus palabras, en él no hay falsedad.

3 Por tanto, los que mienten, niegan al Señor, y se convierten en ladrones del Señor, al no entregarle lo que recibieron de él.

4 Pues recibieron el espíritu libre de mentiras: por tanto, si hacen de él un mentiroso, profanan lo que les fue otorgado por el Señor y se convierten en mentirosos,

5 Al oír esto, me puse a llorar amargamente; y cuando me vio llorando, me preguntó. ¿Por qué lloras? Porque dudo que me pueda salvar, respondí.

6 Y me preguntó, ¿Por qué? Y contesté, Porque, señor, nunca en mi vida he dicho una palabra sincera; sino que siempre he vivido en la falsedad, y he expresado una mentira como verdadera a todos los hombres. ¿Cómo puedo vivir, considerando que he actuado de ese modo?

7 Y él replicó. En verdad dices bien. Pues como siervo de Dios deberías haber caminado en la verdad, y no haber unido al espíritu de la verdad una mala conciencia, ni haber afligido al santo y verdadero espíritu de Dios.

8 A lo cual contesté, señor, nunca antes había escuchado estas cosas con tanta diligencia, Y respondió, Ahora las escuchas: Cuida de ahora en adelante que incluso aquellas cosas en las que habías mentido por tu trabajo, reciban, mediante la verdad actual, crédito.

9 Pues incluso esas cosas pueden recibir crédito, si en el futuro dices la verdad; haciendo lo cual, alcanzarás la vida.

10 Y todo el que escuche este mandamiento, y lo siga, y se aparte de toda mentira, vivirá en Dios.

MANDAMIENTO IV

De separarse de una mujer por adúltera.

ADEMÁS, dijo, te ordeno que te mantengas casto; y que no permitas que ningún pensamiento de matrimonio o fornicación entre en tu corazón: pues esos pensamientos suponen un grave pecado.

2 Sé siempre consciente del Señor, y así no pecarás. Pues si un pensamiento tan maligno como ése surgiera en tu corazón, serías culpable de un grave pecado; y los que así piensan siguen el camino de la muerte.

3 Cuídate, por tanto, y guárdate de ese pensamiento; pues cuando la castidad permanece en el corazón de un hombre justo. Jamás surgirá en él ningún pensamiento maligno.

4 Y le dije. Señor, permíteme decirte algo. Me pidió que continuara. Y dije. Señor, si un hombre que es fiel a Dios tiene una esposa y la sor prende cometiendo adulterio, ¿peca ese hombre si continúa viviendo con ella?

5 A lo cual me contestó. Mientras ignore el pecado de su mujer, no comete falta alguna viviendo con ella; pero si un hombre sabe que su esposa ha cometido una ofensa y no se arrepiente de su pecado, sino que continúa con su fornicación, y el hombre, no obstante, sigue viviendo con ella, se convierte en culpable del pecado de su esposa y partícipe de su adulterio.

6 Y le pregunté, ¿Qué se ha de hacer, entonces, si la mujer insiste en su pecado? Y contestó, Que su marido se separe de ella y continúe solo, Pero si se separa de su esposa y se casa cosa con otra, comete también adulterio.

7 Y dije, ¿Y qué ocurre si la mujer que ha dejado se arrepiente y desea volver con su marido, debe éste aceptarla? A lo cual respondió. Sí; y si su marido no la acepta, estará pecando y cometiendo una gran ofensa contra sí mismo; aunque debe recibir a la pecadora, si se arrepiente, pero no más de una vez.

8 Pues para los siervos de Dios no hay más que un arrepentimiento. Y por esa razón un hombre que se separa de su mujer no debe tomar a otra, ya que la primera podría arrepentirse.

9 Este acto es igual tamo para el hombre como para la mujer. Cometen adulterio no sólo los que corrompen su carne, sino también los que lo piensan. Por tanto, si una mujer persevera en cualquiera de estas cosas y no se arrepiente, sepárate de ella, y no vivas con ella, de otro modo serás participe de su pecado.

10 Pero es necesario que tanto el hombre como la mujer permanezcan solteros porque el otro consorte podría arrepentirse.

11 No pretendo propiciar con esto que se cometan estos actos; sino más bien que los que así han ofendido, no vuelvan a ofender.

12 Y a sus pecados anteriores. Dios, que tiene el poder de curar, dará remedio; pues él tiene el poder de todas las cosas.

13 Le pregunté de nuevo, diciendo, Puesto que el Señor me ha considerado digno de que vivas conmigo para siempre, dime algo más, porque no entiendo nada, y mi corazón se ha endurecido por tus palabras anteriores; y abre mi entendimiento, porque soy muy torpe, y no comprendo nada en absoluto,

14 Y él respondió diciendo, Yo soy el ministro del arrepentimiento, y doy comprensión a todo el que se arrepiente. ¿No te parece algo muy sabio el arrepentirse? Porque aquél que lo hace consigue así un gran entendimiento.

15 Pues es consciente de que ha pecado y hecho mal a los ojos del Señor, y se recuerda que ha cometido una ofensa, y se arrepiente y no vuelve a hacer el mal, sino que hace el bien y da una lección de humildad a su alma y la aflige, porque ha ofendido. Dale cuenta, por tanto, que el arrepentimiento supone una gran sabiduría,

16 Y le dije, Por esa razón, señor, te pregunto diligentemente todas las cosas, porque soy un pecador y quisiera saber qué debo hacer para vivir; pues muchos son mis pecados.

17 Y él me dijo, Vivirás si cumples mis mandamientos, Y todo aquél que escuche y cumpla estos mandamientos vivirá en Dios.

18 Y yo repliqué, he oído de boca de algunos maestros, que no hay otro arrepentimiento aparte del bautismo, cuando nos sumergimos en el agua y recibimos el perdón de nuestros pecados; y que después de eso no debemos pecar más, sino vivir en la pureza.

19 A lo cual me respondió, Te han informado correctamente. No obstante, considerando que te interesas diligentemente por todas las cosas, te explicaré también esto: pero no para dar ocasión de pecar a los que crean de aquí en adelante, o a los que ya creen en el Señor.

20 Pues ni los que acaban de creer, ni los que crean de ahora en adelante, recibirán el arrepentimiento de sus pecados, sino el perdón.

21 Pero en cuanto a los que han sido llamados a la fe, y han incurrido desde entonces en cualquier pecado grave, el Señor ha designado el arrepentimiento, porque Dios conoce los pensamientos de los corazones de todos los hombres, y sus enfermedades, y las múltiples vilezas del diablo, que idea continuamente algo contra los siervos de Dios y, maliciosamente, les tiende trampas.

22 Por tanto, nuestro Señor misericordioso tuvo compasión de su creación y designó ese arrepentimiento, y me dio el poder sobre él. Así, te digo, que si alguien después de esa gran y santa llamada está tentado por el diablo y peca, tiene un arrepentimiento. Pero si peca a menudo y se arrepiente no será de provecho; pues apenas vivirá en Dios,

23 Y le dije. Señor, He recuperado la vida al escuchar diligentemente estos mandamientos. Pues entiendo que si de ahora en adelante no incremento mis pecados, me salvaré,

24 Y respondió. Te salvarás: igual que lodos los demás, todos los que observen estos mandamientos,

25 Y de nuevo le dije. Señor, puesto que me escuchas pacientemente, muéstrame una cosa más. Dime qué es, dijo él.

26 Y le pregunté. Si un marido o una mujer muere y el consorte que sobrevive se casa de nuevo, ¿peca al hacerlo? El que se casa, dice, no peca, no obstante si permaneciera soltero se ganaría un gran honor ante et Señor.

27 Mantén, por tanto, la caridad y la modestia, y vivirás en Dios. Observa de ahora en adelante esto que te digo, y te mando observar, desde el momento en que te he sido entregado, y vivo en tu casa.

28 Así, tus pecados anteriores serán perdonados si observas mis mandamientos. Y del mismo modo serán perdonados todos los que observen estos mandamientos míos,

MANDAMIENTO V

De la tristeza del corazón y de paciencia.

SÉ paciente, dice él, y resignado, así tendrás domino sobre todas las malas obras, y actuarás con toda justicia.

2 Pues si eres paciente, el Espíritu Santo que vive en ti será puro y ningún mal espíritu lo oscurecerá; sino que lleno de alegría se engrandecerá y se regocijará en el cuerpo en el que vive, y servirá al Señor con alegría y en gran paz.

3 Pero si la ira te sobrepasa, inmediatamente el Espíritu Santo que hay en ti, se estirará y tratará de salir de ti,

4 Pues estará ahogado por el mal espíritu, y no tendrá libertad para servir al Señor como quisiera, pues estará afligido por la ira. Por tanto, que estos espíritus vivan juntos es destructivo para el hombre.

5 Igual que si alguien cogiera un poco de ajenjo y lo introdujera en un tarro de miel, toda la miel se estropearía; pues una gran cantidad de miel se corrompe con muy poco ajenjo, y la miel pierde su dulzor, y deja de ser aceptable para su Señor, porque toda ella se hace amarga y pierde su utilidad.

6 Aunque si no se añade ajenjo a la miel, sigue siendo dulce y provechosa para su Señor. Así es la tolerancia más dulce que la miel, y provechosa para el Señor que vive en ella.

7 Pero la ira no es provechosa. Por tanto, si la ira se mezcla con la tolerancia, el alma se aflige, y su plegaria no es provechosa con Dios.

8 Y le dije. Señor, Me gustaría saber lo pecaminoso de la ira, para guardarme de ella. Y me contestó. Lo sabrás; y si no te guardas de ella, perderás tu esperanza con toda tu casa. Por tanto, aléjate de ella,

9 Pues yo, el mensajero de la justicia estoy contigo; y todo el que se aleje de ella, y todos los que se arrepientan con el corazón, vivirán en Dios; y yo estaré con ellos, y los protegeré.

10 Pues todos los que se han arrepentido han sido justificados por el santísimo mensajero, que es un ministro de la salvación,

11 Y ahora, dice él. escucha cuál es la maldad de la ira; cuan nociva y agraviante es, y cómo vence a los siervos de Dios; aunque no puede herir a los que están llenos de fe porque el poder de Dios está con ellos; vence a los que dudan y a los que carecen de fe.

12 Pues en cuanto ve a estos hombres, se introduce en sus corazones; y así cualquier hombre o mujer siente amargura por nada, por las cosas de la vida, o por el sustento, o por una palabra vana, si cae en ella; o por causa de un amigo, o por una deuda, o por cualquier otra cosa superfina parecida.

13 Porque estas cosas son necias y superfinas, y vanas para los siervos de Dios. Pero la ecuanimidad es fuerte y contundente; y de gran poder, y tiene una gran tuerza; es alegre, se regocija en la paz; y glorifica a Dios siempre apaciblemente.

14 Y esta resignación vive con los que están llenos de fe. Pero la ira es necia, y ligera y vacía. La amargura se alimenta de la insensatez; de la amargura, la ira; de la ira, la furia. Y esa furia que surge de muchos principios malignos obra un pecado grande e incurable.

15 Pues cuando todas esas cosas están en el mismo hombre en el que el Espíritu Santo habita, el recipiente no puede contenerlas, y rebosa: y como el Espíritu al ser delicado no puede mancharse con el malo; se marcha y vive con el que es apacible.

16 Por tanto, cuando se marcha del hombre en quien vive; ese hombre queda desposeído del Espíritu Santo y más tarde se llena de malos espíritus, cegado por malos pensamientos. Eso les ocurre a todos los hombres airados,

17 Por tanto, apártate de la ira y envuélvete de ecuanimidad, y resiste la cólera; asi te encontrará Dios con modestia y castidad. Cuida bien, por tanto, de no faltar a este mandamiento.

18 Pues si obedeces este mandamiento podrás observar también el resto de mandamientos, que te ordenaré.

19 Por tanto, fortalécete en estos mandamientos, para que puedas vivir en Dios. Y todo aquel que observe estos mandamientos vivirá en Dios.

MANDAMIENTO VI

Que todos los hombres tienen dos ángeles, y de las sugerencias de ambos.

TE he encomendado, dijo él, en mis primeros mandamientos, que conservaras fe y temor, y arrepentimiento. Sí, Señor, dije yo.

2 Continuó: Ahora te mostraré las virtudes de estos mandamientos, para que conozcas sus efectos; cómo se prescriben a los justos y a los injustos.

3 Cree, por tanto, a los justos, y no des crédito a los injustos. Pues los justos siguen el buen camino, y sin embargo la injusticia, el malo,

4 Sigue, así, el buen camino, y deja el malo. Pues el mal camino no tiene un buen final, sino muchos escollos; es escabroso y está lleno de espinas, y conduce a la destrucción; y es perjudicial para todo el que camina por él.

5 Pero los lo hacen por el buen camino, caminan con serenidad, y sin ofensa; pues no es escabroso ni espinoso,

6 Ves, por tanto, que es mejor caminar en este camino. Por ahí debes ir dice él, y todos los demás, todos los que crean en Dios con todo el corazón deben ir por él.

7 Y ahora, dice; comprende, en primer lugar, todo lo que pertenece a la fe. Hay dos ángeles con el hombre; uno de la justicia, el otro de la iniquidad,

8 Y yo le dije: Señor, ¿Cómo reconoceré que están esos dos ángeles con el hombre? Escucha, dice él, y entiende.

9 El ángel de la justicia es afable y modesto, y amable y tranquilo. Así, cuando entra en tu corazón, te habla inmediatamente de justicia, de modestia, de castidad, de generosidad, de perdón, de caridad y de piedad.

10 Si todas esas cosas entran en tu corazón, entonces sabrás que el ángel de la justicia está contigo. Por tanto, escucha a este ángel y sus acciones.

11 Aprende también las acciones del ángel de la iniquidad. Es antes que nada, amargo, y furioso, y necio; y sus acciones son perniciosas, y derrocan a los siervos de Dios. Así, si todas estas cosas entran en tu corazón; sabrás, por sus acciones, que es el ángel de la iniquidad.

12 Y le dije, Señor, ¿cómo puedo entender estas cosas? Escucha, dice él, y comprende. Si la ira o la amargura te superan, sabrás que él está en ti;

13 Y también si el deseo de muchas cosas, y de las mejores carnes y de la embriaguez; si el amor de lo que pertenece a otro, y el orgullo y el parloteo y la ambición y este tipo de cosas, entran en ti.

14 Por tanto, si todo esto surge en tu corazón, sabrás que el ángel de la iniquidad está contigo. Así, puesto que conoces sus acciones, aléjate de todas ellas y no le creas: porque sus acciones son malas, y no son propias de los siervos de Dios.

15 Aquí, por tanto, tienes las acciones de estos dos ángeles. Comprende y cree al ángel de la justicia, porque su instrucción es buena.

16 Nadie será más feliz; aunque si los pensamientos del otro ángel surgen en el corazón de una persona, ese hombre o mujer deberá pecar por fuerza,

17 Pero que un hombre o mujer no sea nunca tan malvado, si las acciones del ángel de la justicia entran en su corazón, ese hombre o esa mujer deberá por fuerza hacer el bien.

18 Ves, por tanto, que es bueno seguir al ángel de la justicia. Así, si lo sigues y te sometes a sus acciones, vivirás en Dios. Y todos los que se sometan a sus acciones, vivirán también en Dios.

MANDAMIENTO VII

Que debemos temer a Dios, pero no al Demonio.

TEME a Dios, dice él, y cumple sus mandamientos. Porque si cumples sus mandamientos serás poderoso en todas tus acciones, y tus obras serán excelentes. Pues al temer a Dios, harás todas las cosas bien.

2 Este es el temor que debe afectarte para que seas salvado. Pero no temas al demonio: porque si temes al Señor, tendrás el dominio sobre él; pues no tiene poder.

3 Y así, si no tiene poder, tampoco hay por qué temerlo. Pero aquél que tiene un poder excelente, ése ha de ser temido: porque hay que temer a todo el que tenga poder, Pero el que no lo tiene, es despreciado por todo el mundo.

4 Teme las acciones del demonio, porque son malignas, Y temiendo al Señor, temerás y no llevarás a cabo las acciones del demonio, sino que te guardarás de ellas.

5 Existe, por tamo. un temor doble; si no quieres hacer el mal, teme al Señor y no lo harás. Pero si quieres hacer el bien, el temor del Señor es fuerte, y grande, y glorioso.

6 Así, teme al Señor y vivirás: y todo el que lo tema y cumpla sus mandamientos, tiene la vida con el Señor. Pero los que no los cumplan, no tienen vida en ellos.

MANDAMIENTO VIII

Que debemos huir del mal y hacer el bien.

TE he enseñado, dijo, que existen dos clases de criaturas del Señor, y que hay una doble abstinencia. Por tanto, de algunas cosas debes abstenerte, de otras no.

2 A lo cual respondí. Muéstrame, señor, de qué debo abstenerme, y de qué no. Escucha, dijo él. Guárdate del mal, y no lo cometas; pero no te abstengas del bien, sino hazlo. Pues si te abstienes de lo que es bueno y no lo haces, estarás pecando. Abstente, por tanto, de todo mal, y conocerás toda la justicia.

3 Y pregunté. ¿Cuáles son las cosas malas de las que debo abstenerme? Atiende, dijo él: del adulterio, la embriaguez, de los disturbios, de los excesos en el comer, de los remilgos, de la falsedad, de la soberbia, las estafas, las mentiras, las calumnias, de la hipocresía, del rencor y de toda injuria.

4 Pues ésas son las obras de la iniquidad, de las que el siervo de Dios debe abstenerse. Pues el que no es capaz de guardarse de estas cosas, no puede vivir en Dios,

5 Pero escucha, continuó él. las que siguen a éstas: pues en realidad hay muchas más cosas de las que el siervo de Dios debe abstenerse. Del robo, y la estafa; del falso testimonio, de la codicia, de la jactancia y de todas las cosas de la misma naturaleza.

6 ¿Te parece que son estas cosas malas o no? De hecho, son malas para los siervos de Dios. Por tanto, los siervos de Dios deben abstenerse de todas estas acciones.

7 Guárdate, por tanto, de ellas, para vivir en Dios, y ser inscrito entre los que se abstienen de ellas. Te he mostrado ya de qué debes abstenerte: escucha ahora de qué no te debes abstener.

8 No te abstengas de ninguna buena obra, hazlas. Escucha, dice él, cuál es la virtud de esas obras que debes hacer, para que seas salvado. La primera de todas es la fe; después, el temor del Señor; la caridad; la concordia; la justicia; la verdad; la paciencia; la castidad.

9 Nada hay mejor que estas cosas en la vida del hombre; quien las guarde y las cumpla en su vida. Escucha ahora las que siguen a éstas.

10 Cuidar de las viudas; no despreciar a los huérfanos de padre ni a los poderes; redimir a los siervos del Señor de la necesidad; ser hospitalario; (pues la hospitalidad conlleva en ocasiones grandes frutos) no ser polémico, sino tranquilo.

11 Ser humilde por encima de todos: reverenciar a los ancianos; trabajar para ser justo; respetar la hermandad: resistir las ofensas; ser resignado; no apartar a los que han caído de la fe, sino convertirlos, y levantarles el ánimo; reprender a los pecadores; no oprimir a nuestros deudores: y demás cosas como éstas,

12 ¿Te parece que son estas cosas buenas o no? Y yo dije, ¿Qué puede haber mejor que esas palabras? Vive entonces, replico él, en estos mandamientos, y no te apartes de ellos. Pues si cumples todos estos mandamientos, vivirás en Dios. Y todos los que cumplan estos mandamientos vivirán en Dios.

MANDAMIENTO IX

Que debemos pedir a Dios todos los días; y sin dudar.

TAMBIÉN me dijo; elimina de ti toda duda; y no cuestiones nada en absoluto cuando pidas cualquier cosa al Señor; di para ti mismo: ¿cómo puedo pedir nada al Señor y recibirlo, si tanto he pecado contra él?

2 No pienses así, vuélvete hacia el Señor con todo el corazón y pídele sin dudar; y conocerás la misericordia del Señor; y verás que no te abandonará, sino que cumplirá la solicitud de tu alma.

3 Pues Dios no es como los hombres, rencoroso con las ofensas que ha recibido; sino que las perdona y tiene piedad de su creación.

4 Por tanto, purifica tu corazón de todos los vicios de este mundo; y observa los mandamientos que te he entregado de parte del Señor; y recibirás todas las cosas buenas que pidas, y nada te faltará de todas tus peticiones; si te diriges al Señor sin dudar.

5 Pero los que no lo hagan así, no obtendrán ninguna de las cosas que pidan. Pues los que están plenos con la fe piden todas las cosas con confianza, y reciben del Señor, porque piden sin dudar. Pero el que duda, difícilmente vivirá en Dios, a menos que se arrepienta.

6 Por tanto, purifica tu corazón de las dudas, y llénalo de fe y confía en Dios, y recibirás todo lo que pidas. Pero si ocurriera que pidieras algo y no lo recibieras (inmediatamente), no dudes por eso, porque no hayas recibido de inmediato la petición de tu alma.

7 Pues puede que no la hayas recibido de inmediato para purificarte, o a causa de algún pecado del que no eres consciente, No dejes de pedir, y recibirás. Pero si dejas de pedir, deberás protestarte a ti mismo, y no a Dios, porque no te haya concedido lo que deseabas.

8 Piensa, por tanto en estas dudas, qué crueles y perniciosas son; y cómo arrancan completamente gran parte de la fe de los que eran fieles y firmes. Pues la duda es la hija del demonio y obra malvadamente en los siervos de Dios.

9 Despréciala, por tanto, y mandarás sobre ella en todas las ocasiones. Cúbrete de una fe firme y poderosa: pues la fe promete todas las cosas y cumple todas las cosas. Pero la duda no creerá que puede obtener nada, de todo lo que puede.

10 Ves, por tanto, dice él, cómo la fe proviene de arriba, de Dios; y tiene un gran poder. Pero la duda es un espíritu terrenal y procede del demonio y no tiene fuerza.

11 Guarda, por tanto, la virtud de la fe, y apártate de la duda, en la que no hay virtud alguna, y vivirás en Dios, Y todos aquellos que cumplan estas cosas vivirán en Dios.

MANDAMIENTO X

De la tristeza del corazón, y que debemos tener cuidado de no entristecer al espíritu de Dios que hay en nosotros.

ALEJA toda tristeza de ti; pues es la hermana de la duda y de la ira. ¿Cómo, señor, pregunté, es hermana de ellas? Pues la tristeza, la ira y la duda me parecen muy diferentes la una de la otra.

2 A lo cual respondió: ¿Acaso no tienes sentido común, que no lo entiendes? Pues la tristeza es el más maligno de los espíritus; y el peor para los siervos de Dios: Destruye los espíritus de todos los hombres, y tortura al Espíritu Santo, y también salva.

3 Señor, dije yo, soy un necio, y no entiendo estas cosas. No comprendo cómo puede torturar, y aún así, salvar. Escucha, replicó, y entenderás. Los que nunca han buscado la verdad, ni preguntado respecto a la majestad de Dios, sino que únicamente han creído, están relacionados con los infieles.

4 Y existe aún otro profeta mentiroso que destruye las mentes de los siervos de Dios; a saber, de los que dudan, no de los que confían plenamente en el Señor, Y las personas que dudan se dirigen a él como a un espíritu divino y le preguntan qué les ocurrirá.

5 Y este profeta mentiroso, sin tener en él poder alguno del Espíritu divino, responde a sus demandas, y les llena el alma con las promesas que desean. No obstante ese profeta es vano, y da respuestas vanas a los que son vanos.

6 Y a todo lo que le preguntan hombres vanos, responde vanamente. Aunque dice algunas cosas verdaderas, Pues el demonio le llena de su espíritu para que derroque a algunos de los justos.

7 Así, lodos los que son fuertes en la fe del Señor y se han llenado de la verdad; no se acercan a esos espíritus, sino que se alejan de ellos. Pero los que dudan, y se arrepienten a menudo, como los infieles, los consultan, cometiendo así un gran pecado al servir a ídolos.

8 Todos estos, por tanto, preguntan por ellos en todas tas ocasiones; adoran a ídolos; son necios y carecen de la vedad.

9 Pues a los espíritus que Dios ha dado no es necesario preguntarles; porque teniendo el poder de la divinidad, lo cuentan todo por ellos mismos; puesto que proceden de arriba, del poder de Dios.

10 Pero el que, al ser preguntado, responde según los deseos de los hombres, y respecto a muchos otros asuntos de este mundo, no comprende lo relacionado con Dios. Y esos espíritus están nublados por esos asuntos, y corruptos y rotos.

11 Como las vides, si son descuidadas, se ven ahogadas por las malas hierbas y los espinos, que al final las matan; igual ocurre con los hombres que creen a esos espíritus.

12 Caen en muchas acciones y asuntos sin sentido, y cuando piensan en cosas pertenecientes a Dios, no comprenden nada en absoluto: y si en algún momento oyen por casualidad cualquier cosa respecto al Señor, tienen el pensamiento en sus negocios.

13 Sin embargo los que tienen el temor del Señor, y buscan la verdad respecto a Dios, pues tienen todos sus pensamientos dirigidos al Señor; perciben todo lo que se les dice, y lo comprenden enseguida, porque tienen el temor del Señor en ellos.

14 Pues donde el espíritu del Señor habita, hay también mucho entendimiento añadido. Por tanto, únete al Señor, y entenderás todas las cosas.

15 Escucha ahora, oh, insensato, cómo la tristeza martiriza al Espíritu Santo, y cómo salva. Cuando un hombre que duda está envuelto en cualquier asunto y no lo termina a causa de sus dudas, la tristeza se apodera de él y aflige el Espíritu Santo y lo entristece.

16 También, cuando la ira sobrepasa a un hombre por cualquier asunto, queda muy afectado; y entonces entra también la tristeza en el corazón del que está afectado por la ira, y preocupada por lo que ha hecho, se arrepiente, porque ha obrado mal.

17 Esta tristeza, por tanto, parece llevar a la salvación, porque se arrepiente de sus malas acciones. Pero todo lo demás, a saber, la duda y la tristeza, como antes hemos dicho, desconciertan al espíritu: la duda, porque su obra no salió adelante; y la tristeza, porque irritó al Espíritu Santo.

18 Elimina de ti, por tanto, la tristeza, y no aflijas al Espíritu Santo que vive en ti, no sea que niegue a Dios y se vaya de ti. Pues el espíritu del Señor que éste da para vivir en la carne, no soporta esa tristeza.

19 Por tanto, vístete de alegría, que siempre es buena a los ojos del Señor, y te regocijarás en ella. Pues todo hombre alegre hace bien; y gusta de las cosas que son buenas, y desprecia la tristeza.

20 Pero el hombre triste hace siempre mal. Primero, hace mal, porque entristece al Espíritu Santo que es entregado al hombre, de naturaleza alegre. Y también hace mal, porque reza con tristeza al Señor, y no reconoce ante él con agradecimiento la misericordia anterior, y no obtiene de Dios lo que pide.

21 Pues la plegaria de un hombre triste no siempre tiene el poder de llegar al altar de Dios. Y yo le dije, Señor, ¿por qué no tiene la plegaria de un hombre triste la virtud de llegar hasta el altar de Dios? Porque, alijo él, la tristeza permanece en su corazón.

22 Así, si la plegaria de un hombre está acompañada de tristeza, no permitirá que sus peticiones asciendan puras hasta el altar de Dios. Pues igual que el vino cuando se mezcla con vinagre no tiene la dulzura de antes; la tristeza, mezclada con el Espíritu Santo, hace que la plegaria de un hombre no sea igual que sería sin ella.

23 Por tanto, límpiate de la tristeza, que es mala, y vivirás en Dios. Y todos los que dejen a un lado la tristeza y se cubran de alegría vivirán también en Dios.

MANDAMIENTO XI

Que los espíritus y profetas serán juzgados por sus obras; y de un doble espíritu.

ME mostró unos hombres sentados en bancos, y uno sentado en una silla: y me dijo, ¿ves a los que están sentados en los bancos? Señor, contesté, los veo. Replicó, Son los fíeles; y el que está sentado en la silla es un espíritu terrenal.

2 Pues no entra en la asamblea de los fieles, sino que la evita. Y se une a los indecisos y vacíos; y profetiza para ellos en las esquinas y lugares ocultos; y les complace hablando según los deseos de sus corazones.

3 Y colocándose entre recipientes vacíos, no se rompe, sino que uno encaja con el otro. Pero cuando está en compañía de hombres Justos, llenos del espíritu de Dios, que ruegan al Señor; ése hombre se vacía porque el espíritu terrenal huye de él, y queda mudo, y no puede decir ni una palabra.

4 Igual que si en una bodega colmas los recipientes de vino o aceite; y entre éstos, colocas una jarra vacía; y después la abres, y la encuentras vacía como la dejaste: así esos profetas vacíos, cuando se encuentran entre los espíritus de los justos, están igual que vinieron.

5 Y pregunté ¿Cómo puede un hombre, entonces, distinguirlos? Piensa lo que te voy a decir respecto a los dos tipos de hombres; y mientras te hablo distinguirás el profeta de Dios del falso profeta.

6 Y primero reconoce al hombre que tiene el espíritu de Dios; porque el espíritu que procede de arriba es humilde y tranquilo; y huye de toda maldad; y de los deseos vanos de este mundo; y se hace más humilde que todos los hombres; y no responde a nadie cuando le preguntan; ni a cada uno por separado: porque el Espíritu de Dios no habla con un hombre cuando éste quiere, sino cuando le complace a Dios.

7 Por tanto si un hombre que tiene el Espíritu de Dios entra en la iglesia de los justos, que tienen la fe de Dios, y ruegan al Señor; entonces el santo ángel de Dios llena a ese hombre con el Espíritu bendito, y habla en la congregación como impulsado por Dios,

8 Así, por tanto, se reconoce el espíritu de Dios, porque todo el que habla por el Espíritu de Dios, habla como el Señor quiere.

9 Escucha ahora respecto al espíritu terrenal, que es necio y está vacío y sin virtud. Primero, el hombre que se supone que tiene el Espirito, (lo tenga o no realmente en él), se ensalza a sí mismo, y pide tener el primer asiento, y es malvado, y lleno de palabras.

10 Y pasa el tiempo con placeres y con todo tipo de voluptuosidades; y recibe una recompensa de su divinidad; si no recibe la cual, no se diviniza.

11 ¿Debería el Espíritu de Dios recibir una recompensa y divinizarse? No es propio de un profeta de Dios hacer eso,

12 Así, ves la vida de cada uno de estos tipos de profetas. Por tanto, juzga por su vida y sus obras al hombre que afirma que tiene el Espíritu Santo. Y cree al Espíritu que procede de Dios, y tiene poder como tal. Y no creas al espíritu terrenal y vacío, que pertenece al demonio, en el cual no hay fe ni virtud.

13 Escucha la parábola que ahora te contaré. Coge una piedra y lánzala hacia el cielo; o toma un chorro de agua y súbelo hacia allá; a ver si puedes llegar al cielo.

14 Señor, dije yo, ¿cómo voy a conseguirlo? Pues nada de lo que has mencionado es posible. A lo cual me respondió, Por tanto, del mismo modo que estas cosas no se pueden hacer, carece el espíritu terrenal de virtud y de efecto.

15 Comprenderás aún mejor el poder que viene de arriba con esta parábola. Las piedras de granizo que caen son extremamente pequeñas; y a pesar de eso, cuando caen sobre la cabeza de un hombre ¿cuánto dolor le causan?

16 Y también; piensa en las goteras de una casa: cómo las pequeñas gotas que caen al suelo forman un hueco en las piedras.

17 Asimismo, las cosas más insignificantes que proceden de arriba y caen en la tierra, tienen una gran fuerza. Así, únete a este espíritu que tiene el poder; y apártate del otro que está vacío.

MANDAMIENTO XII

De un doble deseo: que los mandamientos de Dios no son imposibles: y que los que creen no deben temer al demonio.

ASIMISMO me dijo elimina de ti todos los malos deseos, y envuélvete de deseos buenos y santos. Pues con un buen deseo, odiarás los malos, y los dominarás a voluntad. Pues un mal deseo es terrible, y difícil de domar.

2 Es espantoso y desenfrenado: y con su desenfreno consume a los hombres. Y especialmente si un siervo de Dios cae por casualidad en él, a menos que sea muy sabio, se desmorona. Pues destruye a todos los que no tienen la vestidura de un buen deseo: y están dedicados a los asuntos de este mundo; y los entrega a la muerte.

3 Señor, dije yo, ¿cuáles son las obras de un mal deseo, que llevan a los hombres a la muerte? Muéstramelas para que me aleje de ellas. Escucha, replicó, por qué obras lleva un mal deseo a los siervos de Dios a la muerte.

4 Antes que nada, es un mal deseo codiciar la mujer de otro hombre; o para una mujer, codiciar el marido de otra; como también desear las exquisiteces de las riquezas: y varias carnes superfinas: y la embriaguez; y muchos placeres.

5 Pues en gran parte de la delicadeza hay locura; y muchos placeres son innecesarios para los siervos de Dios. Esos deseos son, por tanto, malignos y perniciosos, y llevan a los siervos de Dios a la muerte. Pues todos esos deseos camales pertenecen al demonio.

6 Así, aquellos que se alejen de los malos deseos, vivirán en Dios; pero los que estén sujetos a ellos, morirán para siempre. Pues estos malos deseos son mortíferos. Rodéate, por tanto, del deseo de justicia, y armado con el temor del Señor, resiste todos los malos deseos.

7 Pues este temor vive en los buenos deseos; y cuando la codicia te vea resistirla armado con el temor del Señor huirá lejos de ti, y no aparecerá frente a ti, pues tendrá miedo de tu armadura.

8 Y te alzarás con la victoria, y serás coronado por ello; y conseguirás el deseo que sea bueno; y le ofrecerás la victoria que has obtenido a Dios, y le servirás haciendo lo que tú mismo harías.

9 Pues si sirves a los buenos deseos y le sometes a ellos; serás capaz de dominar tus malos deseos, y quedarán sometidos a tu voluntad,

10 Y yo le dije. Señor, Quisiera saber cómo servir a los buenos deseos, Atiende, contestó él, Teme a Dios y pon tu confianza en él, y ama la verdad, y la justicia, y haz lo que es bueno.

11 Si haces esto, serás un siervo purificado de Dios; y le servirás; y todos los que sirvan del mismo modo a un buen deseo vivirán en Dios.

12 Y cuando hubo completado estos doce mandamientos, me dijo. Tú tienes ahora esto; andamientos, camina en ellos; y exhorta a aquellos que los escuchen a arrepentirse y a mantener su arrepentimiento puro el resto de los días de su vida,

13 Y cumple diligentemente este ministerio que le encomiendo, y recibirás grandes beneficios de él; y encontraras el favor de todos los que se arrepientan y crean tus palabras. Pues yo estoy contigo, y les obligaré a creer.

14 Y yo le dije. Señor, estos mandamientos son excelentes y maravillosos, y capaces de alegrar el corazón del hombre que pueda cumplirlos. Pero, Señor, no puedo decir si son observados por algún hombre.

15 A lo cual respondió. Tú cumplirás fácilmente estos mandamientos, y no serán duros: sin embargo, si no permites que, una vez que hayan entrado en tu corazón, sean guardados por nadie, no los cumplirás,

16 Y ahora te digo, si no observas estos mandamientos, sino que los descuidas, no te salvarás, ni tus hijos, ni tu casa; porque has juzgado que ningún hombre puede guardar estos mandamientos.

17 Todo esto me decía muy enfadado. tanto que incluso me asustó. Pues cambió su apariencia, para que ningún hombre pudiera resistir su ira,

18 Y al verme completamente atribulado y confundido, comenzó a hablarme más moderada y alegremente, diciendo. ¡Oh, necio y sin entendimiento!

19 Inconstante, que no conoce cuan grande y maravillosa es la majestad de Dios; que creó el mundo para el hombre. y ha sometido a él a todas las criaturas: y le ha dado todo el poder, para que fuera capaz de cumplir todos estos mandamientos.

20 Será capaz, dijo él, de cumplir todos estos mandamientos, quien tenga al Señor en su corazón: pero los que tengan al Señor únicamente en sus bocas, y su corazón se haya endurecido, y estén lejos del Señor; para esas personas, los mandamientos son duros y difíciles.

21 Poned, entonces, vosotros que estáis vacíos y sois inconstantes en la fe, al Señor vuestro Dios en vuestros corazones; y percibiréis que nada es más fácil que estos mandamientos, ni más confortante, ni más agradable y santo.

22 Y volved al señor vuestro Dios, y abandonad al demonio y sus placeres, pues son malos, y amargos, e impuros. Y no temáis al demonio, porque no tiene poder sobre vosotros.

23 Pues estoy con vosotros, yo, el mensajero del arrepentimiento, que tiene el dominio sobre él. El demonio asusta realmente a los hombres; pero este terror es vano. Por tanto, no le temáis, y huirá de vosotros.

24 Y le pedí; Señor, permite que te diga unas cuantas palabras. Y respondió, Di: Un hombre desea realmente cumplir los mandamientos de Dios: y no hay nada, excepto lo que ruega a Dios, por lo que pueda cumplir sus mandamientos.

25 Pero el demonio es resistente, y con su poder domina a los siervos de Dios. Y contestó, No puede dominar a los siervos de Dios que confían en él con todo el corazón.

26 Puede que el demonio luche, pero no puede vencerlos.

27 Con lo cual, si os enfrentáis a él, huirá de vosotros confundido. Pero los que no estén plenos en la fe, que teman al demonio, como si tuviera un gran poder. Pues el demonio prueba a los siervos de Dios y si los encuentra vacíos, los destruye.

28 Pues un hombre, cuando llena recipientes con buen vino, y entre ellos pone unos cuantos recipientes medio vacíos, y va a probar uno de los recipientes, no escoge los que están líenos, porque sabe que son buenos; sino que prueba los que están medio llenos, no sea que se hayan avinagrado; (pues los recipientes medio llenos se avinagran enseguida y pierden el sabor a vino): así, el demonio se dirige a los siervos de Dios para probarlos.

29 Los que están llenos de fe lo resisten firmemente, y él se aleja de ellos, porque no encuentra lugar por donde entrar a ellos: entonces va hacia aquellos que no están llenos con la fe, y puesto que tiene sitio para entrar, se introduce, y hace lo que quiere con ellos, y se convierten en sus siervos.

30 Pero yo, el mensajero del arrepentimiento, os digo, no temáis al demonio, pues he sido enviado a vosotros, a todos los que os arrepintáis con todo el corazón, para confirmaros en la fe.

31 Creed, por tanto, vosotros que a causa de vuestras transgresiones habéis olvidado a Dios, y vuestra propia salvación; e incrementando vuestros pecados habéis hecho vuestra vida muy pesada.

32 Y si volvéis al Señor con todo vuestro corazón y le servís según su voluntad; os curará de vuestros pecados anteriores, y tendrá dominio sobre todas las obras del demonio.

33 No temáis, por tanto, en absoluto, sus amenazas, pues no tienen fuerza, como los nervios de un muerto. Escuchadme, sin embargo, y temed al Señor Todopoderoso, que es capaz de salvaros y destruiros; guardad sus mandamientos y así viviréis en Dios.

34 Y le dije; Señor, creo firmemente en todos los mandamientos del Señor, en tanto que estás conmigo, y sé que romperás todo el poder del demonio.

35 Y también le venceremos, si podemos, gracias a la ayuda del Señor, para cumplir estos mandamientos que has entregado.

36 Los cumplirás, contestó él, si purificas tu corazón para el Señor. Y también los cumplirán todos aquellos que limpien sus corazones de los vanos deseos de este mundo, y vivirán en Dios.

Tercer Libro de HERMAS, llamado sus PARÁBOLAS

PARÁBOLA I

Que puesto que no tenemos una ciudad perdurable en este mundo, debemos cuidar la que ha de venir.

Y me dijo; Sabes que vosotros, los siervos del Señor, vivís aquí como en una peregrinación; pues vuestra ciudad está muy lejos de ésta.

2 Por tanto, sí conocéis la ciudad en la que habréis de vivir, ¿por qué compráis tierras, y os procuráis lujos, y edificios majestuosos, y casas innecesarias? Porque aquél que se procura estas cosas en ésta, no piensa en volver a su propia ciudad,

3 Oh, necios, desconfiados y desdichados hombres; que no comprendéis que todas estas cosas pertenecen a otros hombres, y se encuentran bajo el poder de otro. Pues el Señor de esta ciudad os dice; Obedeced mis leyes o marchaos de mi ciudad.

4 ¿Qué haréis, entonces, si estáis sometidos a una ley en vuestra propia ciudad? ¿Podéis por vuestras tierras, o por cualquiera de esas cosas que os habéis procurado, negar vuestra ley? Pero si la negáis y volvéis después a vuestra propia ciudad, no seréis recibidos, sino que os echarán de allí.

5 Por tanto, igual que un hombre en otro país, procuraos no más de lo necesario y suficiente para vosotros, y estad preparados para que cuando el Dios o Señor de esta ciudad os conduzca fuera de ella, os opongáis a su ley y vayáis a vuestra propia ciudad; donde viviréis felizmente según vuestra propia ley sin injusticias,

6 Cuidad, por tanto, de servir a Dios, y de tenerlo en vuestros corazones: llevad a cabo las obras de Dios, conscientes tanto de sus mandamientos como de sus promesas, que prometió; y estad seguros que las hará efectivas en vosotros; si cumplís sus mandamientos.

7 Así. en vez de las posesiones que de otro modo compraríais, redimid a los que carecen de sus necesidades, en la medida que cada uno pueda; justificad a las viudas; juzgad la causa de los huérfanos de padres; y gastad vuestra riqueza y fortuna en obras como estas.

8 Pues para este fin os ha enriquecido Dios, para que llevéis a cabo este tipo de servicios. Es mucho mejor hacer eso, que comprar tierras o casas; porque todas esas cosas perecerán con este tiempo.

9 Pero lo que hagáis en el nombre del Señor, lo encontraréis en vuestra ciudad, y tendréis alegría sin tristeza o temor. Por tanto, no codiciéis las riquezas de los infieles; pues son destructivas para los siervos de Dios,

10 Sino comerciad con vuestras propias riquezas, las que poseéis, con las que alcanzaréis la felicidad eterna.

11 Y no cometáis adulterio, ni toquéis a la mujer de otro hombre, ni la deseéis; sino codiciad lo que os corresponde y seréis salvados.

PARÁBOLA II

Igual que el olmo sostiene a la parra, las plegarias de los pobres ayudan al rico.

MIENTRAS caminaba por el campo, y consideraba el olmo y la parra, y pensaba en sus frutos, un ángel apareció ante mí, y me preguntó; ¿En qué piensas tanto tiempo?

2 Y le conteste, Señor, pienso en esta parra y en este olmo, porque sus frutos son buenos. Y él me dijo; Estos dos árboles sirven como ejemplo a los siervos de Dios,

3 A lo que contesté, Señor, Quisiera saber en qué consiste el ejemplo de estos árboles que has mencionado. Escucha, dice él, ves esta parra y este olmo; Señor, respondí, los veo,

4 La parra tiene fruto, pero el olmo es un árbol sin fruto. No obstante esta parra, si no estuviera junto al olmo, sostenida por él, no daría mucho fruto; sino que tirada en el suelo, daría malos frutos, porque no colgaría del olmo; mientras que sostenida por él da fruto para ella, y para él.

5 Ves, por tanto, que el olmo no da menos, sino más fruto que la parra, ¿Cómo es Señor, que da más fruto que la parra?, dije yo. Porque la parra sostenida por el olmo da muchos y buenos frutos, contestó; mientras que si yaciera en el suelo, daría muy poco fruto, y muy malo, también.

6 Así, esta parábola se expone a los siervos de Dios; y representa al rico y al pobre. Repliqué, Señor, aclárame eso. Atiende, dijo él; el hombre rico tiene fortuna; pero ante el Señor es pobre; porque está absorto en sus riquezas, y reza poco al Señor; y las plegarias que eleva son perezosas y sin fuerza.

7 Pero cuando el rico le da al pobre todo aquello de lo que carece, el pobre reza al Señor por el rico; y Dios le concede al hombre rico cosas buenas, porque el pobre es rico en la oración; y sus peticiones tienen un gran poder para el Señor.

8 Entonces el hombre rico asiste en todas las cosas al pobre, porque se da cuenta de que el Señor le escucha: y de mejor grado y sin dudas le proporciona aquello de que carece, y cuida de que nada le falte,

9 Y el pobre da gracias a Dios por el rico; porque ambos llevan a cabo sus obras por el Señor.

10 Los hombres, por tanto, no consideran que el olmo dé fruto; ni comprenden tampoco que con su compañía la parra da el doble, para ella y para el olmo.

11 Igual ocurre con los pobres que ruegan al Señor por los ricos y son escuchados; y sus riquezas se ven incrementadas, porque atienden a los pobres con sus fortunas. Por tanto se hacen partícipes de las buenas obras de cada uno.

12 Así, todo aquél que actúe de este modo, no será abandonado por el Señor, sino inscrito en el libro de la vida.

13 Felices los que son ricos, y ven incrementadas sus riquezas: porque el que se dé cuenta, podrá ayudar de algún modo a los demás,

PARÁBOLA III

Igual que los árboles vivos no se pueden distinguir en invierno de los secos, tampoco se distinguen los justos de los malvados en este mundo.

TAMBIÉN me mostró muchos árboles que habían mudado las hojas, que a mí me parecían mustias, pues eran todos iguales. Y me dijo, ¿Ves estos árboles? Y yo respondí. Señor, veo que parecen árboles secos.

2 Y él contestó diciendo; Estos árboles son como los hombres que viven en este mundo. Repliqué: Señor, ¿por qué parecen árboles secos? Porque no se distinguen los justos de los injustos, dijo él; sino que son iguales en este mundo.

3 Pues este mundo es como el invierno de los justos, porque no se distinguen, y viven entre pecadores.

4 Como en invierno, que todos los árboles que han perdido sus hojas parecen árboles muertos; y no se distingue cuáles están secos y cuáles vivos: así, en este mundo, los justos y los malvados no se diferencian los unos de los otros; sino que parecen todos iguales.

PARÁBOLA IV

Igual que en verano los árboles vivos se distinguen de los secos gracias a sus hojas verdes y frutos: en el mundo que ha de venir los justos se distinguirán de los injustos por su felicidad.

ASIMISMO me mostró otros árboles, algunos de los cuales tenían hojas, otros estaban secos y marchitos. Y me preguntó, ¿Ves estos árboles? Y respondí, Señor, los veo; y algunos están secos, otros llenos de hojas,

2 Estos árboles que son verdes, dice, son los justos que poseerán el mundo que ha de venir. Pues el mundo venidero es el verano para los justos; pero para los pecadores es el invierno.

3 Por tanto, cuando la misericordia del Señor brille, aquellos que sirven al Señor quedarán manifiestos y claros para todos. Pues igual que en verano el fruto de cada árbol se muestra y se pone de manifiesto, también las obras de los justos serán declaradas y hechas manifiestas y serán devueltos a ese mundo felices y alegres.

4 En cuanto al otro tipo de hombres, es decir, los injustos, como los árboles que has visto secos, como ésos se encontrarán secos y sin fruto en ese otro mundo; y como la madera seca serán quemados; y se pondrá de manifiesto que han obrado mal durante toda su vida;

5 Y serán quemados porque han pecado y no se han arrepentido de sus pecados. Y también todas las demás naciones serán quemadas porque no han reconocido a Dios su Creador,

6 Da por tanto, buenos frutos, para que en verano tus frutos se vean: y guárdale de llevar muchos negocios y no ofenderás. Pues todos los que están metidos en demasiados negocios, pecan mucho; porque están absortos en sus asuntos, y no sirven a Dios.

7 ¿Y cómo va un hombre que no sirve a Dios, pedirle nada y recibirlo? Sin embargo, los que le sirven piden y reciben lo que desean.

8 Y si un hombre tiene únicamente una cosa que atender, puede servir a Dios, porque su mente no se aparta de Dios, sino que le sirve con la mente pura.

9 Por tanto, si actúas así, tendrás fruto en el mundo que ha de venir; y todos los que actúen del mismo modo darán fruto.

PARÁBOLA V

De un ayuno verdadero, y sus recompensas, también de la pureza del cuerpo.

MIENTRAS ayunaba, sentado en una montaña, y daba gracias a Dios por las cosas que me había dado; he aquí que vi al pastor, que solía conversar conmigo sentado junto a mí y diciéndome: ¿Qué te ha traído hasta aquí tan temprano por la mañana? A lo cual respondí, Señor, hoy guardo una estación.

2 ¿Qué es una estación?, replicó. Es un ayuno, respondí. Y preguntó, ¿Para qué es ese ayuno? Ayuno, como suelo hacer. No sabes, dijo él, qué es ayunar para el Señor; ni este ayuno que haces es de ningún modo provechoso para Dios.

3 Señor, contesté, ¿Por qué dices eso? Y replicó. Lo digo porque este no es el verdadero ayuno que piensas que ayunas; te mostraré cómo es un ayuno completo, aceptable para Dios.

4 Escucha, dijo, El Señor no pide este ayuno innecesario: pues ayunando de esta manera no avanzas nada en justicia.

5 El verdadero ayuno es éste: No hagas nada con malicia en la vida, sirve a Dios con la mente pura; y guarda sus mandamientos y camina según sus preceptos, y no permitas que ningún deseo perverso entre en tu mente.

6 Confía en el Señor, y si haces estas cosas, y le temes, y te abstienes de toda mala acción, vivirás en Dios.

7 Si así lo haces, cumplirás un gran ayuno, aceptable para el Señor.

8 Escucha la parábola que voy a exponer respecto a este asunto.

9 Un hombre que tenia una granja y muchos sirvientes, plantó un viñedo en cierto lugar de sus tierras para su posteridad:

10 Y puesto que debía viajar a un país lejano, escogió a uno de sus siervos, que juzgó el más fiel y apropiado, y le entregó el viñedo a su cuidado; ordenándole que se ocupara de tas viñas. Y si lo hacía, y cumplía sus órdenes, prometió darte la libertad. No le mandó hacer nada más, y así se marchó a un país lejano.

11 Y habiendo aceptado aquella responsabilidad, el siervo hizo todo lo que su señor le había mandado. Y cuando hubo arrodrigonado el viñedo, vio que estaba lleno de malas hierbas, y comenzó a pensar para él;

12 Ya he hecho lo que mi señor me ha ordenado, ahora arrancaré las malas hierbas del viñedo, y cuando lo haya hecho quedará más hermoso; y sin las malas hierbas, dará más fruto, pues no lo ahogarán.

13 Y poniéndose manos a la obra, cavó y arrancó todas las malas hierbas que allí había; y el viñedo se hizo muy hermoso y próspero, pues no lo ahogaban las malas hierbas.

14 Después de un tiempo, el señor del viñedo volvió y cuando vio que estaba hermosamente arrodrigonado y cavado, y que las malas hierbas habían sido arrancadas, y las viñas florecían, se alegró gratamente del cuidado de su siervo.

15 Y llamó a su querido hijo, que había de ser su heredero, y a los amigos a los que solía consultar; y les dijo qué le había mandado a su siervo que hiciera, y qué más había hecho él; e inmediatamente felicitaron a aquel siervo, que tan cabal testimonio había recibido de su señor.

16 Entonces les dijo. Ciertamente le prometí a este siervo la libertad, si observaba la orden que le di; y la ha observado, y además ha hecho un buen trabajo con mi viñedo, lo cual me ha complacido sumamente.

17 Por tanto, por este trabajo que ha hecho, le haré mi heredero junto con mi hijo, porque cuando vio qué era bueno, no lo desatendió, sino que lo hizo.

18 Tanto el hijo como los amigos del señor aprobaron este designio, que su siervo se convirtiera en heredero junto con su hijo.

19 Poco después de eso, el patriarca de la familia reunió a sus amigos y envió de su cena varios tipos de comida a aquel siervo.

20 Que cuando la hubo recibido, tomó lo que consideró suficiente para él y dividió el resto entre los demás siervos,

21 Que cuando la recibieron, se alegraron; y desearon que tuviera mayor favor aún de su señor, por lo que había hecho con ellos.

22 Cuando su señor oyó todo esto, se llenó nuevamente de alegría; y reuniendo una vez más a su hijo y amigos, les explicó lo que su siervo había hecho con las carnes que les había enviado,

23 Así, expresaron de nuevo su aprobación al dueño de la casa; a que hiciera a aquel siervo su heredero, junto con su hijo.

24 Yo le dije. Señor, no conozco estas parábolas, ni las entiendo, a menos que me las expliques. Te explicaré todo aquello que te he contado o te he mostrado, dijo él,

25 Guarda los mandamientos del Señor y serás purificado, e inscrito entre los que cumplen sus mandamientos. Pero si a todo lo que el Señor ha mandado, añades algo bueno; te proporcionarás a ti mismo una mayor dignidad, y tendrás un favor mayor del Señor del que tendrías de otro modo.

26 Por tanto, si guardas los mandamientos del Señor, y les añades estas estaciones, te alegrarás; pero más si lo haces según mis mandamientos.

27 Le dije. Señor, todo lo que me ordenes, lo observaré; pues sé que estarás conmigo. Estaré contigo que has tomado esa decisión, dijo él; y estaré con todos aquellos que tengan el mismo propósito.

28 Este ayuno, dijo, si observas también los preceptos del Señor, es sumamente bueno. Así, debes guardarlo.

29 Primero, cuídate, y guárdate de toda mala acción, y de toda palabra sucia, y de lodo deseo injurioso: y purifica tu mente de toda la vanidad de este mundo. Si observas esto, este ayuno será bueno.

30 Hazlo, por tanto, de este modo. Habiendo cumplido lo que arriba está escrito, el día que ayunes, no tomes nada en absoluto, excepto pan y agua; y calculando la cantidad de comida que sueles comer el resto de días, aparta el gasto que habrías hecho ese día, y dáselo a la viuda, al huérfano de padre y al pobre.

31 Y habiendo completado así la humillación de tu alma; que el que reciba satisfaga su alma, y eleve su plegaria al Señor Dios por ti.

32 Por tanto, si cumples así tu ayuno, como yo te ordeno, tu sacrificio será aceptable para el Señor, y tu ayuno quedará escrito en su libro.

33 Esta estación, así cumplida, es buena y grata, y aceptable a los ojos del Señor. Si todo esto lo observas con tus hijos y toda tu casa, serás feliz.

34 Y todo el que oiga esto y lo lleve a cabo, también será feliz; y todo lo que pidan al Señor, lo recibirán.

35 Y le rogué que me explicara la parábola de la granja, y del señor, y del viñedo, y del siervo que arrodrigonó el viñedo; y de las malas hierbas que arrancó del viñedo; y de su hijo y sus amigos, con los que se reunió. Pues entiendo que era una parábola.

36 Me dijo, Eres muy atrevido al preguntar: pues no deberías preguntar nada; porque si fuera preciso mostrártelo, se te mostraría.

37 A lo que respondí; Señor, todo lo que me muestres sin explicármelo, lo veré en vano, si no entiendo qué es. Y si cuentas una parábola y no me hablas luego sobre ella, en vano la escucharé.

38 Y me respondió de nuevo, diciendo: Todo el que sea siervo de Dios, y tenga al Señor en su corazón, pide comprensión de él, y la recibe; y explica cada parábola, y entiende las palabras del Señor que necesitan aclaraciones,

39 Pero los perezosos y remolones para rezar, dudan pedirle al Señor; aunque el Señor es de una bondad tan extraordinaria, que les da continuamente todo lo que le piden,

40 Tú, por tanto, que estás fortalecido por ese venerable mensajero, y has recibido el poderoso don de la oración; teniendo en cuenta que no eres indolente, ¿por qué no pides ahora entendimiento al Señor y lo recibes?

41 Y yo le dije; puesto que estoy en presencia tuya, es lógico que te lo pida a ti, y te pregunte; pues tú eres quien me muestras todas las cosas, y hablas conmigo cuando estás presente.

42 Pero si viera o escuchara todo esto cuando no estuvieras presente, en ese caso le pediría al Señor que me la mostrara.

43 Y replicó, He dicho un poco antes que eras perspicaz y atrevido, porque preguntabas el significado de estas parábolas.

44 Y puesto que aún insistes, te explicaré esta parábola como deseas, para que las des a conocer a todos los hombres,

45 Escucha, por tanto, dijo él, y comprende. La granja antes mencionada representa toda la tierra. El Señor de la granja es aquél que creó y terminó todas las cosas y les dio virtud.

46 Su hijo es el Espíritu Santo: el siervo es el Hijo de Dios: el viñedo es el pueblo al que salva. Los rodrigones son los mensajeros que el Señor dispuso sobre ellos para sostener a su pueblo. Las malas hierbas arrancadas del viñedo son los pecados que los siervos de Dios habían cometido.

47 La comida que le mandó de su cena son los preceptos que le dio a su pueblo a través de su hijo. Los amigos a los que convoca son los santos ángeles que creó en primer lugar. La ausencia del señor de la casa, es el tiempo que queda hasta su venida.

48 Y yo le dije. Señor, todas estas cosas son excelentes, maravillosas y buenas. Pero, continué, ¿podría yo o cualquier otro hombre, aunque nunca tan sabio, haber comprendido estas cosas?

49 Por tanto, señor, explícame ahora lo que pregunto, A lo que replicó, pregúntame lo que quieras. ¿Por qué aparece el hijo de Dios en esta parábola como un siervo?, pregunté yo.

50 Escucha, dijo él; el Hijo de Dios no aparece en las condiciones de un siervo, sino con gran poder y autoridad. Y le dije, ¿Cómo, señor? No lo entiendo,

51 Porque el Hijo, dijo él, dispuso sus mensajeros sobre todos aquellos que el padre le había entregado para que guardara; y él mismo trabajó mucho y sufrió mucho, para borrar sus ofensas.

52 Pues no se pueden arrancar las malas hierbas de ningún viñedo sin mucho trabajo y esfuerzo. Por lo que cuando hubo borrado los pecados de su pueblo, les mostró los cambios de la vida y les dio la ley que había recibido del Padre.

53 Ves, dijo él, que él es el Señor de su pueblo, que recibió el poder de su Padre. Y por qué el Señor pidió opinión a su Hijo y a los buenos ángeles sobre la división de la herencia, ahora te lo explicaré.

54 Ese Espíritu Santo, que fue creado antes que nada, lo colocó en el cuerpo en que Dios viviría; a saber, en un cuerpo escogido, que le pareció bien. Ese cuerpo en que se introdujo el Espíritu Santo, servía a ese Espíritu, caminaba con rectitud y pureza en la modestia; y nunca deshonró al espíritu.

55 Así, el cuerpo obedecía en todo momento al Espíritu Santo, y obraba correctamente y con castidad con él, y en ningún momento flaqueaba; aquel cuerpo cansado actuó ciertamente con obediencia, pero estando Dios y Espíritu Santo sumamente complacidos con él, me aceptado.

56 Pues tan firme trayectoria complacía a Dios, porque no había sido corrompido en la tierra mientras albergaba al Espíritu Santo. Pidió opinión, entonces, a su Hijo, y a los buenos ángeles, respecto a dar algún lugar sobresaliente a aquel cuerpo que había servido al Espíritu Santo sin mácula; no fuera que le pareciera que había perdido la recompensa a su servicio.

57 Pues todos los cuerpos puros recibirán su recompensa; los que se encuentren sin mácula, y hayan sido designados como morada del Espíritu Santo, Aquí tienes, así, la explicación de esta parábola también.

58 Señor, dije. Ahora entiendo su significado, tras haber escuchado esta exposición. Atiende un poco más, dijo él: mantén este cuerpo tuyo limpio y puro, para que el Espíritu que viva en él pueda dar testimonio de ello y se considere que ha estado contigo.

59 Cuida también que no inculquen en tu mente que este cuerpo muere, y lo entregues a cualquier deseo camal. Pues si corrompes tu cuerpo, corrompes al mismo tiempo el Espíritu Santo: y si corrompes el Espíritu Santo, no vivirás,

60 Y repliqué, ¿Y qué ocurre si, por ignorancia, un hombre ya hubiera cometido esas acciones, antes de escuchar estas palabras? ¿cómo alcanzaría la salvación el que ha corrompido su cuerpo?

61 A lo cual contestó. En cuanto a las acciones anteriores que por ignorancia haya cometido un hombre, sólo Dios puede proporcionar un remedio para ellas: pues todo el poder le pertenece.

62 Pero ahora modérale; y puesto que Dios es todopoderoso y misericordioso, concederá un remedio a lo que hayas hecho mal anteriormente, si en los tiempos que han de venir no corrompes tu cuerpo y espíritu;

63 Pues son compañeros, y uno no se corrompe sin que el otro también se corrompa. Mantenlos, por tanto, ambos puros y vivirás en Dios.

PARÁBOLA VI

De dos tipos de hombres voluptuosos, y de su muerte, deserción, y de la continuidad de sus penas.

ESTABA en mi casa, alabando a Dios por todo lo que había visto; y pensaba respecto a sus mandamientos que eran sumamente buenos, y grandes, y honestos, y agradables; tanto que podían llevar a un hombre a la salvación: Y me decía a mí mismo; sería feliz si caminara según estos mandamientos, y todo el que camine en ellos vivirá en Dios,

2 Mientras hablaba sobre este asunto conmigo mismo, vi a quien solía ver. sentado junto a mí; y me dijo lo siguiente:

3 ¿Qué duda tienes respecto a los mandamientos que te he entregado? Son buenos, no dudes, confía en el Señor y caminarás en ellos. Pues yo te daré fuerza para cumplirlos.

4 Estos mandamientos son provechosos para aquellos que se arrepientan de los pecados que han cometido: si en los tiempos que han de venir no continúan en ellos.

5 Todo aquél que se arrepienta, que aleje, por tanto, de él el mal comportamiento de este mundo; y se rodee de toda virtud y justicia y así podrá cumplir estos mandamientos; y no pecar nunca más, de ahora en adelante.

6 Pues si te guardas del pecado en los tiempos venideros, reducirás en gran medida tus pecados anteriores. Camina en mis mandamientos, y vivirás en Dios: Todo esto te he dicho.

7 Y cuando hubo pronunciado esto, añadió; vayamos al campo y te mostraré pastores de ovejas. Y repliqué. Vayamos, señor.

8 Y llegamos al campo, y allí me mostró un joven pastor, elegantemente ataviado, con sus ropas de color púrpura. Y daba de comer a grandes rebaños; y sus ovejas estaban muy complacidas, y llenas de alegría y felicidad; y brincaban de un lado para otro.

9 Y el pastor estaba muy satisfecho de su rebano; y su semblante era alegre mientras paseaba entre el rebaño,

10 Entonces el ángel me dijo, ¿Ves a este pastor? Y yo respondí, señor, lo veo. Y me dijo, este es el mensajero del placer y el deleite. Él corrompe las mentes de los siervos de Dios, y los aparta de la verdad, deleitándolos con muchos placeres, y mueren,

11 Pues olvidan los mandamientos del Dios viviente y viven en la injuria y los placeres vanos, y son corrompidos por el ángel maligno, algunos hasta la muerte; y otros hasta la deserción,

12 Respondí; No comprendo a qué te refieres al decir hasta la muerte, y hasta la deserción. Atiende, dice él; todas estas ovejas que has visto sumamente alegres, son las que se han apartado para siempre de Dios, y se han dado a los placeres de este tiempo.

13 Para estos, por tanto, no hay vuelta atrás, mediante el arrepentimiento, a la vida; porque a sus otros pecados han añadido éste, y han blasfemado contra el nombre del Señor. Este tipo de hombres están predestinados a la muerte.

14 Pero las ovejas que no has visto saltando, sino pastando todas Juntas, son las que ciertamente se han dado a los placeres y deleites; pero no han pronunciado ninguna injuria contra el Señor.

15 Éstas, por tanto, simplemente se han caído de la verdad, pero aún hay esperanza para ellas en el arrepentimiento. Pues a esa caída le queda aún algo de esperanza de renovación; pero los que están muertos, se han marchado completamente, para siempre.

16 Avanzamos un poco más; y me mostró un gran pastor, que tenía, por así decirlo, una apariencia rústica, vestido con una piel de cabra blanca, el zurrón al hombro, y en la mano una vara llena de nudos y muy dura, y una fusta en la otra; y su semblante era severo y amargo; lo suficiente como para asustar a un hombre; ése era su aspecto.

17 Le cogió al Joven pastor las ovejas que vivían en los placeres, pero no brincaban de un lado a otro; y las condujo a un lugar abrupto y escarpado lleno de zarzas y espinos, de modo que no se podían librar de ellos.

18 Y allí enredadas, se alimentaban de las zarzas y espinas, y eran atormentadas con azotes. Pues las obligaba a avanzar y no les permitía detenerse ni un momento en ningún lugar.

19 Así, cuando vi que eran tan cruelmente azotadas y maltratadas, sentí pena por ellas; porque estaban siendo realmente atormentadas, y no se les daba ni un descanso.

20 Y le dije al pastor que estaba conmigo; Señor, ¿quién es ese pastor tan cruel e implacable, que no siente ninguna compasión por esas ovejas? A lo que me respondió, Ese pastor es de hecho uno de los santos ángeles, pero se le ha encomendado el Castigo de los pecadores.

21 A él, por tanto, se entregan todos los que se han apartado de Dios, y servido a los deseos y placeres de este mundo. Por esta razón castiga a cada uno, según su deserción, con varias y crueles penas,

22 Señor, dije, Quisiera saber qué tipo de penas son las que cada uno padece. Escucha, dijo él; Las distintas penas y tormentos son los que padecen todos los días los hombres en sus vidas actuales. Pues algunos sufren pérdidas; otros pobreza; otros distintas enfermedades. Algunos están desarraigados: otros soportan agravios de los indignos; otros caen bajo el padecimiento y la mortificación de otros,

23 Pues muchos con un futuro incierto aspiran a muchas cosas, lo cual no les es provechoso; y dicen que no tienen éxito en sus empresas,

24 No recuerdan que han hecho mal y se quejan del Señor. Y cuando han sufrido todo tipo de tribulaciones y torturas; me son entregados para su instrucción, y son confirmados en la fe del Señor, y le sirven el resto de sus días con la mente pura.

25 Y cuando comienzan a arrepentirse de sus pecados, entonces vienen a su memoria las malas obras que han llevado a cabo, y honran a Dios, diciendo que, Es un Juez justo, y que han sufrido merecidamente por sus acciones.

26 Y en lo que les queda de vida, sirven a Dios con la mente pura; y tienen éxito en todas sus empresas, y reciben del Señor todo aquello que desean.

27 Y dan gracias al Señor de que me fueran entregados; y no padecen crueldad alguna más.

28 Entonces le dije; Señor, te ruego que me muestres una cosa más. ¿Qué más quieres saber?, preguntó. Y yo le dije; Los que se alejan del temor de Dios, ¿son atormentados durante el mismo tiempo que disfrutaron sus falsos deleites y placeres? Y me respondió: Son atormentados durante el mismo tiempo,

29 Y le dije; Entonces son atormentados muy poco; pues todo el que disfruta de los placeres hasta olvidar a Dios debería padecer siete veces ese castigo,

30 A lo cual me respondió; Eres un necio, y no entiendes la eficacia de este castigo, Y le respondí; Señor, si lo entendiera, no te pediría que me lo explicaras,

31 Escucha, dijo, y aprende cuál es la fuerza de ambos, tanto del placer, como del castigo. Una hora de placer se termina en su mismo espacio; pero una hora de castigo tiene la eficacia de treinta días. Por tanto, todo el que disfrute de los falsos placeres durante un día, y sea atormentado un día; ese único día de castigo, equivale a todo un año.

32 Así, cuenta, tantos días persiga alguien sus placeres, tantos años es castigado por ello. Ves, por tanto, que el tiempo de los placeres terrenales es corto; pero el de la pena y los tormentos es mucho más largo.

33 Y contesté; Señor, puesto que no entiendo en absoluto estos tiempos de placer y pena; te ruego que te expliques más claramente respecto a ellos. Y me respondió diciendo: Tu necedad sigue unida a ti.

34 ¿No deberías purificar tu mente y servir a Dios? Ten cuidado, no sea que cuando se cumpla tu tiempo, seas aún un insensato. Escucha, pues, lo que deseas, para que lo comprendas más fácilmente.

35 El que se da un día a sus placeres y deleites, y hace todo lo que su alma desea, está preso de una gran locura, y no sabe lo que hace, y al día siguiente olvida todo lo que hizo el día anterior.

36 Pues los deleites y los placeres terrenales no se guardan en la memoria, debido a la locura arraigada en ellos. Pero cuando un hombre sufre durante un día penas y tormentos, queda en efecto inquieto todo un año después; porque el castigo continúa firme en su memoria.

37 Así, lo recuerda con dolor todo el año: y entonces vienen a su mente los deleites y placeres vanos, y se da cuenta de que por ellos fue castigado.

38 Todo el que se da, por tanto, a esos placeres, es castigado de esta manera; porque cuando tenia vida, se hacía propenso a la muerte,

39 Y le dije; Señor, ¿Qué placeres son perjudiciales? A lo cual me respondió: Todo el placer que un hombre provoque voluntariamente.

40 Pues el hombre iracundo, complaciendo su pasión, ve placer en ella; y asimismo el adúltero y el borracho; el difamador y mentiroso; el codicioso y el estafador; y todo el que cometa algo así, porque sigue su mala disposición, y recibe satisfacción al hacerlo,

41 Todos estos placeres y deleites son perjudiciales para los siervos de Dios. Por ellos son atormentados y padecen el castigo.

42 Hay también placeres que llevan al hombre a la salvación. Pues muchos, al hacer el bien, encuentran placer en ello, y esos deleites los atraen.

43 Pero ese placer es provechoso para los siervos de Dios, y da vida a esos hombres; pero los placeres perjudiciales, antes mencionados, proporcionan castigos y tormentos.

44 Y todo el que continúe en ellos, y no se arrepienta de lo que ha hecho, se procurará la muerte.

PARÁBOLA VII

Que los que se arrepienten deben dar frutos dignos del arrepentimiento.

AL cabo de unos días, vi a la misma persona con la que había hablado, en el mismo campo en el que había visto a los pastores. Y me preguntó: ¿Qué buscas?

2 Señor, contesté, he venido para rogarte que le ordenes al pastor, ministro del castigo, que salga de mi casa, porque me aflige sumamente.

3 Y respondió, Es necesario que soportes inconveniencias y tribulaciones; pues así lo ha ordenado el buen ángel respecto a ti, porque te purificará.

4 Señor, dije yo; ¿Qué gran ofensa he cometido para que me entreguen a ese mensajero? Escucha, replicó: Eres ciertamente culpable de muchos pecados, aunque no tantos como para que seas entregado a ese mensajero.

5 Pero tu casa ha cometido muchos pecados y ofensas, y por tanto ese buen mensajero, apenado por sus acciones, ordenó que sufráis tormentos durante un tiempo; para que se arrepientan de lo que han hecho y se purifiquen de todos los deseos de este mundo.

6 Por tanto, cuando se hayan arrepentido y purificado, ese mensajero que dirige vuestro castigo, se alejará de vosotros.

7 A lo que contesté; Señor, aunque ellos se hayan comportado de tal modo que han enojado a ese buen ángel, ¿qué he hecho yo? Y me respondió: no pueden ser castigados a menos que tú, el cabeza de familia, sufras.

8 Porque todo lo que tú sufras, ellos por fuerza lo sentirán; pero mientras estés bien establecido, no experimentarán tribulación alguna.

9 Y repliqué; Pero, señor, mira que están arrepentidos de todo corazón. Sé que están arrepentidos de todo corazón, dijo él; ¿pero crees que las ofensas de los que se arrepienten quedan borradas inmediatamente?

10 No, no se borran enseguida; el que se arrepiente debe afligir su alma y mostrarse humilde en todos sus asuntos, y padecer muchas y diversas tribulaciones.

11 Y cuando haya sufrido todo lo que le ha sido asignado; entonces puede que el que le creó y formó todas las demás cosas, se llene de compasión hacia él y le ofrezca algún remedio; especialmente si ve que su corazón, que se arrepiente, está puro de todas las malas acciones.

12 Pero en este momento, es conveniente que tú y tu casa sufráis; y es necesario que soportes toda las tribulaciones que el ángel del Señor que te encomendó a mí ha ordenado.

13 Y da mejor gracias al Señor, porque sabiendo lo que iba a suceder, te consideró digno de predecirte que se te avecinaban dificultades, para que fueras capaz de soportarlas.

14 Y le dije; Señor, quédate conmigo y superaré fácilmente cualquier dificultad. Me quedaré contigo, respondió; y le pediré al mensajero que dirige vuestro castigo, que modere sus tormentos hacia vosotros.

15 Además, sufrirás adversidades durante poco tiempo: y entonces volverás a tu estado anterior; simplemente continúa en la humildad de tu mente,

16 Obedeced al Señor con el corazón puro; tú y tu casa, y tus hijos; y caminad en los mandamientos que le he entregado; y entonces vuestro arrepentimiento será firme y puro.

17 Y si cumples estas cosas con tu casa, vuestras dificultades se alejarán de vosotros.

18 Y toda vejación se alejará asimismo de todos los que caminen según estos mandamientos.

PARÁBOLA VIII

Que hay muchos tipos de elegidos, y de pecadores arrepentidos: y cómo todos ellos recibirán una recompensa proporcional a la medida de su arrepentimiento y sus buenas obras.

ENTONCES me mostró un sauce que daba sombra a valles y montañas, bajo la cual se resguardaban todos los que eran llamados por el nombre del Señor.

2 Y junto al sauce había un ángel del Señor excelso y majestuoso; que cortaba las ramas del sauce con una gran hoz; y entregaba a todos los que había bajo la sombra del sauce varas, de aproximadamente un pie de largo.

3 Y cuando todos hubieron cogido la suya, dejó a un lado su vara y el árbol continuó intacto, como lo había visto. Lo cual me maravilló, y empecé a pensar.

4 Entonces el pastor me dijo; Deja de maravillarte porque el árbol continúa entero, a pesar de que le hayan cenado tantas ramas, y espera un poco, porque ahora te será mostrado qué significa ese ángel que ha dado las varas a la gente.

5 Así, les pidió que le devolvieran las varas, y en el mismo orden en que las habían recibido fueron llamados y retomaron tas varas; y cuando las recibía, las examinaba.

6 Algunos las devolvieron secas y podridas, como atacadas por las larvas; a éstos les ordenó que se separaran del resto y se colocaran solos. Otros las devolvieron secas, ciertamente, pero no atacadas por las larvas: también a éstos les ordenó que se separaran.

7 Otros entregaron sus varas medio secas; éstos fueron también separados, Otros entregaron sus varas medio secas y con grietas; éstos también fueron puestos aparte. Otros devolvieron sus varas mitad secas, mitad verdes, y éstos fueron también puestos aparte.

8 Otros retornaron sus varas dos partes verdes y la tercera seca; y también fueron colocados por separado. Otros llevaron sus varas con dos partes secas y la tercera verde; y fueron también separados.

9 Otros entregaron sus varas menos secas (pues apenas lo estaban un poco, por ejemplo, el extremo superior), pero tenían grietas, y estos fueron, asimismo, separados del resto. Las varas de otros estaban un poco verdes, y el resto secas; y también éstos fueron apartados.

10 Otros fueron y llevaron las varas verdes, como las habían recibido, y la mayoría de las personas devolvieron sus varas de este modo; y el mensajero se alegró sumamente por ello, y también fueron separados del resto.

11 Otros no sólo entregaron sus varas verdes, sino llenas de retoños; y éstos fueron apartados, después que el ángel los recibiera con gran alegría. Otros llevaron sus varas verdes con retoños, y algún fruto en ellos.

12 Los que tenían estas varas estaban muy contentos; y también el ángel se alegró mucho por ellos; y asimismo lo estaba el pastor que estaba junto a mí.

13 Entonces el ángel del Señor ordenó que le trajeran coronas: y le llevaron coronas hechas de palmera; y el ángel coronó a los hombres en cuyas varas había encontrado retoños con fruto; y les ordenó entrar en la torre.

14 También hizo entrar en la torre a aquellos en cuyas varas había encontrado retoños sin fruto, y les dio un sello. Pues llevaban la misma túnica, es decir, una blanca como la nieve; con la que le pidió que entraran a la torre. Y lo mismo hizo con los que habían devuelto sus varas verdes como las habían recibido; dándoles también una túnica blanca, y los mandó también a la torre.

15 Y cuando hubo hecho esto, le dijo al pastor que estaba conmigo. Yo sigo mi camino; pero tú envía a éstos entre las paredes, cada uno al lugar en que merece vivir; examina antes sus ramas, pero hazlo diligentemente para que no te engañen, Y si alguno se le escapa, ya lo juzgaré yo en el altar. Y habiéndole dicho esto al pastor, se fue.

16 Cuando se hubo marchado, el pastor me dijo; Cojeémosles las varas y plantémoslas; por si por causalidad se vuelven verdes de nuevo. Y yo le dije; Señor, ¿cómo van a volverse verdes de nuevo estas varas secas?

17 Y él me respondió; Este árbol es un sauce, y ansia vivir. Por tanto, si plantamos estas varas y reciben un poco de humedad, muchas de ellas se recuperarán.

18 Por tanto, lo probaré, y las regaré, y si cualquiera de ellas vive, me alegraré por él; pero si no, al menos por este medio no habré descuidado mi parte,

19 Entonces me ordenó que los llamara; y se acercaron todos a él, cada uno en el grupo al que pertenecía, y le dieron sus varas; que cuando recibió, plantó cada una según los distintos órdenes.

20 Y cuando las hubo plantado todas, les echó tanta agua, que quedaron cubiertas y no sobresalían del agua, Y cuando las hubo regado, me dijo; Vayámonos, y después de un tiempo, volveremos a visitarlos.

21 Pues el que creó este árbol hará que todos los que recibieron varas de él vivan. Y espero que estas varas, así regadas, reciban la humedad y se recuperen,

22 Y le dije, Señor, dime qué simboliza este árbol. Pues estoy sumamente sorprendido de que después de que le hayan corlado tantas ramas, parezca estar entero; ni parece que le falte lo más mínimo, lo cual me asombra enormemente.

23 Y él me respondió, Escucha. Este gran árbol que da sombra a valles y montañas, y a la tierra entera, es la ley de Dios, propagada por todo el mundo.

24 Bien, esta ley es el Hijo de Dios, predicado a todos los confines de la tierra. Los que se encuentran bajo su sombra, son los que han oído sus prédicas, y creído.

25 El gran y venerable ángel que has visto es Miguel, que tiene el poder sobre su pueblo, y lo gobierna. Pues ha plantado la ley en el corazón de los que han creído; y por tanto visita a los que ha entregado la ley, para ver si la han cumplido.

26 Y examina la vara de cada uno; y de ellas, muchas se han debilitado: pues esas varas son la ley del Señor. Entonces separa a todos los que no han respetado la ley, distinguiendo el lugar de cada uno.

27 Entonces te pregunté. Señor, ¿por qué ha enviado a algunos a la torre, y te ha dejado otros aquí? Él replicó, los que han infringido la ley que recibieron de él, son dejados en mi poder, para que se arrepientan de sus pecados: pero los que cumplieron y guardaron la ley están bajo su poder.

28 ¿Quiénes son, entonces, los que entraron a la torre coronados?, pregunté, Y él contestó, todos los que habiendo luchado contra el demonio, le han vencido, son coronados: y son éstos, que han sufrido muchas penas para guardar la ley.

29 Y los que devolvieron las varas verdes, con retoños, pero sin fruto, han sufrido dificultades, por la misma ley, pero no han padecido la muerte; ni han negado su santa ley.

30 Los que entregaron las varas verdes como las recibieron, son los que eran Justos y modestos, y han vivido con la mente muy pura y cumplido los mandamientos de Dios.

31 El resto lo conocerás, cuando haya examinado las varas que he plantado y regado,

32 Al cabo de unos cuantos días volvimos, y en el mismo lugar se encontraba aquel glorioso ángel, y me puse junto a él, Entonces me dijo; Cíñete un lienzo, y ayúdame.

33 Y me ceñí un lienzo limpio, hecho de tela gruesa. Y cuando me vio ceñido, preparado para servirle, me dijo. Llama a tos hombres cuyas varas han sido plantadas, en el mismo orden en que les fueron entregadas.

34 Y me llevó al campo, y los llamé a todos, y todos se prepararon en su lugar. Entonces les dijo; Que cada uno arranque su vara y me la traiga. Y primero las entregaron aquellos cuyas varas estaban secas y podridas.

35 Y a los que cuyas varas continuaban de la misma manera, les ordenó apartarse. Entonces fueron aquellos cuyas varas estaban secas, pero no podridas, Algunos de éstos devolvieron las varas verdes; otros secas y podridas, como atacadas por las larvas.

36 Y a los que las dieron verdes, les ordenó separarse; pero a los que cuyas varas estaban secas y podridas, les mandó ir con el primer grupo. Entonces se acercaron quienes cuyas varas estaban medio secas y agrietadas: muchos de los cuales devolvieron sus varas verdes y sin grietas,

37 Otros las entregaron verdes con ramas y fruto en ellas, como los que habían entrado coronados a la torre. Otros las entregaron secas, pero no podridas; u otros como estaban antes, medio secas y agrietadas.

38 A todos ellos les ordenó separarse; algunos solos, otros con sus respectivos grupos.

39 Entonces se acercaron aquellos cuyas varas estaban verdes, pero con grietas. Estos entregaron sus varas todas verdes, y se marcharon a su lugar. Y el pastor se alegró por ello, porque todos habían cambiado y se habían librado de sus grietas,

40 Entonces enseñaron sus varas los que las tenían mitad verdes y mitad secas. De éstos, algunos las tenían ahora totalmente verdes, otros medio secas; otros verdes, con retoños. Y todos ellos fueron enviados, cada uno a su grupo correspondiente.

41 Luego entregaron sus varas los que antes tenían dos partes verdes y la tercera seca. Muchos de ellos dieron las varas verdes; muchos otros medio secas; el resto secas pero no podridas. Así fueron enviados cada uno al lugar adecuado.

42 Más tarde vinieron los que tenían antes la vara con dos partes secas y la tercera verde; muchos de éstos entregaron sus varas medio secas, otros secas y podridas; otros medio secas y agrietadas; pero pocos verdes. Y cada uno de ellos fue colocado en su grupo.

43 Entonces presentaron las varas en las que únicamente había un poco de verde y el resto estaban secas. La mayor parte de ellas estaban ahora verdes, con retoños y fruto en ellas, y el resto totalmente verdes.

44 Y el pastor al ver esto se alegró sumamente, por haberlas encontrado de ese modo: y los mandó también a su lugar correspondiente,

45 Después de haber examinado todas las varas se dirigió a mí. Te dije que este árbol amaba la vida: ¿ves cuántos se han arrepentido y han alcanzado la salvación? Señor, contesté, lo veo.

46 Así sabrás, dijo él, que la bondad y la misericordia del Señor son enormes, y hay que honrarle, a él, que dio su espíritu a aquellos que consideró dignos de arrepentí miento.

47 Y respondí, Señor, ¿por qué no se han arrepentido entonces todos? A aquellos cuyas mentes el Señor previo que serían puras y que le servirían con todo el corazón, a ellos les dio el arrepentimiento, contestó.

48 Pero en los que vio engaño e injusticia, y percibió que no volverían realmente a él; a ésos les negó cualquier vuelta al arrepentimiento, no fuera que blasfemaran de nuevo contra su ley con injurias,

49 Y yo le dije; Señor, hazme saber cuál es el lugar de cada uno de los que han entregado sus varas, y cuál su porción; para que cuando pese a no haber mantenido su sello completo, sino a haber desperdiciado el sello que recibieron, escuchen y crean estas cosas, reconozcan sus malas acciones y se arrepientan;

50 Y recibiendo de nuevo su sello de ti, glorifiquen a Dios porque ha tenido compasión de ellos, y te ha enviado para renovar sus espíritus.

51 Escucha, dijo él: aquellos cuyas varas estaban secas y podridas, como atacadas por las larvas: son los desertores y los traidores de la iglesia.

52 Los que, con el resto de sus crímenes, han blasfemado también contra el Señor, y negado su nombre, al que antes habían apelado. Por tanto, todos estos están muertos para Dios: y ves que ninguno de ellos se ha arrepentido, a pesar de que han escuchado mis mandamientos, que tú les has entregado. De estos hombres, por tanto, la vida está muy lejos.

53 Los que han devuelto sus ramas secas, aunque no podridas, no son muy diferentes de ellos. Porque han sido falsos, y han crecido en malas doctrinas: y han pervertido a los siervos de Dios: especialmente a aquellos que han pecado; no permitiendo que se arrepintieran, sino reteniéndolos con sus falsas doctrinas,

54 Estos, por tanto, tienen esperanza; y ves que muchos de ellos se han arrepentido, desde que les mostraste mis mandamientos; y muchos más se arrepentirán. Pero los que no se arrepientan perderán tanto el arrepentimiento como la vida.

55 Sin embargo, los que se han arrepentido, su lugar ha comenzado a estar entre los primeros muros, y algunos de ellos han entrado incluso en la torre. Ves, por tanto, dijo, que en el arrepentimiento de los pecadores hay vida; pero para los que no se arrepienten, está preparada la muerte.

56 Atiende ahora respecto a aquellos que dieron sus ramas medio secas y llenas de grietas. Aquellos cuyas ramas estaban sólo medio secas son los indecisos; pues no están ni vivos ni muertos.

57 Pero los que entregaron sus ramas no sólo medio secas, sino también llenas de grietas, son indecisos e injuriadores; que calumnian a los que están ausentes, y nunca hay paz entre ellos, y se envidian unos a otros,

58 No obstante, a éstos también se les ofrece el arrepentimiento; pues ves que algunos de ellos se han arrepentido.

59 Todos los de esta clase que se han arrepentido enseguida tendrán un lugar en la torre; y los que han sido más lentos en su arrepentimiento, vivirán en los muros; pero los que no se arrepientan, y continúen en sus malas acciones, morirán la muerte.

60 Y en cuanto a los que tenían las ramas verdes, aunque agrietadas; son aquellos que siempre fueron fíeles y buenos, pero había envidias y disputas entre ellos respecto a la dignidad y preeminencia.

61 Todos ésos son vanos y no tienen entendimiento, pues contienden unos contra oíros por estas cosas.

62 Sin embargo, teniendo en cuenta que son, no obstante, buenos, si cuando oigan estos mandamientos se enmiendan, y al final, persuadidos por mí, se arrepienten; vivirán en la torre, como los que se han arrepentido verdadera y dignamente.

63 Pero si cualquiera vuelve a sus disputas; será echado fuera de la torre y perderá su vida. Pues la vida de aquellos que guardan los mandamientos del Señor consiste en hacer lo que les mandan; no por el principado, o por cualquier otra dignidad.

64 Pues mediante la tolerancia y la humildad de mente, los hombres alcanzarán la vida; pero a través de las sediciones y los desprecios a la ley, adquirirán la muerte.

65 Aquellos cuyas ramas estaban mitad secas y mitad verdes, son los que se encuentran enredados en muchos asuntos del mundo, y no están unidos a los santos. Por esa razón, la mitad de ellos vive, y la otra mitad está muerta.

66 Así, muchos de ellos desde que oyeron mis mandamientos se han arrepentido, y han comenzado a vivir en la torre. Pero algunos de ellos se han apartado completamente; para ellos no hay más lugar para el arrepentimiento.

67 Y a causa de sus intereses actuales, han blasfemado y negado a Dios: y por esta injusticia han perdido la vida. Y de éstos, muchos dudan todavía; ésos pueden que vuelvan aún; y si se arrepienten con rapidez, tendrán un lugar en la torre; y si son más lentos, vivirán en los muros; pero si no se arrepienten, morirán,

68 Y en cuanto a los que tenían dos partes de las ramas verdes, y la tercera seca; han negado de múltiples maneras al Señor. De éstos muchos se han arrepentido, y han encontrado un lugar en la torre: y muchos se han apartado totalmente de Dios, Esos han perdido definitivamente la vida.

69 Y algunos indecisos provocan disputas: éstos pueden que vuelvan aún, si se arrepienten enseguida y no continúan en sus deseos; pero si continúan con sus malas acciones morirán.

70 Aquellos que entregaron sus ramas con dos partes secas y la tercera verde; son los que han sido ciertamente fieles, y sin embargo ricos y con muchas cosas buenas; y así han querido ser distinguidos entre los infieles que no tienen, y por tanto han caído en una gran soberbia y comenzado a aspirar a grandes cosas y a abandonar la verdad.

71 Y no estaban unidos a los santos, sino que vivían con los infieles; y esa vida les parecía más placentera. Pese a que no se han apartado de Dios, sino que han continuado en la fe; simplemente no han llevado a cabo las obras de la fe.

72 Muchos de éstos, por tanto, se han arrepentido y han comenzado a vivir en la torre. Pero otros que viven aún entre los infieles, ensalzados por sus vanidades, se han alejado definitivamente de Dios, y han seguido las obras e injusticias de los infieles. Este tipo de hombres, por tanto, se cuentan entre los extraños al Evangelio.

73 Otros comenzaron a dudar en sus mentes, desesperados a causa de sus malas obras, si alcanzarían alguna vez la salvación: Otros, afectados así por la indecisión, provocaron además disputas.

74 Para éstos, y para aquellos que a causa de sus acciones dudan ahora, hay aún esperanza de volver; pero deben arrepentirse enseguida, para ocupar un lugar en la torre. Sin embargo los que no se arrepientan, sino que continúen aún en sus placeres se aproximan a la muerte.

75 Y en cuanto a los que devolvieron las ramas verdes, excepto en un extremo, que estaba seco y tenia grietas; éstos fueron siempre buenos, y fieles, y188 rectos ante Dios: sin embargo, pecaron un poco a causa de sus placeres vanos y pensamientos vacíos.

76 Así, muchos de ellos, cuando oyeron mis palabras, se arrepintieron inmediatamente y comenzaron a vivir en la torre. Sin embargo, algunos de ellos empezaron a dudar, y otros añadieron a sus mentes indecisas disputas. Para éstos, por tanto, hay aún esperanza de volver, porque siempre fueron buenos; y apenas tardarán en hacerlo.

77 Y, por último, en cuanto a aquellos que devolvieron sus ramas secas, a excepción únicamente del extremo superior, que estaba verde: son los que han creído ciertamente en Dios, pero han vivido en la injusticia; aunque sin apartarse de Dios: y portando de buen grado su nombre; y han recibido, sin inconveniente alguno en sus casas a los siervos del Señor.

78 Por tanto, al oír iodo esto volvieron y se arrepintieron sin tardanza, y vivieron con toda justicia. Y algunos de ellos padecieron la muerte: otros soportaron de buena gana muchos sufrimientos, conscientes de sus malas acciones.

79 Y cuando hubo terminado la explicación de todas las ramas, me dijo, Ve, y di a todos los hombres que se arrepientan y vivirán en Dios: porque el Señor, conmovido por su gran clemencia, me ha enviado para predicar a todos el arrepentimiento.

80 Incluso a aquellos que, a causa de sus malas acciones, no se merecen alcanzar la salvación. Pero el Señor será paciente, y mantendrá la invitación hecha por su Hijo.

81 Y yo repliqué. Señor, espero que cuando oigan estas cosas, se arrepientan. Pues confío que todo el mundo reconozca sus faltas y, volviendo al temor del Señor, se acojan al arrepentimiento,

82 Todos los que se arrepientan con el corazón, y se purifiquen de todas las malas acciones que antes he mencionado, y no añadan ninguno más a sus pecados, recibirán del Señor la cura a sus iniquidades anteriores, si no dudan en ningún momento de estos mandamientos, y vivirán en Dios, replicó.

83 Pero los que sigan incrementando sus transgresiones, y continúen aún con los deseos de este mundo, se condenarán a la muerte. Camina en estos mandamientos, pues todo aquél que camine en ellos y los cumpla correctamente, vivirá en Dios.

84 Y habiéndome mostrado todas estas cosas, dijo; Te enseñaré el resto dentro de unos días.

PARÁBOLA IX

Los grandes misterios de la iglesia triunfal y militante que se ha de edificar.

CUANDO ya había escrito los Mandamientos y Parábolas del Pastor, el Ángel del Arrepentimiento; vino a mí, y me dijo, te mostraré todo aquello de lo que el Espíritu te hablo bajo la apariencia de la Iglesia. Pues ese Espíritu es el Hijo de Dios.

2 Y puesto que eras débil de cuerpo, no te fue revelado por el ángel, hasta que fueras reforzado por el Espíritu, y tu fuerza hubiera aumentado, y que verías también al ángel.

3 Y entonces, de hecho, le fue mostrada, gloriosa y claramente, la edificación de la torre a través de la iglesia; aunque tú las viste como si te la mostrara una virgen.

4 Pero ahora estás iluminado por el ángel, y así, por el mismo Espíritu. Sin embargo debes pensar todas las cosas diligentemente; pues he sido enviado a tu casa por ese venerable mensajero, para que cuando veas todas las cosas con poder, no tengas miedo como antes.

5 Y me llevó a la cima de una montaña de Arcadia, y nos sentamos en la cúspide. Y me mostró un gran valle, y a su alrededor, doce montanas con diferentes formas.

6 La primera era negra como el carbón- La segunda era rasa, sin plantas, La tercera estaba llena de cardos y espinos, La cuarta tenía plantas medio secas; que tenían la parte superior verde, pero la más próxima a las raíces, seca; y algunas de las plantas estaban quemadas por el sol.

7 La quinta montaña era muy escarpada; pero aún así tenia plantas verdes. La sexta montaña estaba llena de grietas, unas más profundas que otras; y en esas grietas crecía hierba, pero no verde, sino más bien marchita.

8 La séptima montaña tenia unos pastos preciosos, y era muy fructífera: y todo tipo de ganado, y los pájaros del cielo se alimentaban en ella; y cuanto más se alimentaban de allí, más y mejor crecía la hierba.

9 La octava montaña estaba repleta de fuentes, y de estas fuentes bebían todo tipo de criaturas de Dios. La novena montaña no-tenia nada de agua, sino que carecía completamente de ella; y nutría serpientes mortíferas para el hombre.

10 La décima montaña estaba atestada de altos árboles, que la cubrían de sombra: y bajo esta sombra yacía ganado descansando y rumiando.

11 La undécima montaña estaba llena de gruesos árboles; y esos árboles parecían estar cargados de todo tipo de frutos; que cualquiera que los viera no podía evitar desear comer de esos frutos.

12 La duodécima montaña era completamente blanca, de aspecto sumamente agradable, con una belleza excelente.

13 En medio del valle me señalo una enorme roca blanca, que surgía de la llanura, y la roca era más alta que todas las montañas, y cuadrada; de modo que parecía capaz de sostener el mundo entero.

14 Me dio la sensación de ser vieja, aunque tenía una puerta nueva; con aspecto de haber sido excavada recientemente, La puerta era más brillante que el propio sol; tanto que admiré sorprendido su luz-

15 Junto a la puerta había doce vírgenes; de las cuales, las cuatro que había apostadas en las esquinas de la puerta me parecieron las más importantes, aunque el resto eran también gloriosas: y estaban de pie en las cuatro partes de la puerta.

16 Se sumaba a la gracia de las vírgenes que estaban por parejas, vestidas con túnicas blancas, ceñidas apropiadamente, con el brazo derecho libre, como si estuvieran a punto de levantar algún193 peso; así estaban ornadas, y sumamente alegres y dispuestas.

17 Al verlo, me maravillé de ser testigo de tan grandes y nobles cosas. Y de nuevo me admiré ante la visión de aquellas vírgenes, tan bellas y delicadas; apostadas con tanta firmeza y constancia, como si sostuvieran el cielo entero.

18 Y mientras pensaba en estas cosas, el pastor me dijo: ¿Qué piensas, que estás tan intranquilo y lleno de preocupación?

19 No pienses, siendo sabio, lo que no entiendes, y ruega al Señor, para que te dé la capacidad de comprenderlo: lo que ha de venir no lo puedes entender, pero si ves lo que hay ante ti.

20 No te inquietes por lo que no puedes ver; sino comprende lo que ves.

21 No seas curioso; y te mostraré todas las cosas que he de explicarte; pero primero observa el resto.

22 Y al decirme eso, miré hacia arriba, y he aquí que vi seis hombres altos y venerables que se acercaban; tenían todos un rostro semejante; y llamaron a un gran número de hombres; y todos los que acudieron a su llamada eran también altos y corpulentos.

23 Y esos seis les ordenaron construir una torre sobre la puerta. E inmediatamente comenzó a producirse un gran alboroto de hombres corriendo de un lado a otro alrededor de la puerta que venían a construir la torre.

24 Y las vírgenes que estaban alrededor de la puerta vieron que ellas debían acelerar la construcción de la torre. Y alargaron las manos, como si fueran a recibir algo que hacer.

25 Entonces los seis hombres les ordenaron que sacaran piedras de un lugar profundo y las prepararan para construir la torre. Y subieron diez piedras blancas, cuadradas, y no labradas.

26 Y los seis hombres pidieron a las diez vírgenes que se acercaran, y les ordenaron que pasaran todas las piedras que habían de ser utilizadas en la construcción a través de la puerta, y las entregaran a los que iban a construir la torre.

27 E inmediatamente comenzaron todas las vírgenes a la vez a acarrear las piedras que habían sacado de las profundidades.

28 Y las que estaban junto a la puerta portaron también las piedras de tal manera, que las que parecían las más fuertes, las colocaban en las esquinas, y el resto en los laterales.

29 Y así llevaron todas las piedras, cruzaron la puerta y las entregaron a los constructores, como les habían ordenado: que al recibirlas, construían con ellas.

30 Y el edificio se construyó sobre aquella gran roca, y sobre la puerta; y en ellas se sostenía toda la torre. Y la construcción de las diez piedras abarcaba toda la puerta, y sirvió de base para la torre.

31 Después de esas diez piedras subieron veinticinco otras de las profundidades; que se utilizaron para la construcción de la torre; cargadas por las vírgenes, como las otras lo habían sido antes.

32 Y tras ésas, subieron treinta y cinco más; y éstas se utilizaron, igualmente, para la misma obra. Entonces extrajeron cuarenta piedras más, todas las cuales se añadieron a la construcción de la torre.

33 Así comenzaron a haber cuatro filas en la base de la torre; y las piedras dejaron de subir de las profundidades; y también los que construían descansaron un tiempo.

34 Más tarde, los seis hombres ordenaron a la muchedumbre extraer piedras de las doce montañas para construir la torre.

35 Así extrajeron de todas las montañas piedras de distintos colores, las trajeron y se las entregaron a las vírgenes; que al recibirlas las acarrearon y entregaron a los constructores de la torre,

36 Y al ser colocadas en ella, se tornaron blancas, y diferentes de cómo eran; pues se volvieron todas semejantes, y cambiaron sus antiguos colores. Y algunas fueron transportadas a través de la puerta por los hombres mismos, y, al ser colocadas en el edificio, continuaban tal como eran cuando las dejaron.

37 Ni se tornaron blancas, ni diferentes de cómo eran antes; porque no las habían portado las vírgenes a través de la puerta. Por lo que estas piedras no encajaban en el edificio: y cuando los seis hombres se dieron cuenta de ello, ordenaron que las quitaran y las devolvieran al lugar de donde las habían traído,

38 Y les dijeron a los que habían llevado las piedras; No nos alcancéis ninguna piedra más para el edificio, dejadlas junto a la torre y estas vírgenes nos las traerán y nos las alcanzarán,

39 Porque a menos que estas vírgenes las porten a través de la puerta, no cambiarán de color; por tanto, no trabajéis en vano.

40 Así terminó la construcción aquel día, pese a que la torre no estaba acabada; pues debía acabarse más tarde, por tanto se produjo un retraso por ello.

41 Y los seis hombres ordenaron a los que construían que se marcharan, como para descansar durante un tiempo; pero mandaron a las vírgenes que no se alejaran de la torre; y me pareció que las dejaban para vigilarla.

42 Cuando todos se hubieron marchado, le dije al pastor; Señor, ¿Por qué no han acabado de construir la torre? Porque no se puede terminar, contestó él, hasta que su Señor venga y dé su aprobación al edificio; porque si encuentra alguna piedra en él que no sea buena, habrá que cambiarla; pues esta torre se construye según su voluntad,

43 Señor, dije yo, Me gustaría saber qué significa la construcción de esta torre; como también que me informaras sobre esta roca, y esta puerta.

44 Y respecto a las montañas, y a las vírgenes, y a las piedras que extrajeron de las profundidades, y no fueron labradas, sino colocadas en el edificio tal como salieron; y por qué pusieron diez piedras en la base; y luego veinticinco; y luego treinta y cinco; después cuarenta.

45 Y también sobre las piedras que fueron colocadas en el edificio, y luego extraídas y llevadas de nuevo a su lugar. Cumple, te lo ruego, el deseo de mi alma respecto a todas estas cosas y manifiéstamelas.

46 Y él me respondió: si no eres necio, lo sabrás todo, y verás todo lo demás que está a punto de ocurrir en esta torre; y comprenderás diligentemente todas estas parábolas.

47 Y después de unos días volvimos al lugar donde habíamos estado sentados; y me dijo, Vayamos hasta la torre; pues su Señor vendrá a examinarla.

48 Así, fuimos para allá, y no vimos a nadie, excepto a las vírgenes. Y les preguntó si el Señor de la torre había llegado. Ellas respondieron que llegaría pronto para examinar el edificio.

49 Poco tiempo después vi acercarse a una muchedumbre de hombres, y en medio de ellos un hombre tan alto que superaba a la torre en altitud.

50 A su alrededor se encontraban los seis que dirigían la construcción, y el resto de los que habían construido la torre, y muchos otros de gran dignidad: y las vírgenes que guardaban la torre corrieron a su encuentro, y le besaron, y comenzaron a caminar junto a él,

51 Y examinó el edificio con tanto esmero, que inspeccionó cada una de las piedras; y las golpeó todas con una vara que llevaba en la mano:

52 Y algunas, al ser golpeadas, se volvían negras como el carbón; otras rugosas; otras parecía que tuvieran grietas; otras parecían partidas: algunas ni blancas ni negras; otras eran angulosas y no encajaban con las otras piedras, y otras estaban llenas de manchas.

53 Estos son los distintos tipos de piedras que no se consideraron adecuadas para el edificio; y el Señor ordenó que todas ellas fueran extraídas de la torre, y las dejaran Junto a ella, y que trajeran otras piedras y las pusieran en su lugar.

54 Y los que construían le preguntaron de cuál de las montanas debían traer piedras para ponerlas en el lugar de las que habían sido rechazadas. Pero él les prohibió que trajeran ninguna de tas montaña, y les ordenó que las extrajeran de una llanura cercana.

55 Así que cavaron en la llanura, y encontraron muchas piedras cuadradas brillantes, algunas también redondas. Y todas las que encontraron en aquella llanura fueron llevadas y acarreadas a través de la puerta por las vírgenes; y las que eran cuadradas, las situaron y fijaron en los lugares de las que habían sacado.

56 Pero las redondas no las colocaron en el edificio, porque eran duras, y habrían necesitado demasiado tiempo para tallarlas; pero las dejaron alrededor de la torre, como si en adelante fueran a tallarlas cuadradas y colocarlas en el edificio; pues eran muy blancas.

57 Cuando el más importante en dignidad, y señor de toda la torre lo vio, ordenó al pastor que estaba conmigo que se acercara y le entregó las piedras que habían sido rechazadas y yacían alrededor de la torre y le dijo: limpia estas piedras con todo el cuidado, y adécualas a la construcción, para que encajen con el resto; y las que no concuerden con las demás, tíralas lejos de la torre.

58 Y cuando le hubo dado esa orden, se marchó, con todos los que habían venido con él a la torre: pero las vírgenes continuaron apostadas alrededor de la torre para guardarla,

59 Y le dije al pastor, ¿Cómo pueden estas piedras, puesto que han sido rechazadas, volver a la construcción de esta torre? A lo cual respondió; Cortaré la mayor parte de estas piedras, y las incorporaré al edificio, y concordarán con el resto.

60 Y yo le dije. Señor, ¿cómo van a ocupar el mismo lugar, si les cortas tanto? Él me respondió; Las que sean consideradas demasiado pequeñas, serán colocadas en medio del edificio, y las más grandes, en el exterior, y las contendrán.

61 Después de lo cual, añadió; Vayámonos, y dentro de tres días volveremos, y pondré estas piedras, ya limpias, en la torre,

62 Pues todas las que se encuentran alrededor de la torre deben ser purificadas, no sea que el amo de la casa venga por casualidad inesperadamente, y encuentre las que están alrededor de la torre sucia; y eso le exaspere tanto, que estas piedras no se vuelvan a colocar nunca más en la torre, y a mí me consideren un desobediente de las órdenes de mi señor.

63 Así, cuando volvimos tres días después a la torre, me dijo; Examinemos todas estas piedras y veamos cuáles de ellas volverán a la edificación. Y yo respondí, Señor, veamos.

64 Primero comenzamos examinando las que eran negras; pues tas encontramos exactamente como estaban cuando las arrancaron de la torre: por lo que ordenó que las apartaran de la torre y las apilaran.

65 Luego examinó las que eran rugosas; y ordenó que muchas de ellas las tallaran en redondo, y que las vírgenes las utilizaran en la construcción de la torre; así se las llevaron y las colocaron en el centro de la edificación; y ordenó que dejaran el resto con las negras, pues también se habían vuelto de ese color.

66 Después examinó las que estaban llenas de grietas, y ordenó también que muchas de ellas fueran talladas y acopladas al resto del edificio, por las mismas vírgenes.

67 Éstas fueron colocadas en el exterior, porque estaban enteras; pero las restantes, debido a todas sus grietas, no pudieron ser restauradas, y por tanto fueron descartadas para la construcción de la torre,

68 Entonces examinó las que habían sido partidas; muchas de ellas tenían grietas y se habían vuelto negras; otras teman grandes hendiduras; éstas ordenó que las dejaran con las que había rechazado.

69 Pero el resto, limpias y restauradas, ordenó que las pusieran en el edificio, Así, las vírgenes las cogieron y las colocaron en el centro del edificio, pues eran no eran resistentes.

70 Después de éstas examinó las que eran mitad negras, mitad blancas; y muchas de ellas eran ahora negras; éstas ordenó también que las pusieran con las que habían retirado.

71 El resto estaban totalmente blancas: y las vírgenes las tomaron y las encajaron en la torre199: y las pusieron en el exterior, porque estaban enteras; para que guardaran las que estaban en el centro, pues no les habían tallado nada.

72 Más tarde miró las que eran duras y angulosas; pero muy pocas de estas pudieron ser utilizadas, pues no se podían cortar, porque eran muy duras: pero el resto fueron talladas, y las vírgenes las colocaron en el centro del edificio, porque eran más débiles.

73 Entonces consideró las que tenían manchas; de éstas, algunas estaban negras, y las llevaron junto a sus semejantes. El resto estaban blancas y enteras; y las vírgenes las encajaron en el edificio, y las colocaron en el exterior, debido a su fortaleza.

74 Después de éstas, examinó las piedras blancas y redondas: y me preguntó, ¿Qué vamos a hacer con estas piedras? Señor, respondí, no sabría qué.

75 Y él replicó, ¿No se te ocurre nada para éstas? Señor, no comprendo este arte, contesté; ni soy un picapedrero, y no se me ocurre nada.

76 Y dijo, ¿No te das cuenta de que son muy redondas? Para hacerlas cuadradas, debería tallarlas mucho; no obstante, es inevitable que algunas de éstas se utilicen en la construcción de la torre.

77 A lo cual respondí; Si es inevitable, ¿por qué te aturdes en vez de escoger, si tienes alguna elección, y adecuarlas al edificio?

78 Con lo cual, escogió la más grande y brillante, y la talló cuadrada; y cuando hubo terminado, las vírgenes la cogieron y la colocaron en el exterior del edificio.

79 Y las que quedaron fueron llevadas de nuevo a la misma llanura de donde las habían extraído; sin embargo, no las tiraron; porque, dijo, aún le falta un poco a la torre, que se ha de edificar; y tal vez el Señor utilizará estas piedras en su edificio, porque son sumamente blancas.

80 Entonces llamaron a doce mujeres majestuosas, vestidas con una túnica negra ceñida, con los hombros descubiertos y el pelo suelto, que a mí me parecieron campesinas.

81 Y el pastor les ordenó que cogieran las piedras que habían arrancado del edificio y las llevaran de nuevo a las montañas de donde las habían extraído.

82 Y las tomaron alegremente, y las llevaron de nuevo al lugar de donde las habían extraído.

83 Cuando no quedó ni una piedra alrededor de la torre, me dijo. Démosle la vuelta a la torre y veamos si le falta algo.

84 Comenzamos, por tanto, a caminar a su alrededor; y cuando vio que estaba bellamente construida, se alegró, pues tenia una forma tan bonita, que todo el que la viera, quedaría enamorado de la construcción:

85 Pues parecía una sola piedra, y no se veía ninguna junta; sino que parecía estar hecha de una roca.

86 Y cuando consideré diligentemente la belleza de la torre, quedé sumamente complacido: y me dijo. Trae aquí un poco de cal y pequeñas conchas, para que pueda rellenar los huecos de las piedras que fueron arrancadas del edificio y puestas de nuevo; porque todo en la torre debe ser uniforme.

87 E hice lo que me había ordenado, y me dijo. Estate preparado para ayudarme, y el trabajo estará terminado enseguida.

88 Así, rellenó los espacios de esas piedras, y ordenó que limpiaran los alrededores de la torre,

89 Entonces las vírgenes tomaron escobones, y limpiaron todo el alrededor y se llevaron toda la basura, y echaron agua; y una vez hecho esto, el lugar quedó encantador, y la torre, preciosa.

90 Entonces me dijo. Ahora está todo limpio: si el Señor viene a terminar la torre, no tendrá nada de lo que quejarse respecto a nosotros.

91 Y cuando hubo dicho esto, se habría marchado. Pero yo le agarré del zurrón, y comencé a rogarle, por el Señor, que me explicara todo lo que me había mostrado.

92 Y me respondió, En este momento tengo algo que hacer; pero te lo explicaré todo enseguida. Espérame aquí hasta que vuelva.

93 Señor, le dije, ¿qué voy a hacer aquí solo? Pero él me respondió. No estás solo, pues todas estas vírgenes están contigo,

94 Y repliqué, Señor, llévame entonces con ellas. Así que las llamó y les dijo, Os encomiendo este hombre hasta que vuelva.

95 Así pues me quedé con aquellas vírgenes: eran muy alegres, y educadas conmigo; en especial la cuarta, que parecía la más importante de ellas.

96 Entonces las vírgenes me dijeron, el pastor no volverá hoy. Y yo repliqué, ¿Qué voy a hacer? A lo que me respondieron. Espera hasta la noche, por si viene y habla contigo; pero si no lo hace, te quedarás con nosotras hasta que venga.

97 Le esperaré hasta la noche, dije; pero si para entonces no ha venido, me iré a casa y volveré mañana por la mañana.

98 Pero ellas me respondieron. Nos has sido encomendado, no puedes separarte de nosotras. ¿Dónde voy a esperar?, pregunté.

99 Y replicaron. Dormirás con nosotras como un hermano, no como un marido; pues eres nuestro hermano, y estamos dispuestas a vivir contigo, de ahora en adelante; pues te tenemos en gran estima.

100 Sin embargo me dio vergüenza seguir con ellas, Pero la que parecía la más importante, me abrazó y comenzó a besarme, Y las demás, al ver que me besaba, comenzaron también a besarme como a un hermano; y me llevaron a la torre, y jugaron conmigo.

101 Algunas de ellas cantaron también salmos, otras les hicieron los coros. Y caminé alrededor de la torre con ellas, alegrándome el silencio, y pensando para mí que había vuelto a la juventud.

102 Cuando cayó la noche, me hubiera marchado a casa enseguida, pero ellas me retuvieron, y me pidieron que no me marchara. Por lo que me quedé con ellas aquella noche junto a la misma torre.

103 Y extendieron sus túnicas de lino en el suelo; y me colocaron en el centro, y no hicieron nada más, excepto rezar.

104 Yo recé con ellas también sin cesar, no menos que ellas. Que al verme rezar de aquella manera, se alegraron en gran medida: y permanecí allí hasta el día siguiente,

105 Y cuando hubimos adorado a Dios, vino el pastor y les dijo: ¿No habréis agraviado a este hombre? A lo que respondieron. Pregúntale. Y yo le dije. Señor, he recibido una gran satisfacción, estando con ellas.

106 Y me dijo, ¿Qué cenaste? Y yo respondí, Señor, me he agasajado toda la noche con las palabras del Señor. Te han recibido bien entonces, dijo él. Muy bien, señor, contesté.

107 Y él replicó, ¿Escucharás ahora lo que deseabas? Señor, lo haré: pero te ruego que me lo muestres todo en el orden en que te pedí.

108 A lo que respondió. Lo haré como me has pedido, y no te ocultaré nada.

109 En primer lugar. Señor, dije, ¿qué representan esta roca y esta puerta? Atiende, dijo él; esta roca y esta puerta son el Hijo de Dios. A lo cual respondí. Señor, ¿cómo puede ser, teniendo en cuenta que la roca es vieja, y la puerta nueva?

110 Escucha, dijo él, Oh, necio, y comprende. El Hijo de Dios es, de hecho, anterior a cualquier criatura; en tanto que formó consejo con su Padre durante la creación de todas las cosas.

111 Pero la puerta es nueva, porque apareció en los últimos días pasado el tiempo; para que los que alcanzaran la salvación entraran por ella al reino de Dios.

112 ¿Has visto, dijo él, cómo las piedras que fueron acarreadas a través de la puerta fueron utilizadas en la construcción de la torre, pero las que no traspasaron la puerta, fueron enviadas a sus lugares correspondientes?

113 Y respondí, Señor, lo he visto. Así, dijo él, ningún hombre entrará al reino de Dios, a menos que tome el nombre del Hijo de Dios.

114 Pues si quisieras entrar en una ciudad, y esa ciudad estuviera circundada por un muro, y tuviera sólo una puerta, ¿podrías entrar a la ciudad si no fuera por esa puerta?

115 A lo cual contesté. Señor, ¿Cómo podría entrar, si no? Así, dijo él, igual que no habría otro modo de entrar en esa ciudad excepto por la puerta, tampoco puede nadie entrar en el reino de Dios, si no por el nombre de su Hijo, a quien tanto quiere.

116 Y me dijo, ¿Viste todos los que construyeron esta torre? Señor, contesté, los vi- Y respondió, Todos aquellos eran los ángeles, venerables en su dignidad,

117 Por ellos está rodeado el Señor, como por un muro: y la puerta es el Hijo de Dios, que es el único camino para llegar a Dios, Pues ningún hombre podrá llegar a Dios, si no a través de su Hijo.

118 ¿Viste también los seis hombres, y en medio de ellos aquel gran hombre venerable, que caminaba alrededor de la torre y rechazaba las piedras?, dijo.

119 Señor, dije yo, los vi. Y contestó, ese hombre alto era el Hijo de Dios: y los seis hombres eran sus ángeles, de una dignidad innegable, que están a su derecha y a su izquierda.

120 De esos excelsos ángeles, ninguno se dirige a Dios sin él. Y añadió, Por tanto, todo el que no tome su nombre, no entrará en el reino de Dios.

121 Entonces pregunté, ¿Qué es esa torre? Esta, dijo él, es la Iglesia. ¿Y qué son estas vírgenes Señor?, dije. Y me respondió, Son los espíritus santos, pues ningún hombre puede entrar al reino de Dios, a menos que lo vistan con sus túnicas.

122 Y de nada te valdrá tomar el nombre del Hijo de Dios, a no ser que también recibas sus túnicas. Porque estas vírgenes son los poderes del Hijo de Dios. Así, un nombre tomará en vano su nombre, a menos que esté también dotado de sus poderes.

123 Y me dijo, ¿viste las piedras que tiraron? Ésas llevaban ciertamente el nombre, pero no sus túnicas. Y dije, Señor, ¿qué son sus túnicas? Sus propios nombres son sus túnicas, contestó,

124 Por tanto, todo el que lleve el nombre del Hijo de Dios, debe llevar asimismo sus nombres; pues también el Hijo de Dios lleva sus nombres.

125 Y en cuanto a las piedras, continuó, que entregadas por sus manos, viste que permanecían en el edificio, estaban vestidas con su poder; por esa razón ves toda la torre del mismo color que la roca, y como si estuviera construida de una sola piedra.

126 Así, todos los que han creído en Dios a través de su Hijo, se han vestido con su espíritu. He aquí que habrá un solo espíritu, y un cuerpo, y un color para sus túnicas; y todos los que lleven los nombres de estas vírgenes conseguirán esto.

127 Y dije. Señor, ¿por qué fueron apartadas entonces las piedras rechazadas?, pues también ellas atravesaron la puerta y fueron entregadas por las manos de las vírgenes para la construcción de la torre.

128 Puesto que cuidas de indagar diligentemente en todas las cosas, dijo, escucha también respecto a las piedras que fueron rechazadas. Todas ellas recibieron el nombre del Hijo de Dios, y con él el poder de las vírgenes.

129 Por tanto, habiendo recibido estos espíritus, fueron completadas, y contadas entre los siervos de Dios; y comenzaron a ser un cuerpo, y a tener una túnica, pues estaban dotadas de la misma justicia, que practicaban del mismo modo,

130 Pero después de eso contemplaron a las mujeres que viste vestidas con una túnica negra, con los hombros al descubierto y el pelo suelto; y fijaron sus deseos en ellas, tentadas por su belleza; y se vistieron con su poder, y se despojaron de las túnicas de las vírgenes:

131 Por tanto fueron expulsadas de la casa de Dios, y entregadas a esas mujeres. Pero los que no fueron corrompidos por su belleza, continuaron en la casa de Dios. Éste, dijo, es el significado de las piedras rechazadas.

132 Y repliqué, Señor, ¿qué ocurre si cualquiera de esos hombres se arrepiente, y se aleja de su deseo de esas mujeres, y se convierte, y vuelve a estas vírgenes, y se viste de nuevo con su virtud? ¿no entrará, acaso, a la casa de Dios?

133 Entrará, dijo él, si deja de lado todas las obras de esas mujeres y vuelve al poder de estas vírgenes, y camina en sus obras.

134 Y por esta razón se ha detenido la construcción, para que, si se arrepienten, sean añadidos a la edificación de la torre; pero si no lo hacen, que otros ocupen su lugar, y así queden expulsados para siempre.

135 Por todo ello doy las gracias al Señor, que por su misericordia hacia todos en los que está su nombre, nos envió el ángel del arrepentimiento para presidir sobre nosotros, que habíamos pecado contra él; y ha renovado nuestros espíritus que casi se habían marchado, y que no tenían esperanza de salvación, pero están ahora renovados para la nueva vida.

136 Entonces dije, Muéstrame ahora, Señor, por qué esta torre no está construida sobre el suelo, sino sobre una roca y sobre la puerta. Y respondió, eres un necio, sin entendimiento, por preguntar eso.

137 Y yo repliqué, Señor, debo forzosamente preguntártelo todo, porque no comprendo nada en absoluto. Pues todas tus respuestas son grandes y excelentes; y un hombre apenas puede entenderlas.

138 Escucha, dijo él: El nombre del Hijo de Dios es grande y no tiene límites, y el mundo entero se sostiene en él. Si, por tanto, dije yo, todas las criaturas de Dios están mantenidas por su Hijo, ¿por qué no iba a sostener a los que han sido invitados por él también, y que llevan su nombre y caminan en sus mandamientos?

139 ¿No ves, dijo él, que sostiene a los que llevan su nombre con todo el corazón? Él, por tanto, es sus cimientos, y sostiene gustoso a todos los que no niegan su nombre, sino que lo llevan de buen grado.

140 Y dije: Señor, dime los nombres de las vírgenes; y de las mujeres vestidas con la túnica negra.

141 Escucha, dijo él, los nombres de las vírgenes más poderosas, apostadas en las esquinas de la puerta. Estos son sus nombres:

142 La primera se llama Fe; la segunda Conciencia; la tercera, Poder: la cuarta. Paciencia; las demás que se encuentran debajo de éstas son, Sencillez, Inocencia, Castidad, Alegría, Verdad, Comprensión, Concordia, Caridad.

143 Así, todo el que lleve estos nombres, y los nombres del Hijo de Dios, entrará en el reino de Dios.

144 Escucha ahora, dijo, los nombres de las mujeres vestidas con la túnica negra. Entre ellas, hay cuatro principales: la primera es Perfidia; la segunda, Incontinencia; la tercera. Infidelidad; la cuarta. Placer.

145 Y las demás, que siguen, se llaman de la siguiente manera, Tristeza, Malicia, Lujuria, Ira, Mentira, Necedad, Soberbia y Odio. El siervo de Dios que lleve estos espíritus ciertamente verá el reino de Dios, pero no entrará en él.

146 Pero, Señor, ¿qué son esas piedras extraídas de las profundidades y utilizadas en la construcción? Las diez que colocaron en la base, dijo, son la primera era; las siguientes veinticinco, la segunda, de hombres justos.

147 Las otras treinta y cinco son los profetas y ministros del Señor. Y las cuarenta son los apóstoles y doctores de los sermones del Hijo de Dios.

148 Y le dije, Señor, ¿por qué pusieron las vírgenes esas piedras también en la construcción después de atravesar con ellas la puerta? Y él contestó. Porque primero llevaban aquellos espíritus, y no se apartaban los unos de los otros, ni los hombres de los espíritus, ni los espíritus de los hombres:

149 Pero los espíritus estuvieron unidos a aquellos hombres hasta el día de su muerte; y si no hubieran tenido los espíritus con ellos, no habrían sido útiles para la construcción de la torre.

150 Y yo dije. Señor, explícame algo más. Y contestó, ¿Qué quieres saber? ¿Por qué salieron esas piedras de las profundidades, y fueron colocadas en la torre, teniendo en cuenta que hacía tiempo que llevaban esos espiritus santos?

151 Era necesario que ascendieran por el agua, para que pudieran descansar, Pues no podían entrar de ningún otro modo en el reino de Dios que dejando a un lado la mortalidad de su antigua vida.

152 Y por tanto al estar muertas, fueron selladas con el sello del Hijo de Dios, y así entraron en el reino de Dios.

153 Pues antes de que un hombre reciba el nombre del Hijo de Dios, está sentenciado a muerte; pero cuando recibe ese sello, queda libre de la muerte y asignado a la vida,

154 Ese sello es el agua del bautismo, en la que los hombres entran bajo el compromiso de la muerte, y salen asignados a la vida.

155 Así, a todas ellas también les fue anunciado este sello, e hicieron uso de él para entrar al reino de Dios,

156 Y yo dije. Señor, ¿por qué surgieron esas cuarenta piedras también de las profundidades con ellas, si ya habían recibido el sello?

157 A lo cual respondió. Porque esos apóstoles y maestros, que predicaban el nombre del Hijo de Dios murieron después de haber recibido su fe y poder, y se lo anunciaron a los que habían muerto antes; y les dieron su sello.

158 Así, se sumergieron en el agua con ellos, y surgieron de nuevo. Pero esos bajaron estando vivos, y salieron de nuevo vivos: mientras que los que habían muerto ames, se sumergieron muertos, pero salieron vivos;

159 A través de ellos, por tanto, recibieron la vida, y conocieron al Hijo de Dios: y gracias a él salieron con ellos, y se consideraron adecuados para participar en la construcción de la torre; y sus piedras no fueron talladas, sino colocadas enteras; porque murieron en la justicia y una gran pureza; únicamente carecían de este sello.

160 Ahí tienes la explicación de esas cosas,

161 Y yo respondí: Señor, cuéntame ahora lo que respecta a esas montañas, por qué son tan diferentes; algunas de una forma, y otras de otra.

162 Atiende, dijo él; Esas doce montañas que tú ves son doce naciones, que conforman el mundo. Por tanto, el Hijo de Dios les ha sido anunciado por aquellos que él envió.

163 ¿Y por qué son diferentes, y cada una tiene una forma?, pregunté. Y él respondió, Escucha. Esas doce naciones, que poseen el mundo, son doce pueblos.

164 E igual que has visto que esas montañas son diferentes, también lo son ellos. Desplegaré ante ti el significado y las acciones de cada montaña.

165 Pero, señor, primero, dije yo, muéstrame esto; Teniendo en cuenta que estas montañas son tan diferentes, ¿cómo han concordado al construir la torre, y se han vuelto todas del mismo color, y no menos brillantes que las que salieron de las profundidades?

166 Porque todas las naciones que se encuentran bajo el cielo han oído y creído en el mismo nombre del Hijo de Dios, por el que son llamados, contestó.

167 Por tanto, habiendo recibido su sello, se han convertido todos en participes del mismo entendimiento y conocimiento; y su fe y caridad son las mismas; y han llevado los espíritus de estas vírgenes junto con su nombre.

168 Y por esa razón esta torre parecía toda del mismo color, y brillaba como la luz del sol.

169 Y después de concordar en una mente, comenzó a formarse un solo cuerpo de todos ellos; no obstante, algunos se corrompieron y fueron expulsados del grupo de los justos, y volvieron de nuevo a su estado anterior, e incluso se volvieron peores de lo que eran.

170 Y yo pregunté. Señor, ¿cómo es que se volvieron peores habiendo conocido al Señor? Y respondió: Si el que no conoce al Señor vive en la maldad, tiene un castigo a su maldad.

171 Pero el que ha conocido al Señor debe abstenerse totalmente de la maldad, y ser, cada vez más, siervo de la justicia.

172 ¿No te parece que peca más el que debería caminar en la bondad y prefiere la parte del pecado, que el que ofende sin conocer el poder de Dios?

173 Así, estos están condenados a muerte; pero los que han conocido al Señor, y han visto sus maravillosas obras y viven con maldad, serán doblemente castigados y morirán para siempre,

174 Ya viste que después de que las piedras que fueron rechazadas fueran arrancadas de la torre; las entregaron a espíritus malvados y crueles; y viste la torre tan limpia, como si la hubieran construido de una sola piedra:

175 Así, la iglesia de Dios, cuando sea purificada; (cuando los malvados y los falsos, los maliciosos e indecisos, y todos los que han obrado mal en ella, y cometido diversos tipos de pecados, hayan sido expulsados) se hará un solo cuerpo, y habrá un solo entendimiento, una opinión, una fe, y la misma caridad en ella,

176 Y entonces se regocijará el Hijo de Dios con ellos, y recibirá a su pueblo con un deseo puro.

177 Y yo dije; Señor, todas estas cosas son grandes y honorables; pero muéstrame ahora el efecto y la fuerza de cada montaña: para que todas las almas que confían en el Señor, al oír todo esto, honren su gran, maravilloso y santo nombre.

178 Escucha, dijo, las diferencias entre estas montañas; es decir, entre las doce naciones.

179 Los que han creído de la primera montaña, que es negra, son los que se han sublevado contra la fe; y han injuriado al Señor; y traicionado a los siervos de Dios.

180 Estos están condenados a muerte, no existe arrepentimiento para ellos: y por tanto son negros, porque su raza es malvada.

181 De la segunda montaña, que está desolada, los que han creído son los hipócritas y los maestros de la maldad: y éstos se parecen a los anteriores, y no tienen en ellos el fruto de la justicia.

182 Pues igual que su montaña es árida y no tiene fruto; así, también esta clase de hombres tienen, de hecho, el nombre de cristianos, pero están vacíos de fe: y no tienen ningún fruto de la verdad en ellos.

183 No obstante hay lugar en ellos para el arrepentimiento si lo buscan inmediatamente, pero si se retrasan, también serán participes de la muerte, con la clase anterior.

184 Y dije. Señor ¿por qué hay lugar para el arrepentimiento para ellos y no para la clase anterior, teniendo en cuenta que sus pecados son prácticamente los mismos?

185 Para éstos existe, sin embargo, una vuelta a la vida a través del arrepentimiento porque no han blasfemado contra el Señor, ni abandonado a los siervos de Dios: sino que por su deseo de ganancias han engañado a hombres, dirigiéndolos según las ansias de los pecadores; con lo cual sufrirán por ello, contestó.

186 No obstante aún queda lugar para el arrepentimiento, porque no han pronunciado ninguna injuria contra el Señor.

187 Los que pertenecen a la tercera montaña, la que tenía zarzas y espinos, son los que creían, pero algunos de ellos eran ricos, otros estaban ocupados con muchos asuntos: las zarzas son sus riquezas: los espinos, los asuntos que los tienen ocupados.

188 Así, los que están envueltos en muchos negocios y en diferentes asuntos, no se juntan con los siervos de Dios, sino que se pierden, llevados por esos asuntos que los ahogan.

189 Y lo mismo ocurre con los que son ricos, que apenas se relacionan con los siervos de Dios; temiendo que les pidan algo. Estos, por tanto, difícilmente entrarán en el reino de Dios,

190 Pues igual que los hombres caminan descalzos sobre espinas con dificultad; así esta clase de hombres a duras penas entrará en el reino de Dios,

191 Sin embargo, a todos estos les han ofrecido el arrepentimiento; si vuelven rápidamente a él; para que, puesto que en los días anteriores han descuidado el trabajo, en el tiempo que ha de venir, hagan algún bien.

192 Si habiéndose arrepentido llevan a cabo las obras de la justicia, vivirán; pero si continúan en el mal camino, serán entregados a aquéllas mujeres, que les quitarán la vida.

193 Y en cuanto a la cuarta montaña, que tenía muchas plantas cuya parte superior estaba verde, pero tenían las raíces secas, y algunas de las cuates, debido al calor del sol, se habían marchitado;

194 Representan a los indecisos, que han creído, y a algunos otros que llevan al Señor en la boca, pero no lo tienen en el corazón: por tanto su hierba está seca, y sin raíz; porque viven sólo en las palabras, pero sus obras están muertas.

195 Estos, por tanto, no están ni vivos ni muertos, y por eso están indecisos. Pues los indecisos no están ni verdes ni secos; es decir; ni vivos ni muertos.

196 Pues igual que las plantas se secan al tocarlas el sol; así, los indecisos en cuanto oyen hablar de persecuciones, temen los problemas y vuelven a sus ídolos, y de nuevo los sirven, y se avergüenzan de llevar el nombre de su Señor.

197 Esta clase de hombres, por tanto, no están ni vivos ni muertos; no obstante, éstos también vivirán, si se arrepienten enseguida; pero si no, serán entregados a aquellas mujeres, que les quitarán la vida.

198 Y en lo que respecta a la quinta montaña, que es escarpada y aún así tiene hierba: son de esta clase los que han creído, y son ciertamente fíeles, pero creen con dificultad; y son descarados y presuntuosos; son los que creen saberlo todo, pero en realidad no saben nada.

199 Así. a causa de su confianza, el conocimiento se aparta de esos hombres; y un súbito descaro se apodera de ellos.

200 Y se elevan, como hombres prudentes; y a pesar de ser necios, parecen maestros.

201 Y a causa de su necedad, muchos de ellos, aunque se magnifican, se han vuelto vanos y vacíos- Pues el descaro y la confianza vana son muy malos espíritus.

202 Por tanto, muchos de ellos son expulsados; pero otros, conscientes de su error, se han arrepentido y sometido a los que saben.

203 Y al resto de esta clase se les ha concedido el arrepentimiento; en tanto que no eran tan malvados como necios, y carentes de entendimiento.

204 Así, si se arrepienten, vivirán en Dios; pero si no, morarán con aquellas mujeres, que ejercerán toda su maldad sobre ellos.

205 En lo que concierne a la sexta montaña, que tiene grietas de diferentes lámanos, son los que han creído: pero aquellos que tienen las grietas más pequeñas, son los que tuvieron polémicas entre ellos; ya causa de sus disputas se debilitaron en la fe;

206 No obstante, muchos de ellos se han arrepentido, y también lo hará el resto cuando escuche mis mandamientos; pues sus disputas eran poco importantes, y volverán fácilmente al arrepentimiento.

207 Pero los que tienen tas grietas más grandes, son como piedras duras, rencorosos con las ofensas y airados entre ellos. Estos por tanto, son apartados de la torre, y rechazados como piezas del edificio; pues esta clase de hombres difícilmente vivirán.

208 Nuestro Dios y Señor, que señorea sobre todas las cosas, y tiene poder sobre todas sus criaturas, no recordará nuestras ofensas, sino que será fácilmente aplacado por los que confiesen sus pecados: sin embargo, el hombre, pese a ser lánguido, mortal, débil, y lleno de pecados, persevera en su ira contra el hombre; como si en su poder estuviera salvarle o destruirle.

209 Pero yo, como el ángel que rige vuestro arrepentimiento, os reprendo para que si alguno de vosotros tiene esa intención, la deje a un lado y vuelva al arrepentimiento; y el Señor curará vuestros pecados anteriores, si os purgáis de este mal espíritu; pero si no lo hacéis, le seréis entregados para la muerte.

210 En cuanto a la séptima montaña, en que la hierba era verde y floreciente, y toda la montaña fiel; y todo tipo de ganado se alimentaba de sus pastos, y cuanto más hierba comía, más crecía:

211 Son aquellos que creyeron, y fueron siempre buenos y rectos; y no tuvieron diferencias entre ellos, sino que se alegraban con los siervos de Dios, puesto que llevaban el espíritu de las vírgenes; y estaban siempre dispuestos a apiadarse de todos los hombres, y a dar a todos de su trabajo sin tardanza ni inconveniente.

212 Y el Señor, al ver su sencillez inocencia, los ha mejorado en el trabajo de sus manos, y les ha dado gracia en todas sus acciones.

213 Pero yo, el ángel asignado a vuestro arrepentimiento, os exhorto a que todos los que seáis de esta clase mantengáis la misma determinación, para que vuestra simiente nunca sea erradicada.

214 Pues el Señor os ha juzgado e inscrito entre nosotros; y toda vuestra descendencia vivirá con el Hijo de Dios; pues sois todos de su espíritu.

215 Y respecto a la octava montaña, en la que había grandes manantiales que daban de beber a todas las criaturas de Dios; son los que han creído a los apóstoles que el Señor envió a predicar por todo el mundo;

216 Y algunos de ellos, siendo maestros, han predicado y enseñado pura y sinceramente, y no han cedido en lo más mínimo ante ningún mal deseo, sino que han caminado constantemente en la justicia y la verdad.

217 Estos, por tanto, son conocidos entre los ángeles,

218 Asimismo; en lo que respecta a la novena montaña, que está desierta y llena de serpientes; son aquellos que han creído, pero tenían muchas máculas:

219 Son los ministros que desempeñan mal su ministerio; apoderándose de los bienes de viudas y huérfanos de padre; y aprovechándose ellos mismos, en vez de servir a otros, de las cosas que han recibido.

220 Éstos, si continúan con esta codicia, se entregarán a la muerte, y no habrá ninguna esperanza de vida para ellos. Pero si se convierten, y cumplen con su ministerio sinceramente, vivirán.

221 Y en cuanto a los agrestes, son los que han negado el nombre del Señor, y no han vuelto al Señor, sino que se han hecho salvajes; y no se juntan con los siervos de Dios; sino se han separado de ellos, debido a un pequeño descuido, y han perdido su vida.

222 Pues igual que una vid abandonada en un seto, que nunca es abonada, muere y queda ahogada por las malas hierbas, y con el tiempo se vuelve salvaje y deja de ser útil para su señor; así esta clase de hombres decepcionados con ellos mismos y amargados, han comenzado a no ser provechosos para su Señor.

223 Pese a esto, se les ha concedido, después de todo, el arrepentimiento, si se comprueba que en sus corazones no han negado a Cristo; pero si se viera que cualquiera de ellos lo ha negado desde su corazón, no puedo decir si ése puede alcanzar la vida.

224 Os aconsejo, por tanto, que si alguno ha negado, vuelva en estos días al arrepentimiento; pues ninguno que niegue ahora al Señor puede alcanzar la salvación: no obstante, se propone el arrepentimiento a los que antes habían negado.

225 Pero el que se arrepienta debe darse prisa y hacerlo antes de que la torre esté acabada: si no, será entregado por aquellas mujeres a la muerte,

226 Y las mutiladas son los mentirosos; y aquellos que se mezclan unos con otros son las serpientes que viste arrastrarse en esa montaña,

227 Pues igual que el veneno de las serpientes es mortífero para los hombres; así las palabras de esas personas infectan y destruyen a los hombres. Están, por tanto, mutilados en su fe, a causa de la vida que llevan.

228 Sin embargo, algunos de ellos, habiéndose arrepentido, han sido salvados, y asimismo lo serán otros de la misma clase, si se arrepienten; pero si no, morirán a manos de las mujeres cuyo poder y fuerza poseen.

229 Y en lo que a la décima montaña respecta, en la que había árboles que daban sombra al ganado, representan a aquellos que han creído, y algunos de ellos han sido obispos, es decir, gobernadores de tas iglesias.

230 Otros son esas piedras que han recibido a los siervos de Dios no con una felicidad fingida, sino con la mente alegre.

231 Estos se han ocupado de ministerios inferiores; y han protegido a los pobres y a las viudas; y siempre han mantenido una conducta casta; por tanto, también ellos están protegidos por el Señor.

232 Todo el que actúe de ese modo, es honrado con el Señor; y su lugar estará entre los ángeles, si continúa obedeciendo al Señor hasta el final.

233 En cuanto a la undécima montaña en la que había árboles cargados de diferentes tipos de frutos, son los que han creído y sufrido la muerte, por el nombre del Señor; y lo han soportado con la mente dispuesta, y han entregado sus vidas con todo el corazón.

234 Y yo pregunté. Señor, ¿por qué tienen entonces todos frutos, pero algunos mejores que otros?

235 Escucha, contestó: Todos los que han sufrido por el nombre del Señor son considerados honorables por él; y todas sus ofensas son borradas, porque han sufrido la muerte por el Hijo de Dios.

236 Escucha ahora, por qué sus frutos son diferentes, y algunos de ellos superan a los otros; los que cuando los llevaron ante los magistrados y les preguntaron, no negaron al Señor, sino que sufrieron con gran disposición; ésos son más honorables para el Señor. Los frutos que más destacan son, por tanto, éstos.

237 Pero los temerosos e indecisos, y que han deliberado si debían confesar o negar a Cristo, y aún así han sufrido; sus frutos son más pequeños, puesto que ese pensamiento entró en sus corazones.

238 Pues es un pensamiento maligno para un siervo considerar si debe negar a su señor. Que se cuiden, por tanto, los que tengan esos pensamientos, de no continuar en ellos, o morirán para Dios.

239 Pero los que sufren la muerte por su nombre, deben alabar al Señor, porque les haya considerado dignos de llevar su nombre; y de que fueran librados de todos sus pecados.

240 ¿Por qué no os consideráis felices, entonces? Pensad que si uno de vosotros sufre, en verdad, realiza una gran obra. Porque el Señor os da la vida, y vosotros no lo entendéis. Por vuestras ofensas os oprimió; y si no habéis sufrido por su nombre, habéis muerto para el Señor.

241 Todo esto os lo digo a los que consideráis si debéis confesarle o negarle; confesad que tenéis al Señor como Dios; no sea que al negarlo no seáis encadenados.

242 Pues si todas las naciones castigan a los siervos que niegan a sus señores: ¿qué creéis que os hará el Señor, que tiene el poder de todas las cosas?

243 Sacad, por tanto, esas dudas de vuestros corazones, para que viváis para siempre en Dios.

244 Y en cuanto a la duodécima montaña, que era blanca, son los que han creído como niños sinceros, en cuyo pensamiento nunca entró ninguna maldad, ni han conocido el pecado, sino que han mantenido siempre su integridad.

245 Por lo cual esta ciase de hombres heredarán sin duda alguna el reino de Dios; porque nunca han profanado de ninguna manera los mandamientos de Dios, sino que han mantenido con sinceridad el mismo estado todos los días de su vida.

246 Por tanto, todo el que se mantenga como un niño sin malicia, dice, será más honorable que todos los que he mencionado: pues todos esos niños son alabados por el Señor y tenidos en la más alta estima.

247 Felices serán, por tanto, los que se despojen de toda malicia y se cubran de inocencia; porque verán al Señor los primeros,

248 Y cuando hubo terminado así la explicación de todas las montañas, le dije, Señor, muéstrame también todo lo que concierne a las piedras que fueron extraídas de la llanura y puestas en la torre, en el lugar de las rechazadas:

249 Y también a las piedras redondas que se añadieron a la construcción de la torre: y a las que siguen siendo redondas,

250 Escucha, entonces, dijo, respecto a esas piedras que fueron traídas de la llanura a la construcción de la torre, y colocadas en el lugar de las rechazadas; son las raíces de la montaña blanca.

251 Puesto que los que han creído de esa montaña eran muy inocentes; el señor de esta torre ordenó que las raíces de la montaña fueran utilizadas en la construcción.

252 Pues sabía que si las empleaban en el edificio continuarían siendo brillantes; y ninguna de ellas se volvería negra.

253 Pero si hubiera añadido de la misma manera piedras del resto de las montañas, casi hubiera necesitado visitar de nuevo la torre y purificarla.

254 Todas esas piedras blancas son los jóvenes que han creído, o creerán; pues son todos de la misma clase. Felices en ella, porque es inocente.

255 Atiende ahora también respecto a esas piedras redondas y brillantes: todas ellas provienen de la montaña blanca. Pero son redondas porque sus riquezas les han ensombrecido ligeramente la verdad y deslumbrado sus ojos:

256 No obstante, nunca se han apartado del Señor, ni ha surgido injuria alguna de sus bocas; sino únicamente justicia, y virtud, y verdad.

257 Y el Señor, cuando vio sus mentes. y que ornarían la verdad; ordenó que continuaran siendo buenos, y se alejaran de sus riquezas:

258 Pero no quiso que se deshicieran de todas, para que hicieran algún bien con los que les quedaba, y vivieran en Dios; porque también ellos son de una buena clase,

259 Por tanto, les fue quitado un poco, y así fueron utilizadas para la construcción de esta torre.

260 Y en cuanto al resto, que continuaron siendo redondas, y no se han considerado adecuadas para la edificación de la torre, porque no han recibido aún el sello: fueron llevadas de nuevo a su lugar, porque las vieron demasiado redondas.

261 Deben ser separadas de este mundo y de la vanidad de sus riquezas; y entonces serán adecuadas para el reino de Dios. Pues deben entrar en el reino de Dios, porque Dios ha bendecido a esta clase inocente.

262 De esta clase, por tanto, ninguna quedará fuera; pues aunque cualquiera, tentada por el demonio, pecara, pronto volvería a su Señor Dios,

263 Yo, el ángel del arrepentimiento, os veo felices, a todos los que sois inocentes como niños pequeños, porque vuestro destino es bueno y honorable con el Señor.

264 Y os digo a todos los que habéis recibido este sello; seguid siendo sencillos, y no recordéis las ofensas que son cometidas contra vosotros, ni actuéis con malicia o dureza por el recuerdo de las ofensas.

265 Convertios en un solo espíritu, y buscad remedio a esas malignas rasgaduras, y eliminadlas de vosotros; para que el señor de las ovejas se alegre de ello; pues se alegrará, si las encuentra a todas.

266 Pero si una de esas ovejas se descarría, pobres de los pastores; pero, ¿y si se descarrían los pastores? ¿cómo van a responder ante el señor del rebaño? ¿Dirán que las ovejas los hostigaron? Nadie les creerá.

267 Porque es algo increíble que el pastor sufra por su rebaño: y será duramente castigado por su mentira.

268 Ahora yo soy el pastor; y debo dar cuenta de vosotros en particular.

269 Por tanto, cuidaos mientras la torre esté aún en construcción. El Señor vive en aquellos que aman la paz; pues la paz es amada; pero está lejos de los polémicos, y de los que están llenos de malicia.

270 Por tanto, devolvedle el espíritu entero, como lo recibisteis. Pues si le dierais a un lavandero una túnica nueva y en perfecto estado, esperaríais que os la devolviera en las mismas condiciones; por tanto, si el lavandero os la devolviera rasgada, ¿la aceptaríais?

271 No os enojaríais; y le reprenderíais, diciendo: Te di la túnica en perfecto estado, ¿por qué la has rasgado y la has dejado inservible? Ahora no me es de ninguna utilidad, a causa del jirón que le has hecho, ¿No le diríais eso a un lavandero que le hubiera hecho un jirón a vuestra túnica?

272 Si, por tanto, estañáis enojados por vuestra túnica, y os quejaríais por no haberla recuperado en perfecto estado; ¿qué creéis que hará el Señor, que os dio su Espíritu en perfecto estado si se lo devolvéis totalmente inservible, de modo que no le es de ninguna utilidad a su Señor? Pues al estar corrompido por vosotros, ya no le sirve.

273 ¿No hará el Señor acaso lo mismo respecto a su Espíritu, por culpa de vuestros actos? Sin duda, respondí, hará lo mismo a todos los que vea que continúan recordando ofensas.

274 No holléis, dijo él, su misericordia; sino alabadle, por su paciencia con respecto a vuestras ofensas: y no como vosotros: y arrepentios, pues eso os será de provecho.

275 Todas estas cosas antes mencionadas, Yo, el pastor, el ángel del arrepentimiento, las he mostrado y explicado a los siervos de Dios.

276 Si, por tanto, creéis y atendéis estas palabras, y camináis en ellas, y corregís vuestros caminos, viviréis, Pero si continuáis en la malicia, y en el rencor hacia las ofensas, tales pecadores no vivirán en Dios.

277 Todo esto que a mí me dijeron, os lo he dicho yo ahora. Entonces el pastor se dirigió a mí, ¿Me lo has preguntado ya todo? Y respondí, Si, señor, lo he hecho.

278 Entonces replicó, ¿Por qué no me has preguntado respecto al espacio de las piedras que fueron colocadas en el edificio, para que también te lo explique? Y yo respondí'. Señor, se me ha olvidado. Entonces escucha, dijo él, respecto a eso también.

279 Son los que han oído estos mandamientos y se han arrepentido con todo el corazón;

280 Y cuando el Señor ha visto que su arrepentimiento era bueno y puro, y que podían seguir en él, ordenó que sus pecados anteriores fueran borrados. Y los espacios eran sus pecados, y se han igualado para que no se noten.

PARÁBOLA X

Del arrepentimiento y la caridad.

CUANDO hube escrito este libro, el ángel que me había entregado a aquel pastor, vino a la casa donde me encontraba y se sentó en la cama, y el pastor se quedó de pie a su derecha.

2 Entonces me llamó y me dijo; Te entregué a ti y a tu casa a este pastor, para que te protegiera. Y contesté, Sí, Señor.

3 Por tanto, si estás protegido de toda tribulación y crueldad, y tienes éxito en toda buena otra y palabra; y tienes toda la virtud y justicia; camina en estos mandamientos que te ha dado, y tendrás dominio sobre todo pecado,

4 Pues si cumples estos mandamientos, toda la lujuria y el placer de este mundo estarán sometidos a ti; y tendrás éxito en cada buena acción.

5 Acepta, por tanto, su gravedad y modestia hacia ti, y di a lodos, que cuenta con un gran honor y reconocimiento ante Dios, y es un príncipe de gran autoridad, poderoso en su oficio.

6 Sólo él tiene encomendado el arrepentimiento en el mundo entero. ¿No te parece que tiene una gran autoridad?

7 Pero tú desprecias su bondad y la modestia que muestra hacia ti.

8 Y le dije; Señor, pregúntale si, desde que entró en mi casa, he provocado algún alboroto, o le he ofendido en alguna cosa.

9 Sé que no has provocado ningún alboroto, dijo él, ni lo harás después; por eso te digo estas cosas para que perseveres; pues me ha dado un buen informe respecto a ti,

10 Pero debes explicar estas cosas a otros, para que los que se han arrepentido, o vayan a arrepentirse233iensen igual que tú; y él me dará un buen informe de ellos también, y yo haré lo mismo con el Señor.

11 Y respondí; Señor, yo explico a todos los hombres las maravillosas obras de Dios; y espero que todos los que las quieran y hayan pecado, al oír estas cosas, se arrepientan, y recuperen la vida,

12 Continúa, así, en este ministerio, y cúmplelo. Y Todo el que actué según los mandamientos de este pastor, vivirá; y tendrá un gran honor tanto aquí como con el Señor.

13 Pero los que no guarden sus mandamientos, se alejarán de su vida, oponiéndose a él. Y los que no cumplan los mandamientos, se entregarán a la muerte, y cada uno será responsable de su propia sangre.

14 Pero yo te digo, cumple estos mandamientos, y encontrarás la cura a todos tus pecados.

15 Además, he enviado a estas vírgenes a vivir contigo; pues he visto que son muy amables contigo. Las tendrás, por tanto como ayudantes, para que cumplas mejor los mandamientos que él te ha dado; pues esos mandamientos no se pueden cumplir sin estas vírgenes.

16 Y veo que desean estar contigo; y también les ordenaré que no se aparten en ningún momento de tu casa.

17 Únicamente has de purificarla, pues ellas vivirán de buen grado en una casa limpia. Pues son limpias y castas, y diligentes; y todas ellas tienen la gracia del Señor.

18 Por tanto, si mantienes tu casa pura, morarán contigo. Pero si no está nunca impoluta, partirán inmediatamente de allí: pues estas vírgenes no soportan ningún tipo de polución.

19 Y le dije; Señor, espero que pueda complacerlas, para que estén siempre contentas de vivir en mi casa. E igual que al que me has encomendado no tiene queja de mí; tampoco ellas la tendrán.

20 Entonces le dijo al pastor: Veo que el siervo de Dios vivirá y cumplirá estos mandamientos, y alojará a estas vírgenes en una morada pura,

21 Y dicho esto, me entregó de nuevo al pastor, y llamó a las vírgenes, y les dijo; en tanto que veo que viviréis de buen grado en la casa de este hombre, os lo encomiendo a él y a su casa, para que no os apartéis ni un momento de ellos. Y ellas escucharon encantadas estas palabras,

22 Entonces me dijo, Continúa con valentía en tu ministerio, explica a todos los hombres las grandezas de Dios, y encontrarás la gracia en este ministerio.

23 Y todo el que camine en estos mandamientos, vivirá, y será feliz en su vida- Pero el que los descuide, no vivirá y será desgraciado en ella.

24 Diles a todos que los que hagan el bien, no dejen nunca de llevar a cabo buenas obras, pues es provechoso para ellos. Pues236 todos los hombres deberían ser liberados de los problemas que les afectan.

25 Pues el que carece y tiene problemas en su vida diaria, padece grandes tormentos y necesidades. Por tanto, el que libere a un alma así de la necesidad, recibe una gran alegría.

26 Pues el que está afligido por esos problemas padece tanto como si estuviera encadenado. Y muchos, no han sido capaces de soportar esas calamidades, y han preferido incluso destruirse.

27 Por tanto, el que conozca el problema de un hombre y no lo libre de él, comete un gran pecado, y es culpable de su sangre.

28 Por tanto llevad a cabo buenas obras, tantas como la capacidad que el Señor os ha dado os permita; no sea que mientras las retrasáis, la torre sea acabada; pues por vosotros está detenida la construcción,

29 Y a no ser que os deis prisa en hacer el bien, la torre será terminada, y os quedaréis fuera de ella.

30 Y después de haberme dicho todas estas cosas, se levantó de la cama y se marchó, llevándose con él al pastor y a las vírgenes,

31 Aunque me dijo que volvería a enviar al pastor y a las vírgenes a mi casa. Amén.

 

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  • 1. Fuentes: http://libros-salud-israel.blogspot.com/2009/12/el-pastor-de-hermas.html

 

 

 

 
 
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