El registro de Caín y Abel y los orígenes humanos en el Corán

Por, Luke Wayne
2 de junio de 2016

El Corán registra la historia de Caín y Abel pero termina con un detalle que no se encuentra en la Biblia.

  • Surah 5:31: Entonces Allah envió un cuervo que escarbó la tierra, para mostrarle a él, cómo esconder el cadáver de su hermano. Dijo: “¡Ay de mí! ¿Es que no soy capaz de hacer como este cuervo y ocultar el cadáver de mi hermano?” Y [luego de enterrarlo] se contó entre los arrepentidos.

¿De dónde salió esta historia? De una antigua leyenda judía; una historia oral que fue escrita en formas variadas y tomada de diferentes fuentes judías. El Midrash Tanhuma registra:

  • “Después de que Caín mató a Abel, estaba extendido sobre la tierra y Caín no sabía cómo deshacerse de él. Entonces el Santo, bendito sea él, seleccionó dos pájaros e hizo que uno de estos matara al otro. El pájaro sobreviviente excavó la tierra con sus garras y enterró a su víctima. Caín aprendió por esto, lo que debía hacer. Él excavó una tumba y enterró a Abel. Debido a esto es que los pájaros son privilegiados para cubrir la sangre de ellos”.1

Y en el capítulo 21 de Pirke de-R. Eliezer encontramos:

  • “El perro que guardaba el rebaño de Abel también protegía su cuerpo de todas las bestias del campo y de todas las aves de los cielos. Adán y su compañera estaban sentados y llorando y haciendo luto por él sin saber qué hacer (con Abel), porque no estaban acostumbrados a entierros. Un cuervo (vino), uno de sus compañeros cuervos estaba muerto (a su lado). (El cuervo) dijo: ‘Le enseñaré a este hombre qué hacer’. Tomó a su compañero y excavó en la tierra lo ocultó y lo enterró delante de ellos. Adán dijo: ‘Actuaré como este cuervo’. Tomó el cuerpo de Abel y cavó enla tierra y lo enterró”.2

Historias ilustrativas que amplían las narraciones bíblicas son comunes a través  de toda la literatura judía midrash. Tales historias son leyendas que se desarrollaron en el tiempo, particularmente en los siglos tempranos después de Cristo. Y son exactamente el tipo de historias que esperaría escuchar un hombre en los días de Mahoma entre los judíos de su tiempo. Esta leyenda sobre el cuervo y el cuerpo de Abel es un ejemplo perfecto, y es interesante que encontremos esta fábula midrash en el Corán. La confusión en el material mítico con la historia tiene sentido si un simple hombre escribió el Corán, pero obviamente un Dios conocedor de todo sabría la diferencia entre la historia bíblica y las legendarias fábulas judías. Este solo hecho es evidencia fuerte de que el Corán no es la Palabra de Dios dictada a Mahoma por un ángel; más bien, es un documento humano que tomó de las tradiciones orales existentes. Sin embargo, el paralelo en este pasaje coránico,  no se detiene ahí. El Corán continúa y en el siguiente versículo, saca una aplicación específica de la narración de Caín y Abel, la cual dice:

  • Por causa de esto: Ordenamos para los Hijos de Israel que si alguien mata a una persona –a menos que sea por asesinato o por extender la maldad– es como si matase a toda la humanidad: y si cualquiera salva una vida, es como si salvase a toda la humanidad. Entonces aunque hayan venido a ellos Nuestros apóstoles con claras señales, aun, a pesar de todo, muchos de ellos continuaron cometiendo excesos en la tierra”. (Surah 5:32).

La mishná, un código e interpretación de la ley que fue escrito al inicio del siglo 3º d. C. (cientos de años antes de que Mahoma naciera), registra su propia aplicación de la historia de Caín y Abel:

  • “Por lo que hemos encontrado con Caín que mató a su hermano, porque está escrito, las sangres de tu hermano claman. No dice, ‘la sangre de tu hermano’, sino ‘las sangres de tu hermano –su sangre y la sangre de su posteridad. (Otro dicho es: Sangres de tu hermano –porque su sangre fue derramada sobre los árboles y las piedras). Por lo tanto, como un solo hombre fue creado en el mundo para enseñar, que si algún hombre ha hecho que una sola alma perezca desde la escritura de Israel, se le impute a él como si hubiera hecho que todo el mundo perezca; y si algún hombre salva una sola alma desde la escritura de Israel se le imputa a él como si hubiera salvado todo el mundo” (Mishná, Sanedrín 4:5b).3

La mishná es clara. Esta aplicación no fue una revelación profética dada por Dios. Es una interpretación inferida del hecho de que la palabra hebrea usada en el registro de Génesis sobre Caín y Abel para “sangre”, está en el plural. Esta tradición en la ley judía fue bien establecida en el tiempo de Mahoma, y el Corán cita esta tradición como su propia conclusión de la historia. Una vez más, esto es lo que esperamos de un hombre que repite o que escribe cosas de las que generalmente ha escuchado de los judíos de su época y que asumió como si fueran bíblicas; pero estas historias y aplicaciones no son revelaciones divinas. Estas son más tradiciones humanas. El Dios que todo lo conoce, obviamente sabría la diferencia. El autor del Corán no supo la diferencia porque el Corán no es la Palabra de Dios.

 

Este artículo también está disponible en: Inglés

  • 1. Samuel A. Berman, Midrash Tanhuma-Yelammedenu (KTAV Publishing House, 1996) 31-32
  • 2. Gerald Fiedlander, Pirḳe de-R. Eliezer (The Bloch Publishing Company, 1916) 156
  • 3. Herbert Danby, The Mishnah: Translated from the Hebrew with Introduction and Brief Notes (Hendrickson Publishing, 2011) 388

 

 

 

 
 
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