En el debate sobre el matrimonio gay, dejen de jugar la carta del odio

Por, Matt Slick

Por, Matthew J. Franck
Viernes, 17 de diciembre de 2010

En los debates sobre el matrimonio gay, el “odio”, es el último recurso.

Algunas historias, de meses recientes: Un instructor de religión en una universidad del estado del medio este, explica en un correo electrónico a los estudiantes, la base racional para la enseñanza católica en homosexualidad. Es denunciado por un estudiante por “discurso de odio”, y el denunciado, es despedido de su cargo. (Posteriormente, y por ahora, es reintegrado a su cargo.) En otra universidad del estado del medio este, un jefe de departamento le pone reparos al requisito de un estudiante organizador, de que su departamento, promoviera un festival de cine LGBTQ en el campus; él está denunciado ante el rector de la universidad, quien señala que su correo electrónico al estudiante, garantiza una investigación por “Odio y polarización en gestión de crisis”.

En la costa oeste, una universidad estatal de leyes se dirige a marginar a un grupo de estudiantes cristianos que solicita a sus miembros a comprometerse a que cumplan con las doctrinas ortodoxas cristianas sobre la moral sexual. En la historia de la universidad, ningún grupo de estudiantes ha dejado de ser reconocido en el campus. Pero éste sí; y la corte suprema de los Estados Unidos permite que la universidad se salga con la suya.

El “Southern Poverty Law Center”, una organización anteriormente respetada por los derechos civiles, publica un “reporte”, identificando una docena o más, de “grupos de odio anti-gay”, algunos sin razón aparente diferente que a su oposición verbal al matrimonio del mismo sexo. Otros grupos de defensa del matrimonio heterosexual son colocados en una lista de observación.

En un sitio Web izquierdista, una campaña de petición, logra presionar a Apple para que quite un “app” de su tienda iTunes de la Declaración de Manhattan, una declaración ecuménica cristiana, cuyos casi medio millón de firmantes está unidos en defensa del derecho a la vida, la tradición del matrimonio conyugal entre un hombre y una mujer, y los principios de libertad religiosa. ¿La ofensa? El “app” es un “festival de odio”. Menos de 8.000 personas reclamaron que el “app” se quite; y cinco veces mayor, es el número de peticiones para que se establezca nuevamente; pero hasta ahora, sin éxito.

Finalmente, en “$#*! My Dad Says”, una comedia vista por más de 10 millones de espectadores semanales, un episodio completo de 30 minutos, está dedicado a la personalización del desagrado de la homosexualidad como fanatismo, una forma de intolerancia irrazonable que se aferra al pasado con una crítica grosera y miserable. Y esto sucede en un programa cuyo título del personaje es por todos conocidos, como políticamente incorrecto e irascible, pero quien en este caso resulta ser un peluche que está de moda y actualizado.

¿Qué está pasando aquí? Claramente está en marcha un esfuerzo decidido, en los baluartes culturales controlados por la izquierda, para excomulgar los puntos de vista de la moral sexual, especialmente la oposición al matrimonio del mismo sexo, como la expresión de “odio” que no puede ser tolerada en una sociedad civil decente. El argumento sobre el matrimonio del mismo sexo debe ser llevado a un fin, y considerar el debate determinado. Los defensores del matrimonio tradicional deben estar enlazados a los racistas, como proveedores del miedo irracional y el odio. La oposición al matrimonio del mismo sexo debe ser tratada, por ahora, de la misma forma como se apoyaron, hace mucho, las leyes contra el mestizaje.

Esta estrategia se debe al consejo de la desesperación. En 30 estados, las personas han protegido el matrimonio tradición por enmienda constitucional: En ningún estado donde la pregunta se ha hecho directamente a votantes que tienen matrimonios del mismo sexo, ha sido adoptado el matrimonio gay por la mayoría de los demócratas. Pero los defensores de una revolución en la ley del matrimonio ven una oportunidad en Perry contra Schwarzenegger, actualmente pendiente en la corte de apelaciones de los Estados Unidos del 9º circuito. En agosto, en el fallo de su corte de distrito, el juez Vaughn Walker sostuvo que la Proposición 8 de California promulgó que, "sin razón, un punto de vista moral privado" sobre la naturaleza del matrimonio no puede ser, en forma apropiada, incorporado en las políticas públicas. Los oponentes a la Proposición 8 oponentes están esperando un juicio similar de la corte de apelaciones y, en última instancia, de la Corte Suprema.

El reporte de SPLC en “grupos de odio” lo revela. Este anota que ningún grupo está en la lista simplemente “por ver la homosexualidad como no bíblica”. Pero cuando describe las expresiones normales de la enseñanza cristiana, que debemos amar al pecador mientras se odia el pecado, el SPLC los trata como usando un “lenguaje más amable, más moderado” que sólo cubre el odio irracional por personas gays. Verá, los cristianos son libres de sostener sus puntos de vista “bíblicos”, pero sabemos que la oposición al matrimonio gay no puede tener ningún fundamento razonable. Aunque protegidos por la constitución, estos puntos de vista religiosos deben ser aislados de la plaza pública, donde la razón, a diferencia de la fe, debe prevalecer.

Marginar, privatizar, y excomulgar: Estos son los tres objetivos sucesivos de los defensores del matrimonio gay cuando se trata de sus oponentes.

Primero, ignore los argumentos de los defensores del matrimonio tradicional, de que el matrimonio siempre ha existido para juntar a los hombres y mujeres, de forma que los niños tendrán madres y padres, y que el matrimonio del mismo sexo no es una extensión sino un desmantelamiento de la institución. En cambio, afirman que no existen argumentos racionales en este sentido y por lo tanto que la refutación, no es necesaria e insinúan que aquellos que simplemente quieren defender el matrimonio, son “matones anti gays”, o “teócratas”, o “talibanes”, como han dicho algunos críticos.

Segundo, avivar la cuña entre la fe y la razón, persiguiendo argumentos religiosos tradicionales en el matrimonio y la obstinación moral, como formas privadas de irracionalidad.

Finalmente, decretar la victoria de la nueva moral pública –los jueces tienen aquí su papel en la estrategia liberal– y leer a los opositores de la nueva dispensa de la sociedad amable, como los perturbados fanáticos de nuestro día.

La democracia estadounidense no necesita encargados de hacer cumplir la urbanidad, ni tampoco debe convertirse en una plaza pública con letreros que digan, “no se permiten etiquetas”. El fuerte debate es necesariamente, debate apasionado, especialmente en la pregunta como el matrimonio. Pero el cargo de “odio” no es una contribución al argumento; es el recurso de las personas preferirían más bien, no tener, en absoluto, algún argumento.

Esta no es la forma de conducir negocios públicos sobre cuestiones trascendentales en una democracia libre. El “odio” no puede ser permitido para que se suspenda el debate en el matrimonio del mismo sexo. Los estadounidenses, un grupo tolerante que ha actuado para proteger el matrimonio en tres quintas partes de los estados, simplemente, no lo están aceptando. Y ellos, aún no lo aceptarán, aunque los jueces lo acepten.

Matthew J. Franck es el Director del Centro en Religión William E. y Carol G. Simón , y la Constitución en el Instituto Witherspoon en Princeton, N.J.

 

Este artículo también está disponible en: Inglés

 

 

 

 
 
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