¿Enseña Rob Bell universalismo? ¿Son las personas salvas después de la muerte?

Pregunta: "¿Está Rob Bell enseñando el universalismo? Después de la muerte, ¿pueden las personas ser salvas?"

Respuesta: El libro de Rob Bell, “El amor gana: Un libro acerca del cielo, el infierno y el destino de toda persona que ya haya vivido”, (“Love Wins: A Book About Heaven, Hell, and the Fate of Every Person Who Ever Lived”), causó bastante controversia, aun antes de que oficialmente fuera lanzado al público. La crítica anticipada que recibió, se debió en parte a copias del libro que fueron entregadas a varios líderes de iglesias quienes, con argumento, lo desbarataron en sus revisiones. También se debió a algunos videos promocionales y controversiales, hechos por Bell y a entrevistas que él dio durante la gira publicitaria del libro.

Este libro ha sido ampliamente analizado y criticado por una variedad de pastores y teólogos provenientes de perspectivas teológicas muy variadas, y esto, debido a la amplia variedad de temas problemáticos encontrados en el libro, tales como, y para nombrar solo algunos: Errores teológicos, exegéticos e históricos. Estas evaluaciones completas pueden ser encontradas en fuentes confiables en toda la Internet, tanto en formato para imprimir como en videos. Así que, con tal clase de exámenes profundos muy valiosos del libro de Bell ya disponible, lo que Ud. verá aquí no será un profundo análisis.

Pero de todas formas, se necesita hacer.

Desde una perspectiva bíblica, todo lo que uno necesita hacer para rebatir las afirmaciones de Bell de que existe la posibilidad de que un pecador llegue a tener la fe salvadora en Cristo después de muerto, es mirar un solo versículo para ver si esa hipótesis, de hecho, puede sobrevivir un charco de agua. Y ese versículo es Hebreos 9:27:

  • “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio,”

Este es un versículo clave para refutar la afirmación de Bell. Además, cuando se estudia la Escritura como un todo, es bastante claro de que el Universalismo, en cualquiera de sus formas no puede sostenerse ante un examen bíblico. La Biblia, claramente afirma una y otra vez que nuestro destino eterno está determinado por lo que sucede antes de morir, no después de morir. La Palabra de Dios descarta toda posibilidad a las doctrinas del Universalismo, Aniquilacionismo, Purgatorio, Reencarnación y aun al Ateísmo como verdaderas. La Palabra de Dios es clara como el cristal acerca de esto y lo que ha sido entendido y explicado por los siglos por el cristianismo ortodoxo e histórico sigue siendo la norma.

La humanidad enfrenta dos, y sólo dos alternativas completamente diferentes en su destino eterno. Sin embargo, no existe ningún apoyo bíblico para teorizar acerca de cualquier tipo de evangelismo después de la muerte, la libertad condicional o la conversión. La única forma de que uno pueda encontrar “apoyo” para tales doctrinas que van en contravía de la Escritura, es ignorar o distorsionar cualquiera, sino todas las evidencias que dicen lo contrario. En las páginas de la Palabra de Dios, existen sólo dos clases de personas: Los salvos y los perdidos, existiendo, de hecho, “un gran abismo” (Lc 16:25-26) eterno entre el cielo y el infierno que los separa a ambos. Lo que sucede durante el tiempo de nuestra permanencia aquí en la tierra, es lo que marcará la diferencia.

Profundizando un poco más

Si Ud. lo nota, al final de Hebreos 9:27, hay una coma, ya que el pensamiento continúa después del versículo, al 28, y es ahí donde se vuelve realmente interesante, ya que le quita cualquier apoyo al Universalismo.

  • “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, 28 así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.” (He 27-28).

El v. 28 dice, “…así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos…” Esto trata con una de las doctrinas más duras de la fe cristiana, así como también con las doctrinas de la Predestinación, Elección y por todos aquellos por los que Cristo murió. Es tan difícil como el versículo que dice que Dios endureció el corazón de Faraón o que Dios odia al impío (no las acciones del impío, pero al mismo impío) o cuando Dios declara: “A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.” (Ro 9:10-13), ya que el propósito de la elección de Dios es que la misma permanezca.

Estas doctrinas son difíciles de aceptar, pero las mismas están allí y nosotros debemos tomar todo el consejo de Dios el cual está revelado, sin excepción, en Su Palabra. Por lo que afirmaremos que cada palabra de la Biblia es verdadera, digna de confianza y autoritativa; ya que si no lo hacemos, crearemos nuestra propia Biblia de acuerdo a nuestras preferencias. Pero no queremos hacer eso. Necesitamos no tener temor a enfrentar las preguntas difíciles relacionadas con la fe.

Hebreos 9:28, no solo muestra que no todos serán salvos, lo que desmonta la premisa de Bell de una sola vez, sino que también declara que la expiación de Cristo no tuvo la intención para todos, sino para los “muchos”. Cristo no fue ofrecido como sacrificio por los pecados de todos, ni tampoco pagó la pena por los pecados de todos.

Lo que este versículo muestra es que la expiación de Cristo por los pecados de aquellos que creerían en Él ya están, de hecho, pagados. El amor de Cristo es para aquellos por los que triunfó cuando pagó por sus pecados en la cruz.

Por lo tanto, y aunque no era la intención de Rob Bell de mostrar en su libro, después de todo, “El amor gana”. Ya que al final, el amor de Dios sí triunfa, así como también Su justicia; Su misericordia y Su santidad. Por mucho que Bell le gustara enfocarse solamente en el amor de Dios, éste, no puede estar separado de Su justicia, misericordia y santidad. Todas estas cosas, y más, serán al final, perfectamente satisfechas, de la misma manera  como lo que Él planeó desde antes de la fundación del mundo (Ef 1:3-6), para Su gloria.

Indudablemente, al final, Dios gana.

 

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