¿Es la regeneración antes que la fe?

La respuesta a esta pregunta es sí. Pero antes de explicar por qué es esto, debemos explicar brevemente el significado de términos como “regeneración” y “conversión”.

Regeneración

Regeneración significa que uno ha nacido de nuevo o nacido de arriba:

  • Juan 3: 3, 5-8: “3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. 5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. 6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. 7 No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. 8 El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.”

Este nuevo nacimiento es la obra de Dios, por lo tanto, todos aquellos nacidos de nuevo son, “nacidos del Espíritu” (Jn 3:8). O como dice, 1ª Pedro 1:3: “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos”. El medio que Dios usa para otorgar esta nueva vida es el evangelio:

  • 1ª Pedro 1:23: “siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre”.
  • Santiago 1:18: “El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas”.

La regeneración o ser nacido de nuevo, es un nacimiento sobrenatural. De la forma como nacimos físicamente, sin hacer nada, sólo sucedió, de igual forma, no podemos hacer nada para hacer que nazcamos de nuevo espiritualmente.

Conversión

La conversión ocurre cuando los pecadores se vuelven a Dios en arrepentimiento para salvación. Pablo describe la conversión de los tesalonicenses: “porque ellos mismos cuentan de nosotros la manera en que nos recibisteis, y cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero” (1 Ts 1:9). Cuando los pecadores se arrepienten de sus pecados, son convertidos, dándoles Dios la fe que necesitan para creer en Jesucristo; creyendo en Él para perdón de sus pecados, los cuales ya no serán tenidos en cuenta en el Día del Juicio.

  • Pablo argumenta acerca de los no creyentes:
    • Efesios 2:1: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados” [Comparar con Efesios 2:5: “aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)”.]
  • Los pecadores están bajo el dominio del mundo, la carne y el maligno:
    • Efesios 2:2-3: “en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, 3 entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás”.
  • Cada uno es nacido naturalmente en el mundo como hijo/hija de Adán:
    • Romanos 5:12-19: "Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. 13 Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado. 14 No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir. 15 Pero el don no fue como la transgresión; porque si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo. 16 Y con el don no sucede como en el caso de aquel uno que pecó; porque ciertamente el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación, pero el don vino a causa de muchas transgresiones para justificación. 17 Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia. 18 Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. 19 Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos".
  • Por lo tanto, todas las personas entran en este mundo como esclavos del pecado:
    • Romanos 6:6, 17, 20: " 6 sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. 17 Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; 20 Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia".

Sus voluntades están atadas a la maldad, y por lo tanto, no tienen inclinación o deseo a hacer lo que es correcto o volverse a Jesucristo. Sin embargo Dios, debido a Su maravillosa gracia Dios nos dio vida juntamente con Cristo (Ef 2:5). Esta es la forma como Pablo dice que Dios ha regenerado a Su pueblo:

  • Tito 3:5: “nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo”.

Él nos ha dado aliento de vida donde antes no había vida, y el resultado de esta nueva vida, es fe, porque también la fe, es un don de Dios:

  • Efesios 2:8: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios”.

Muchos versículos de 1ª Juan, demuestran que la regeneración, antecede a la fe:

  • 2:29: “Si sabéis que él es justo, sabed también que todo el que hace justicia es nacido de él”.
  • 3:9: “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios”.
  • 4:7: “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios”.
  • 5:1: “Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él”.

De estos textos, podemos hacer dos comentarios:

  • Primero: En cada caso, el verbo “gennáo” (engendrar, nacer, dar a luz, nacimiento, concebir) está en el presente, lo que denota una acción que antecede las acciones humanas de practicar la justicia, evitar el pecado, amar o creer.
  • Segundo: Ningún evangélico dirá que antes de nacer de nuevo podemos practicar la justicia, ya que ese punto de vista enseñaría obras por nuestra propia justicia. Tampoco diríamos que al evitar pecar, nacemos de Dios, porque tal punto de vista, sugiere que las obras humanas nos hacen nacer de Dios. Tampoco diríamos que mostramos primero el gran amor a Dios y Él hace que nazcamos de nuevo. No, es claro que el practicar justicia, evitar pecar y amar, son consecuencias o resultados del nuevo nacimiento. Pero si este es el caso, entonces, debemos interpretar 1ª Juan 5:1 de la misma forma, por la estructura del versículo es la misma que encontramos en los textos acerca de practicar justicia (1 Jn 2:29), evitar el pecado (3:9) y amar a Dios (4:7). De esto se desprende entonces que 1ª Juan 5:1 enseña que Dios primero nos concede nueva vida y después creemos que Jesús es el Cristo.Vemos la misma verdad en Hechos 16:14: “Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía”. Dios primero, abre el corazón de Lidia y la consecuencia es que estuvo atenta y creyó al mensaje anunciado por Pablo. De igual forma, nadie puede venir a Jesús en fe, a menos que Dios haya trabajado primeramente en su corazón para traer a esa persona a la fe en Cristo: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero” (Jn 6:44). A todos aquellos que el Padre ha llevado o dado a Su Hijo ciertamente colocarán su fe en Jesús: “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera” (Jn 6:37).

Dios entonces nos regenera y después creemos. Por lo tanto, la regeneración precede/antecede nuestra conversión. Le damos entonces toda gloria a Dios por nuestra conversión, la de volvernos a Él, ya que es totalmente Su obra de gracia.

 

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