¿Estamos los cristianos atados a la Ley de Moisés?

El libro de Levítico, es tal vez el último en leerse y el menos entendido en todo el Antiguo Testamento. Desde una perspectiva del Nuevo Pacto, esta revelación inspirada por Dios, con todos sus detalles de Leyes alimenticias, sacrificiales y sacerdotales, es percibido como totalmente irrelevante por muchos cristianos evangélicos.

Sin embargo, y al mismo tiempo, es considerado, por muchos judíos ortodoxos y algunos que se profesan cristianos, tanto en esta generación como en la pasada, como un elemento indispensable en la descripción de la conducta verdaderamente santa y escogida de parte de Dios para Su pueblo.

Pero la pregunta con relación a la relevancia de la Ley Levítica para los cristianos ha sido tal vez el tema más debatido que confrontó la iglesia del 1º siglo. El tema fue claramente establecido en ese tiempo, durante el 1º concilio de la iglesia en Jerusalén. Y aun todavía, algunos cristianos en el día de hoy, no están claros en cómo ellos están obligados a observar y cumplir todos los requisitos de la Ley Mosaica, como se encuentra delineada en la páginas del Pentateuco, los primeros cinco libros del Antiguo Testamento.

Sin embargo, Dios no nos ha dejado sin respuesta con relación a este tema, sino que nos ha delineado en las páginas de la Escritura la función expresa de Su Ley y su relación con el cristiano.

Los primero cristianos fueron judíos, quienes predominaban la iglesia en sus primeras etapas de desarrollo. Estos creyentes judíos mesiánicos del primer siglo, no olvidaron inicialmente su observancia a la Ley de Dios, sino más bien la continuaron como fue la costumbre de ellos desde los días de su juventud.

La pregunta de la relevancia de la Ley Mosaica para los cristianos se levantó cuando Dios empezó a agregar gentiles creyentes al Cuerpo de Cristo. En Hechos, capítulo 10, Dios dirigió a un centurión gentil temeroso de Dios, llamado Cornelio a buscar al apóstol Pedro. En consecuencia, Dios le reveló Su voluntad al apóstol en una visión muy perturbadora, la cual, y su tiempo, llevó a Pedro a proclamar el evangelio delante de Cornelio y todos sus amigos más cercanos y familiares. Esto dio como resultado, la dramática conversión de estas personas al cristianismo.

En la medida en que el Señor empezó a levantar al apóstol Pablo usándolo poderosamente para Su gloria, esto trajo como consecuencia la conversión de más gentiles. Esta gran afluencia de creyentes a la iglesia primitiva atrajo mucho la atención al tema de la relevancia de la Ley Mosaica para los cristianos. De Hechos 15:1, aprendemos:

  • “Y algunos descendieron de Judea y enseñaban a los hermanos: Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos.”

Y Hechos 15:24, nos dice:

  • “Por cuanto hemos oído que algunos que han salido de nosotros, os han inquietado con palabras, trastornando vuestras almas, mandando circuncidaros y guardar la ley, á los cuales no mandamos;” (Versión Reina Valera Antigua - VRVA).

Esto determinó la ida de Pablo y Bernabé a ir a Jerusalén para reunirse con los apóstoles y ancianos para aclarar esta disputa. Y fue aquí, que esta decisión histórica tomó lugar con relación a la relación de los cristianos a la Ley de Moisés. En medio de mucha discusión, el apóstol Pedro le dijo a los presentes:

  • 7 Y después de mucha discusión, Pedro se levantó y les dijo: Varones hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio y creyesen. 10 Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?” (Hch 15:7, 10).

Entonces, les fue revelado, por el Espíritu Santo, que los gentiles no estaban obligados a guardar la Ley de Moisés, ya que ellos, así como los judíos, eran salvos a través de la gracia del Señor Jesús.

En este punto, parecería que la Ley entregada por Moisés a los judíos no tiene en lo absoluto, ningún propósito para el cristiano; que esta es, totalmente irrelevante. En la epístola de Pablo a los Gálatas, él trató este tema de forma extensa ya que la iglesia estaba siendo influida por “aquellos de la circuncisión”, y que eran conocidos como los “judaizantes”.

En la mitad de su carta a los creyentes en Galacia, Pablo procede a preguntarles:

  • “Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador.” (Gá 3:19).

Pablo entonces, pasa a responder haciendo la siguiente declaración:

  • “¿Luego la ley es contraria a las promesas de Dios? En ninguna manera; porque si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley. 22 Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes. 23 Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. 24 De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe.” (Gá 3:21-24).

De acuerdo a Pablo, la Ley fue agregada debido a las “transgresiones”.  En otras palabras, su intención fue la de revelar nuestro fracaso moral para que pudiéramos descubrir cuán pecadores somos realmente.

Después de que un individuo ha venido a la fe en Cristo, el trabajo del “ayo/tutor” es mostrarles su pecaminosidad y por lo tanto, su trabajo, el de llevarlo a Cristo, es terminado. Por lo tanto, y en este punto, ellos no se encuentran ya más bajo ese antiguo “maestro” (la Ley):

  • “ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.” (Ro 3:20).
  • “¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás.” (Ro 7:7).

Es por lo tanto indiscutible que la Ley de Dios es tanto relevante y pertinente. En su sentido Levítico, la Ley de Dios continua sirviendo como maestro a aquellos judíos que todavía se encuentran adheridos a esta como el estándar para su conducta. Y en su sentido general, moral, como se encuentra en el corazón de la Ley, los 10 mandamientos, esta continúa como un compás moral, así como también, la norma de Dios para una conducta santa, mientras convence la consciencia de los hombre y mujeres a través del mundo, en la medida en que esta les revela su pecaminosidad y así, la verdadera necesidad para el Salvador.

El apóstol Pablo en 1ª Timoteo 1:9-10, dice:

  • “conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, 10 para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y para cuanto se oponga a la sana doctrina,”

Por lo tanto, es apropiado para el siervo sabio y prudente del Señor, ejercer legítimamente los santos mandamientos de Dios, mientras labora fielmente en el campo blanco de la cosecha.

 

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