Estudie para predicar

Por, Tony Miano
Editado por, Matt Slick

  • Hebreos 6:1: “Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios”.

En la comunidad de evangelismo en las calles, no es raro que los evangelistas critiquen la forma como los pastores interpretan y enseñan –desde el púlpito– la Palabra de Dios. Los predicadores en las calles, expresan con frecuencia una insatisfacción con lo que parece ser como una falta de cuidado en la preparación de los sermones. El problema es que, muchos de estos predicadores de las calles, hacen muy poco estudio para prepararse para sus mensajes al aire libre.

Predicador de la calle: ¿Cómo estudia Ud.?

¿Estudia Ud. para sus mensajes al aire libre?

Algunos evangelistas de las calles citarán rápidamente una letanía de cosas que estudian en su preparación para sus menajes al aire libre: apologética, acontecimientos actuales, preguntas generales, lo último en tácticas de los ateos, la última pegunta hecha por ellos y a la que no tienen respuesta –y esta última en particular es la que más animo todo el tiempo. Algunos dirán que memorizan las Escrituras, ya que es lo que debe hacer todo cristiano.

Cuando le pregunto a una persona si estudia preparándose para sus mensajes al aire libre, escucho con frecuencia, respuestas como esta:

  • “Escucho muchos sermones de mi pastor favorito. Escucho audios y miro vídeos de mis predicadores favoritos al aire libre. Siempre estoy buscando temas de actualidad para usarlos en la transición entre la ley y el evangelio. Y siempre estoy buscando nuevas formas para atraer multitudes”.

Si recibo respuestas como esta, preguntaría: “Pero, ¿estudia la Biblia? ¿La estudia para que así, sea capaz de enseñar la Palabra de Dios? (Esdras 7:10: “Porque Esdras había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla, y para enseñar en Israel sus estatutos y decretos.) ¿Estudia Ud. como parte de hacer lo mejor al presentarse a Dios como aprobado por Él, un obrero que no tiene de que avergonzarse, que traza correctamente la Palabra de Dios? (2ª Timoteo 2:15: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.)

Hace poco, un hermano respetado, pastor y evangelista me preguntó por qué pensaba que habían tantos falsos maestros, herejes, apostatas, malas conductas, etc. en sectores de la comunidad de evangelismo en las calles. Y respondí: “Pienso, que parte del problema es que muchos evangelistas de la calle no son estudiantes de la Palabra de Dios. Ellos estudian para mostrarse aprobados a ellos mismos, o para otras personas en vez de mostrarse aprobados por Dios. Ellos estudian, más para ganar argumentos que para ganar almas”.

Permítame aclarar que no hay nada equivocado con estudiar apologética, acontecimientos actuales, preguntas generales, lo último en tácticas de los ateos, o cualquiera otra área de estudio que ayude al predicador de la calle a ser más efectivo y que bíblicamente presente la ley y el evangelio al aire libre. Con frecuencia estudio la última pregunta que alguien me hizo, si fue una que no pude responder o que sentí que había dado una respuesta inadecuada. He estudiado todos los temas antes mencionados –y algunos más– en mis esfuerzos evangelísticos. Pero el predicador bíblico de las calles debería estudiar un tema con mucha más frecuencia que otros; y este es, la Biblia.

Entrenamiento constante con su arma principal

Cuando el departamento del alguacil de Los Ángeles me contrató en 1987, yo sabía muy poco acerca de armas. Solo sabía que estas, eran peligrosas.

El entrenamiento no empezó con colocar en la línea de fuego a todos los reclutas, ordenándoles que dispararan. Hubo instrucción significativa en el salón de clases con relación a la nomenclatura de nuestra arma y rango de seguridad. Solo después de estas instrucciones se nos permitió ir a la línea de fuego con munición verdadera.

Se nos permitió entonces disparar nuestras armas para sentir cómo operaba, conocer su poder y su capacidad. Pero el entrenamiento no se detuvo ahí. Se nos enseñó cómo desatascar el arma debido a la munición. Las instrucciones incluían cómo, en cierta cantidad de tiempo, y en medio del estrés, desatascar el arma con un número mínimo de movimientos. El estrés se acrecentaba cuando todas estas cosas tenían que ser llevadas a cabo bajo situaciones de “dispare, no dispare”, y escenarios de combate en las calles. También, se agregaba el estrés de limpiar el arma, desarmándola y volviéndola a armar, bajo las condiciones mencionadas anteriormente.

¿Por qué, todo este entrenamiento? No era suficiente con saber cómo disparar el arma. Era sumamente importante conocer también cómo funcionaba el arma; cuando usarla y cuando no, cómo llevarla en forma segura, y cómo corregir cualquier error de quien la operaba, o del mal funcionamiento del arma.

Mientras que la Palabra de Dios nunca puede equivocarse (2ª Timoteo 3:16-17), pueden haber, y con frecuencia se presentan errores cuando es utilizada por el operador. Con demasiada frecuencia, los predicadores de las calles, saben cómo disparar la Palabra de Dios, pero ellos, no la estudian lo suficiente o con la debida frecuencia, olvidándose así, cómo funciona; cuándo y cómo usarla en evangelismo en forma correcta; o cómo corregir cualquier error de quien la usa, ya sea por parte de ellos o por alguien más, o en última instancia, cuando una persona los interrumpe.

La comunidad de evangelismo bíblico en las calles, necesita crecer en el área de dividir y enseña correctamente la Palabra de Dios. Ahora, esto no significa que para ser un predicador de la calle uno debe ser un teólogo ordenado con cartas de recomendación con su nombre, o con diplomas colgados en las paredes de la oficina –y no hay nada malo en esto. Sin embargo, la falta de entrenamiento teológico no es excusa para que se maneje descuidadamente la Palabra de Dios.

Si los predicadores en las calles van a representar correctamente a nuestro Rey, como embajadores y heraldos, entonces, les corresponde asegurarse que están manejando y explicando adecuadamente los edictos del Rey (Su Palabra). Hacer lo contrario, es ser descuidado en el servicio como uno de los representantes del Rey.

Cómo preparar sermones para predicar en las calles

Empiece seleccionando un pasaje de la Escritura que pueda ser fácilmente utilizado de forma evangelística, sin forzar ningún significado errante (eisegesis) sobre el texto.

Mire el contexto cercano y lejano del versículo o del pasaje, junto con cualquier contexto histórico aplicable que ayudará a una más completa comprensión  del texto.

Estudie cualquier referencia cruzada aplicable, asegurándose que su interpretación del texto es, exacta, y de acuerdo a lo que la Biblia dice acerca de esta. Este principio de estudio de la Biblia es conocido como la “analogía de la fe”. En forma simple, este principio lleva la idea de dejar que sea la Escritura la que interprete la Escritura.

Revise el pasaje, versículo por versículo –y cuando sea necesario, estudie el texto en griego o hebreo– resaltando las palabras claves o frases que enfatizará en el mensaje al aire libre.

Haga un breve resumen que le ayudará a recordar los puntos clave que quiere mencionar, entremezclando la ley y el evangelio a través  del mensaje. Mientras que predicar improvisadamente, es sin duda, visualmente más atractivo para el oyente, no hay absolutamente nada malo si usa notas como referencia como predicador de las calles, de la ley y el evangelio.

Habiéndose tomado el tiempo para estudiar el texto o los textos de los que planea usar para predicar, no sólo estará mejor preparado para presentar la ley y el evangelio, sino que también lo estará para presentar a nuestro gran Dios y Rey, nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.

Aquí les dejo, cómo mi estudio de Colosenses 2:8-15EL Gran Cambio– se convirtió en un mensaje al aire libre.

 

Este artículo también está disponible en: Inglés

 

 

 

 
 
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