¿Existe la verdad?

Desde comienzos del siglo XIX algunas escuelas filosóficas de la cultura occidental comenzaron a desarrollar la idea de que todo es relativo, todo es impreciso, que la realidad circundante depende de la óptica de cada observador. Estos filósofos derrumbaron la lógica clásica que afirma: “Si +A es cierto, entonces –A es falso.” Si algo es cierto, entonces su opuesto tiene que ser falso.

Hegel derrumbó esta premisa y la sustituyó con una nueva: “La verdad se puede mover entre +A y –A.” Hegel nos enseñó que toda idea, que le llamamos una tesis, puede ser confrontada con la idea opuesta, que llamamos antítesis, y de estas dos ideas rivales podemos plantear una nueva idea que combine partes de ambas, dando nacimiento a una síntesis.

Esta nueva manera de construir nuestro pensamiento lógico se la llamó lógica dialéctica. Todos los que estamos leyendo este documento tenemos insertada en nuestra mente la lógica dialéctica de manera inconsciente. El sistema educativo nos entrenó para construir pensamientos bajo la premisa de que la verdad se desliza entre +A y –A.

A la larga, cada uno de nosotros puede elegir su verdad particular. Pasamos de una cultura que se regía por unas verdades colectivas universalmente aceptadas a una cultura en la que cada cual puede construir su verdad relativa.

  • Hasta 1974 la siquiatría catalogaba el homosexualismo como un desorden mental, que debe tratarse clínicamente. Pero la presión de que la verdad es relativa condujo a los jueces  y a los siquiatras a cambiar su posición.
  • Hasta 1950 casi todos los países castigaban el adulterio con cárcel y multas. Hoy en día los adúlteros aparecen como los héroes en las revistas del corazón y los esposos fieles son ridiculizados en las reuniones sociales.
  • Hasta 1970 los estudiantes de los colegios obedecían sin chistar a sus profesores y los castigos por desobediencia eran severos y daban resultado. Hoy los alumnos demandan a sus profesores porque les impiden “el libre desarrollo de su personalidad”. Y los jueces les dan la razón a los estudiantes.

Estos cambios son considerados como muestras de madurez, de tolerancia, de civilidad. Este relativismo en nuestras conductas sociales nos ha conducido a ser una sociedad anárquica con miles de focos rebeldes que defienden su verdad particular frente a la verdad relativa de la mayoría. Europa está padeciendo este drama con las minorías musulmanas en casi todo su territorio, que no acatan las normas occidentales y son fieles a sus hábitos islámicos.

Nos tocó vivir en una cultura en la que tenemos que permitir cualquier conducta que no haga daño evidente a otros. Ignoramos que los daños más severos son imperceptibles en los corazones de millones. Por eso hemos autorizado a los homosexuales a casarse y adoptar hijos. Por eso dejamos que los jóvenes desde los 14 empiecen a beber alcohol y fumar. También dejamos que los niños desde los 12 tengan relaciones sexuales. Y el nuevo paradigma social es ayudarles a todas estas personas a lidiar con las consecuencias de sus actos irresponsables, pagando entre todos un sistema de salud que vive quebrado porque no hay plata que alcance para atender a tanto transgresor de conductas que sabemos nos dañan el cuerpo y el espíritu.

Toda esta situación es consecuencia directa de nuestra manera de razonar: “La verdad absoluta no existe, porque depende del observador y actor en cada circunstancia. Dejemos que cada cual haga lo que su conciencia le indique.

Pero la dura realidad nos demuestra que estamos equivocados. Nadie puede violar las leyes naturales y salir ileso. Nadie puede violar la ley de la gravedad sin salir herido. Nadie puede violar la ley de “malos alimentos = mala salud” y llegar a viejo con buena salud. Nadie puede violar la ley de “no quitarás la mujer a tu prójimo” y salir indemne.

¿Cuándo nos daremos cuenta que hemos construido una cultura que se acerca a la anarquía por nuestra equivocada manera de interpretar la realidad?

Me parece que muy pronto vamos a despertar cuando un grupo de locos destruya una ciudad importante con una bomba sucia y maten a un millón de ciudadanos. A partir de este posible y fatídico momento, nos veremos forzados a soportar una sociedad autoritaria que limite la libertad individual, y viviremos la resaca de una larga fiesta en la que varias generaciones adoptamos pensamientos alucinantes que no nos dejaron ver nuestra corrompida naturaleza humana.

Nuestra naturaleza corrompida debe ser limitada con normas claras y castigos adecuados. Es falsa la premisa de que el delincuente puede ser regenerado. Todos los sistemas carcelarios lo corrompen aun más.
Toda la disciplina de la antropología debe ser revisada y reconstruida. Nos toca regresar a construir el pensamiento moderno bajo la lógica clásica, porque la ciencia nos ha demostrado que la verdad absoluta si existe, aunque no seamos capaces de comprenderla totalmente.

Estoy convencido de que si construimos nuestra cosmovisión moderna bajo la premisa fundamental de la lógica clásica, lograremos organizar mejor nuestra cultura occidental.

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