Jeremías 18:7-11: “… yo me arrepentiré del mal que había pensado hacerles…”

Por, Matt Slick

  • Jeremías 18:7-11: “En un instante hablaré contra pueblos y contra reinos, para arrancar, y derribar, y destruir. 8 Pero si esos pueblos se convirtieren de su maldad contra la cual hablé, yo me arrepentiré del mal que había pensado hacerles, 9 y en un instante hablaré de la gente y del reino, para edificar y para plantar. 10 Pero si hiciere lo malo delante de mis ojos, no oyendo mi voz, me arrepentiré del bien que había determinado hacerle. 11 Ahora, pues, habla luego a todo hombre de Judá y a los moradores de Jerusalén, diciendo: Así ha dicho Jehová: He aquí que yo dispongo mal contra vosotros, y trazo contra vosotros designios; conviértase ahora cada uno de su mal camino, y mejore sus caminos y sus obras”.

Curiosamente y con frecuencia, los teístas abiertos mencionan este pasaje de la Escritura para probar que Dios cambia Su mente. Pero, por si acaso, este pasaje va en contra del teísmo abierto.

Dios trabaja por medio de pactos. En otras palabras, Él establece pactos con las personas y los ratifica con señales. Los pactos consisten en una serie de acuerdos entre dos o más partes; además cuentan con cláusulas y condiciones, como las recompensas por la fidelidad, y castigos por quebrantarlo. Por lo tanto, Dios se relaciona con nosotros en términos de pactos.

En Jeremías 18:7-11, Dios nos está diciendo que si una persona se arrepiente de su pecado, aunque Dios esté dirigiendo un castigo hacia esa persona, el Señor se detendrá y cambiará Su curso de acción debido al arrepentimiento de la persona. Dios está siendo fiel a ese pacto, por amor a Su nombre, y está declarando la forma como Él trabaja. Él está diciendo que se arrepiente del castigo que va a traer sobre las personas si estas se arrepienten de su pecado. De hecho, Dios le dice con frecuencia a las personas, que Él los castigará, lo que hace que ellos se arrepientan, y al hacerlo, Dios no los castigará. Desde la eternidad, Dios sabía que ellos se arrepentirían, pero declaró Su amenaza para traerlos al arrepentimiento. Si Dios no les hubiera dicho lo que les sucedería si continuaban en pecado, ellos no se arrepentirían.

Por lo tanto, Dios se relaciona con las personas en su marco de tiempo, pronunciando de forma apropiada juicio sobre ellos por sus pecados, pero, sin llevar a cabo Su castigo si en ellos hay arrepentimiento. Este es el medio por el cual Dios, con conocimiento, les ofrece arrepentimiento para no castigarlos por sus pecados; y no porque Dios sea “frío”.

 

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