Jeremías 19:5: “… ni me vino al pensamiento”

Por, Matt Slick

  • Jeremías 19:5: “Y edificaron lugares altos a Baal, para quemar con fuego a sus hijos en holocaustos al mismo Baal; cosa que no les mandé, ni hablé, ni me vino al pensamiento”.

Este versículo ya fue tratado en Jeremías 7:31.

¿Está realmente el Señor diciendo en este versículo que hay cosas en las que Él no piensa? Aun en el teísmo abierto, Dios conoce todas las cosas, tanto las reales como las potenciales o las que han de suceder. Esto significa que Dios puede conocer todas las cosas en el tiempo presente así como también todas las posibilidades de las cosas que pudieran llegar a existir o suceder. Ciertamente Dios, quien conocía los pecados pasados de Israel, hubiera pensado acerca de estos, los cuales, eran nuevamente cometidos aunque fueran tan horribles como los fueron. Por lo tanto, no tiene sentido interpretar esto como si Dios aceptara que Él nunca hubiera pensado acerca de algo.

Aún más, algunas versiones traducen este versículo así:

  • “… ¡ni siquiera me pasó por la mente ordenar semejante cosa!” (Nueva Traducción Viviente).
  • “…lo cual yo no mandé, ni me pasó por la mente” (Biblia de las Américas).

Mientras que otras, usan la palabra “corazón”:

  • “…cosa que yo no les mandé, ni subió en mi corazón” (Reina Valera Antigua).
  • “…yo no les mandé, ni subió en mi corazón” (Reina Valera 60).

Lo que es interesante acerca del versículo de Jeremías, es que la LXX1 usa la palabra griega “kardia”, la cual es traducida como “corazón”. Otras versiones usan la palabra “mente”, “pensamiento”.

Podemos concluir que Dios puede contemplar todas las formas posibles de rebelión, y que Dios está tratando con el tema de la conducta moral humana, en lugar de expresar ignorancia, ya que es de lo que Dios está hablando. En otras palabras, el pecado de ellos no entró en el propósito del corazón de Dios para Sus planes con Judá.

 

Este artículo también está disponible en: Inglés

  • 1. La Septuaginta es la traducción griega del hebreo del Antiguo Testamento. Fue traducida por los judíos, alrededor del 200 a. C.

 

 

 

 
 
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