Juan 12:37-41 y la deidad de Cristo

Por, Luke Wayne
5 de diciembre de 2016

Juan 12 presenta un claro y convincente testimonio de que Jesús es YHVH (Yahvé, Jehová), el Dios verdadero de Israel. Después de describir la triunfante entrada de Jesús en Jerusalén y de que el mismo Jesús profetizara Su propia muerte, Juan continúa explicando:

  • “Porque a pesar de haber hecho tan grandes señales delante de ellos, no creían en Él; 38 para que se cumpliera la palabra del profeta Isaías, que dijo: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y a quién fue revelado el brazo del Señor? 39 Por esto no podían creer, porque Isaías dijo otra vez: 40 Ha cegado los ojos de ellos, y endureció el corazón de ellos, Para que no vean con los ojos, ni entiendan con el corazón, y se conviertan, y los sane. 41 Esto dijo Isaías porque vio su gloria, y habló acerca de Él”. (Juan 12:37-41).

Juan explica la incredulidad de los fariseos como el cumplimiento de las profecías de Isaías. Claramente, el pasaje está hablando acerca de Jesús: “Porque a pesar de haber hecho tan grandes señales delante de ellos, no creían en Él”. En el evangelio de Juan, era Jesús quien realizaba esas señales; y eran los fariseos quienes no creían en Jesús. Leer el inicio del capítulo nos llevará a esta porción, haciéndola más clara. Definitivamente aquí, el sujeto es Jesús. Cuando posteriormente Juan registra, “esto dijo Isaías porque vio su gloria, y habló acerca de Él”, el contexto es todavía acerca de Jesús. Isaías vio la gloria de Jesús y habló de Él. Las palabras de Isaías se cumplieron al rechazar los fariseos a Jesús porque estas palabras eran sobre Jesús. Esto no puede ser más simple. Pero cuando consideramos las palabras de Isaías en el contexto, las implicaciones son poderosas y el punto de Juan es certero.

Aquí, Juan cita de dos pasajes. El primero es el de Isaías 53:1 (“¿Quién ha creído nuestro anuncio? ¿Sobre quién se ha manifestado el brazo de YHVH?”). Isaías es una de las profecías mesiánicas más poderosas de todo el Antiguo Testamento, y describe cómo Jesús sería rechazado, y aunque sin pecado, sería condenado a muerte por nuestros pecados. Incluso, señala Su posterior resurrección. Sin embargo, este pasaje no está describiendo una visión en la cual Isaías ve al Mesías. Él habla acerca de Jesús, pero Él no ve la gloria de Jesús en este capítulo. Esto nos lleva a la segunda referencia. Juan también cita, Isaías 6:10 (“Embota el corazón de este pueblo Y que sus oídos se endurezcan y sus ojos se cieguen; No sea que viendo con sus ojos Y oyendo con sus oídos Y entendiendo con su corazón, Se convierta, y sea sanado”). Más bien, en este pasaje Isaías está describiendo una experiencia visionaria extraordinaria al inicio de Su ministerio profético. El capítulo 6 empieza:

  • “El año de la muerte del rey Uzías vi a Adonay sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldones llenaban la Casa. 2 Por encima de Él había serafines: cada uno tenía seis alas, con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies y con dos alas se cernían. 3 Y alternándose, clamaban: ¡Santo, Santo, Santo, YHVH Sebaot! ¡La tierra está llena de su gloria! 4 Y los umbrales de las puertas temblaban al clamor de su voz, y la Casa estaba llena de humo” (Isaías 6:1-4).

El resto del capítulo describe la experiencia de Isaías en la presencia del SEÑOR. En este contexto la palabra “SEÑOR” representa el nombre divino YHVH (Yahvé, Jehová). Esta es la gloria que Isaías vio y que le obligó a escribir estas palabras. Él había visto la gloria del SEÑOR, ¡Dios de Israel! De hecho, en la Septuaginta (la traducción antigua griega del Antiguo Testamento que fue usada por la mayoría de los escritores del Nuevo Testamento) se lee en la línea de inicio del capítulo lo siguiente:

  • “Y aconteció el año que murió Ozías, el rey, vi al Señor, sentado sobre solio excelso y sublime, y llena la casa de su gloria”.

Note que mientras el texto hebreo dice que “sus faldas llenaban el templo”, en la Septuaginta se interpreta esto, como “su gloria” llenando el templo. Cuando Juan dice que Isaías escribió Isaías 6:10 porque él había visto "Su gloria", esto se toma directamente del mismo pasaje. Isaías había visto la gloria del SEÑOR y escribió lo que se le dijo. Sin embargo, Juan dice claramente que Isaías escribió esas palabras porque él había visto la gloria de Jesús. Por lo tanto, y sin ambigüedades, Juan está diciendo que Isaías vio la gloria de Jesús en su visión del templo. De esta forma, Juan está afirmando que Jesús es el SEÑOR. Él está diciendo que cuando Dios se le apareció a los profetas, no vieron al Padre, vieron a Jesús. Tal como Juan lo dice al inicio del evangelio:

  • “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer” (Juan 1:18).

Aun al escoger el título “el Verbo” para Jesús o “la Palabra” en Juan 1:1-14, Juan estaba usando un idioma enriquecido por la tradición judía para definir a Jesús como la presencia personal, auto reveladora de Dios. Juan también describe a Jesús siendo con Dios y ser Dios mismo (Juan 1:1), como el creador no creado de todas las cosas (Juan 1:3), y como descendiendo del cielo a los judíos como Su propio pueblo: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Juan 1:11). Todo esto deja claro que Juan sí entendió que Jesús es el SEÑOR, YHVH, Jehová Dios. También muestra la cuidadosa distinción que Juan hace. Mientras que Jesús y el Padre son ambos el único verdadero Dios de Israel, Jesús no es el Padre. Jesús y el Padre son personas distintas, y sin embargo, ambos son el Dios único y eterno. Así, el evangelio de Juan tiene sólo sentido a la luz de la doctrina bíblica de la Trinidad.

 

Este artículo también está disponible en: Inglés

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