Juan 14:15: El amor y la disciplina de Dios

Por, Ken Cook

Mi hijo tiene tres años. Es un niño maravilloso. Le gustan los trenes y los animales (las gallinas son sus animales favoritos, después de nuestro gato y perro). Se me ha dicho muchas veces que los hijos enseñan muchas cosas, y en una ocasión, mi hijo me enseñó algo acerca del amor y la disciplina de Dios. En el libro de Hebreos 12:5-6, se nos recuerda cómo es que Dios nos trata como Sus hijos:

  • “y habéis olvidado la exhortación que como a hijos se os habla, diciendo: Hijo mío, no tengas en poco la disciplina del Señor, Ni desmayes cuando seas reprendido por Él. 6 Porque el Señor al que ama disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo”.

Mi hijo siempre ha dormido bien, pero ha habido noches en que ha permanecido despierto por alguna razón desconocida. Fielmente lo regreso a su cama, y en una de esas noches tuve con él una charla acerca de la disciplina. El sentido principal de la conversación era el que yo lo disciplinara a él porque un día, Dios lo haría. Le dije a él que fuera a dormir y salí de su cuarto.

Minutos más tarde, escuché un susurro en su puerta. Salí de mi habitación y me coloqué al pie de su puerta, y cuando la abría me vio, soltó su linterna y se metió en su cama. Rápidamente fui tras él. Tan pronto como me senté en su cama, me encontró en la oscuridad, y me dijo: “Te amo Da-Da”, mientras se acurrucaba en mis brazos. El mundo, pareció detenerse, mientras que un versículo llegaba a mi mente: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos” (Juan 14:15), y pensé que así tenía que ser con Dios, nuestro Padre. Él nos dice qué hacer, y tan pronto como pensamos que Él no nos está “viendo”… hacemos lo nuestro. Cuando lo vemos “venir” regresamos a hacer las cosas en forma correcta, pero Dios conoce todo lo que sucede. Cuando Dios se acerca a Sus hijos nos apresuramos hacia Él gritando, “Te amo Papá”. Creo que Dios, a través  de las Escrituras dice lo que le dije a mi hijo: “Si me amas, obedéceme; yo te amo hijo, y quiero lo mejor para ti”. Dios podría haberse revelado a Sí mismo en una cantidad de papeles y formas, pero una de las principales formas fue, como Padre, y Hebreos nos recuerda que somos hijos. Dios nos disciplina a nosotros de la misma forma como lo hago con mi hijo, para conformar nuestros corazones a Cristo.

 

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