La incoherencia ética del panteísmo

Por, Luke Wayne
20 de marzo de 2017

Existe una noción popular en el mundo de las religiones de que el universo es, en efecto sólo una cosa divina. Aunque parece que usted y yo, los perros y las piedras son todas entidades diferentes, existe de hecho, solo una cosa, un dios impersonal que abarca todo lo que se es. Por ejemplo, en muchas formas de hinduismo se cree que los cielos, la tierra, y todo en estos, son todas, manifestaciones únicas de Brahma, la esencia eterna, impersonal y divina y el único ser que existe verdaderamente. Ideas como estas son llamadas panteísmo y son en última instancia antiéticas a la enseñanza bíblica que Dios es personal, totalmente diferente de la creación y que trajo el universo a existencia con el sólo poder de Su Palabra.

Con frecuencia, los panteístas creen que sus puntos de vista representan un fundamento ético superior al cristianismo teísta o cualquiera otra cosmovisión.  Ellos suponen que si todos los seres humanos y todas las cosas son divinas y sagradas, entonces obviamente las personas deben tratarse entre sí y tratar todo lo demás con dignidad y respeto. Mientras que el panteísmo debe negar cualquier ley moral objetiva, los mandamientos divinos autoritativos, la justicia final y el juicio futuro o consolación, los panteístas sienten que el peso emocional de darse cuenta de que somos uno con todo lo demás, y que todas las cosas son divinas, es una motivación mayor para la bondad y la virtud. Mientras que esto puede parecer sabio a muchos que lo llevan solo al nivel de los sentimientos y reacciones instintivas, considerar lo contrario en forma racional, resulta ser cierto. El panteísmo socava la posibilidad de cualquier estándar moral significativo.

Incoherencia moral

Si yo digo que todo es igualmente divino y sagrado porque todo es uno, las implicaciones no son necesariamente tan benevolentes para mi prójimo. Supuestamente soy uno con todo lo creado, grande o pequeño. ¿Puedo entonces hacer una distinción entre el microbio o el parásito y el niño enfermo en el que estos microbios o parásitos viven? Cada bacteria es como mucho, una manifestación de lo divino en usted o en mí. ¿Quién soy yo para matar miles o incluso millones de vidas sagradas para salvar sólo a un bebé moribundo? Yo soy uno con el parásito como soy uno con el niño. Un león mata a un antílope o el antílope escapa y el león muere de hambre. Todas las cosas parecen matar, y todas las cosas parecen morir. Todo esto es sólo el universo siendo  el universo. Todo es uno. ¿Cómo puedo hacer una distinción para liberar una cosa de la otra?

Sin embargo, el problema es más profundo. Si el panteísmo es verdadero, entonces, cualquier cosa que uno diga, haga o piense está ciertamente dicha, hecha o pensada por “dios” y es tan divino como cualquier otro grupo de acciones o motivaciones. El robar es tan divino como el dar. Asesinar es tan santo como rescatar. Infectar es tan piadoso como curar. Violar es tan sagrado como cortejar respetuosamente. La naturaleza divina hace todas las cosas por igual. Usted no puede mirar a otras personas como personas separadas con motivaciones distintas haciendo cosas individuales. Usted no puede mantenerlos en una norma fuera de sí mismos. No puede haber tal norma. Todo es uno. Usted no es más sagrado de lo que ellos son. Sus pensamientos y perspectivas no pueden ser con más autoridad o piadosos que los de ellos. Los dos no son personas separadas o cosas. Sus acciones y las acciones de ellos son tanto el universo como el universo.

El panteísta dice: “Si el universo es divino, entonces todo es sagrado”. ¿Sagrado para quién? Si no hay nada más sino una cola cosa, ¿quién está ahí para sostener que es sagrado? Si es simplemente el universo que se sostiene sagrado, ¿qué significa incluso “sagrado”? ¿Qué más hay además de sagrado? ¿Qué estándar puede haber para decir que tratar el universo de una manera es tratarlo como sagrado y tratarlo de otra manera es de alguna manera sacrílego? ¿Cómo es una acción particular o cómo se enmarca la mente al “reconocer el universo como sagrado” y otro no? Si el universo se mantiene sagrado, entonces todos mis pensamientos son automáticamente sagrados, porque son parte de esa esencia universal. No puede haber distinciones.

Tal enseñanza no es una motivación para pensarlo o hacerlo de forma diferente. Si por si acaso, es una excusa para permanecer exactamente como soy y para sostenerme haciendo lo que estoy haciendo. El panteísta puede decir que tengo que “ver todas las cosas como sagradas”, pero los pensamientos básicos son tan divinos como los pensamientos sublimes. Yo no soy una persona distinta que es responsable de lo bien o mal que siento el resto del universo sagrado, ni hay una ley divina fuera de mí para decirme cómo deben ser tratados los objetos sagrados. Una vez más, soy sólo una manifestación del universo siendo el universo.

La reacción de muchos panteístas es decir que tal charla es equivocad, pero esa respuesta no está enraizada en la lógica del panteísmo. Nadie puede estar equivocado si no tenemos cabezas distintas e individuales. Si todos somos una cosa, entonces todas nuestras acciones, pensamientos, opiniones y creencias son simplemente manifestaciones del ser sagrado de dios. Todas estas manifestaciones son divinas. Es sólo al hacer distinciones, al decir que algunas cosas no son sagradas y no son divinas, que usted puede empezar a usar las ideas de lo “sagrado” y lo “divino”, para establecer cualquier tipo de dirección moral o estándar ético.

Fracaso redentor

También tenemos que ir un paso adelante. ¿Cómo tratamos con nuestra culpa y vergüenza? Cuando hacemos lo que es inmoral, somos objetivamente culpables (ya sea que nos sintamos o no de esa forma). Cuando reconocemos nuestra culpa, tenemos un sentido de vergüenza en respuesta. En el panteísmo, ¿cómo encontramos expiación objetiva por nuestra culpa y libertad personal para nuestra vergüenza? Esta es una cuestión importante para cualquiera que quiera afirmar el panteísmo como una base para la moralidad.

La solución más obvia es proponer alguna forma de absurdo nihilismo moral. No hay un “usted” diferente y ninguna otra persona u objeto sobre el cual actuar. Por lo tanto, usted nunca ha realizado acciones verdaderas ni ha dañado a otros seres verdaderos. Además, no hay una norma fuera de usted mismo por la cual pueda usted ser medido, por lo que el concepto de culpabilidad objetiva no puede existir porque nada puede ser inmoral. Puesto que no puede ser culpable, no tiene nada de qué avergonzarse. Su vergüenza es una ilusión la cual, simplemente, necesita dejar ir. En otras palabras, usted niega la moralidad por completo y afirma que no hay tal cosa como la culpa y no hay necesidad de sentir vergüenza ni una sola vez. Esto, por supuesto, no convierte al panteísmo en la base de la moralidad. Más bien, es la base para la negación de la moralidad. Tal enfoque es una concesión donde el panteísmo no puede ofrecer absolutos éticos concretos ni moralidad objetiva.

Algunos afirmarán que es nuestra comprensión sobre el universo de que es uno y que todo es sagrado; que por sí mismo absuelve nuestra culpa y nos libera de nuestra vergüenza; pero esto es realmente sólo un ingenioso re-envasado de la misma negación moral. En el panteísmo, no me hago uno con el universo; yo ya soy uno con el universo. Mi comprensión de esto es simplemente, una cuestión de perspectiva. No cambia objetivamente nada. Si mi unidad con el universo elimina la culpa, entonces la culpa no es posible, ya que la esencia divina es todo lo que existe y todo es siempre uno con el universo. Estoy “absuelto de mi culpa” sólo por la comprensión de mi experiencia de que no hay ningún "yo" distinto para ser culpable. Estoy “libre de mi vergüenza” porque ya no pienso más en mí como un ser humano distinto que cometió acciones personales, sino que veo el universo como un todo, sin distinciones. Todo esto, por supuesto y para empezar, significa que nunca fui realmente culpable o avergonzado. Detrás de las palabras positivas y sentimientos felices, esto nos trae verdaderamente de regreso a una negación de la moralidad real.

La negación no es una solución a la culpa o a la vergüenza genuina. Necesitamos perdón. Una esencia impersonal y universal no puede perdonar nuestros pecados, tanto porque las sustancias impersonales no pueden perdonar, como porque somos esa esencia, y así, la esencia cometió los pecados y es culpable de ellos. Todo lo que podemos hacer en el panteísmo es socavar la moral negando que haya algo por lo cual ser culpable o estar avergonzado. Sólo en el evangelio de Jesucristo encontramos el perdón, la justicia, la expiación y la sanidad. Podemos tener estas cosas precisamente porque hay un Dios real, personal, soberano que es diferente de nosotros. La moral está arraigada en Su naturaleza y Sus mandamientos. Por lo tanto, Él sostiene la justicia y otorga misericordia. Puedo amar a Dios y a mi prójimo, no porque todo sea uno y no haya un Dios diferente o un vecino a quien amar, sino más bien porque no soy Dios ni soy mi prójimo y, por lo tanto, puedo, humildemente colocarlos ante mí. En un mundo panteísta, la moralidad no puede existir. El amor y la misericordia son imposibles. La justicia es, en el mejor de los casos una ilusión. Sólo en la cosmovisión cristiana hay un fundamento adecuado para todas estas cosas.

 

Este artículo también está disponible en: Inglés

 

 

 

 
 
CARM ison