La oración en la Apologética

Uno de los peligros de la apologética es el caer en la trampa de depositar toda su confianza en las habilidades intelectuales para luchar tratando de meter a alguien en el reino de Dios. Tenemos que admitir que de alguna u otra forma, hemos sido culpables de esto.

El orgullo mismo se esconde en el corazón y a tal profundidad que no puede ser visto. Cuando nos encontramos depositando nuestra confianza en nuestro conocimiento en vez de confiar totalmente en la Palabra de Dios, la misericordia y la gracia, entonces, caemos en esa trampa. No es la razón la que convierte; es el Espíritu de Dios. No es la lógica la que nos lleva a Dios sino Jesús (Jn 12:32). No es la evidencia la que convence a una persona de su pecado sino el Espíritu Santo (Jn 16:8). Esta es la razón por la que necesitamos descansar en Dios y creer que Él usará nuestra defensa de la verdad para Su gloria y el beneficio de ellos.

Ignorar la oración en la apologética es ser orgulloso. Es como si pensáramos que no necesitamos de Dios. Pero sí necesitamos de Dios. Necesitamos orar por aquellos que están perdidos, orar para que la mente de ellos sea abierta, para que la Palabra de Dios les traiga la verdad a ellos, para que nuestra testimonio sea fuerte y para que el diablo no se entrometa entre ellos y la verdad de Dios o con nosotros. Estamos peleando una batalla espiritual y necesitamos herramientas espirituales. La oración, es tal vez, la más importante de esas herramientas.

Es el Señor el que abre el corazón y la mente, no Ud. (Hch 16:14). Pídale a Dios Su guía (Jn 14:14);  que nos bendiga en nuestro entendimiento (Stg 1:5) y en nuestro hablar (Col 4:6). Pídale también al Señor que abra el entendimiento de ellos a la Palabra de Dios (Lc 24:45), ya que  esto es lo que Él hará.

La oración trae humildad a aquel que ora; admite dependencia en Dios. Si somos humildes y dependemos de Él, escucharemos Su voz. La oración significa que Ud. está buscando la divina intervención. Esto le da poder a sus palabras; cambia su corazón; y lo lleva a una relación más cercana a Dios.

Ser un gran apologeta no es una identificación de honor para ser exhibida por los cristianos como una demostración de sus habilidades intelectuales. Más bien, es una respuesta al llamado de Dios sobre todo cristiano (1 P 3:15) que debe ser tomada y llevada a cabo con amor y humildad: amor a las personas y humildad delante de Dios.

Nunca permita que su estudio y práctica de la apologética reemplace el poder, recibido por fe, en la oración, delante del Creador. Pídale a Dios que le poder a sus palabras y que abra el corazón de aquellos con quienes habla; y después, estudie y testifique con lo mejor de sus habilidades.

 

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