Los cimientos van primero

  • 2ª Timoteo 2:15: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.”

Sin un cimiento apropiado, los edificios no pueden sostenerse, las civilizaciones no durarían y los cristianos tampoco testificarían. El cimiento del cual estamos hablando aquí es el cimiento de la doctrina cristiana básica. ¿Conoce Usted la Trinidad? ¿Sabe cuántas naturalezas tiene Jesús? ¿Somos salvos por gracia a través de la fe? ¿O por gracia más obras? ¿Con qué propósito murió Jesús? ¿Resucitó de entre los muertos? Si así fue, ¿por qué resucitó?

Tal vez Usted piense que la doctrina no es importante. Tal vez piense que solo debemos mencionarles a las personas acerca de Jesús y dejarlas que escojan aceptarlo o no. Desafortunadamente, testificar no siempre es así de sencillo. Saber en lo que cree y por qué lo cree, es importante. Por ejemplo, si alguien le dice que quiere recibir a Jesús como Salvador pero Usted no cree que Él sea Dios en carne, ¿es eso importante? Si alguien le dice que la Trinidad no es bíblica, ¿qué debería Usted responder? ¿Es el Espíritu Santo una fuerza o es Dios? Como puede ver, la doctrina es importante porque define en quién se cree. No es simplemente decir que tenemos fe; es decir en quién tenemos puesta nuestra fe.

Un “montaje” en una iglesia

Hace unos años, un pastor asociado de una iglesia de la localidad me pidió que presentara algunos temas bíblicos a su grupo de carreras universitarias. En la medida que comentábamos acerca de la conferencia el pastor decidió pedirme que le hiciera al grupo una prueba acerca de conocimiento doctrinal. Me pidió que fingiera ser alguien que había pasado a pie por el sector “para ver lo que estaba sucediendo y los retara.” Como nadie en el grupo me conocía, me pareció una gran idea. Él me dijo: “Hágale preguntas que los ponga a pensar. Pregúnteles acerca de la fe de ellos.” Como él quería que las personas del grupo respondieran sin que estuviera presente, decidió ausentarse. Más bien, un líder del estudio bíblico, que sabía acerca de este “montaje”, estaría a cargo. De esta forma, el grupo se vería obligado a defender su fe debido a que el pastor no estaba presente para apoyarlos cuando las cosas se complicaran.

Les hice una serie de preguntas acerca de la Biblia, obtuve algunas respuestas y posteriormente hice más preguntas basado en sus respuestas. Les pregunté acerca de cómo sabían que la Biblia era cierta, cómo sabían que iban al cielo, por qué sus creencias eran correctas y las de otros eran falsas, y más. Todo lo que hice fue retarlos. Más tarde les pregunté acerca de Jesús. Les dije: “Si Jesús es Dios, ¿por qué entonces lo oró a Dios el Padre?” El silencio súbito habló por ellos. Continúe diciendo: “Hace poco estaba hablando con algunos Testigos de Jehová y me dijeron que la Trinidad no existe, y tenían una cantidad de textos como prueba. ¿Por qué tengo que creerles a Ustedes y no a ellos? Ellos tenían respuestas y parecen conocer la Biblia.”

Inmediatamente el grupo se molestó. Una persona salió a buscar al pastor. Dos chicas dudaban de su salvación y un par de jóvenes me confesaron que querían golpearme; ¡y eran cristianos! Ya era tiempo de parar esto. El líder del estudio bíblico, que se había mantenido discretamente silencioso hasta entonces, interrumpió la discusión y esperando unos segundos más dijo: “Está bien, está bien. Vamos a detener esto.” Miró a cada uno y dijo: “Lo siento. Esta noche tendremos a un conferencista que podrá respondernos a estas preguntas y explicarnos por qué la Biblia es, verdaderamente la Palabra de Dios, por qué existe una Trinidad y todas las dudas que hayan surgido en la discusión con esta persona.” Un par de personas me pidieron que me quedara para escuchar algunas respuestas que el “conferencista” me daría. Les respondí sonriéndoles: “Tal vez lo haga.” El líder del estudio sonrió también y me señaló diciendo: “Y esta noche, les presento a nuestro conferencista.” Y me señaló. Por un momento, todos se quedaron mirándome. De pronto, todos empezaron a protestar y refunfuñar. Habían sido engañados. Sonreí y después de un momento ellos también empezaron a sonreír.

¿A qué somos llamados?

  • Usted es llamado por Dios para que diligentemente conozca con propiedad Su Palabra:
    • “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.” (2 Ti 2:15).
  • Usted está llamado por Dios para crecer en su caminar con Él:
    • “Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios,” (He 6:1).
  • Usted es llamado por Dios para escudriñar las Escrituras diariamente:
    • “Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.” (Hechos 17:11).

Sus cimientos: ¿Son buenos?

¿Es Usted como las personas en la iglesia del ejemplo? ¿Está Usted débil en sus cimientos básicos cristianos? ¿Puede bíblicamente defender la Trinidad? ¿Puede mostrarle a alguien en la Biblia que Jesús es Dios en carne o que la salvación es sólo por fe y no por obras? ¿Sabe Usted si Jesús resucitó de entre los muertos con el mismo cuerpo con el que murió? ¿O era un cuerpo diferente; un cuerpo espiritual? Estas preguntas son cruciales y necesita tener las respuestas correctas. ¿Las conoce?

Si su cimiento es débil necesita entonces, fortalecerlo. Sin un buen cimiento no será capaz de permanecer de pie contra una leve brisa de la oposición. Esta es la razón por la que primero debe establecer su cimiento; debe testificar en la fuerza de la verdad, no en la debilidad del error.

Así como un bebé debe de gatear antes de caminar, un cristiano debe conocer lo básico antes de que pueda madurar: “Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección…” (He 6:1). Aprendamos primero las enseñanzas elementales antes de seguir adelante.

 

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