Los Hechos de Felipe

Introducción

No existe tal sospecha de heterodoxia1 –ya sea con razón o sin ella– como la de agregar cuatro a los Cinco Hechos, y que afecten los Hechos de Felipe. Si es esto es grotesco, sigue siendo una novela católica. En su forma, esta sigue a Tomás, ya que está dividida en Hechos separados, de los cuales los manuscritos mencionan quince: Tenemos Hechos i-ix y desde el xv hasta el final, incluyendo el Martirio, el cual al final, como de costumbre, estaba separado y existe en muchas regresiones.

Uno de los Hechos (el segundo) y el Martirio fueron primeramente editados por Tischendorf. Batiffol imprimió en 1980 los restantes Hechos, y Bonner usando más manuscritos entrega la edición final en su Acta Apost. Apocr. ii. 1. Más allá del texto griego, hay en existencia un solo Hecho en Siríaco, editado por Wright, el cual, en lo que a su carácter general se refiere, podría bien haber formado parte de los Hechos en griego: Pero es difícil que esto encaje en el bosquejo.

Un análisis con las traducciones de pasajes más interesantes será suficiente para estos Hechos y para el resto de su clase.

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I. Cuando salió de Galilea y resucitó al hombre muerto.

1 Cuando él iba saliendo de Galilea, una viuda estaba llorando a su único hijo en su entierro. Felipe le preguntó sobre su dolor: he gastado en vano mucho dinero a los dioses, Ares, Apolo, Hermes, Artemis, Zeus, Atenea, el sol y la Luna, y creo que por lo que a mí me concierne están dormidos. Y consulté a un adivino para ningún propósito. 2 El apóstol dijo: Tú has sufrido nada extraño, madre, porque así hace el Diablo para engañar hombres. Calma tu dolor y resucitaré a tu hijo en el nombre de Jesús. 3 Ella dijo: parece que era mejor para mí no haberme casado y comer nada más que pan y agua. Felipe: Estás en lo cierto. La castidad es especialmente estimada por Dios. 4 Ella dijo: Creo en Jesús a quien tú predicas. Él resucitó a su hijo, quien se sentó y dijo: ¿De dónde viene esta luz? ¿Y cómo es que un Ángel llegó y abrió la prisión del juicio donde yo estaba encerrado? Donde vi esos tormentos lo cual la lengua del hombre no puede describir. 5 Así que todos fueron bautizados. Y los jóvenes siguieron al Apóstol.

II. Cuando se fue a Grecia de Atenas

6 Cuando entró en la ciudad de Atenas, que se llama Hellas, 300 filósofos se reunieron y dijeron: Vamos y veamos cuál es su sabiduría, porque dicen de los sabios de Asia que su sabiduría es grande. Porque suponían que Felipe era un filósofo: viajaba con sólo una capa y una prenda interior. Así que se reunieron y buscaron en sus libros, no fuera a ser que él obtuviera lo mejor de ellos. 7 Ellos dijeron: Si tiene algo nuevo que decirnos, déjanos oírlo, porque no necesitamos nada más que sólo oír algo nuevo. 8 Felipe: Entonces deben echar lejos al hombre viejo. El señor dijo: No se puede poner vino nuevo en botellas viejas. Me alegra escuchar que desean algo nuevo, porque la enseñanza del mi Señor es nueva. 9 Los filósofos: ¿Quién es tu Señor? Felipe: Jesucristo. 10 Ellos: Este es un nombre nuevo para nosotros. Danos tres días para examinarlo. 11 Ellos consultaron y dijeron: Quizás fuera mejor enviar por el sumo sacerdote de los judíos para debatir esto con él. 12 Así que ellos escribieron: los filósofos de Grecia a Ananías el gran sumo sacerdote de los judíos en Jerusalén y declaró el caso. 13 Al leer la carta Ananías rompió su ropa y dijo: ¿Esta ese engañador en Atenas también? Y Mansemat, es decir, Satanás entró en él. (Esta es otra forma de Mastema, el nombre de Satanás en Jubileos y otros lugares.) Y consultó con los abogados y los fariseos, y ellos dijeron: Ármate y toma 500 hombres y ve y a todo costo destruye a Felipe. 14 Así que llegó en las prendas altas sacerdotales con gran pompa y él y los filósofos fueron al alojamiento de Felipe y él salió y Ananías dijo: Tú hechicero y mago, yo te conozco, que tu maestro el engañador de Jerusalén llamado El hijo del trueno; ¿No te bastó con Judea, pero tienes que venir aquí a engañar? Felipe dijo: Que se te caiga el velo de la incredulidad a ti, y que te des cuenta de quién es el engañador, tú o yo. 15 Ananías dirige su palabra: Como Jesús destruyó la ley y permitió todas las carnes, fue crucificado, los discípulos robaron su cuerpo e hizo muchas maravillas y fueron echados fuera de Jerusalén y ahora van por todo el mundo engañando a todos, como este Felipe. Pero yo me lo llevaré a Jerusalén, porque el rey Arquéalo lo busca para matarlo. 16 La gente no fue trasladada. Felipe dijo: Yo apelaré con mi Dios. 17 Ananías corrió hacia él para herirlo, su mano se marchitó (secó) y quedó ciego y también sus 500 hombres: Ellos lo maldijeron y oraron a Felipe por ayuda. 18 Oración de Felipe: O naturaleza débil... O mar amargo. Venga, Jesús la Santa luz – No nos mires por alto cuando te lloramos a ti... 19 Ananías a Felipe: ¿Piensas convertirnos y alejarnos de las tradiciones de nuestros padres y el Dios del maná en el desierto y Moisés, para que sigamos al Nazareno, Jesús? Felipe: Yo le preguntaré a mi Dios que se te manifieste a ti y a estos tal vez creerán: pero si no, una maravilla te acontecerá. Y rezó a Dios para que enviara a su hijo. 20 Los cielos se abrieron y Jesús apareció en su gloria, su rostro siete veces más brillante que el sol y sus ropajes más blancos que la nieve. Todos los ídolos de Atenas cayeron, y los diablos en ellos huyeron gritando. Felipe dijo: ¿Oigan no a los diablos y no crean al que está aquí? Ananías: Yo no tengo más Dios que el que dio el maná en el desierto. 21 Jesús subió al cielo y hubo un gran terremoto, y la gente huyó hacía el Apóstol, llorando por misericordia. 22 Felipe: No hay ninguna envidia en nosotros, y la gracia de Cristo les restaurará la vista, pero primero deja que el alto sacerdote vea. Una voz desde cielo: Felipe, una vez el hijo del trueno, pero ahora de docilidad, por todo lo que le pidáis a mi Padre él lo hará por ti. Las personas tenían miedo a la voz. En nombre de Cristo, Felipe hizo Ananías ver. Dijo: ¡Cuán grande es el arte de magia de Jesús! ¡Este Felipe en un momento (o un poco) me ha cegado y en un momento restauró mi vista! Yo no puedo ser convencido por brujería. Los 500 pidieron a Felipe que les devolviera para que ellos pudrieran matar a los incrédulos Ananías. 23 Felipe: No hagan mal para el mal. A Ananías: Se enseñará una gran señal en ti. Ananías: Yo sé que tú eres un hechicero y discípulo de Jesús; tú no puedes hechizarme. Felipe, a Jesús: ¡Zabarthan, sabathabat, bramanouch, ven pronto! La tierra se abrió y había tragado a Ananías hasta las rodillas. Él gritó: Esta es verdadera magia, que la tierra se abra cuando Felipe amenazó en hebreo y ahí ganchos abajo jalándome mis piernas para hacerme un creyente, pero Yo no, porque conozco su Brujería desde Jerusalén. 24 Felipe, a la tierra: Llevarlo al centro. Y se hundió aún más y dijo: Un pie está congelado y el otro caliente, pero yo no creeré. La gente quería apedrearlo pero Felipe los frenó: Esto es para su salvación; Si se arrepiente, yo lo levantaré, pero si no, deberá ser tragado a las profundidades. 25 Él extendió su mano en el aire arriba de los 500 y sus ojos se abrieron y alabaron a Dios. Felipe, a Ananías: Confiesa ahora con un corazón puro que Jesús es el Señor, que tú puedas ser salvado como estos. Pero se ríó de él. 26 Viéndolo obstinado, Felipe dijo a la tierra: Abre y trágatelo hasta el cuello. 27 Y uno de los primeros hombres de la ciudad vino y dijo: Un diablo ha atacado mi hijo, diciendo: Cómo has dejado que un desconocido llegue a la ciudad, que destruye nuestros ídolos ¿Qué más puedo hacer, que matar a tu único hijo? Y él le ha asfixiado ayudarme, porque yo también creo. 28 Tráeme a tu hijo. Y corrió, llamando a su hijo, y ordenó a los sirvientes traerlo: Tenía 23 años. Felipe al verlo llorar dijo a Ananías: Esto es a través de su locura: ¿Si le resucito, creerá? Ananías: Yo sé que lo resucitarás por tu magia, pero yo no creeré. Felipe se enojó y dijo: Catathema (maldita cosa), bajar al abismo a la vista de todos. Y él fue tragado: Pero la túnica alta sacerdotal voló lejos de él, y por lo tanto, nadie sabe dónde está desde ese día. Felipe resucitó al muchacho y alejó el Diablo. 29 La gente gritó, creyendo en Dios, y fueron bautizados los 500. Y Felipe permaneció dos años en Atenas y fundó una iglesia y puso a un obispo y presbítero, y partió a Partía a predicar.

III. Hechos de Felipe en Partía

30 Cuando Felipe llegó a Partía encontró en una ciudad al apóstol Pedro con discípulos y dijo: Te pido que fortalezcas a mí, que yo pueda ir y predicar como tú. 31 Y rezaron por él. 32 Y Juan estaba allí también, y dijo a Felipe: Andrés ha ido a Acaya y Tracia y Tomás a la India y los comedores de carne impías y Mateo a los trogloditas salvajes. Y tú no seas flojo, porque Jesús está contigo. Y le dejaron ir. 33 Y llegó al mar en las fronteras de la Candaci y encontró un barco que iba a Azotus y se puso de acuerdo con los marineros por cuatro monedas y partió. Un gran viento vino, y comenzaron a echar fuera el equipo y decirse adiós mutuamente y lamentar. 34 Felipe les consuela: Ni siquiera la nave se perderá. Se subió en la proa y dijo: Mar, mar, Jesucristo por mí su sirviente te pide a ti que detengas tu cólera. Hubo calma, y los marineros le agradecieron y le pidieron convertirlos en siervos de Jesús. 35 Y los instruyó a abandonar los cuidados de esta vida. 36 Y ellos creyeron, y Felipe aterrizó y los bautizó a todos ellos.

IV. De la hija de Nicocleides, a quien él sanó en Azotus.

37 Allí fue gran conmoción en Azotus debido a los milagros de Felipe y muchos llegaron y fueron curados, y diablos fueron expulsados y gritaron contra él. Y gente dijo diferente cosas de él, algunos que él era bueno, y otros que él era un hechicero, y separó a maridos y esposas y predicó la castidad. 38 Llegó el atardecer y todos se dispersaron. Felipe buscó un alojamiento y se dirigió a los almacenes de un tal Nicocleides, un anotador (Secretario), amigo del rey, donde muchos extraños se alojaban. 39 Él se encontraba en una esquina y oró por la bendición y la curación de la casa. 40 Charitine, hija de Nicocleides, lo escuchó y lloró toda la noche. Ella tenía una enfermedad dolorosa en su ojo. En la mañana ella fue a su padre y le dijo: Ya no puedo soportar las burlas de mis compañeros acerca de mi ojo. Él dijo: ¿Qué puedo hacer yo? No he llamado yo a Leucius médico del rey y Elides eunuco de la reina y Solgia su vigilante. Ella: Lo sé, pero hay un médico extraño que vino aquí anoche: llamarlo. 41 Él fue a los almacenes y encontrado Felipe: ¿No eres tú el médico que llegó últimamente? Felipe: Jesús es mi médico. Yo iré contigo. Encontraron a la hija llorando. 42 Después de palabras tranquilizadoras cayó ella a los pies de Felipe: He salpicado mi recámara con agua pura y puesto mi ropa blanca bajo tus pies, ayudarme, porque sé que tú puedes. A su padre: Hay que traerlo a dentro y dejarle ver mi enfermedad. 43 Felipe los consoló y les instruyó y le ordenó lavar y que pusiera su mano derecha en su cara y decir: En el nombre de Jesucristo que mi ojo sea sanado. Y fue así. 44 Y ambos creyeron y fueron bautizados, y un número de siervos. Y Charitine se puso vestimenta masculina y siguió a Felipe.

V. Hechos en la ciudad de Nicatera y de Ireus.

45 Felipe tenía en mente ir a Nicatera, una ciudad de Grecia y muchos discípulos lo acompañaron y enseñó continuamente. 46 Y cuando llegó fue gran revuelo: Que haremos porque su enseñanza prevalecerá... él separó a esposos y esposas. Vamos a echarlo antes de que comience a predicar y nuestras esposas sean engañadas. 47 Allí habían judíos, también, que hablaron en contra de él; pero un jefe de ellos, Ireus, dijo: No usen la fuerza; Vamos nosotros a poner a prueba su enseñanza. 48 Ireus era rico. Él era un hombre justo y deseó calladamente  frustrar la junta de consejo. Fue a Felipe y lo saludó. Y Felipe vio allí que no había engaño en él, y le prometió salvación, por haberlo defendido. 49 Ireus se sorprendió de que él supiera esto. Felipe le exhorta a la fe y la constancia. 50 Ireus: Refúgiate en mi casa. Felipe: Primero limpiarlo. Ireus: ¿Cómo? Felipe: No hagas nada malo y dejar a tu esposa. Y él se fue a casa. 51 Su esposa dice: Oí que frustraste la junta de consejo de los judíos sobre un extraño hechicero. Ireus: Sería que nosotros pudríamos ser dignos de tenerlo alojado aquí. Ella: Yo no lo tendré aquí, porque él separa a esposos y esposas. Me iré a casa de mis padres y tomaré mi dote y mis siervos; cuatro años he sido tu esposa y nunca te he contradicho. 52 Suavemente Ireus: Ten paciencia, y tú también creerás. Ella se levantó, comer, beber y sé feliz, porque tú no me puedes engañar. Ireus: ¿Cómo puedo comer mientras el hombre de Dios tiene hambre? Guarda esta locura: Él es un hombre de Dios, de gracia y bondad. 53 Ella: ¿Es su Dios como los de esta ciudad, de oro, fijo en el templo? Ireus: No, pero en el cielo, todopoderoso: Los dioses de esta ciudad son hechos por hombres impíos. Ella: Tráelo, para que yo vea el Dios en él. 54 Él fue a reunirse con Felipe, quien le dijo lo que había pasado e Ireus fue sorprendido por su conocimiento, pero le pidió no publicar el reproche de su esposa. 55 Los compañeros de Felipe le incitaron que aceptara el refugio proporcionado: Y Ireus estaba contento. Felipe consintió por venir y siguió a Ireus. 56 Los gobernantes y las personas lo vieron y decidieron a no permitirlo. Ireus llegar a su puerta gritó Portero para abrir. Felipe entró diciendo: Que la paz sea a esta casa. Ireus encontró que su esposa estaba en su cámara y fue y le pidió que viniera y se pusiera sus túnicas alegres. Pero ella estaba enojada y dijo: ¿Nadie de la casa ha visto jamás mi cara, y voy yo a mostrarla a un extraño? 57 Así salió y estableció finas doradas sillas para Felipe y el resto. Pero él dijo: Llévatelas de aquí. Ireus: No me lloren. Felipe: ¿Yo no le lloro a nadie, pero no tengo ningún uso para el oro, que fallece? 58 Ireus: ¿Puedo ser salvado? Porque mis pecados antiguos me molestan Felipe: Sí, Jesús es capaz de salvarte. ¿Y qué de tu esposa quien te acaba de decir: Apartarse de mí? Ireus, sorprendido fue a su esposa y le dijo: Ven a ver a un hombre que me ha dicho lo que pasó entre tú y yo. Ella estaba despechada y dijo: ¿Qué será de nuestros hijos, si tenemos que renunciar a toda nuestra riqueza mundana? 59 Artemela su hija estaba escuchando, y dijo: Si mi padre y mi madre van a entrar en una nueva vida, ¿puedo yo no compartirla? Ella era muy bella. Su madre Nerkela le dijo que se levantara y se pusiera el vestido tejido de oro. Ireus dice a Nerkela: Vamos a salir y ver Felipe [parece que Nerkela se convirtió, pero el texto no muestra esto claramente]. 60 Las mujeres cambian su atuendo por uno formal y todos salieron. Y cuando vieron a Felipe, él resplandeció con una gran luz, por lo que temían. 61 Pero él lo vio y regresó a su antiguo rostro: Y Nerkela le pidió disculpas y le hizo Bienvenido. 62, 63 Y ellos declararon creer y fueron instruidos y bautizados.

VI. En Nicatera, una ciudad de Grecia.

64 Los judíos y paganos estaban disgustados por la conversión de Ireus, 65 y enviaron a siete hombres a su casa. Una esclava le dijo de ellos; él salió sonriendo y pidió su recado. 'Toda la ciudad desea verte'. Él los siguió. 66 Y la Asamblea se sorprendió de su vestimenta modesta. Un tal Onésimo le pidió que explicara sobre el hechicero Felipe. 67 Ireus: ¿Por qué soy yo examinado así? No le den problemas a Felipe. 68 Pero ellos dijeron: Al carajo con él. E Ireus se fue a su casa y se reunió con Felipe, lo cual dijo: ¿Tienes miedo? No, dijo él. 69 Las personas ahora vinieron con bastones, gritando: Darnos al engañador. 70 Felipe salido y lo llevaron a la Asamblea para azotarlo, y dijo: Enlazarlo de pies y manos. 71 Ireus corrió hacía arrriba de las gradas y gritó: Usted no deben. Pero ellos no oyeron e Ireus arrancó a Felipe de ellos. 72 Felipe dijo: Si yo elijo, puedo cegarte; Aristarco, hijo de Plegenes, un jefe de los judíos, dijo: No estés tan aprisa para cegarnos: Yo sé que puedes; pero hablemos Yo soy poderoso, y si dejo a la gente, ellos te apedrearan; 73 Y atrapó a Felipe por la barba; él estaba bien enojado, debido a la gente y le dijo: Tu mano y tus oídos y tu ojo derecho sufrirán por amenazarme e insultar a Dios. 74 Su ojo se convirtió en un hueco como si no lo tuviera, sus orejas le dolían a él, su mano derecha se balanceaba inútil. Él gritó pidiendo misericordia. 75 Todos dijeron: Sana a nuestro jefe. 76 Felipe le dijo a Ireus que lo fuera a señalar con la Cruz y le sanara en el nombre de Jesús, lo cual fue hecho, y él pidió perdón y el consentimiento e irse y hablar del asunto. Y el pueblo dijo: Nosotros lo juzgaremos. 77 Felipe sonrió y le ordenó hablar primero. Él dijo: ¿Recibes tú a los profetas o no? Felipe: Es por su incredulidad que hay necesidad de los profetas. Aristarco: Está escrito: ¿Quién podrá declarar tu poder, Oh Dios? Y ningún hombre puede saber tu gloria (rostro); y tu gloria ha llenado la tierra; y el señor es juez del rápido y muertos; y Dios es fuego consumidor y quemará a sus enemigos por todos lados; y un Dios ha hecho todas estas cosas. Entonces, ¿Cómo entonces dices que María tuvo a Jesús? . . . Pero tú dirás que él es el poder y la sabiduría de Dios que estaba con él cuando hizo el mundo. Yo no niego que la primera escritura dice: Hagamos al hombre. 78 Felipe sonrió y dijo: Presten atención todos: Isaías dijo, he aquí mi siervo (niño) a  quien yo he escogido.... Y de la Cruz: Fue llevado como una oveja al matadero.... Y otra vez: Le di mi espalda a los azotadores.... Y otro: Extendí mis manos a un pueblo desobediente. Y: Fui encontrado por los que no me buscaban.... Y David dijo: Tú eres mi hijo... Y de su resurrección y Judas: Señor, porque se incrementan los problemáticos a mí.... Y nuevamente David: yo preví al Señor siempre antes que yo.... Pero David está muerto. Toma también de los doce profetas: Diles a la hija de Sion.... Y: De Egipto he llamado fuera a mi hijo. 79 Aristarcos dijo: Este Jesús es llamado Cristo. Isaías: Así dice el señor a Cristo mi Señor.... Los judíos dijeron: Tú estás discutiendo por Cristo. El pueblo y gobernantes alabaron a Felipe y dijeron que él debería ser recibido. 80 Un sarcófago fue llevado con un hombre muerto, hijo único de un hombre rico: y con él, diez esclavos que iban a ser quemados con el cadáver. La gente dijo: Aquí está un gran concurso para los cristianos. Si el de ellos ser Dios él lo resucitará y nosotros creeremos, y quemaremos nuestros ídolos. 81 Felipe dijo a los padres: ¿Qué harán si lo resucito? "Lo que digan." Los esclavos hicieron señales a él para que los recordara. Había esta malvada ley de quemar esclavos, y a veces incluso las esposas de los hombres. 82 Felipe dijo: Denme estos esclavos. Sí y cuantos más quieras. "Él dijo a Aristarcos: Ven, Oh judío, resucítalo. Y él tocó su cara y escupió mucho sobre él y jaló su mano: En vano y retirado en confusión. 83 Nereo el padre dijo: Resucita a mi hijo y yo lucharé contra los judíos. Felipe: Si tú no prometes no hacerles daño, yo no lo resucitaré. Nereo: Como desees. 84 Felipe fue al sarcófago y oró, y aliento entró en el muchacho Teófilo y abrió sus ojos y miró a Felipe. Una segunda vez Felipe dijo: Joven, en el nombre de Jesucristo que fue crucificado bajo Poncio Pilato, resucita. Y él saltó desde el sarcófago. Todo lloraron: Uno es el Dios de Felipe... y los esclavos hicieron hechos libre. Todos creyeron. 86 Felipe enseñó, bautizado, destruyó los ídolos, ordenó, dio derechos y reglas.

VII. De Nerkela (y) Ireus en Nicatera.

87 Nerkela y Artemela fueron bendecidos por Felipe. 88 Ireus y Nereo habían consultado sobre la construcción de una iglesia y decidieron construirla en terrenos de Nereo. 89 Sólo los judíos fueron descontentos y decidieron retirarse. 90 Felipe llegó al nuevo edificio y hablo al pueblo. 91 E hizo a Ireus obispo y oró por él y anunció que se iba a ir. 92 Todos lloraron, pero él los consoló. 93 Ellos cargaron camellos con provisiones y lo acompañaron. Los despedidos y sólo tomo cinco panes. Ellos todos le saludaron tres veces y cayeron sobre sus rostros y oraban por su bendición, y lo vieron fuera de la vista y regresaron a la ciudad.

VIII. En la que creen del cabrito y del leopardo en el desierto.

94 Llegó a pasar que cuando el Salvador dividió los apóstoles y cada uno salió de acuerdo a su suerte, que cayó a Felipe para ir al país de los griegos: y él pensó duro y lloriqueo. ¿Y Mariamne su hermana (era ella que hizo listo el pan y la sal en la partida del pan, pero Martha fue ella la que ministró a las multitudes y laboró mucho) al verlo, fue a Jesús y le dijo: Señor, mira tú no cómo mi hermano está disgustado. 95 Y él dijo: Yo sé, que tú has elegido entre las mujeres; pero ve con él y alentarlo, sé que es un hombre enojón e imprudente, y si le dejamos ir él solo traerá muchos justos castigos a los hombres. Pero, enviaré Bartolomé y Juan a sufrir apuros (dificultades) en la misma ciudad, debido a la mucha maldad de los que allí viven; porque ellos adorar a la víbora, la madre de serpientes. Y tú cambiar el aspecto de tu mujer y ve con Felipe. Y a Felipe le dijo: ¿Por qué estás temeroso? Yo soy siempre contigo. 96 Así que todos ellos se fueron a la tierra de los Ophiani; y cuando llegaron al desierto de dragones, ved, un gran leopardo salió de una arboleda de la colina y corrió y se inclinó a sus pies y habló con voz de humana: Yo los venero, siervos de la grandeza divina y apóstoles del Unigénito Hijo de Dios; comándenme hablar perfectamente. 97 Y Felipe dijo: En nombre de Jesucristo, hablar. Y el leopardo tomó perfecto dialecto y dijo: Óyeme Felipe, preparador de hombres en la palabra divina. Anoche pasé a través de los rebaños de cabras arriba en contra el Monte de la dragona, la madre de serpientes y tomé un cabrito, y cuando entré en la arboleda para comer, después que lo herí, habló con voz humana y lloró como un niño pequeño, diciéndome: Oh leopardo, poner tu corazón feroz y la parte de bestia de tu naturaleza y ponte apacibilidad, porque los apóstoles de la grandeza divina están a punto de pasar a través de este desierto, para cumplir perfectamente la promesa de la gloria del Unigénito Hijo de Dios. Con estas palabras del cabrito yo estaba perplejo y gradualmente fue cambiado mi corazón, y mi ferocidad se volvió en bondad y no me la comí. Y mientras escuchaba sus palabras, yo levanté mi mirada y los vi venir y sabía que ustedes eran los sirvientes del Dios bueno. Así que dejé al cabrito y llegé a adorarles. Y ahora les suplico que me den la libertad de ir con ustedes a todas partes y sacar fuera de mí la naturaleza de fiera. 98 Y Felipe dice: ¿Dónde está el cabrito? Y me dijo: Está echado bajo el roble opuesto. Felipe dijo a Bartolomé: Vamos a ver al que fue herido, curarlo, y la curar al golpeador. Y a la orden de Felipe el leopardo los guió donde se encontraba el cabrito. 99 Felipe y Bartolomé dijeron: Sabemos ahora nosotros de una verdad que no hay nada que sobre pase tu compasión, Oh Jesús amante del hombre; porque tú nos previenes  y nos convences por estas criaturas a creer más y sinceramente cumplir nuestra confianza. Ahora por lo tanto, señor Jesucristo, ven y concédeles la vida y aliento y pasos seguros (¿existencia?) a estas criaturas, que puedan abandonar su naturaleza de bestia y ganado y entren a la docilidad y ya no más comer carne, ni el cabrito el alimento del ganado; pero corazones de hombres se les pueda dar y que ellos nos sigan a donde vayamos y que coman lo que nosotros comemos, a tu gloria y hablar como los hombres lo hacen, glorificando tu nombre. 100 Y en esa hora el leopardo y el cabrito se levantaron y levantaron sus patas y dijeron: Nosotros glorificamos y bendecimos a Ti que nos has visitado y nos has recordado en este desierto y cambiado nuestra naturaleza salvaje y furiosa en docilidad y nos concede la palabra divina y poner en nosotros una lengua y hablar en sentido y alabar tu nombre, porque grande es tu gloria. 101 Y se postraron a adorar a Felipe y Bartolomé y Mariamne; y todos se fueron juntos alabando a Dios.

IX. Del dragón que fue muerto.

102 Que viajaron cinco días y una mañana después de las oraciones de medianoche surgió un viento repentino, grandes y oscuros (niebla) y de allí salió un gran humeante (niebla) dragón, con una espalda negra y un vientre como carbones de cobre en destello (viveza) de fuego y un cuerpo más 100 codos de largos, y una multitud de serpientes y sus crías lo seguían, y el desierto tembló por una larga distancia. 103 Y Felipe dijo: Ahora es el momento de recordar las palabras del Señor: No tengas miedo a nada, ni persecución, ni las serpientes de la tierra, ni el dragón oscuro. Hay que detenernos y su poder le fallará; y orar y rociar el aire de la Copa y el humo se dispersara. 104 Así que tomaron la Copa y oraron: Tú que emites rocío en todas las piras y muestras desagrado a la oscuridad, poniendo un poco en la boca del dragón, trayendo por nada su ira, volviendo a la maldad del enemigo y hundiéndolo en su propio fuego, cerrando sus puertas y deteniendo las salidas y azotas su orgullo: Venir y estar con nosotros en este desierto, porque nosotros  corremos por tu voluntad y a tu orden. 105 Y él dijo: Ahora pónganse de pie y levanten sus manos, en la que tienen la copa y rocíen el aire en forma de la Cruz. 106 Y hubo como un destello de relámpago que cegó al dragón y sus crías; y se marchitaron y los rayos del Sol entraron por los hoyos y rompió los huevos. Pero los apóstoles cerraron sus ojos, no pudiendo enfrentar el relámpago y quedaron ilesos.

No parece como que mucho podría haber intervenido entre este hecho y el martirio, excepto quizás la conversión de algunas personas en la ciudad de la serpiente. Sin embargo, los manuscritos dan un título de este modo:

Fuera de los viajes de Felipe el apóstol: desde la Ley XV a la final, en la que es el martirio.

107 (Introductorio) En los días de Trajano, después del martirio de Simón, hijo de Cleofás, obispo de Jerusalén, sucesor de Jaime, Felipe el apóstol estaba predicando a través de todas las ciudades de Asia y Lidia. 108 Y llegó a la ciudad de Ophioryme (calle de la serpiente), lo cual es llamada Hierápolis de Asia y fue recibido por Stachys, un creyente. Y con él estaban Bartolomé, uno de los setenta y su hermana Mariamne y sus discípulos. Y ellos se reunieron en casa de Stachys. 109 Y Mariamne se sentó y escuchó a Felipe presentándose. 110-112 Hablaba de las asechanzas del dragón, lo cual no tiene 'ninguna forma' en la creación y es reconocido y rehuído por bestias y aves. 113 Porque los hombres del lugar adoraban a la serpiente y tenían imágenes de ella y se llamaba Ophioryme de Hierápolis. Y muchos fueron convertidos. 114 Y Nicanora esposa del procónsul creyó, estaba enferma, especialmente en los ojos y había sido curada. Ahora ella llegó en una cama de plata. 115 Y Mariamne dijo en hebreo: Alikaman, ikasame, marmari, iachaman, mastranan, achaman, lo cual significa: Oh hija del padre, mi señora, la que estabas dada como una promesa a la serpiente, Cristo ha llegado a ti (y mucho más). 116 Y Nicanora dijo: Yo soy hebrea, háblame en lengua de mis padres. He escuchado de su predicación y fui sanada. 117 Y rezaron por ella. 118 Pero su tirano marido vino y dijo: ¿Cómo es esto? ¿Quién te ha curado? 119 Y ella dijo: Aléjate de mí y lleva una vida casta y sobria. 120 Y le arrastró del pelo y amenazó con matarla. Y los apóstoles fueron arrestados, 121 y azotados y arrastrados hasta el templo, 122 y encerrados en él (con el leopardo y el cabrito. Estos fueron omitidos en el texto principal, pero constantemente se producen en otra recensión: correctamente, por supuesto). 123 La gente y los sacerdotes vinieron y exigieron venganza sobre los hechiceros. 124 El procónsul le tenía miedo de su esposa, porque él había sido casi cegado por una luz maravillosa cuando la miró por la ventana cuando oraba. 125 Los desvistieron y esculcaron a los apóstoles por amuletos y perforados a Felipe en los tobillos y muslos y lo colgaron cabeza abajo, y Bartolomé lo colgaron desnudos por el pelo. 126 Y ellos se reían el uno al otro, como si no estuvieran siendo atormentado. Pero Mariamne al ser desnudada se hizo como un arca de vidrio llena de luz y fuego y todos huyeron. 127 Y Felipe y Bartolomé hablaron en hebreo, y Felipe dijo: ¿Llamamos fuego del cielo? 128 Y ahora Juan llegó y preguntó qué estaba sucediendo, y la gente le dijo. 129 Y él fue llevado al lugar. Felipe dijo a Bartolomé en hebreo: Aquí está Juan hijo de Barega (o el que está en Barek), eso es (o, donde es) el agua vida. Y Juan dice: El misterio de Él que colgó entre el cielo y la tierra este con ustedes. 130 Luego Juan se dirigió al pueblo, advirtiéndolos contra la serpiente. Entre otras cosas: Cuando toda la materia fue forjada y distribuida en todo el sistema de los cielos, las obras de Dios rogaron a Dios que pudieran ver su gloria: Y cuando lo vieron, sus deseos se volvieron molestia y amargura y la tierra se convirtió en el almacén de aquello lo cual salió en mal camino, y el resultado y la superfluidad de la creación fue reunida y se hizo como un huevo: y nació la serpiente. 131 La gente dijo: Te aceptamos como un compañero ciudadano, pero estás en liga con estos hombres. Los sacerdotes van a exprimir tu sangre y mezclarla con vino y dársela la víbora. Cuando llegaron a tomar a Juan fueron paralizadas sus manos. Juan dijo a Felipe: No hay que regresar mal por mal. Felipe dijo: Ya no lo voy a aguantar más. 132 Los otros tres lo disuadieron; pero él dijo: Abalo, arimouni, douthael, tharseleen, nachaoth, aeidounaph, teleteloein, Lo cual es (después de muchas invocaciones descriptivas de Dios): Permiten que la profunda se abra y se trague a estos hombres: Sí, Sabaoth. 133 Se abrió y se tragó a todo el lugar, unos 7,000 hombres, menos el guardar donde estaban los apóstoles. Y sus voces vinieron arriba, llorando por misericordia y diciendo: La Cruz nos ha iluminado. Y se escuchó una voz: Tendré misericordia de usted en mi Cruz de luz. 134 Pero Stachys y su casa y Nicanora y otros 50 y 100 vírgenes permanecieron seguros. 135 Jesús aparecieron y reprendió a Felipe. 136 Pero se defendió. 137 Y el señor dijo: Ya que has sido implacable y enojón, ciertamente morirá en la gloria y ser llevado por los Ángeles al paraíso, pero deberá permanecer fuera del cuarenta días, con el temor de la espada de llamas y luego enviaré a Miguel y él te permitirá entrar. Bartolomé deberá ir a Lycaonia y ser crucificado allí y el cuerpo de Mariamne deberá ser puesto en el río Jordán. Y yo voy traer de regreso aquellos que han sido tragados. 138 Y Él dibujó una cruz en el aire, alcanzando hacia abajo en el abismo, y estaba llena de luz, y la Cruz era como una escalera. Y Jesús llamó a la gente y todos ellos surgieron, menos el procónsul y la víbora y viendo a los apóstoles lloraron y se arrepintieron. 139 Y Felipe, todavía colgando, habló con ellos y les dijo que su ofensa 140 Y algunos corrieron para bajarlo; pero él se negó y habló con ellos.... "No se aflijan de que yo cuelgo aquí porque demuestro la forma (tipo) del primer hombre, quien fue traído a tierra la cabeza hacia abajo y nuevamente por el madero de la Cruz fue hecho vivo desde la profundidad de su transgresión. Y yo ahora cumplo con el dictado. Porque Él Señor me dijo: A menos que vosotros hagan lo que está debajo estar arriba, y la izquierda a derecha (y la derecha izquierda), no entrará en mi reino. Ser como yo en esto: Porque el mundo entero está volteado al revés y toda alma que está en el. 141 Adicionalmente les habló de la encarnación, 142 y mandó que soltaran a Bartolomé y le dijo a él y a Mariamne de su destino. Construyan una iglesia en el lugar donde yo morir y deja el leopardo y al cabrito estar allí y dejar que Nicanora mire tras ellos hasta que mueran y luego enterrarlos en la entrada de la iglesia: Y que sea su paz sea en la casa de Stachys: Y él les exhortó a la pureza. Por lo tanto, nuestro hermano Pedro huía de todo lugar donde había mujer: y además, tenía ofensa dada por razón de su propia hija. Y rezó al Señor, y tuvo una parálisis de su lado para que ella no fuera llevada por el mal camino. 143 Entiérrenme no en lino como el Señor, pero en papiro y orad por mí cuarenta días. Donde mi sangre está cayendo una viña crecerá y ustedes usen el vino para la copa: Y participen de eso en el tercer día. 144 Y rezó al Señor para que lo recibiera y protegerlo contra todos los enemigos. "No dejes que su aire oscuro me cubra, que yo pueda pasar las aguas de fuego y todos los abismos. Arropame en tu túnica gloriosa y tu sello de luz que siempre resplandece, hasta que haya pasado por todos los gobernantes del mundo y el dragón maligno que se opone a nosotros". 145 Y él murió. 146 Y lo enterraron como él ordeno. Y una voz celestial dijo que él había recibido la corona. 147 Después de tres días creció la viña. Y hicieron la ofrenda diaria durante cuarenta días y construyeron la iglesia e hizo a Stachys obispo. Y toda la ciudad creyó. 148 Y al final de cuarenta días el Salvador apareció en la forma de Felipe y dijo a Bartolomé y Mariamne que él había entrado en el paraíso y les ordenó que fueran en sus caminos. Y Bartolomé fue a Lycaonia y Mariamne a Jordania, y Stachys y la morada donde estaban los hermanos.

Esta es la narración de la ley conservada en siríaco.

Felipe, en Jerusalén, tuvo una visión de Jesús, quien lo mandó a ir a la ciudad de Cartago, lo cual está en Azotus y expulsar de ahí al monarca de Satanás y predicar el Reino. Él dijo: Yo no sé latino o griego, y la gente de allí no sabe arameo. Jesús dijo: ¿No fui yo él que creo a Adam y darle voz? Ve y yo estaré contigo.

Él se fue a Samaria, de allí a Caesarea y al puerto y encontró un barco a la espera del viento. Pidió que llevaran a Felipe a Cartago, el capitán dijo: No me molestes, hemos esperado veinte días: Recoger tu equipaje y quizás tendremos un viento, porque tú pareces como un siervo de Dios. Felipe: No tengo nada; diles a los pasajeros que aborden.... Hay que orar por un viento justo. Voltea al oeste le mandó al  Ángel de la paz que tiene encanto de vientos justos que envié un viento que lo llevara a Cartago en un solo día.

A bordo estaba un judío, Ananías, quien blasfemó (sotto voce, parece) y dijo: Pueda Adonaí recompensarte a ti, y el Cristo a quien tú llamas, quien se ha convertido en polvo y se encuentra en Jerusalén, mientras que tú vives y guías a los hombres ignorantes a mal camino por su nombre.

Un viento llegó y llenó la vela. El judío se levantó a ayudar a izar la vela, y un ángel lo amarró por los dedos grandes y lo colgó cabeza abajo en la parte superior de la vela. El barco voló hacia adelante y el judío gritó. Felipe dijo: No bajarás abajo hasta que confieses. Él confesó su blasfemia secreta. Felipe: ¿No creer tú ahora? Ananías confesó creer en un discurso en el cual él enumeró a Cristo poderosos hechos de creación a la deliberación de Susana. Felipe pidió que él pudiera ser perdonado, y el ángel le bajó. Y los 495 hombres a bordo del barco temían.

Miraron hacia arriba y vieron a los faros de Cartago y dijeron; ¿Puede ser esto cierto? ¿O tontos, dijo Ananías, no vieron lo que me sucedió por incrédulo? Si él comanda a la ciudad en nombre de Cristo, tomará a todos sus habitantes e ir y detener en Egipto. El barco llegó al puerto. Felipe despidió a los pasajeros y se quedó a bordo para confirmar al capitán.

El domingo subió a la ciudad para expulsar a Satanás y cuando entró en las puertas, él mismo se persignó. Él vio a un hombre negro en un trono con dos serpientes cerca de su lomo y ojos como brasas de fuego y llamas saliendo de su boca, había un olor a humo, y tropas de hombres negros estaban a su derecha y a la izquierda. Cuando Felipe se persignó el gobernante y todas sus tropas se cayeron hacia atrás. Felipe dijo: Cae y no te levantes.... El gobernante dijo: ¿Por qué me maldices? Yo no vivo aquí, pero mis tropas vagan sobre la tierra y vienen a mí en la tercera hora del día, pero ellos no tocan a un discípulo de Jesús. ¡Ay de mí! ¿Adónde puedo ir? En las cuatro esquinas del mundo se predica su Evangelio. Estoy completamente derribado.

Toda la ciudad lo escuchó, pero no lo vio. Felipe le ordenó ir, y tomó su trono y sus tropas y voló lejos lamentándose hasta llegar a Babel, y él se instaló allí. Toda la ciudad estaba con miedo y Felipe les ordenó que dejaran sus ídolos y recurrieran a Dios, alabaron a Dios y Felipe volvió al barco. El sábado los judíos se reunieron en su sinagoga y convocaron a Ananías y le preguntaron si sus aventuras eran ciertas. Él mismo se persignó y dijo: Es cierto, y Dios no quiera que yo renuncie a Jesús Cristo. Él luego se  dirigió a ellos en un largo y muy abusivo discurso (modelado más o menos en lo de Stephen), enumerando todos sus malvados hechos. Después resucitó a Joshua, el hijo de Nun, y ellos intentaron matarlo con veneno mortal.... Isaías el profeta y ustedes lo cortaron con una sierra de madera de caja de madera... Ezequiel y ustedes lo arrastraron por sus pies hasta su cerebro se desparramaron fuera.... Habacuc, y a través de tus pecados se fue extraviado de su profética oficina. Su rostro era como un Ángel. Un sacerdote se levantó y le dio una patada y murió, y lo enterraron en la sinagoga.

Al día siguiente Felipe en el barco oró y pidió que Ananías pudiera ser liberado de los judíos. Dios mandó a la tierra y le dio un pasaje como una pipa de agua y transmitió a Ananías hasta el fondo del mar, y un delfín sacó fuera el cuerpo. Felipe lo vio, y después de tranquilizar a la gente, mandó llevar el cuerpo de regreso hasta que él fuera y condenar a los asesinos.

Al día siguiente Felipe fue a ver al gobernador y el cual consiguió reunir a todos los judíos, y sentarse en juicio. Felipe, a los judíos: ¿Dónde está Ananías? ¿Ellos: Acaso somos sus guardianes? Felipe: Bien, son ustedes llamados hijos de Caín. Díganme dónde está, y yo pediré perdón para usted. Judíos: Hemos dicho que no sabemos. Felipe: No mientan. Judíos: Si el espíritu estuviera en ti, tú supieras que no mentimos. Felipe: ¿Si él se encuentra con usted, que merecen ustedes? Los judíos: La muerte por Dios y César. Felipe: Júrenmelo. Ellos juraron que no sabían nada.

Miró y vio a un hombre conduciendo a un buey enfermo para vender. Él le Dijo que: Te comando, ir a la sinagoga y llama a Ananías que resucite y venga y ponga a estos hombres a vergüenza. El buey arrastró a su dueño y corrió y llamó a Ananías. Se levantó y se agarró del buey con su mano derecha, y llegaron a Felipe y se prostraron. Felipe dijo: ¿De dónde vienes tú? Ananías dijeron: De la sinagoga de estos judíos, que me asesinaron por confesar a Jesús: Hacedme justicia. Felipe: El Señor nos ha ordenado que no hagamos mal por mal. El buey dijo: Ordéname y yo mataré a estos hombres con mis cuernos. Felipe: No dañes a ningún hombre, pero ir y servir a tu dueño, y el señor te sanará. Ellos se fueron a casa en paz.

El Gobernador dijo: Estos judíos merecen la muerte. Felipe: No he venido a matar sino a dar vida. Las bocas de los judíos estaban cerradas.

Ananías habló a los judíos y Felipe también: Pero ellos no pidieron perdón, así que los corrieron. Tres mil Gentiles y quince cienes de los judíos creyeron; los incrédulos abandonaron la ciudad, y antes del atardecer un Ángel mató cuarenta de los sacerdotes judíos por derramar sangre inocente: Y todos los que lo vieron se confesaron y adoraron.

NOTA: No es claro, en el actual estado de nuestros textos, cómo se podría este episodio, incluir, a los Hechos en griego. El Tercer Hecho, el cual tiene un viaje a Azotus, parece un lugar posible. Pero un vistazo a los Hechos en griego, muestran que a pesar de la aparición del método impartido por una división en Hechos, no existe una coherencia total en ellos, hasta que llegamos a la ciudad de la serpiente.

El primer Hecho no puede haber iniciado tan abruptamente como lo hace ahora. El segundo, es igualmente abrupto en su introducción. El tercero está enlazado por la mención de Partía, pero hay una gran inconsecuencia en este, ya que presupone que Felipe no ha hecho nada hasta el momento. El cuarto, está enlazado a la tercera escena, Azotus. El quinto, sexto y séptimo, en Nicatera, están totalmente separados de lo que sucedió antes, y con el noveno hay un nuevo comienzo.

 

Este artículo también está disponible en: Inglés

  • 1. Nota del Traductor: Heterodoxia: Disconformidad con los dogmas y creencias de una religión.

 

 

 

 
 
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