Mis recuerdos de un aborto

Por, Matt Slick

Hay pocos temas de los que trato alejarme de la discusión. Uno de estos es el de haber dejado embarazada a mi novia y permitir que tuviera un aborto hace muchos años. Pero me imagino que si escribo contra el aborto después de embarazarla y abortar, entonces, sería mejor “admitirlo” rápidamente.

Después de discutir esto con mi esposa y que ella mencionara el punto de que muchos en CARM pueden ver esto, tanto como una hipocresía por mi parte como también una oportunidad para atacar mi carácter, es cierto. Pero este es un riesgo que tomaré. No es hipocresía admitir que hice algo en el pasado y que en estos momentos entiendo que fue equivocado y así, puedo animar a otros para que no lo hagan. Ahora bien, en cuanto a lo que se relaciona con mi pasado, en estos momentos mis detractores tienen suficiente acerca de mí para que me ataquen sin involucrar el pasado. Además, estoy acostumbrado a los ataques. CARM es un imán para los críticos y detractores. Sin embargo, no tengo miedo de la verdad ya que lo que está por leer es verdad. Un último comentario: ésta no es una lección de expiación personal a través de una confesión pública. Simplemente espero exponer mi propia debilidad y fracasos en mi vida, los cuales los tiene cualquiera otra persona.

Al final de los años 70, estaba viviendo con Ann (cuyo nombre no es el verdadero). Era bonita y de buen corazón. Ambos estábamos trabajando, sin ganar mucho dinero, y tratando de estirar al máximo nuestras entradas, lo cual, resultaba algo difícil. Decidimos mudarnos juntos debido a que sería más fácil para nuestra economía, además, podríamos disfrutar de ciertos “beneficios”.

El que ella hubiera quedado embarazada no era algo que me preocupara mucho, pero sí el hecho de tener que pagar las cuentas, además, de lo que pudiera conseguir de ella en lo físico. Básicamente era un hombre joven y egoísta. La cuestión del bebé era más problema de ella que mío. Además, de la libertad de vivir juntos no tenía un “dios” por quien me tocara mirar por encima del hombro y condenándome porque a la larga, lo que estaba disfrutando era estupendo. Me podía dar el lujo de hacer lo que quería, y de hecho, lo hicimos, sin sentimientos de culpa…hasta que quedó embarazada.

Cuando me enteré, quedé estupefacto. El hecho de ser cuidadoso acerca de evitar un embarazo en sí, no había sido lo suficientemente bueno. Su embarazo fue para mí, una fuerte cachetada en el rostro. De repente, mi vida se detuvo. Todo aquello que quería hacer se vio en peligro. Mis planes para estudiar y mi relación con ella habían cambiado en forma permanente, y toda mi vida delante de mí, se angostó por el solo hecho de pensar que caería en la ruina por tener un hijo y lógicamente al pensar en la responsabilidad que este traería. Ella me preguntó qué hacer y le contesté que tendría que pensarlo; y pensar fue lo que hice. Mis opciones eran: dejarla que se fuera, casarme con ella, animarla a que abortara o ignorar la situación.

Ignorar la situación por unos días fue todo lo que me animó. Simplemente no sabía qué hacer y me encontraba muy molesto con toda esta situación. Ella se mudó con algunos amigos y además de que quería al bebé quería también casarse conmigo. Y esto no era algo que yo quería hacer, así, que no le hice ninguna recomendación. Sólo traté de evitar el tema, reconociendo, que a larga no podría.

Finalmente y después de unos días, descubrí que ya tenía una cita para abortar. Al escuchar esta noticia, se me cayó el alma a los pies. El sentimiento de culpa cayó sobre mí. No tenía el suficiente coraje para decir que no debido a que era irresponsablemente cobarde. Renuncié a mi responsabilidad y lo dejé todo en manos de ella. Prácticamente, fracasé. Me sentí muy culpable por lo que iba a suceder. Fue un tiempo para ponerse serio y sentirse herido. No había nada que podía hacer para aliviar el dolor en mi corazón, así que simplemente lo acepté y seguí adelante. Fue horrible. El día del aborto llegó. No sé por qué, pero quería estar ahí. Tal vez era una forma débil de mostrar apoyo; aunque sí, lo reconozco, era débil. De todas formas, esperé en la sala de espera con un grupo de personas cuyas amigas, novias, o hijas estaban ahí para llevar a cabo mismo procedimiento que Ann: abortar. Puedo recordar sus rostros cuando me observaban, reconociendo que cuando lo hacían, sabrían que era el padre de un hijo que iba a ser abortado. Me sentí como basura. Todavía recuerdo sus ojos. Esto me hería no sólo por sus miradas sino también porque sabía que lo que estaba sucediendo estaba equivocado, y era demasiado cobarde para tratar de hacer algo al respecto. Se me olvidaba; unos días antes había exclamado con un débil sollozo algo como “No quiero que abortes” pero en el que no había ninguna decisión clara al respecto. Pienso que fue para tratar de sentirme menos culpable, pero, no funcionó. Me sentí extremadamente mal. Lloré mientras me encontraba sentado en la sala de espera. Recuerdo haber pensado: "¿Por qué nadie más estaba llorando por lo que estaba sucediendo?"

El aborto no tomó mucho tiempo. Ann salió del lugar con sus amigos y yo me fui a casa. Nadie en mi familia supo de esto.

Muchos años después, entregué mi vida al Señor Jesús. Fue un tiempo hermoso con el Señor, experimentando Su gracia y Su amor. Recuerdo esto con mucho cariño. Pero cada vez que pensaba acerca del aborto, sentía que una oleada de culpabilidad me envolvía y simplemente no podía escapar de esta. Me estaba culpando a mí mismo. Entonces, la amiga de mi novia y quien es hoy día mi esposa, era Cristiana. Me llevó aparte y durante dos horas me enseñó, hablándome repetidamente acerca de la gracia de Dios y del perdón en Cristo, y que para esto, necesitaba creer totalmente en Él. Fue difícil sacar esos sentimientos de culpa, pero, finalmente lo hice. Finalmente se lo dejé todo a Cristo y confesé totalmente mi pecado delante de Él. Él me perdonó y estoy totalmente agradecido.

Usted también puede tener la libertad y el perdón que viene sólo a través de Jesús.

Mi esperanza al escribir acerca de esto es que aquellas personas que han pasado por experiencias similares puedan también llegar a conocer el perdón de Cristo. Ya sea Usted un hombre o mujer, los sentimientos que quedan después de un aborto, pueden ser profundos y durarán mucho tiempo. Usted necesita encontrar el perdón en Jesús.

Nota Final

Escribir este artículo no fue emocionalmente fácil. Me trajo una gran cantidad de recuerdos. Aún cuando el aborto sucedió hace muchos años, todavía existe un dolor asociado a esta situación. Pero sé que soy perdonado aún cuando sienta todavía vergüenza por lo que hice. Sin embargo, y simplemente por fe creo en la misericordia y gracia de Cristo y Su maravilloso perdón. Ciertamente no lo merecía, pero sólo por mi fe en Él, lo recibí. Aún cuando merecía juicio, encontré perdón.

Alabado sea mi Señor y Salvador, Jesús.

 

Este artículo también está disponible en: Inglés

 

 

 

 
 
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