¿No es la definición de Dios del matrimonio, sólo Su opinión?

Por, Matt Slick
19 de noviembre de 2014

Estaba viendo una discusión entre ateos en una sala de chat y uno de ellos dijo: “¿No es la definición de Dios del matrimonio, sólo Su opinión?”. Pensé que la pregunta era tanto intrigante como triste. Intrigante porque el ateo asumió que Dios existe (lo cual va en contra de su opinión), y es triste porque la premisa subyacente es que la opinión de Dios realmente no importa porque es sólo Su opinión. Claro está que esto lo encontré ridículo.

Los ateos suelen entrar y salir de la cosmovisión cristiana para discutirla. A veces hablarán como si Dios existiera para después regresar al ateísmo mientras atacan el concepto de Dios. Tal es el caso con la pregunta, “¿No es la definición de Dios del matrimonio, sólo Su opinión?”. Por lo tanto, encuentro esta inconsistencia interesante. Claro está, los ateos niegan que Dios existe y regularmente atacarán el concepto cristiano de Dios. Ellos no tienen que asumir su validez para hacerlo. Pero esta pregunta en particular no lo hace.

Piense además en esto: ¿Diría alguien que su opinión es igualmente válida como la opinión de Dios? ¿No está el creador del universo, quien conoce todas las cosas y quien revela la moral de Su carácter, calificado para decirnos lo que el matrimonio debe ser? Si un ateo no está de acuerdo en que el matrimonio debe ser entre un hombre y una mujer, entonces, ¿sobre qué base afirma el ateo que la opinión de él está moralmente correcta? ¿Apela él a su propia experiencia subjetiva y deseos? ¿Apela él a las autodenominadas normas de la sociedad la cual cambia? Cualquiera que sea el caso, su punto de vista sobre el matrimonio no es nada más que una opinión basada en el conocimiento limitado. Lo contrario de Dios, el cual, y de acuerdo a las Escrituras, tiene todo conocimiento (“pues si nuestro corazón nos condena, mayor que nuestro corazón es Dios, y Él conoce todas las cosas”. 1ª Juan 3:20), y es nuestro creador. Por definición, la opinión es la que debe ser atendida.

Una cosa más, cuando Dios nos informa acerca de las normas morales, no nos está dando Su opinión como si nuestra idea de lo que es correcto e incorrecto es tan buena como la suya y Él tiene Su opinión de que lo que nosotros tenemos son horas. Puesto que Dios es absoluto y omnisciente, por no hablar de que es nuestro juez, las revelaciones que nos da comparten las características de la verdad moral absoluta. Cuando Él nos dice que el matrimonio debe ser entre un hombre y una mujer, Él es el quien nos informa acerca de lo que es, realmente correcto, no sólo como una declaración caprichosa y arbitraria.

 

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