¿Orar por mis perseguidores?

Amar a quienes nos aman y son amables para con nosotros es fácil. Pero amar a quienes no nos aman y no son amables con nosotros es difícil. Ni que decir de amar al antipático. Pero hacerlo, es ser llamado, un Cristiano perfecto.

  • “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;” (Mateo 5:44).

La pregunta entonces es: ¿Cómo puede uno orar por personas así? Sin embargo, debemos pensar en las palabras de Cristo.

El Salmo 35 podría ser de gran ayuda. Mira como David oró por aquellos que le estaban persiguiendo:

No justificaba sus acciones: Mientras David oraba para que Dios librara su propia vida, también le pidió a Dios para que sus opresores fueran confundidos y para que vieran el resultado de la necedad de ellos.

No devolvía mal por mal: David trataba a sus enemigos de la forma como a él le hubiera gustado ser tratado:

  • “Pero yo, cuando ellos enfermaron, me vestí de cilicio; Afligí con ayuno mi alma; Y mi oración se volvía a mi seno.” (Salmo 35:13).

En medio del sufrimiento, procuró mantener un punto de vista adecuado: David describe en este salmo cada una de sus dificultades, pero concluye con su alabanza por el hecho de que Dios está en control de todo:

  • “Tu lo has visto, oh Jehová; no calles. Señor, no te alejes de mi. 23 Muévete y despierta para hacerme justicia, Dios mío y Señor mío, para defender mi causa.” (Salmo 35:22-23).

¿Estás siendo injustamente perseguido? ¿Tal vez acusado de algo que no has cometido?
NO importa si esa situación está sucediendo en tu hogar, trabajo, ministerio, colegio o universidad. Usa la oración de David como modelo, teniendo presente las palabras de Cristo.

De la forma como reaccionemos a nuestra dificultad, terminará en alabanza a Dios nuestro Señor.

 

 

 

 
 
CARM ison