Peligrosa Enfermedad

Existe una peligrosa enfermedad extendida entre los cristianos y los que no lo son. Se llama: indiferencia.

Entre sus síntomas esta la preocupación de logros solo personales, egoísmo propio, despreocupación de su prójimo. Su resultado: falta de oración.

Bien nos recuerda Dios en 1ª Timoteo 2:1-2:

  • “Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; 2 por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad.”

¿Cuándo fue la última vez que oraste por tu presidente? Así sea que nunca diste un voto por el, o que lo diste; si te agradaba o no te agradaba su programa de gobierno; aún así, fue puesto por Dios.

¿Alguna vez has orado por los líderes del congreso, por la corte suprema, por el ejército de tu país para que combatan eficazmente la delincuencia? ¿Has tenido en cuenta las fuerzas armadas para que sus planes de seguridad a favor de los ciudadanos se lleven a cabo?

Es tu deber orar no solo por el pastor de tu iglesia, ciudad o país, sino también por los reyes y autoridades pues están ahí por Dios:

  • “…porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.” (Romanos 13:1).

Pídele a Dios te acompañe a realizar esta clase de oración para que el Espíritu Santo te de la sabiduría para organizarla en tu mente y en tu corazón. Así cumples como dice la Palabra en estas dos citas importantes.

 

 

 

 
 
CARM ison