¿Por qué debemos orar?

Por, Matt Slick
11 de abril de 2017

¿Por qué debemos orar? Debemos orar porque Dios nos dice que oremos; porque se nos ha dicho que tales oraciones le importan a Dios; porque la oración glorifica a Dios; para que podamos participar en la batalla espiritual, ser humildes y finalmente, debemos orar porque la oración nos cambia.

Ante todo, la oración es la práctica de la presencia de Dios, donde como seguidores de Cristo buscamos a Dios por medio de la palabra hablada o reflexiva, desde donde hacemos nuestras peticiones y confesamos nuestros pecados al Dios Todopoderoso. La oración es el ejercicio de la fe donde Dios, en Su capacidad para escucharnos nos responde, de acuerdo a Su voluntad. La oración es un privilegio del cristiano. Es el medio por el cual Dios nos permite comunicarnos con Él, para encontrar Su voluntad, y conformar nuestro carácter al de Cristo. Esto es la oración. Pero no sólo lo anterior, existen más razones por las que debemos orar.

Debemos orar porque Dios nos ha ordenado que oremos

Dios nos dice que oremos. Tan simple como es esto. Debemos orar porque esto es lo que Él quiere que hagamos. Él tiene Sus razones, y sabe qué es lo mejor para nosotros y orar es una de las maneras cómo cumplir Su voluntad en nuestras vidas. De hecho, Jesús –Dios en carne– pudiendo hacer todo lo que deseaba, le oró a Dios el Padre, para que la voluntad del Padre fuera hecha (Lucas 22:42). De hecho, en muchos lugares, Jesús nos dice que oremos:

  • “Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento interior, cierra con llave tu puerta y ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.” (Mateo 6:6).
  • “Vosotros pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. 10 Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, también en la tierra. 11 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy, 12 y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores. 13 Y no nos metas en prueba, mas líbranos del mal” (Mateo 6:9-13).
  • “bendecid a los que os maldicen, orad por los que os maltratan” (Lucas 6:28).

El Señor, no sólo nos dice que oremos sino también nos dice cómo (Mateo 6:9-13). Él nos dice que seamos perdonadores, que busquemos la voluntad de Dios, que oremos en lo secreto, con humildad y con expectativas.

El apóstol Pablo también nos dice que oremos:

  • “Por nada estéis angustiados, antes bien, por la oración y la súplica, en todo sean conocidas ante Dios vuestras peticiones con acción de gracias” (Filipenses 4:6).
  • “Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias” (Colosenses 4:2).
  • “Exhorto pues, ante todo, que sean hechas peticiones, oraciones, súplicas, acciones de gracias, por todos los hombres, 2 por los reyes y por todos los que están en eminencia, a fin de que podamos vivir quieta y sosegadamente, con toda piedad y dignidad” (1ª Timoteo 2:1-2).

Por lo tanto, la oración es un mandamiento de las Escrituras y si amamos al Señor debemos buscarlo en oración. Es una forma de adoración y obediencia a Dios. Es un privilegio que tenemos comprado por la sangre de Cristo.

Debemos orar porque nuestras oraciones le importan a Dios

Dios nos ama y está interesado por nosotros. Él sabe que al orarle estamos buscando Su voluntad. Esto es agradable delante de Él, y es consistente con Su deseo de amarnos y proveernos. La oración es el lugar donde nos encontramos con Él, pasamos tiempo con Él, y disfrutamos de Su presencia. Él se interesa por nosotros, lo que ha demostrado en la cruz. Él no es un Padre distante o indiferente el cual es inalcanzable. Todo lo contario. Él es “Abba” –Papito– [“Y por cuanto sois hijos, Dios envió el Espíritu de su Hijo a nuestros corazones, el cual clama: ¡Abba! (Padre)” Gálatas 4:6], y Él desea escucharnos porque nos ama y se preocupa por nosotros.

Así como los intereses de nuestros hijos son importantes para nosotros los padres, y queremos disfrutar con su comunión, así también con nuestro Dios. Nuestras preocupaciones son importantes para Él y en oración, Él disfruta con nuestra comunión.

Debemos orar porque nuestras oraciones glorifican a Dios

La oración demuestra nuestra dependencia a Dios. Estamos admitiendo nuestra incapacidad en todas las cosas y de todas las formas. Esta es la razón por la que nos volvemos a Él y creemos en Él como nuestro Señor soberano. Es una forma de adoración, y todo esto, lo glorifica a Él. Nuestras oraciones a Él significa que lo honramos, y exaltamos Su nombre reconociendo Su grandeza y capacidad, no sólo por escucharnos sino también al respondernos. En oración, exaltamos Su nombre; reconociendo que el único camino a Dios el Padre, es a través  de Dios el Hijo, Jesucristo.

Debemos orar porque podemos participar en la batalla espiritual

En oración, le pedimos a Dios que se mueva en el reino espiritual. Le podemos pedir a Él que envíe, conforme a Su voluntad, ángeles para que luchen contra las huestes demoniacas. Podemos buscar Su voluntad en nuestras vidas así como resistir al maligno. Además, tenemos nuestras propias batallas espirituales contra las que debemos luchar. El enemigo, el diablo, “anda como león rugiente, buscando a quien devorar” (1ª Pedro 5:8). Debido a que el diablo es un ser espiritual, sólo necesitamos batallarlo espiritualmente en oración.

  • “Velad y orad, para que no entréis en tentación; en verdad, el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil” (Mateo 26:41).
  • “Por nada estéis angustiados, antes bien, por la oración y la súplica, en todo sean conocidas ante Dios vuestras peticiones con acción de gracias” (Filipenses 4:6)
  • “Por esto también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del pleno conocimiento de su voluntad, en toda sabiduría y discernimiento espiritual” (Colosenses 1:9).
  • “Doy gracias a mi Dios, haciendo siempre memoria de ti en mis oraciones, 5 al oír de tu amor y de la fe que tienes hacia el Señor Jesús y hacia todos los santos” (Filemón 1:4-5).

Debemos orar porque nos humilla

La oración es una actividad que implica humillación. Con frecuencia nos colocamos sobre nuestras rodillas e inclinamos nuestras cabezas en señal de total sumisión. Nuestros corazones se igualan con nuestra posición física, buscando nuestro Señor. Dependemos completamente en Él creyendo en Su gran conocimiento y providencia para ser capaz de responder nuestras oraciones. Claro está, que esas respuestas caen en tres grandes categorías: Sí, No o Espera. Pero cualquiera que sea la respuesta a nuestras oraciones en petición, si es o no concedida, siempre debemos tener la actitud de que Su voluntad será hecha en nosotros (“diciendo: Padre, si quieres, aparta de mí esta copa, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Lucas 22:42). Y esto, exige humildad.

Al depender de Él, estamos siendo humildes. Tal humildad es lo que Dios desea en nosotros y para nosotros. Él resiste al orgulloso:

  • “Pero da mayor gracia, por lo cual dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (Santiago 4:6).
  • “Considerad entre vosotros lo que hubo también en Jesús el Mesías, 6 el cual, existiendo en forma de Dios, no quiso por usurpación ser igual con Dios, 7 sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres” (Filipenses 2:5-7).

La oración es la práctica de la humildad delante de nuestro Dios grande y todopoderoso.

Debemos orar porque la oración nos cambia

Cuando oramos, la oración nos conforma a la persona de Cristo. Hay algo acerca de estar en la presencia de Dios en oración, con una actitud de humildad que tiene un efecto positivo sobre nosotros. No puedo cuantificar lo que esto significa. Sólo le puedo decir a usted que entre más tiempo pase en oración, su corazón será ablandado, su voluntad conformada a la voluntad de Dios, su actitud se volverá más humanizada y su esperanza, restaurada.

  • “Por nada estéis angustiados, antes bien, por la oración y la súplica, en todo sean conocidas ante Dios vuestras peticiones con acción de gracias, 7 y la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Jesús el Mesías” (Filipenses 4:6-7).

La oración nos cambia más rápidamente que nuestra experiencia. En la oración, experimentamos la presencia maravillosa de Dios lo cual tendrá un profundo efecto en nuestra vida. Dios también usa nuestras experiencias para cambiarnos. Pero en oración seremos más rápida y maravillosamente cambiados.

En la Biblia

  • Jesús dijo:
    • “Cuando estéis orando, no seáis como los hipócritas, que aman orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para exhibirse ante los hombres. De cierto os digo que ya están recibiendo toda su recompensa. 6 Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento interior, cierra con llave tu puerta y ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 7 Y orando, no parloteéis como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. 8 No seáis pues semejantes a ellos, porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad antes que vosotros le pidáis” (Mateo 6:5-8).
    • “Y cuando estéis en pie orando, si tenéis algo contra alguien, perdonad, para que también vuestro Padre celestial os perdone vuestras ofensas” (Marcos 11:25).
  • Pablo escribió:
    • “Y asimismo, también el Espíritu ayuda nuestra debilidad, pues no sabemos qué orar como conviene, pero el mismo Espíritu intercede con gemidos indecibles” (Romanos 8:26).
  • Pedro escribió:
    • “De igual manera, los esposos, convivid con comprensión, mostrando honor a la esposa como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” (1ª Pedro 3:7).
  • Judas escribió:
    • “Pero vosotros, oh amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, 21 conservaos en el amor de Dios, aguardando la misericordia de Jesús el Mesías, nuestro Señor, para vida eterna” (Judas 1:20-21).

En MIAPIC

  • ¿Qué es la oración?
    • La oración es la práctica de la presencia de Dios. En la oración, el orgullo es abandonado; la esperanza es levantada y las súplicas son hechas. En la oración admitimos nuestra necesidad, adoptando humildad y afirmando nuestra dependencia de Dios. La oración es la práctica necesaria del cristiano. Por medio de la oración ejercitamos nuestra fe y esperanza. La oración es el privilegio de tocar el corazón del Padre a través  del Dios Hijo, Jesús nuestro Señor.
  • ¿Podemos cambiar la mente de Dios con la oración?
    • ¿Cómo es posible que influenciemos en Dios quien siempre ha conocido todas las cosas desde la eternidad? ¿Interactúa Dios con nosotros en algún sentido de saber lo que es lo que haremos y decidamos hacer las cosas en respuesta? ¿O decreta Dios todo lo que sucederá incluyendo nuestras oraciones, de modo que todas estas están finalmente dentro de Su voluntad? El debate dentro del cristianismo es profundo. Sin embargo, la Escritura es clara.

Diccionario

  • “En la Biblia, la oración es la adoración que incluye todas las actitudes del espíritu humano en su acercamiento a Dios. El cristiano adora a Dios cuando lo alaba, lo confiesa, lo exalta y le suplica a Él en oración. Esta actividad más elevada de la que es capaz el espíritu humano puede también considerarse como comunión con Dios, siempre que se haga hincapié en la iniciativa divina. Un hombre ora porque Dios ya ha tocado su espíritu. En la Biblia, la oración no es una ‘respuesta natural’ (“Dios es espíritu; y los que adoran, deben adorar en espíritu y verdad”. Juan 4:24). ‘Lo que nace de la carne es carne’. Por consiguiente, el Señor no ‘escucha’ todas las oraciones (Isaías 1:15; 29:13). La doctrina bíblica de la oración hace hincapié en el carácter de Dios, en la necesidad de que el hombre esté en relación de salvación o de pacto con Él, y en entrar plenamente en todos los privilegios y obligaciones de esa relación con Dios” (Wood, D. R. W., and I. Howard Marshall. New Bible Dictionary. Leicester, England; Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1996).

 

Este artículo también está disponible en: Inglés

 

 

 

 
 
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