¿Por qué Dios requería de sacrificios de animales en el Antiguo Testamento?

Por, Matt Slick

En el Antiguo Testamento, Dios requería de sacrificios de animales porque tenía que haber necesidad de demostrar la severidad del pecado, el costo de la rebelión contra Dios, la muerte que trae consigo el pecado, y el costo que debía ser pagado para ser redimidos. Estos sacrificios servían como un tipo de parámetro de sustitución, mientras que las personas esperaban al verdadero Mesías que viniera y así, ofrecerse Él como el verdadero sacrificio. Después de todo, la sangre de los animales no podía limpiar el pecado:

  • Hebreos 10:4: “porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados”.

Por lo tanto, los sacrificios de animales en el Antiguo Testamento eran una representación, un tipo o sombra, de la muerte de Cristo en la cruz que ocurriría posteriormente, y está registrada en el Nuevo Testamento:

  • Hebreos 10:1-3: “Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan. 2 De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado. 3 Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados”.

En el Antiguo Testamento, Dios estableció que el derramamiento de sangre era necesario:

  • Levítico 17:11: “Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona”.

La expiación es una limpieza, un quitar el pecado. Así como los sacrificios de animales eran un medio temporal por el cual las expiaciones podrían ocurrir; estas, “cubrían” los pecados de las personas. Finalmente, y en Cristo, los pecados fueron quitados, y ya no era necesario el sacrificio de animales.

  • Hebreos 9:11-14: “Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, 12 y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención. 13 Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, 14 ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?”.

Para estar en la santa presencia de Dios, debemos estar sin pecado porque Dios es santo:

  • 1ª Pedro 1:16: “porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo”.

Cuando una persona peca, quebranta la Ley de Dios, hay una consecuencia, y esa consecuencia es muerte, y separación de Dios:

  • Génesis 2:17: “mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”.
  • Leer, Éxodo 20:1-17
  • Isaías 59:2: “pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír”.
  • Romanos 6:23: “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”.

En la cruz, Jesús llevó nuestros pecados en Su cuerpo:

  • 1ª Pedro 2:24: “quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.

Por lo tanto, cuando Él murió en la cruz, la ley de Dios fue satisfecha; esto es, se nos hizo justicia por medio de Jesús. Debido a que Dios es, misericordioso y clemente, Él extendió esa muerte, ese sacrificio expiatorio a todos aquellos que lo recibirían por fe, para que todos aquellos que crean sean hechos justos delante de Dios:

  • Romanos 5:1: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”.
  • Filipenses 3:9: “y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe”.

Con la muerte de Cristo, un nuevo pacto se estableció:

  • Hebreos 9:15: “Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto,[a] para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna”.
    • Footnotes: [a] Hebreos 9:15 La misma palabra griega significa tanto pacto como testamento.

Por lo tanto, y debido a que Jesús murió en la cruz, nosotros tenemos un nuevo pacto, un nuevo contrato con Dios, en el que Dios nos da la justicia de Cristo y nos libra del juicio eterno:

  • Filipenses 3:9: “y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe”.

 

Este artículo también está disponible en: Inglés

 

 

 

 
 
CARM ison