¿Por qué Jesús es llamado el Buen Pastor?

Por, Luke Wayne
15 de marzo de 2017

Cuando Jesús se llamó a Sí mismo el “Buen Pastor”, Él, no sólo estaba describiendo Su papel o Su cuidado por Su pueblo. Él estaba afirmando ser el cumplimiento de una profecía mesiánica específica y posiblemente, afirmando también Su deidad.

El Buen Pastor y el Mesías prometido

Mientras que es uno de los títulos más conocidos, este término, “Buen Pastor”, ocurre sólo durante el episodio de Juan 10:1-21. En esa ocasión, Jesús no sólo afirma Su propia autoridad como “el buen pastor”, sino que también reprende a los falsos líderes religiosos. Él se refiere a ellos como falsos pastores que son ladrones y salteadores (Juan 10:1, 8), y han llegado al rebaño “para hurtar y matar y destruir” (Juan 10:10). Él también se refiere a estos hombres, llamándolos asalariados quienes actúan buscando sus propios intereses más no para el beneficio de las ovejas (Juan 10:11, 14-17). Así, este pasaje es una analogía presentada en la cual, las personas son las ovejas, Jesús es Su verdadero Pastor, y los líderes religiosos rivales son reprendidos y denunciados como falsos pastores que se aprovechan del rebaño.

Esto tiene un paralelo sorprendente a una profecía en Ezequiel 34. Como en las palabras de Jesús, este pasaje compara a los líderes religiosos de Israel con los pastores impíos que son de hecho, ladrones y destructores del rebaño. Dios los denuncia con palabras como las siguientes:

  • “Así dice Adonay YHVH: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No deben acaso los pastores apacentar ovejas? 3 Coméis la grosura y os vestís de la lana, degolláis lo cebado, pero no apacentáis el rebaño” (Ezequiel 34:2b-3).

De igual forma, Dios los denuncia porque fallan en proteger el rebaño y permitir que sean devorados por bestias salvajes:

  • “Y ellas andan errantes por falta de pastor, son presa de todas las fieras del campo y se han dispersado. 6 Mis ovejas andan errantes por todos los montes, y sobre todo collado alto. Mis ovejas fueron esparcidas por toda la faz de la tierra, y no hubo quien las buscara ni quien preguntara por ellas” (Ezequiel 34:5-6).

Por lo tanto, las denuncias de los falsos pastores de Israel en Ezequiel 34 se parecen mucho a las de Juan 10. Después de detallar estos reproches más adelante, Dios continúa prometiéndoles:

  • “Por tanto Yo salvaré a mis ovejas, y no serán más una presa, y juzgaré entre oveja y oveja. 23 Y levantaré sobre ellas un pastor, y él las apacentará: a mi siervo David, él las apacentará y será su pastor. 24 Y Yo, YHVH, les seré por Dios, y mi siervo David por príncipe entre ellas. Yo, YHVH, he hablado” (Ezequiel 34:22-24).

Así, en contraste a los falsos pastores, hay una promesa de un pastor futuro. Un pastor verdadero para todas las ovejas de Dios que cuidará de ellas. Este Pastor será, “mi siervo David”, y esto, obviamente señala al Mesías, el Hijo de David prometido que habría de venir. Este es el Buen Pastor, y este es de quien Jesús profesó ser, abiertamente. De hecho, Juan hace explicito que Jesús estaba haciendo una afirmación mesiánica un poco más adelante en el capítulo. Inmediatamente después del episodio del “Buen Pastor”, Juan registra:

  • “Llegó entonces la Dedicación en Jerusalem. Era invierno, 23 y Jesús se paseaba en el templo, en el pórtico de Salomón. 24 Entonces lo rodearon los judíos, y le decían: ¿Hasta cuándo nos turbarás el alma? Dinos claramente si tú eres el Mesías. 25 Jesús les respondió: Os lo dije, y no creéis. Las obras que Yo hago en el nombre de mi Padre, éstas dan testimonio de mí; 26 pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas” (Juan 10:22-26).

Al comienzo de este episodio, Jesús es desafiado a decir claramente si es o no el Cristo (el Mesías). Él responde afirmando que Él ya se los ha dicho, pero que ellos no creían. ¿Cuándo se los dijo? Obviamente lo hizo cuando afirmó ser el Buen Pastor. ¿Cómo sabemos que esto es lo que Jesús quería decir? Porque Él vuelve nuevamente a la analogía del Pastor. Los reprende nuevamente diciéndoles que ellos no son de Sus ovejas, y continúa:

  • “Mis ovejas oyen mi voz, y Yo las conozco, y me siguen, 28 y Yo les doy vida eterna, y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. 29 Lo que me ha dado mi Padre es mayor que todas las cosas, y nadie puede arrebatarlo de la mano del Padre. 30 Yo y el Padre somos uno” (Juan 10:27-30).

Claramente, Jesús, habiéndoles dicho a ellos que Él es el Mesías, los conecta directamente con Su misma identificación como “El Buen Pastor”, lo cual tiene perfecto sentido a la luz de lo que vemos en Ezequiel 34. “El Buen Pastor” es un título mesiánico arraigado en la profecía del Antiguo Testamento.

El Buen Pastor y la deidad de Cristo

Pero al afirmar esto, ¿estaría Jesús queriendo decir algo más? Parecen existir también implicaciones con relación a la deidad de Cristo. Note por ejemplo quién es el propietario del rebaño. Cuando Jesús se diferencia a Sí mismo de los “asalariados”, está enfatizando que los asalariados no son los propietarios de las ovejas. El Buen Pastor se da a Sí mismo por las ovejas porque precisamente, éstas, son Sus ovejas. De hecho, a través de todo el pasaje Jesús se refiere al rebaño como “Mis ovejas”. Estas no son simples ovejas que Él lleva cuidándolas; estas son Sus propias ovejas, Le pertenecen solo a Él. El rebaño es el rebaño de Él. ¿Pero a quién le pertenece el rebaño? Note el reproche de Dios hacia los falsos profetas:

  • “Así dice Adonay YHVH: He aquí Yo estoy contra los pastores, y demandaré mis ovejas de su mano, y haré que dejen de apacentarlas, y los pastores no se apacentarán más a sí mismos, pues Yo libraré mis ovejas de sus bocas para que no les sean más por comida” (Ezequiel 34:10).

Él continúa prometiendo cosas como estas:

  • 11 Porque así dice Adonay YHVH: He aquí Yo mismo buscaré a mis ovejas y las reconoceré. 15 Yo apacentaré mi rebaño, y Yo lo haré sestear, dice Adonay YHVH. 31 Y vosotras ovejas mías, ovejas de mi rebaño, hombres sois, y Yo soy vuestro Dios, dice Adonay YHVH” (Ezequiel 34:11, 15, 31).

Donde Dios, previamente señaló a otros para que pastorearan Su rebaño, Él dice que Él mismo las pastoreará y cuidará de ellas. Claro está, como ya leímos, el pasaje también dice que Dios, levantará “sobre ellas un pastor, y él las apacentará: a mi siervo David” (Ezequiel 34:23). Lo anterior hace al pasaje claramente mesiánico. Sin embargo, de alguna manera, la promesa del Mesías no es simplemente la promesa de que Dios nombrará un mejor pastor. Dios repetidamente promete que Él pastoreará directamente al rebaño en lugar de nombrar a otros pastores para la tarea. De alguna manera, la venida del Mesías representa la regla directa de Dios más que el señalamiento de un simple intermediario humano. Además, nada en este pasaje sugeriría que Dios suelta la propiedad del rebaño, más bien, Cristo afirma repetidamente no sólo ser el pastor del rebaño, sino también ser Su dueño. ¿Podría ser que estos textos apunten a un Mesías divino? Ciertamente sería consistente con el resto del evangelio de Juan (vea por ejemplo, AQUÍ, AQUÍ, y AQUÍ).

Es también interesante que Jesús enfatice que las ovejas escuchan Su voz:

  • 2 Pero el que entra por la puerta, es el pastor de las ovejas. 3 A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz, y a sus ovejas llama por su nombre, y las saca. 4 Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas lo siguen porque conocen su voz. 16 También tengo otras ovejas que no son de este redil; también a ellas debo traer, y oirán mi voz, y vendrán a ser un solo rebaño, y un solo Pastor. 27 Mis ovejas oyen mi voz, y Yo las conozco, y me siguen, 28 y Yo les doy vida eterna, y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano” (Juan 10:2-4, 16, 27-28).

Esto es sorprendente, ya que es muy parecido a una frase del salmo, la cual dice:

  • “Porque Él es nuestro Dios, Y nosotros pueblo de su prado y ovejas de su mano” (Salmo 95:7).

Finalmente, Jesús concluye que el rebaño está en “su mano” y que nadie puede arrebatárselas, que el rebaño está en las manos del Padre y que nadie puede arrebatárselas, y que esto es verdad, porque Él y el Padre son uno:

  • “y Yo les doy vida eterna, y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. 29 Lo que me ha dado mi Padre es mayor que todas las cosas, y nadie puede arrebatarlo de la mano del Padre. 30 Yo y el Padre somos uno” (Juan 10:28-30).

Fue cuando la multitud entonces, amenaza con apedrearlo:

  • 33 Le respondieron los judíos: Por buena obra no te apedreamos, sino por blasfemia, y porque tú, siendo hombre, te haces Dios. 37 Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; 38 pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis, y sigáis conociendo, que el Padre está en mí y Yo en el Padre” (Juan 10:33, 37-38).

Una vez más, esto muestra la idea de que Jesús, pastoreando el rebaño, es Dios mismo, ya que es Él quien lo pastorea directamente. La propiedad del rebaño por parte de Jesús, es propiedad del mismo Dios. El trabajo de Jesús es el mismo trabajo de Dios. Las multitudes ciertamente sí entendieron a Jesús al afirmar ser Dios, pero al rechazarlo y al no creer Su afirmación, estuvieron listos para apedrearlo por blasfemia. Todo en este pasaje señala la idea de que la afirmación de Jesús de ser el Buen Pastor fue una afirmación de ser el divino Mesías, quien es enviado y señalado por Dios, siendo Dios mismo, el siervo de Dios, el mismo Dios quien guía a Su rebaño pastoreándolo directamente. Esto tiene sentido debido a todos los pasajes escriturales involucrados, y tiene perfecta coherencia con el resto del evangelio de Juan, afirmando una vez más, la doctrina de la Trinidad.

 

Este artículo también está disponible en: Inglés

 

 

 

 
 
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