Presentando el evangelio

Por, Matt Slick

¿Cómo decirles a las personas que necesitan a Jesús? ¿Les dice a ellos que Jesús los ama y que Él quiere hacer que sus vidas sean mejores? ¿Les dice a las personas que Jesús les puede perdonar sus pecados? ¿Les dice que Jesús tiene un plan maravilloso para sus vidas y que deben creer en Él y que deben pedirle que entre en sus corazones? Si es así, les puede estar haciendo daño. Así es: daño. Permítannos explicarlo:

La ley

La ley es antes que el evangelio, de forma que la primera mate a la persona y así el evangelio, pueda hacerlo vivir. La ley debe convencer a la persona de sus pecados, de forma que desee la salvación. Es simple. Ud. primero predica la Ley y después, el evangelio. Ud. debe hacer que las personas sientan sed por el agua de vida antes de que ellos quieran beber. La ley les hace tener sed.

Si un doctor le dice que debe tomar una serie de pastillas por dos meses y no le da razón de esto, ¿por qué debería tomarlas? Pero si le dice que esas pastillas lo harán sentir mejor y que su vida será más placentera, ¿las tomaría? Pero si considera que ya se siente bien y su vida es buena, ¿qué pasaría? Ud. podría decir: “Bueno. Gracias. Tal vez las necesite en otra ocasión, o tal vez no. Pero gracias, lo pensaré”. Digamos entonces  que Ud. empieza a tomarse las pastillas y no hay cambios en la forma como se siente y que su vida tampoco ha cambiado, entonces, ¿qué sucederá? Seguro que las dejará de tomar debido a que no ha visto ningún cambio y no hay una razón para continuar tomándolas, por lo tanto, tomará la decisión de no tomarlas más.

De otro lado, digamos que su doctor le dijo que Ud. tiene una enfermedad que se lo llevará en seis meses y que su muerte será lenta y dolorosa. Entonces, el doctor le alcanza las pastillas y le dice: “Estas pastillas pueden curarlo y salvarle la vida. Quiero que las tome”. ¿Las tomaría Ud.? ¡Claro que sí! Y esto se debe a que Ud. reconoce su situación desesperada en la que se encuentra. Reconocerá su gran necesidad y querrá la cura.

Pues bien, éste es el propósito de la ley. Nos muestra nuestro pecado: “¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás” (Romanos 7:7). Entonces, porque entendemos que hemos pecado contra Dios, la ley nos muestra que estamos bajo la ira de Dios: “Pues la ley produce ira…” (Romanos 4:15). La ley nos trae, tanto muerte física como espiritual debido a que le da poder al pecado para matarnos: “ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley” (1ª Corintios 15:56). Se supone que la presentación de la ley le muestra a una persona que ha violado la voluntad de Dios y que enfrentará la terrible condenación de Dios en el día de Su ira: “Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios” (Romanos 2:5). Si Ud. no menciona esto cuando presenta el evangelio, no está mostrando la verdadera razón para la necesidad del evangelio; y esto, puede dificultar a una persona para llegar verdaderamente a Cristo.

Dios presentó la ley antes de presentar el evangelio; y tenía una razón: “De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe” (Gálatas 3:24). La Ley de Dios es, santa y justa: “De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno” (Romanos 7:12). ¿Ha quebrantado la santa y justa ley de Dios? ¿Alguna vez ha mentido, robado, engañado o ha estado enfadado con alguien injustamente? Si es así, entonces Ud. es un mentiroso, ladrón, engañador, asesino a los ojos de Dios debido a que ha cometido esos pecados. Le guste o no, sólo al hacer alguna de estas cosas lo califican para que todo el castigo de la ley caiga sobre Ud.:

  • Gálatas 3:10: “Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas”.
  • Santiago 2:10-11: “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos. 11 Porque el que dijo: No cometerás adulterio, también ha dicho: No matarás. Ahora bien, si no cometes adulterio, pero matas, ya te has hecho transgresor de la ley”.

Dios es santo y justo, y de ninguna manera Él representará lo que no es la absoluta perfección y santidad que demanda Su presencia. Esta es la razón por la que el Dios del universo, santo e infinito castigará a todo aquel que ha pecado contra Él al quebrantar Su santa ley.

El evangelio

Debido a la dureza y verdad de la ley, reconocemos que la hemos quebrantado delante de Dios y que no podemos hacer nada para complacerlo ya que nadie puede ni ha podido guardar la ley perfectamente: “Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento” (Isaías 64:6). Por lo tanto, lo único que nos queda, es venir a la cruz: “De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe” (Gálatas 3:24). La ley nos lleva a Cristo, obligándonos a ir al único que puede verdaderamente, perdonar nuestros pecados. Nos lleva a tal punto que nos encontramos sin esperanza internamente de forma que debemos volvernos a Cristo para que nos libere de la ira de Dios. Esta es la razón por la que el Hijo de Dios vino; y de esto se trata el evangelio. Jesús murió en la cruz para así, evitar que la ira de Dios caiga directamente sobre los pecadores. Por lo tanto, el único camino para ser “salvos” de la ira de Dios, es creer en Cristo. Esto es lo que significa ser salvo: “Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira” (Romanos 5:9). El evangelio no es acerca de un “buen” Dios que les está pidiendo a las personas que vengan a Él porque ama al pecador pero odia el pecado. De hecho, la Biblia no enseña que Dios ama al pecador pero odia el pecado; al contrario:

  • Salmo 5:5: “Los insensatos no estarán delante de tus ojos; Aborreces a todos los que hacen iniquidad”.
  • Salmo 104:35: "Sean consumidos de la tierra los pecadores, Y los impíos dejen de ser..."
  • Proverbios 6:16-19: “Seis cosas aborrece Jehová, Y aun siete abomina su alma: 17 Los ojos altivos, la lengua mentirosa, Las manos derramadoras de sangre inocente, 18 El corazón que maquina pensamientos inicuos, Los pies presurosos para correr al mal, 19 El testigo falso que habla mentiras, Y el que siembra discordia entre hermanos”.
  • Isaías 13:9: "He aquí el día de Jehová viene, terrible, y de indignación y ardor de ira, para convertir la tierra en soledad, y raer de ella a sus pecadores".
  • Judas 1:15: "para hacer juicio contra todos, y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él (contra nuestro Señor Jesucristo)".

Por lo tanto, cuando le presente el evangelio a alguien, asegúrese de predicar primeramente, la ley de Dios. Deje que la ley obre en la persona a quien le habla. Rompa ese corazón para que se abra a la semilla del evangelio, y si encuentra buena tierra esa palabra permanecerá. Deje que la ley le haga tomar conciencia al pecador de que ha pecado contra Dios y que hay un juicio venidero debido a esto. Entonces, cuando la persona esté lista, dígale: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Dígale que Dios se encarnó en la persona de Jesús (Juan 1:1, 14), que fue capaz de guardar perfectamente, toda la Ley (1ª Pedro 2:22), fue propicio al Padre por nuestros pecados (1ª Juan 2:2), nuestra justicia es sólo por la fe de Cristo (Filipenses 3:9) y nos liberó del juicio venidero (Romanos 14:10; Hebreos 9:27). Y cuando predique las buenas nuevas, hágalo sabiamente, y con gracia:

  • Colosenses 4:5-6: “Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo. 6 Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno”.

 

Este artículo también está disponible en: Inglés

 

 

 

 
 
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