¿Puede un cristiano cometer la blasfemia contra el Espíritu Santo?

Por, Matt Slick

Jesús, en Mateo 12:31-32, menciona un pecado que es imperdonable y lo llama, la blasfemia contra el Espíritu Santo. Pero, ¿cuál es este pecado imperdonable?

  • Mateo 12:22-32: “Entonces fue traído a él un endemoniado, ciego y mudo; y le sanó, de tal manera que el ciego y mudo veía y hablaba. 23 Y toda la gente estaba atónita, y decía: ¿Será éste aquel Hijo de David? 24 Mas los fariseos, al oírlo, decían: Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios. 25 Sabiendo Jesús los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá. 26 Y si Satanás echa fuera a Satanás, contra sí mismo está dividido; ¿cómo, pues, permanecerá su reino? 27 Y si yo echo fuera los demonios por Beelzebú, ¿por quién los echan vuestros hijos? Por tanto, ellos serán vuestros jueces. 28 Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios. 29 Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte, y saquear sus bienes, si primero no le ata? Y entonces podrá saquear su casa. 30 El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama. 31 Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. 32 A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero”.

Revisemos esta sección en forma breve: en el v. 22 le fue traído a Jesús, “un endemoniado, ciego y mudo” al cual sana. Al ver esto, los fariseos acusan a Jesús de echar fuera demonios “por Beelzebú, príncipe de los demonios” (v. 24), a lo que Jesús responde que un reino dividido por sí mismo, no permanecerá (vv. 25-28); además, muestra como el “hombre fuerte” debe ser primero atado para “saquear sus bienes” (v. 29). Posteriormente, y al ser acusado por los fariseos de que Él echaba fuera demonios por Beelzebú, afirma que, “todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero”.

Mirando el contexto de este pasaje, se hace evidente que la blasfemia contra el Espíritu Santo es decir que los milagros que hacia Jesús eran con el poder de Beelzebú o el mismo diablo. Y esto, es imperdonable. ¿Por qué? Podemos encontrar una pista al mirar el momento cuando Jesús empezaba Su ministerio:

  • Mateo 3:15: “Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó”.

La palabra “cumplamos” nos hace pensar de los requisitos del Antiguo Testamento, cumplidos únicamente en la persona de Jesús. En el caso del bautismo, Él tenía que cumplir ese requisito para iniciar Su sacerdocio; después de todo, Jesús era un sacerdote de acuerdo al orden de Melquisedec:

  • Salmo 110:4: “Juró Jehová, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre Según el orden de Melquisedec”.
  • Hebreos 5:8-10: “Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; 9 y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen; 10 y fue declarado por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec”.
  • Hebreos 6:20: “donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec”.

Los sacerdotes ofrecían sacrificio a Dios a favor del pueblo. Jesús, en Su papel como sacerdote se convirtió en sacrificio por nuestro pecado:

  • 2ª Corintios 5:21: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”.
  • 1ª Pedro 2:21: “Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas”.

De acuerdo al Antiguo Testamento, para que un sacerdote fuera consagrado tenía que ser lavado con agua y ungido con aceite:

  • Levítico 8:6: “Entonces Moisés hizo acercarse a Aarón y a sus hijos, y los lavó con agua”.
  • Levítico 8:12: “Y derramó del aceite de la unción sobre la cabeza de Aarón, y lo ungió para santificarlo”.
  • Éxodo 29:4: “Y llevarás a Aarón y a sus hijos a la puerta del tabernáculo de reunión, y los lavarás con agua”.
  • Éxodo 29:7: “Luego tomarás el aceite de la unción, y lo derramarás sobre su cabeza, y le ungirás”.
  • Mateo 3:13-16: “Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. 14 Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? 15 Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. 16 Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él”.

A Jesús se le otorgó tanto el bautizo como la unción. Adicionalmente, tenía que ser mayor de 30 años:

  • Números 4:3: “de edad de treinta años arriba hasta cincuenta años, todos los que entran en compañía para servir en el tabernáculo de reunión”.

El aceite es representación del Espíritu Santo, el cual descendió sobre Jesús en Su bautismo. Fue después del bautismo que Él empezó Su ministerio y comenzó a hacer milagros, los cuales hizo por el poder del Espíritu Santo el cual había descendido sobre Él al momento de Su bautismo. Los fariseos sabían que los milagros de Jesús validaban Sus palabras y ministerio (Leer, Juan 11:45-48) e intentaban desacreditar a Jesús como Mesías al afirmar que Sus obras se debían a Beelzebú y no al poder del Espíritu Santo. Por lo tanto, cuando los fariseos acusaron a Jesús de echar fuera demonios por el poder de Satanás, ellos blasfemaban contra el Espíritu Santo, por quien Jesús hacia Sus milagros. Y esto, es imperdonable debido a que golpea al mismo corazón de la obra redentora de Dios en Cristo. Además, golpea también a la misma naturaleza del ministerio de redención de Jesús, testimonio y enseñanzas. Jesús estaba ministrando en el poder del Espíritu Santo, cumpliendo el plan divino de Dios al proveer un sacrificio por nuestros pecados (Juan 3:16; 1ª Juan 4:10). Los fariseos le atribuían estas obras a la actividad demoniaca, y esto, es una gran blasfemia.

¿Puede un creyente cometer este pecado?

No. Un creyente no puede cometer el pecado imperdonable:

  • Un creyente es nacido de nuevo
    • Juan 3:7: “No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo”.
  • Es hecho una nueva criatura
    • 2ª Corintios 5:17: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas“.
  • Ha recibido vida eterna
    • Juan 10:27-28: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, 28 y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano”.
  • No es más esclavo del pecado por la regeneración del Espíritu Santo
    • Romanos 6:14: “Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia”.

No hay por lo tanto, apoyo bíblico para que un creyente cometa este pecado. Tampoco existe un ejemplo bíblico que lo confirme. Si en alguna ocasión ha pensado que cometió este pecado pero tiene la seguridad de haber nacido de nuevo, es una nueva criatura, ha recibido vida eterna y no es más esclavo del pecado, entonces Ud. ha sido perdonado. Por lo tanto, no permita que nadie ni nada le diga mentiras a su corazón pretendiendo robarle la seguridad en su salvación. Recuerde que el Señor se llevó todos nuestros pecados:

  • Colosenses 2:13: “Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos TODOS los pecados” (Énfasis añadido).

 

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