Purgatorio y Macabeos 12:39-45

Por, Luke Wayne
30 de enero de 2017

La doctrina católica romana del purgatorio enseña que las personas que mueran mientras estén en la gracia de Dios pero que no han sido purificadas de su pecaminosad para entrar en la presencia de Dios deben pasar un tiempo de purificación a través de un sufrimiento temporal en el tormento del purgatorio. A diferencia del infierno, el purgatorio no es el juicio final de los impíos, más bien, es un período finito de purga por no ser lo suficientemente justo. Es un lugar donde una persona sufre por algún pecado que no ha sido quitado antes de entrar en el gozo celestial. Tal doctrina implica que el sufrimiento de Cristo no fue suficiente para santificar al católico romano, por lo tanto el tema no es algo simple. Con frecuencia, los católicos romanos afirmarán que el purgatorio es enseñado aun antes del Nuevo Testamento, en el libro apócrifo judío de 2 Macabeos. Contrario al dogma católico romano, los apócrifos no deberían considerarse como Escritura auténtica, así que, encontrar la doctrina del purgatorio allí, no le concederá autoridad bíblica. Sin embargo, si la afirmación de que 2 Macabeos enseña el purgatorio es correcta, esto por lo menos demostraría que el purgatorio es una tradición antigua y no una innovación posterior, desarrollada siglos después de la época del Nuevo Testamento. Sin embargo, y desafortunadamente para el apologista católico romano, el pasaje en 2 Macabeos no dice nada sobre el purgatorio, ni insinúa siquiera este dogma de la iglesia católica romana.

En el pasaje, el líder judío Judas Macabeo lidera su ejército a la batalla. Dios les concede victoria, aunque algunos de los hombres de Judas son derrotados por el enemigo. Durante la preparación del entierro, descubren que cada uno de los muertos fueron idólatras en secreto quienes estaban usando debajo de sus ropas, amuletos de devoción a sus ídolos paganos.

  • “Bajo la túnica de cada muerto encontraron objetos consagrados a los ídolos de Jamnia, prohibidos por la Ley a los judíos. Comprendieron entonces por qué habían muerto. 41. Todos se admiraron de la intervención del Señor, justo juez que saca a luz las acciones más secretas, 42. y rezaron al Señor para que perdonara totalmente ese pecado a sus compañeros muertos. El valiente Judas exhortó a sus hombres a que evitaran en adelante tales pecados…” (2 Macabeos 12:40-42a).

La conexión de este pasaje a nuestra discusión empieza aquí, “... y rezaron al Señor para que perdonara totalmente ese pecado a sus compañeros”. Para un católico romano que lea con la presuposición establecida, la mención de personas rezando sobre los pecados de los muertos no arrepentidos puede ser solamente, una referencia a la doctrina del purgatorio. Sin embargo, aun aquí, tenemos detalles que no encajan con esta doctrina del catolicismo romano. El purgatorio es sólo para aquellos que han muerto en la gracia de Dios. Si alguien muere siendo culpable de un pecado mortal por el cual no se ha hecho absolución, ellos mueren fuera de la gracia de Dios y bajo Su ira; y ellos, no recibirán purificación en el purgatorio. Simplemente, serán castigados en el infierno. La enseñanza católica romana considera que la idolatría voluntaria cometida con pleno conocimiento de la ley moral de Dios es como un pecado mortal. El pasaje es claro de que ellos no eran paganos ignorantes. Ellos eran judíos que sabían que lo que estaban haciendo era prohibido por la ley de Dios. Estos hombres murieron sin arrepentimiento, idolatría deliberada y devoción activa a dioses falsos. Por lo tanto, en la enseñanza católica romana, ellos mueren fuera de la gracia de Dios. De que ellos estaban bajo la ira de Dios es ejemplificado por el énfasis repetido en la muerte de estos hombres como un juicio directo de Dios sobre ellos por su pecado.

  • “El valiente Judas exhortó a sus hombres a que evitaran en adelante tales pecados, pues acababan de ver con sus propios ojos lo que sucedía a los que habían pecado” (2 Macabeos 14:42b).

Así, que en la situación que presenta la narración, vemos que esta historia no encaja en el contexto de la enseñanza católica romana del purgatorio. Aún más, el simple acto de rezar para que Dios perdone los pecados de una persona muerta no implica que exista un lugar en el que esa persona sufra temporalmente para pagar por sus pecados antes de que se le permita entrar en el gozo celestial. El pasaje continúa explicándose a sí mismo de forma más completa:

  • “Efectuó entre sus soldados una colecta y entonces envió hasta dos mil monedas de plata a Jerusalén a fin de que allí se ofreciera un sacrificio por el pecado. Todo esto lo hicieron muy bien inspirados por la creencia de la resurrección, 44. pues si no hubieran creído que los compañeros caídos iban a resucitar, habría sido cosa inútil y estúpida orar por ellos. 45. Pero creían firmemente en una valiosa recompensa para los que mueren como creyentes; de ahí que su inquietud era santa y de acuerdo con la fe. Esta fue la razón por la cual Judas ofreció este sacrificio por los muertos; para que fueran perdonados de su pecado” (2 Macabeos 14:43-45).

Judas Macabeo reúne dinero de todos los hombres de su ejército, enviándolo a Jerusalén para comprar animales para un sacrificio apropiado y hacer ofrendas para expiar los pecados de esos soldados caídos. ¿Por qué? De acuerdo al texto, se debía a la expectativa de una resurrección futura. No era porque estos hombres estaban actualmente confinados a los sufrimientos de algún purgatorio esperando ser liberados. Aquí, no hay indicación de que tal consideración haya alguna vez estado en la mente de Judas o del autor del libro, pero hay una clara declaración de lo que sí estaba en mente. Judas quería que estos hombres compartieran en la recompensa de los justos en el día de la resurrección. Él no estaba considerando la presente realidad de sus muertes y de algún sufrimiento que actualmente sus almas pudieran estar soportando. Su enfoque fue en la esperanza futura de sus vidas físicas.

Aún más, la acción de Judas no implica que el pecado de estos hombres fuera eventualmente expiado por sus propios sufrimientos en algún purgatorio. En su lugar, Judas trató de expiar por ellos a través de los sacrificios del templo. El texto elogia esto como un acto noble porque encarna la esperanza fiel de Judas en el día de la resurrección. Habla de una espléndida recompensa por “los que quedan dormidos en piedad”. Judas deseaba que sus hombres participaran en esta recompensa, por lo que rezó e hizo ofrendas con la esperanza de que “ellos pudieran ser liberados de su pecado”. Si no lo son, entonces enfrentarán el juicio en lugar de recompensar cuando venga la resurrección.

Por lo tanto, esto no está hablando del purgatorio. Solo registra el acto de un general que amó a sus hombres y creyó en la resurrección de los muertos, ofreciendo sacrificios de expiación en el templo con la esperanza de que Dios pudiera aceptarlos, perdonar a estos hombres, y garantizarles vida eterna y recompensa, en vez de un futuro de sufrimiento. Con este acto, su esperanza no era de alguna manera, acortar la permanencia de ellos en el purgatorio, sino mediar por la liberación del pecado, la muerte y el infierno. Si de alguna manera, esto apunta a cualquier enseñanza del Nuevo Testamento, lo hace hacia el verdadero y último sacrificio expiatorio del mismo Jesús, quien ofreció Su propia vida en Jerusalén por los pecados de muchos, incluso, muchos de los que habían muerto antes de Su primera venida. El texto preserva una tradición judía que Dios podría aceptar un sacrificio de los justos a favor de los rebeldes impíos quienes no podían ofrecer ofrendas por sí mismos. En tanto que exista alguna verdad en esa esperanza, se cumple en Cristo. Cristo fue la única persona verdaderamente justa, y todos los que están en Adán son idólatras muertos sin ninguna esperanza en nosotros mismos para la salvación o la vida por venir. Judas quería que su ofrenda contara para sus hombres. Quería hacer expiación en el templo en lugar de ellos. Así, lo que encontramos en esta antigua tradición judía no es una creencia en el purgatorio. Más bien, lo que encontramos es una creencia en la posibilidad de expiación vicaria y sustitutiva. Incluso el apócrifo, Macabeos 2 no enseña que los muertos pueden ser purgados de pecado a través de su propio sufrimiento de purgatorio. Expresa una esperanza de que tal vez una persona justa pueda expiar en favor del pecador indefenso. Sin embargo, lo que nos muestran las verdaderas Escrituras es que ni la nobleza de un hombre como Judas Macabeos, ni el valor de su plata, ni la sangre de los animales que él compró para el sacrificio son realmente suficientes para expiar por los pecados. En el mejor de los casos, apuntan como una parábola imperfecta a la única cosa que realmente es suficiente: Jesucristo y Su ofrecimiento suficiente de Su propio ser perfecto en la cruz del Calvario.

 

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