¿Qué es el agnosticismo?

Por, Robin Schumacher

El origen del término “agnosticismo

Tomás Henry Huxley fue un biólogo inglés cuyo sobrenombre fue el del “perro de Darwin” por su firme apoyo a la teoría de la evolución de Darwin. A él también se le atribuye haber acuñado el término “agnóstico”. Siguiendo sus pasos tenemos a su nieto, Julián Huxley el cual escribió lo siguiente acerca de cuando una persona deberá asumir una posición agnóstica:

  • Creo que uno debería ser agnóstico cuando creer es, de una u otra manera [1] la simple especulación ociosa, incapaz de verificación; [2] cuando la creencia es sostenida simplemente para satisfacer los deseos, sin embargo profundamente arraigada y no porque es obligada en nosotros por la evidencia; y [3] cuando la creencia puede ser tomada por otros para estar más firmemente arraigada de lo que en realidad es, y así llegar a alentar falsas esperanzas o actitudes erróneas de la mente.”1

Huxley sentía que, “en toda nuestra vida estamos oscilando entre la convicción y la precaución, entre la fe y el agnosticismo, la creencia y la suspensión de la creencia.”

Una definición formal del término “agnóstico” de Huxley hoy, es: “una persona que sostiene que la existencia de la causa final, como Dios, y la naturaleza esencial de las cosas son desconocidas e incognoscibles, o que el conocimiento humano está limitado a la experiencia.”

Desde esta descripción, se puede decir que la posición de un agnóstico es la que dice que no sabe si Dios existe. En forma más amplia, algunos agnósticos declaran que es difícil sostener cualquier verdad con certeza.

Tipos de agnosticismo

Típicamente, el agnosticismo toma una de dos formas; la fuerte y la débil. El agnóstico fuerte dice que una persona no puede saber algo con certeza. Sin embargo, esta se convierte en una posición contraproducente al decir el agnóstico fuerte que él sabe con certeza que algo, no se puede conocer. El agnosticismo fuerte no cuenta con un recipiente que pueda guardar su disolvente universal, y por lo tanto, se convierte en una posición insostenible y debe ser desechada.

Contraria a esta posición, el agnóstico débil dice que él o ella no conocen algo con certeza. La cuestión no es la falta de capacidad humana para conocer una verdad particular, sino que más bien, el agnóstico lucha con la forma cómo una pretensión de la verdad puede ser verificada o mostrarse que es verdad. Es la antigua búsqueda de lo que en filosofía se conoce como epistemología: ¿Cómo conocemos y cómo sabemos que conocemos? Cuando el tema de determinar la existencia del Dios cristiano es agregado a la mezcla, las cosas se vuelven más complicadas.

Pero tal vez, este no necesariamente sea el caso. ¿Y si una persona sigue verdaderamente y aplica el criterio de Julián Huxley para determinar cuando ser agnóstico acerca de una pretensión particular de la verdad? ¿Cuál será el resultado final cuando las medidas de Huxley sean aplicadas a las pretensiones del Nuevo Testamento y específicamente a su registro de Jesús Cristo?

La primera condición de Huxley, es que una creencia no puede ser una simple especulación ociosa o ser incapaz de verificación. Esta primera norma parece razonable, ya que una simple conjetura o rumores no deberían servir de base para que uno se comprometa a una creencia. La segunda condición también parece lógica, y es algunas veces denominada el principio de falsificación, el cual fue usado por los filósofos como Anthony Flew en sus escritos iniciales en religión.

Criterio # 1: Simple especulación y el cristianismo

¿Cómo las afirmaciones del Nuevo Testamento y del cristianismo se sostienen bajo el primer criterio de Huxley? Cuando los métodos legales e históricos para determinar la verdad son aplicados al Nuevo Testamento, este permanece firme bajo la norma de Huxley.

Los escritores del Nuevo Testamento no afirman que sus creencias estuvieron basadas en rumores o que fueron acontecimientos que no pudieron ser autenticados. Todo lo contrario, los apóstoles como Pedro dijeron: “Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad.” (2 P 1:16). Los discípulos registraron hechos que sucedieron tanto en espacio como en tiempo real, vieron esos acontecimientos con sus ojos y registraron la vida, muerte y resurrección de Jesús para que otros supieran la verdad de lo que sucedió.

En cuanto a la falsificación, el apóstol Pablo les dio a los enemigos del cristianismo una sola afirmación de la verdad, que de ser probada falsa, haría derrumbar, destruyendo al cristianismo en un instante:

  • 1ª Corintios 15:13-14: “Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. 14 Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe.”

Pablo dice que si la resurrección de Cristo no ocurrió, entonces la fe cristiana es literalmente “vacía” (vana). Pablo dice que así es la forma cómo el cristianismo puede ser falsificado: Encuentre el cuerpo de ese judío carpintero y la fe cristiana se desvanece.

Pero antes y en ese mismo capítulo, Pablo desafía a sus lectores de la época a que revisaran por sí mismos y vieran que la tumba de Jesús estaba realmente vacía:

  • 1ª Corintios 15:5-8: “y que apareció a Cefas, y después a los doce. 6 Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. 7 Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; 8 y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí.”

Literalmente Pablo les está pidiendo a sus lectores que revisen sus afirmaciones con muchos otros (más de 500) vivos en ese momento y que vieran a Cristo y pudieron actuar como testigos para validar el hecho de que la resurrección de Jesús efectivamente ocurrió en el espacio y el tiempo de la historia.

Pero dado que no podemos hacer eso hoy día, ¿cómo las personas en este tiempo moderno saben que Pablo y los otros apóstoles estaban diciendo la verdad? Los apóstoles respondieron a esa pregunta por medio de sus lápidas. Todos, excepto Juan, fueron martirizados por su testimonio. Las personas pueden ser engañadas y morir por una mentira, pero nadie muere sabiendo que lo está haciendo por una mentira. Todo lo que los apóstoles tenían que hacer para salvar sus vidas era retractarse de sus testimonios y decir que ellos no vieron a Jesús vivo, pero ninguno lo hizo. Mayor evidencia de credibilidad no se podía tener.

Criterio # 2 y # 3: Deseo sicológicos y cristianismo

Siguiendo adelante desde el Criterio # 1 de Huxley, se llega a la discusión para la segunda y tercera normas, las cuales son idénticamente cercanas en naturaleza. Huxley dice que una creencia deberá desecharse si el solo propósito es satisfacer algún deseo sicológico y si la creencia no está bien fundamentada desde una perspectiva de la realidad, debido a que produce falsas esperanzas en su objetivo. Esta medida de referencia para una creencia es sin duda racional, ya que la única razón para creer cualquier cosa se debe a que esa “cosa” particular (la afirmación de la verdad) es cierta.

Con frecuencia el siquiatra Sigmund Freud es citado para mostrar cómo la religión falla esta prueba. Hablando de creencias religiosas, Freud decía:

  • Estas son ilusiones, realizaciones de los deseos más antiguos, más fuertes y más urgentes de la humanidad.  A una ilusión la llamamos creencia cuando un deseo realizado es una factor importante en su motivación y al hacerlo, dejamos de lado su relación a la realidad, así como la ilusión misma no establece almacenamiento para verificación.”

Sin embargo, el criterio de Freud no hace nada para probar o desaprobar a Dios. ¿No podría ser cierto que los ateos tengan deseos e impulsos propios? Tal vez es un deseo que, un Dios que los llamará a ellos a pedirles cuentas por sus acciones, no exista. Tal deseo puede ser muy motivante y llevar a una persona a sostener una posición atea. Así que, en la realidad, las palabras de Freud no tienen sin embargo poder para determinar si las afirmaciones verdaderas del cristianismo son o no válidas.

Colocando los pensamientos de Freud a un lado, ¿cómo se sostiene el Nuevo Testamento contra los Criterio # 2 y # 3 de Huxley? Como lo hace con el Criterio # 1, el Nuevo Testamento lo hace extremadamente bien.

Primero, desde una perspectiva legal e histórica, ningún documento, de la antigüedad, se aproxima al Nuevo Testamento y que pase el criterio general para juzgar la validez, en cuanto se refiere a una obra histórica. El Nuevo Testamento pasa la prueba bibliográfica (credibilidad del manuscrito y fecha temprana), la prueba de la evidencia interna (múltiples testimonios claves todos los cuales encajan) y la prueba de la evidencia externa (fuera de la evidencia que corrobora el testimonio del documento) con gran éxito.

Segundo, como muchos han dicho, el Nuevo Testamento no está escrito para apoyar ninguna mentira. Los escritores del Nuevo Testamento no hubieran inventado registros como el de Jesús siendo sepultado por un miembro del Sanedrín, las mujeres como primeros testigos de la resurrección de Cristo y otras cosas más.

Más bien, lo que se encuentra es un fuerte compromiso con precisión sin importar donde los lleva la evidencia. Tal entrega es vista en la pluma de Lucas:

  • Lucas 1:1-4: “Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, 2 tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra, 3 me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo, 4 para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido.”

Por último, y como ya se ha señalado, los escritores del Nuevo Testamento murieron por el testimonio de ellos. Como señala Peter Kreeft, teólogo y profesor:

  • ¿Por qué mentirían los apóstoles?... Si mintieron, ¿cuál fue la razón…? Lo que obtuvieron de esto fue incomprensión, rechazo, persecución, tortura y martirios. ¡Apenas una lista para animarse!

El tratamiento que enumera Kreeft no es, ciertamente deseable desde una perspectiva sicológica y no produciría falsas esperanzas en los discípulos, ya que obviamente sabían que sus afirmaciones eran falsas si ellos estuvieran mintiendo. Agregando esto a los argumentos anteriores, vemos que los registros del Nuevo Testamento superan los obstáculos del Criterio # 2 y # 3 de Huxley.

Al final, una persona que afirma ser agnóstico acerca del cristianismo, pero usa los propios criterios de Julián Huxley para determinar si uno tiene o no que ser agnóstico, tendrá que reconsiderar seriamente su posición. Con la posición agnóstica fuerte siendo manejada como contraproducente, y la posición agnóstica débil siendo cuestionada por la evidencia convincente del Nuevo Testamento, la conclusión más razonable a la que llegue el agnóstico una vez que todo ha sido examinado, parecería ser, la de que el cristianismo es verdadero.

Este artículo también está disponible en: Inglés

  • 1. Julian Huxley, “Religión sin Revelación” (“Religion Without Revelation”) (Nueva York, NY: Mentor Books, 1957), pág. 17.

 

 

 

 
 
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