¿Qué es el relativismo moral?

Por, Robin Schumacher

El relativismo moral es una filosofía que asegura que no existe una ley moral absoluta y global que aplique a todas las personas, en todo tiempo y en todo lugar. En vez de una ley moral objetiva, esta apoya un punto de vista calificado cuando trata lo moral, especialmente en las áreas de la práctica moral individual donde los retos personales, circunstanciales, transitorios y pasajeros, dictan supuestamente la posición moral correcta.

Resumiendo la filosofía moral relativa, Friedrich Nietzsche, escribió: “Ud. tiene su manera, yo tengo la mía. En cuanto a la forma correcta, esta no existe”.

En los tiempos modernos, la adopción del relativismo moral ha estado estrechamente vinculada a la teoría de la evolución. El argumento es, que de la forma como la humanidad ha evolucionado de organismos biológicos menores a mayores; el mismo proceso se lleva a cabo en el área de lo moral y de lo ético. Por lo tanto, todo lo que puede ser determinado en el presente, y por siempre, es que no existe certeza absoluta o inalterable en el área de lo moral.

Llevando este argumento a su conclusión lógica, causa preocupación entre muchos, aun aquellos que apoyan el relativismo moral. Paul Kurtz, en el libro, “The Humanist Alternative”, resume el resultado final de esta manera: “Si el hombre es un producto de la evolución –una especie entre otras– en un universo sin propósito, la opción del hombre es vivir para sí mismo”.

Un gran ejemplo de esta filosofía en acción, puede ser vista en la crisis que se produjo en el sector financiero y bancario estadounidense entre el 2007-2008. Aquellos que enseñaron la moral relativa en sus cursos universitarios sobre filosofía y ética en los negocios, procedieron a vivir esas enseñanzas en Wall Street y en otras formas empresariales, tomando riegos, sin representar adecuadamente la verdad, buscando obtener sólo beneficios económicos, etc., con el resultado devastador para aquellos que se encontraban en el extremo receptor de su moral relativa y financiera.

Por extraño que parezca, muchos de los que en ese momento creían en la moral relativa estaban indignados y absolutamente seguros, de que aquellos involucrados en prácticas de negocios engañosos, debían ser castigados por su conducta inmoral. Este tipo de reacción habla en voz alta de una verdad importante: los relativistas morales tienen un punto de vista más bien obtuso acerca del relativismo moral, cuando este, los afecta negativamente.

Deje que al relativista moral se le mienta, que sea víctima de publicidad engañosa, o de un crimen, para que vea cómo se convierte instantáneamente en un absolutista moral. La reacción de una persona a lo que él o ella consideran tratamiento ético inmoral, siempre traicionará sus verdaderos sentimientos sobre los asuntos de lo relativo contra las leyes morales objetivas, cuando las cosas van mal para ellos.

El problema para los relativistas morales (quien la mayoría de las veces son humanistas seculares que rechazan a Dios), es que no tienen una buena respuesta a la pregunta que tiene dos partes: ¿Hay algo malo con una acción? Y si es así, ¿por qué? Recurrir a los caprichos relativos de la sociedad o a las preferencias personales no suministra respuestas satisfactorias. Se necesita que una persona, tenga una mejor respuesta a la pregunta: (1) Una norma moral invariable a la cual, pueda recurrir; y (2) Una autoridad absoluta por la cual defender una norma moral adecuada. Sin los puntos anteriores, lo moral o ético se convierte simplemente en pura emoción, y basado en preferencias. Por ejemplo, la violación nunca podrá ser considerada como equivocada o mala; la declaración más fuerte contra la violación que podrán hacer los relativistas morales es: “No me gusta”.

Tres opciones para una base moral

Las únicas opciones disponibles para los humanistas seculares donde se trate una norma moral y de autoridad, son: (1) El universo natural; (2) la cultura; y (3) el individuo.

El universo natural no funciona, debido a que aun, nadie, ha logrado explicar, ni cercanamente, cómo la materia, los átomos, los químicos, y la electricidad producen verdades morales adecuadas por las cuales se derive, correctamente, la conducta moral. La cultura no ayuda debido a que existen muchas culturas alrededor del mundo, todas con normas morales y prácticas diferentes; en todo caso, no hay forma de establecer cuál es la cultura “correcta”. La cultura, simplemente muestra lo que “es”, con respecto a lo moral, y hasta el famoso escéptico y antagonista de la religión, David Hume, afirmó que de la humanidad no puede provenir un “deber” de un “es” donde se encuentre involucrada la moral. Por último, si cada individuo es usado como un patrón, norma, o autoridad, en cuanto a lo moral, ¿no se convierte esto en un problema debido a la imposición de preferencias personales sobre las de los demás, y aun preguntar, cuál opinión es la moralmente correcta?

Viendo este dilema, algunos relativistas morales tratan de decir que la ciencia puede ser usada para dictar lo ético; pero aun, los científicos seculares admiten que la ciencia es una disciplina descriptiva (explicación) y no, una disciplina prescriptiva (obligación). Además, sus métodos empíricos son impotentes para responder tales preguntas morales como si los nazis fueron o no malignos, o si asesinar es moralmente equivocado, o por qué la violación es moralmente censurable. En este asunto, Einstein resumió la correcta posición sobre esta cuestión cuando dijo: “Ud. está en lo correcto cuando habla de los fundamentos morales de la ciencia, pero Ud. no puede cambiar y hablar de los fundamentos científicos de lo moral”.

Al final, el relativista moral no cuenta con una respuesta satisfactoria en su intento de responder a la pregunta de si hay algo malo con cualquier cosa, y por qué, fuera de su opinión. No hay un valor moral al cual recurrir, ni tampoco autoridad para reconocer y respetar.

La cosmovisión cristiana

En contraste al relativista moral, cuya cosmovisión es un humanismo secular, la cosmovisión cristiana suministra una norma moral sólida con autoridad que puede ser –con toda confianza– referenciada y seguida. Dios, el Creador, quien se ha revelado a Sí mismo en Su Palabra, es tanto la norma moral y autoridad. De la naturaleza de Dios viene solo lo bueno que sirve como la línea recta por la cual todas las líneas torcidas pueden ser corregidas.

La imagen de Dios ha sido impresa en la humanidad (cf. Génesis 1:26-27), de forma, que los seres humanos conocen instintivamente la ley moral de Dios y lo que es bueno y malo (cf. Romanos 2:14-15). Las personas no tienen que creer en Dios para conocer Su ley moral. Pero al negarlo, las personas pierden la capacidad para fundamentar una ley moral objetiva en algo que transciende el universo físico. Sin ese Dios transcendente, como observó estupendamente Dostoievski, todo está permitido.

La verdad trágica para el relativista moral es esta: Cuando acepta el funeral de Dios y entierra Su ley moral junto con Él, algo tomará el lugar de Dios. Ese algo será un individuo o grupo de individuos que tomarán poder y de forma autoritaria, impondrán su propio marco moral sobre todos los demás. El mundo ya ha visto tales cosas en los regímenes de Stalin y Pol Pot, el dictador camboyano.

El mejor curso de acción es reconocer, en forma agradecida, a Dios como la única fuente verdadera de lo bueno y Su ley moral objetiva, la cual estableció sólo para el bienestar de Su creación.

 

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