¿Qué es la oración del pecador?

Por, Tony Miano
Editado por, Matt Slick

La forma de la “oración del pecador” que está bajo examen por parte de MIAPIC, y que es también condenada como algo peligrosa, es la oración que contiene elementos verdaderamente bíblicos (arrepentimiento, creencia, oración a Jesús, etc.) pero que termina concluyendo con una afirmación como la siguiente: “Debido a que ha hecho esta oración, Ud. es ahora cristiano”. Esta última declaración en la seguridad de la salvación no es bíblica porque no somos salvos por hacer una oración especial. Somos salvos por la gracia de Dios quien nos llama al arrepentimiento (Hechos 17:30), nos concede el arrepentimiento (2ª Timoteo 2:25), y nos concede que creamos (Filipenses 1:29). La salvación es obra de Dios, no es obra nuestra; y aunque la oración del pecador puede ser usada en conjunto al guiar a un pecador, no es finalmente lo que nos salva.

Este tipo de oración es usada con frecuencia al final del servicio en una iglesia, ya sea, por un pastor o por un evangelista cuando la persona que oficia el servicio extiende una invitación a las personas para que acepten a Jesús como el salvador de ellos. Muchos cristianos también usan la oración del pecador después de compartir el evangelio con una persona no salva; usándola para animar al incrédulo quien parece dispuesto a convertirse en un cristiano; y así, hacer un compromiso con Jesús.

Lo que no queremos, es darle a la persona un falso sentido de seguridad con respecto a su salvación.

Es correcto ayudar a alguien para que ore para recibir a Cristo. Es correcto informarles a las personas acerca de lo que Dios demanda, acerca de nuestra pecaminosidad, nuestra necesidad de arrepentimiento, y nuestra necesidad de confesar a Jesús como salvador. Es correcto guiar a alguien en una oración de arrepentimiento y confesión. Pero también no es correcto decir que debido a que ellos han hecho esta oración, ellos ahora, son salvos. Es un implorar a Dios a través de la obra de Dios en la persona de Jesús:

  • Juan 6:44, 65: “44 Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. 65 Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre”.

Lo que no está bien

Cuando la oración del pecador –mencionada anteriormente– es empleada, al incrédulo se le pide que repita una oración escrita por alguien (como la oración que se escribe al final de un tratado); o se le pide que repita la oración del pecador, la cual es improvisada por la persona que comparte el evangelio con ese particular incrédulo. Una vez más, y para dejar este punto claro, el problema es que al repetir la oración del pecador, a los incrédulos se les asegura con demasiada frecuencia, ya sea, por un pastor, un evangelista o algún cristiano que está testificando de Cristo, que ellos son ahora cristianos, porque han hecho la oración. Esta seguridad es algo que no debe ser ofrecida debido a que no podemos decir que la salvación se debe a una oración formulada.

¿Puede Dios usar la oración del pecador para salvar a alguien? Claro que si puede. Pero esto, no nos excusa de la responsabilidad de ofrecer una garantía de salvación a alguien que ha orado.

Un ejemplo de la oración del pecador

  • “Jesús: Entiendo que he pecado contra Ti. Por favor, perdona mi pecado. Ven a mi vida y cambia mi corazón. Quiero que seas mi Salvador. Oro en Tu nombre, Amén”.

Existen incontables variaciones de la oración del pecador; algunas son más largas, o más cortas. Quienes proponen esta oración, con frecuencia recurren a los siguientes pasajes para apoyarse de esta práctica o tradición:

  • Mateo 7:7: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá”.
  • Lucas 18:10-14: “Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. 11 El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; 12 ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. 13 Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. 14 Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido”.
  • Romanos 10:9-10: “que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. 10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”.
  • 1ª Juan 1:9: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”.
  • Apocalipsis 3:20: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”.

Cada uno de los pasajes anteriores, contienen verdades que a menudo se entretejen en la oración del pecador para llevar a una persona a la salvación. Sin embargo, aunque los elementos son ciertos, debemos ser cuidadosos de no darle a nadie falsas esperanzas y asegurarle que son salvos porque simplemente repitieron una oración.

 

Este artículo también está disponible en: Inglés

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