¿Qué es la sanación divina, y es para hoy?

Por, Matt Slick

La sanación divina es el acto de la voluntad de Dios a través de la sola persona de Jesús, y las oraciones de los santos, donde una persona es sanada físicamente o liberada de una aflicción emocional, mental o espiritual. Con frecuencia, es visto como una sanación física de una enfermedad como el cáncer, enfermedades, deformidades, etc., pero no está restringida a lo físico.

Algunas veces tales sanidades están acompañadas de rituales, tales como oraciones específicas y el ungir con aceite al enfermo (Jacobo 5:14: "¿Está alguno enfermo entre vosotros? Haga llamar a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndolo con aceite en el nombre del Señor"). Quien está en aflicción se supone que debe creer fielmente y esperar que una sanación ocurra en la medida en que se ore a Dios en el nombre de Jesús. En todos los grupos cristianos que buscan sanación divina, esta, siempre se asocia con la obra expiatoria de Cristo, afirmando que Él compró la sanidad para nosotros.

De esta forma, estos grupos religiosos, que enfatizan en la sanidad divina, también enfatizan la idea de que con la redención del alma, también se compró la redención de la carne, lo cual incluye la sanidad. Algunos de los versículos utilizados en apoyo de esta doctrina son los siguientes:

  • Isaías 53:5: “Pero Él fue traspasado por nuestras transgresiones, Molido por nuestros pecados. El precio de nuestra paz cayó sobre Él, Y por su herida fuimos sanados”.
  • Mateo 8:16-17: “Al atardecer le trajeron muchos endemoniados, y con su palabra echó los demonios y sanó a todos los enfermos, 17 para que se cumpliera lo dicho por el profeta Isaías, que dice: Él tomó nuestras debilidades y llevó las enfermedades”.
  • 1ª Pedro 2:24: “Él mismo llevó nuestros pecados en su propio cuerpo sobre el madero, para que nosotros, habiendo muerto a los pecados, vivamos para la justicia. Por sus heridas fuisteis sanados”.
  • Jacobo 5:14-15: “¿Está alguno enfermo entre vosotros? Haga llamar a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndolo con aceite en el nombre del Señor. 15 Y la oración de fe sanará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados”.

Jesús sí compró nuestra sanidad en la cruz, porque en la resurrección todas nuestras enfermedades serán sanadas. Pero esto, no significa que Dios tenga que sanarnos ahora mismo. Después de todo, siempre existirá alguna dolencia de la que no nos recuperaremos y esa, será nuestra última.

Aún más, algunas veces Dios no nos sana para nuestro beneficio. Creo que podemos mencionar el caso que cuando estamos sufriendo pero alabamos a Dios a través de la alabanza, y mantenemos nuestros ojos en Él y exaltamos Su nombre santo y precioso, esto trae gran gloria a Dios. Él es digno de toda nuestra alabanza; y nuestra adoración, y Él no dependerá de nuestras circunstancias o condiciones personales. Él siempre será digno de adoración. Por lo tanto, nuestras dolencias no sanadas en esta vida pueden ser las cosas que nos muestren de qué estamos hechos delante de Dios. Podría ser, que soportar una enfermedad es algo que Dios desea para nosotros, porque lo glorifica más. Después de todo, el aspecto eterno de las cosas es más importante que lo temporal.

Esperar sanidad de acuerdo a la voluntad de Dios

No todo lo que pedimos en oración será cumplido en la forma como queremos. Estoy agradecido de que Dios no ha respondido todas mis oraciones de acuerdo a mis deseos. Puedo mirar hacia atrás en mi vida y reconocer algunas malas decisiones, de las cuales estoy contento porque en ese momento, no se dieron a mi manera. Lo mismo sucede con la sanación. Nosotros no sabemos qué es lo mejor para nosotros, pero Dios sí lo sabe.

  • 1ª Juan 5:14: “Y ésta es la confianza que tenemos ante Él: que cuando pidamos algo conforme a su voluntad, Él nos escucha”.

Dios quiere que oremos y le pidamos a Él, pero siempre debemos orar pidiendo de acuerdo a Su voluntad. Siempre debemos buscar lo que Dios desea. Ahora, es cierto que existen aquellos que dirán que Dios nos ha prometido total sanidad en la expiación, y que Dios desea que todos estén sanos. Pero este, simplemente, no es el caso. Cuando miramos en las Escrituras, podemos encontrar que no siempre la voluntad de Dios es sanar a todos. Tomemos por ejemplo, el apóstol Pablo:

  • 2ª Corintios 12:7-9: “aun con la grandeza de las revelaciones. Por lo cual, para que no me enaltezca, me fue dado un aguijón en la carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, a fin de que no me enaltezca. 8 Por esto, tres veces rogué al Señor que se alejara de mí; 9 y me ha dicho: Bástate mi gracia, porque el poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, gustosamente me gloriaré más bien en mis debilidades, para que resida en mí el poder del Mesías”.

Existe mucho debate en lo que es “un aguijón en la carne”, pero Pablo podría referirse a este, en este pasaje:

  • Gálatas 4:13-14: “Y sabéis que por una debilidad de la carne os proclamé las buenas nuevas la primera vez. 14 Y lo que para vosotros era una prueba en mi carne, no lo menospreciasteis ni lo escupisteis; al contrario, me acogisteis como a un enviado de Dios, como a Jesús el Mesías”.

Cualquiera que haya sido “un aguijón en la carne”, aparentemente Pablo no estaba sanado físicamente de acuerdo a sus deseos. Así que, si el apóstol Pablo no fue sanado, ¿debemos decir que somos mejor que él o que tenemos más fe que él, y tendremos que ser sanados? ¡Claro que no!

Pero permítanme decirlo una vez más. Servimos a un Dios amoroso que desea lo mejor para nosotros. Él no disfruta nuestro sufrimiento y ciertamente tampoco simpatiza con este. En la humildad de nuestro sufrimiento, nuestras oraciones pueden romper nuestros corazones a una comunión más profunda y total dependencia de Dios. En nuestra dependencia le pedimos a Dios que nos sane, y podemos tener la seguridad que Él puede sanar y que podría muy bien hacerlo. Pero recuerde, que nuestra fe es sólo tan buena en aquel que la ponemos, y la nuestra, está colocada sólo en Dios. Esta es una grande fe, y una grande fe con frecuencia resulta en milagros.

 

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