¿Qué significa “tener libertad” en Cristo?

Por, Matt Slick

Me gustaría introducirlo a la libertad que tenemos los cristianos en Jesús. Pero antes de hacerlo, necesito hablar acerca de la ley.

Muchas personas en grupos como la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y los testigos de Jehová, viven bajo un grupo de leyes y expectativas sociales que en muchos casos, son sofocantes. Y esto se debe, a que cuando la salvación de alguien es atada a su conducta, actitud, apariencia, y un continuo seguir de reglas, podría entonces existir muy poca libertad para vivir, cometer errores, y crecer. Más bien, las personas viven en medio del temor. El resultado, se vive en un sistema de organización o iglesia donde la apariencia es muy importante, donde el fracaso es menospreciado y donde su nivel social dependerá de su piedad hacia el exterior. Por lo tanto, es esos lugares, las personas usarán su mejor sonrisa, su mejor cara, y no compartirán verdaderamente, graves problemas en sus vidas.

Tales actitudes son impías.

Es bueno que Jesús nos ame a pesar de lo que somos, a pesar de nuestras imperfecciones. Jesús no nos ama debido a nuestra apariencia externa, o porque podemos guardarnos nosotros mismos de pecar, o porque lo tengamos todo compartido, o porque seamos sinceros u honestos. Más bien, Jesús nos ama por lo que es ÉL; no por lo que nosotros pretendamos ser.

  • 1ª Juan 4:19: “Nosotros amamos, porque Él nos amó primero”.

Dios es santo, puro, infinito, justo, y como dicen las Escrituras, “Dios es amor” (1ª Juan 4:8). La naturaleza del amor es, dar:

  • Juan 3:16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.
  • Juan 15:13: “Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos”.

Entonces, el amor no está centrado en uno mismo; más bien el verdadero amor está centrado en la otra persona, y es sacrificial. Y Dios nos ama por causa de Él; no por causa de nosotros.

Por lo tanto, cuando amamos a Dios, este amor es una respuesta a Su amor primero. De la forma como el amor de un padre no está condicionado a la conducta del hijo, tampoco el amor de Dios estará condicionado por nuestra conducta. Pero donde exista un sistema religioso que falle para establecer el verdadero evangelio (el solo amor sacrificial de Cristo), entonces, Dios no mora verdaderamente en este sistema u organización. Por lo tanto, y debido a que Dios no está viviendo realmente en la persona, la persona tiene que guardar las leyes y ordenanzas para pretender ser diferente. Él o ella tienen que actuar adecuadamente, hacer lo correcto, y sostener ese estilo de vida para que puedan ser aceptados totalmente como una persona adecuada y “espiritualmente madura”.

Esta es la razón por la que grupos religiosos no cristianos que predican un falso evangelio, reemplazarán la verdad de Dios por sus regulaciones. Y lo hacen, porque no entienden que las regulaciones, las leyes de pureza que deben guardar para ser aceptables entre sí y ante Dios, revelan su falta de libertad en Cristo. En las Escrituras se encuentra un simple principio que es aplicable aquí:

  • 1ª Timoteo 1:9: “sabiendo esto: Que la ley no está puesta para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, y para los homicidas”.

Trate de considerar la ley como un grupo de reglas externa que nos guían. Los verdaderos cristianos no están obligados a guardar las leyes de Dios para que sus pecados sean perdonados. Si así fuera el caso, la salvación estaría basada en nuestra capacidad. También significaría que Dios estaría mostrando favoritismo al “salvar” a alguien que ha sido, “lo suficientemente bueno”. Más bien, la ley es una guía para el verdadero cristiano. La ley nos ayuda cuando tenemos dudas acerca de lo que debemos hecr o no hacer. Pero no es por guardar la ley lo que nos hará justos delante de Dios o entre nosotros.

  • Romanos 3:28: “Sostenemos entonces que el hombre es declarado justo por la fe, sin las obras de la ley”.
  • Romanos 4:5: “pero al que no obra, sino que cree en el que declara justo al impío, su fe le es contada como justicia”.
  • Romanos 5:1: “Por tanto, habiendo sido declarados justos por la fe, tenemos paz ante Dios mediante nuestro Señor Jesucristo”.

NOTA: Justificación, y de acuerdo a la ley, es la condición de ser justo delante de Dios.

Cuando somos cristianos, el Señor Jesús y el Padre, moran en nosotros (Juan 14:23: “Respondió Jesús, y le dijo: Si alguno me ama, mi palabra guardará; y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos morada con él”). Como Él vive en nosotros, no necesitamos la ley. Lo tenemos a Él. Esto no significa que sería correcto quebrantar la ley de Dios. No debemos robar; mentir, etc. Pero cuando Cristo vive en nosotros, y cuando experimentamos Su amor y presencia, entonces, y de forma “accidental” guardamos la ley porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones. Amar a Dios, amarnos a nosotros mismos y amar a nuestro prójimo  es el cumplimiento de la ley. Y esto es, ¡¡¡libertad!!!

  • Mateo 22:37-40: “Le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38 Éste es el primero y gran mandamiento, 39 y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40 De estos dos mandamientos penden toda la ley y los profetas”.

Libertad en Cristo

  • Lucas 4:18: “El Espíritu del Señor está sobre mí, Porque me ungió para evangelizar a los pobres; Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos, Y restauración de vista a los ciegos, A enviar en libertad a los oprimidos”.
  • Juan 8:32, 36: “32 y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. 36 Así que, si el Hijo os liberta, seréis verdaderamente libres”.
  • Hechos 13:38-39: “Sea pues bien sabido, varones hermanos, que por medio de Éste os es anunciado el perdón de los pecados. De todas las cosas que no pudisteis ser justificados por la ley de Moisés, 39 gracias a Éste es justificado todo el que cree”.
  • Gálatas 5:1: “Para la libertad nos libertó el Mesías; estad, pues, firmes, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud”.

Una de las señales de ser un verdadero cristiano, además de creer en el evangelio verdadero, es experimentar, solamente en Cristo, la libertad. Entendemos que no tenemos que guardar la ley para complacer a Dios. Entendemos que el favor de Dios sobre nosotros no depende de nuestra obediencia o del guardar la ley. El favor de Dios sobre nosotros es debido a lo que Jesús hizo en la cruz. Por lo tanto, ¡¡¡somos libres!!!

Tenemos libertad para beber café, té, mirar una película, reír, tomar una copa, y disfrutar la vida. Sí, somos libres de hacerlo… pero sin pecar.

Sin embargo, nuestra libertad significa que no debemos hacer que nadie tropiece. No debemos abusar de nuestra libertad. No debemos ser descuidados. Al contrario, somos libres de vivir y no preocuparnos acerca de cómo nuestra conducta afecta la actitud de Dios hacia nosotros, porque Su actitud es de amor y aceptación, lo que está garantizado por el sacrificio de Jesús. Pero esto no quiere decir que Él no va a disciplinarnos si nos desviamos. Después de todo, Él disciplina a los que ama (Hebreos 12:6: “Porque el Señor al que ama disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo”). Debemos ser cuidadosos y no usar nuestra libertad para hacer que alguien tropiece.

  • Romanos 14:21-22: “Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tropiece tu hermano. 22 La fe que tú tienes, tenla para contigo delante de Dios. Bienaventurado el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba”.
  • 1ª Corintios 8:13: “Por esto, si la comida da ocasión de pecar a mi hermano, de ningún modo comeré carne, para no poner tropiezo a mi hermano”.
  • Gálatas 5:13: “Porque vosotros hermanos, a libertad fuisteis llamados; sólo que no uséis la libertad como oportunidad para la carne, sino servíos los unos a los otros por medio del amor”.

En cierto sentido, en el Nuevo Testamento existen leyes. Pero piense acerca de estas: Amar a Dios, a nosotros mismos y al prójimo (Mateo 22:37-40). Estas nos llaman a expresar el amor de Dios en su vida; a Ud., a sus hermanos y hermanas en Cristo, y a su prójimo. Pero, una vez más, no debe usar esa libertad para hacer que alguien tropiece.

Morir en Cristo, es morir a la ley

Existe un concepto del que los cristianos no están conscientes. Con frecuencia lo enseño para que puedan experimentar la libertad que tienen en Jesús. El concepto es simple. Como cristianos hemos muerto con Cristo, y por lo tanto, hemos muerto también a la ley. Esto significa que la ley no tiene más jurisdicción o control sobre nosotros.

  • Romanos 7:1, 4, 6: “1 ¿Ignoráis, hermanos (porque hablo a los que conocen la ley), que la ley se enseñorea del hombre mientras vive? 4 Así también vosotros, hermanos míos, se os hizo morir a la ley mediante el cuerpo del Mesías, para que llegarais a ser de otro, del que fue resucitado de entre los muertos, a fin de que diéramos fruto para Dios. 6 Pero ahora hemos sido libertados de la ley, habiendo muerto a lo que nos ataba; de modo que sirvamos en novedad de espíritu, y no en vejez de letra”.
  • Gálatas 2:19-20: “Porque yo, por medio de la ley, a la ley he muerto, a fin de vivir para Dios. Con el Mesías he sido juntamente crucificado, 20 y ya no vivo yo, sino que el Mesías vive en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, quien me amó, y se entregó a sí mismo por mí”.

Porque estamos en Cristo (1ª Corintios 15:22: “Porque así como en el Adam todos mueren, así también en el Mesías todos serán vivificados”), se puede afirmar que, cuando Él murió en la cruz, nosotros morimos con Él. Esta es la razón por la que se afirma que hemos sido crucificados con Cristo (Romanos 6:6: “sabiendo esto: que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con Él, a fin de que el cuerpo del pecado fuera desactivado para no servir más al pecado”). Por lo tanto, somos libres de la ley.

  • Romanos 7:4: “Así también vosotros, hermanos míos, se os hizo morir a la ley mediante el cuerpo del Mesías, para que llegarais a ser de otro, del que fue resucitado de entre los muertos, a fin de que diéramos fruto para Dios”.

Todas las cosas me son lícitas

  • 1ª Corintios 6:12: “Todas las cosas me son lícitas, pero no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, pero yo no me dejaré dominar por ninguna de ellas”.

La razón por la que todas las cosas nos son lícitas a los cristianos se debe a que hemos muerto a la ley, y ya la ley no tiene control sobre nosotros. Esto significa que somos increíblemente libres. Somos libres para tratar de complacer a Dios, y fallar. Pero tenemos que entender que nuestros fracasos no dañan nuestra relación con Él, ni tampoco ponen en peligro nuestra salvación. De hecho, somos libres para triunfar y fallar. Somos libres para amar a Dios, a nosotros mismos, y a nuestro prójimo. Somos libres para divertirnos, para no ser perfectos, para no complacer a nuestros amigos en la iglesia para que nos acepten socialmente, y lograr dignidad espiritual. Somos libres para descansar en Cristo y en nuestra libertad. Podemos explorar lo que significa vivir la vida y no vivir en temor. Somos libres de los requisitos de la ley, y por lo tanto, libres para descansar en Cristo.

  • Mateo 11:28: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y agobiados, y Yo os haré descansar”.

 

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